MI PAPANOVIO 3

Después de esa extraña experiencia de exhibicionismo ante los hombres que eran mis compañeros de la Escuela de Aviación, Varela, mi papá novio, sabía que yo estaba incondicionalmente entregado a él. Por ello la próxima experiencia fue, también, algo sorpresivo para mí y que me  aunque no me excitó terriblemente, al mismo tiempo fue novedoso. Porque cerca de la ciudad, había un gran parque, el Parque San Martín, lleno de árboles, con lagunas artificiales y donde siempre solía haber gente a  toda hora. Por supuesto que, a la noche, esa presencia de gente disminuía pero, durante el verano, cuando hacía mucho calor, solían encontrarse allí chicos marginales y mendigos sucios. Una tarde en la escuela, el Negro entró al aula y sentándose en el pupitre  de atrás, me preguntó:  ".¿querés que una de estas noches juguemos un poquito?...". Mientras lo hacía con una mano presionaba disimuladamente mi nuca lo que me proporcionaba un gran placer y una sensación de protección muy agradable. Eso sólo ya me excitaba pero la pregunta me puso "al palo" en forma automática y me tuve que acomodar "el bulto" porque había comenzado a  molestarme. Varela se rió entre dientes al notar el resultado de su pregunta y insistió juguetón:  ".¿Y?... ¿Pendejito?...¿Querés jugar?..." Estaban entrando más alumnos, entre ellos algunos de los que habían participado en la exhibición anterior, por lo que asentí con la cabeza. Ante ese gesto Varela se puso de pié y se alejó. Yo me quedé excitado todo lo que duró esa clase y esperaba ansiosamente el recreo, para que el Negro me aclarara que tenía pensando. Finalmente llegó el momento de salir afuera y me hice el encontradizo con Varela pero este, conociéndome, se fue charlar con el profesor de cualquier tema por lo que tuve que aguantarme las ganas y salí con los demás al patio de recreo. Al siguiente recreo pude acercarme al Negro y este, cuando me vio acercarme me guiñó un ojo y me indicó que lo siguiera, mientras se dirigía a un costado del patio. Se acomodó contra una pared, las manos en los bolsillos, una pierna recogida y apoyada contra la pared, mientras silbaba entre dientes. Cuando llegué me acomode al lado de él y lo imité esperando ansioso y expectante que me dijera que haríamos. Yo ya lo iba conociendo de modo que no pregunté y, cuando el timbre sonó  para volver a clases, mi papánovio ni se movió y yo decidí quedarme a su lado. Luego de un momento, una vez que todos hubieron entrado a las aulas él me tomó cariñosamente por la nuca y comenzó a llevarme hacia nuestra aula mientras me decía: "Conseguite un permiso de tu viejo para quedarte otra noche afuera. Decile que tenemos que hacer un experimento nocturno de meteorología y, cuando sepas cuándo podés, me avisas". Yo asentí y él me dio un empujoncito para que me apurara y entrara al aula antes que él aunque eso no me preocupaba ya. Cuando las clases terminaron me fui para casa solo ya que el Negro se había ido antes en su moto y al llegar a casa descubrí con frustración que mi papá ya se había acostado por lo que mamá no me pudo autorizar. Me fui al baño y me hice una paja furiosa imaginando cosas, fuera uno a  saber qué,  que me haría mi Papá-Novio. Luego comí  la cena que mi mamá me había dejado tibia en el horno y me fui a dormir. Al día siguiente interrogue a mamá con la mirada pero sus ojos neutros me indicaron que no había novedades y debí seguir aguantando mi impaciencia. Finalmente a media tarde mi madre me dijo que sí, que estaba autorizado el día del experimento lo que me dio una alegría grandísima y no podía esperar el momento de llegar a la escuela para informarle al Negro que teníamos "vía libre". Finalmente, al atardecer salí para la Escuela y antes de llegar vi al Negro, en la puerta, fumando un cigarrillo antes de entrar. Creo que mi cara alegre decía todo porque cuando estuve a unos pasos, me guiño un ojo y me dijo: ". bien pibito. ¿Cuándo tenés libre?...". Yo me sorprendí de lo que creía que era "una lectura de mente" cuando era una simple "lectura de cara" y le respondí que el día que decidiéramos nosotros. El  Negro, con el cigarrillo en los labios, las manos en los bolsillos y entrecerrando los ojos por el humo, me dijo:  "lo hacemos mañana, si no llueve o hace frío. Venite sin la campera y no traigas libros ni nada en los  bolsillos". Me extrañaron esas recomendaciones pero estaba dispuesto a todo y rezaba a Dios para que al día siguiente siguiera haciendo calor.

Y Dios me escuchó porque a la tarde siguiente hacía un calor de perros por lo que mi madre no se extrañó cuando salí sin la  campera. Y me había cuidado antes de vaciar mis bolsillos. No sabía qué hacer con las llaves de casa que solía llevar las pocas veces que mi padre me había permitido llegar tarde, pero decidí dejarlas, como si las hubiera olvidado. No quería defraudar a mi papá-novio y quería cumplir sus indicaciones al pie de la letra. En al escuela, por supuesto, sin libros ni cuadernos, me tuve que ligar reprimendas de casi todos los profesores pero no me importaba nada. Esa noche haríamos algo con el Negro y eso era suficiente como para aguantar cualquier cosa. En el aula yo traté de hablar con el Negro, ansioso por tener una pista de lo que sucedería, pero el muy torcido no permitía que nos encontráramos a solas y así pasaron las clases hasta que llegó el timbrazo final que indicaba la hora de salida. Ahí si, me acerqué a Varela quien me indicó que debía esperarlo afuera, junto a su motocicleta, cosa que hice con el corazón saltando en mi pecho. Ya en marcha, noté que el Negro no se orientaba hacia los barrios elegantes en las afueras, donde anteriormente había tenido experiencias de sometimiento ni tampoco hacia la casa de su amiga. Varela,  silbando entre dientes, como siempre, se dirigió hacia el sur de la ciudad y pronto su moto rodaba por los senderos del Parque San Martín. Todo ello me provocó un poco de temor, por los mendigos y los chicos marginales que seguramente estarían a esa hora, pero la compañía de mi papá-novio me tranquilizaba. Nos introdujimos profundamente en el parque, alejándonos de las iluminadas calles periféricas y pronto la única luz era la del faro de la moto. Luego de unos minutos, el Negro redujo la velocidad, se acercó a un asiento de plaza que estaba al borde del sendero y detuvo la moto sin apagar la luz que iluminaba el camino. Yo me bajé intrigado. no sabía que podríamos hacer allí, pero el Negro tomándome la nuca me hizo sentar a su lado, a su izquierda y se quedó un largo rato, silbando bajito. Yo esperaba, cada vez mas ansioso, intrigado y, justo es reconocerlo, con la excitación en baja porque me imaginaba que allí no pasaría anda y que podía ser una broma del Negro. Luego de un largo rato el Negro hizo algo que jamás había hecho ya que primero puso su mano izquierda en mi muslo derecho y comenzó una caricia suave. Era un subir y bajar sobre la tela del pantalón y una ligera presión cuando llegaba cerca de la rodilla. Yo estaba ansioso y no entendía que se proponía Varela. De pronto, dio vuelta su cuerpo hacia el mío y comenzó a besarme en la boca con pasión mientras que sus manos me abrazaban y recorrían mi entrepierna casi con violencia. Era algo que yo había visto hacer a muchachos y chicas escondidos entre los árboles de las plazas o a la noche, en algún banco, como ahora lo hacía el Negro y de pronto me di cuenta de que yo estaba ocupando el lugar de esas chicas. Darme cuenta de ello me molestó un poco ya que jamás me sentí mujercita y me lastimaba mucho cuando mis hermanos me decían nenita, jorgelina y ese tipo de cosas. Supongo que el Negro debe haber percibido mi rechazo sin entenderlo porque insistió con más violencia en sus besos de lengua y en su franeleo descarado. Finalmente me dejé invadir por esas manos que se metían bajo mi camiseta y que me pellizcaban las tetillas con suavidad mientras la lengua recorría mi boca sin cesar y mi excitación comenzó a crecer visiblemente. Cuando Varela comprendió que estaba bien "al palo" entonces dejó de besarme y mirándome a los ojos mientras que su mano derecha hurgaba en mi bragueta, me preguntó ".¿ harás lo que pido?...". Yo asentí sin hablar y el sonrió diciendo ".pendejito lindo." mientras se levantaba. Yo me quise levantar también pero me dio un empujón un tanto brusco mientras me decía: "vos te quedás ahí.". Luego se acercó a la moto y sacando una bolsa de tela me dijo.  ".Ponete en bolas." Mi corazón dio un salto en mi pecho. Miré a todos lados y le pregunté en un susurro ". ¿aquí?...". Él me miró, se le torció la boca en ese gesto que presagiaba violencia y me respondió casi con enojo: ". Sí. aquí. ¿no le gusta al pendejito?...". Yo bajé la cabeza sin responder. Estaba entregado y haría lo que me pidiera. Y comencé lentamente a sacarme la camiseta, pero le me dijo imperativo: ".de abajo para arriba. Pibe.". Yo entendí el mensaje y comencé a excitarme.  Me agache sentado, desaté los cordones de las zapatillas y las puse en la bolsa que él mantenía abierta frente a mí. Luego me saqué las medias y las puse en la bolsa.  Después abrí el cinturón del pantalón y bajé la cremallera. Estaba excitadísimo aunque atemorizado porque temía que los chicos marginales o los mendigos se acercaran. Así, apoyé apenas la espalda en respaldo del banco y me baje, de un golpe el pantalón y los calzoncillos que pronto estuvieron en la bolsa abierta. Mi excitación era un portento y el Negro hizo un comentario vulgar que me mortificó pero seguí y comencé a sacarme la camiseta por la cabeza. Cuando lo estaba haciendo sentí que una mano, la del Negro me acariciaba el glande que estaba a punto de explotar. Cuando le di la camiseta, el Negro la puso en la bolsa, se dirigió a su moto, la puso en marcha y se alejó. Sorprendido por esa retirada sin aviso me incorporé y traté de seguirlo pidiéndole alguna instrucción pero Varela me dejó solito con mi alma. De pronto se hizo la oscuridad más completa ya que no tenía el camino bañado por la luz de la moto y sentí miedo y frío, pese al calor que hacía. Me senté en el asiento y miré a todos lados. La luz de las estrellas y una luna menguante entre los árboles me permitió ubicarme. Estábamos muy lejos de las calles iluminadas. No sabía qué hacer. No podía ir a ningún lado desnudo como estaba. Temía que el Negro me hubiera abandonado llevándose la ropa y no sabía que hacer para solucionar el problema. De pronto me sentí un niñito desamparado y sentí que Varela, mi papá novio, me había traicionado como lo había hecho siempre mi papá y me largué a llorar, con unos sollozos, silenciosos y profundos. Lo que más temía se había hecho realidad. Una vez, el abandono era mi destino. En mi angustia no percibí que se acercaban gente y cuando lo advertí ya estaban demasiado cerca. Me sequé las lágrimas y me levanté de un salto para esconderme pero me habían visto y escuché unas risas y gritos de muchachos junto a una voz de  hombre. Y me quedé paralizado. Ellos tenían ya la vista acostumbrada a la oscuridad y mi cuerpo desnudo,  blanco destacaba contra el follaje oscuro. En cambio yo todavía no me había acostumbrado a la falta de luz y ellos vestían, luego lo supe después, ropa humilde y de colores pardos. Pronto estuve rodeado de risas y carcajadas. Estaba aterrorizado. No sabía que podían hacerme aunque pensaba lo peor. Me sentía muy apenado por el abandono de Varela y mi autoestima estaba por los suelos. Pronto percibí a varios muchachos como de mi tamaño o más grandes y a un  viejo. Dominaba un olor a sucio y rancio. Y, de golpe, sentí que una mano fuerte me tomaba de un brazo y me acercaba a su cuerpo y que me daban un torpe beso en la boca intentando abrirla con la lengua. Me resistí pero esa mano me tenía fuertemente tomado y la otra me dio un golpe en la cara,  mientras que los chicos decían entre risas ".dale a la cocina, pegale a la cocina.". Luego sabría que "la cocina" era el estómago porque recibí varios golpes en el estómago y caí al suelo. Una vez en el suelo comencé a recibir golpes en todo el cuerpo. No eran muy fuertes ya que  los chicos estaban descalzos de modo que no había suelas que me lastimaran pero estaba aterrado. Nunca había sido agredido de esa manera, la oscuridad y mi desnudez hacían que me sintiera totalmente indefenso y volví a llorar en silencio mientras me cubría la cara y los genitales. Pronto el viejo sucio, luego sabría que era un mendigo, detuvo la lluvia de golpes y tomándome por los cabellos me hizo arrodillar y sacando su verga afuera me la puso en la boca para que la chupara. Escuché las risas de los chicos que le sugirieron atarme a un árbol para que no me escapara y el viejo dijo ".eso." y arrastrándome hacia una palmera vieja me puso de rodillas de espalda contra ella y, con una soga que le alcanzó uno de los chicos, ató mis brazos hacia atrás, rodeando el tronco. Cuando estuve inmovilizado volvió a ponerme la verga en la boca y yo sentí un olor a sucio indescriptible y ladeé la cara pero, de un golpe, el viejo me enderezó la cara y le dijo a uno de los chicos "apretale las bolas a este  pendejo para que no se haga el fino"  y el chico, arrodillándose a mi lado me dio un apretón muy fuerte. Grité de dolor y al abrir la boca el viejo me enterró su verga adentro y tomándome de las orejas me dijo en voz baja y con mucha ira. ". si me mordés. te muelo los huevos  a patadas y después te rompo el culo.". Mi terror era completo. Mis lágrimas habían cedido y mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y mientras el viejo me cogía por la boca enterrándome su verga hasta el fondo sentí que el chico que me había apretado los testículos comenzaba a acariciarme la verga. Pese al susto y al dolor de los golpes sentí una excitación instantánea y vi que el chico se arrodillaba y acercando su boca a mi verguita en crecimiento, comenzaba a mamarla. Era una situación indescriptible. Tenía en la boca una verga sucia, con olor a rancio y unos residuos que luego el Negro, cuando le pregunté me explicó que era el "queso" que quedaba en el prepucio cuando alguien no se lavaba la pija con frecuencia. La cosa me daba nausea y cuando el viejo me la enterraba hasta el fondo me daba arcadas pero tenía miedo de morderlo y que, efectivamente, me castraran y por ello aguantaba como podía. Pero al mismo tiempo, el pendejito que tenía a mis pies, me estaba haciendo una mamada de aquellas mientras que con un dedo y luego con dos me estaba hurgando el culo. Las risas que escuchaba a mi alrededor me hicieron comprender que no había "mala onda" como se le dice ahora y me tranquilicé un poco mientras el viejo seguía serruchándome la boca como si le fuera la vida en ello. Era tanta la violencia que ponía en sus embestidas que golpeaba mi cabeza contra la palmera con frecuencia hasta que de pronto sentí que se ponía tenso y que empujaba su pubis contra mi boca mientras que unos gruesos chorros de su leche pasaban directamente a mi garganta. Estaba asqueado pero aterrado y no podía hacer otra cosa que tragar su leche.

Cuando terminó el viejo les dijo a los otros muchachos. "aquí lo tienen. no es una conchita pero sirve bastante." y pronto el resto de los muchachos se habían descargado en mi boca. Al principio tragué pero luego ya dejé que chorreara por las comisuras de los labios y cuidaba sólo de no ahogarme. Y mientras todo eso sucedía el otro chico seguía chupando mi verguita mientras me agrandaba el culo con los dedos. Era un poco torpe y brutal pero todo ello me excitó y finalmente acabé deslechándome yo también en la boca del chico que tragó golosamente mi leche y siguió lamiendo mi glande por un largo rato produciéndome una sensación muy placentera pero parecida al dolor ya que quería que dejara de hacerlo, pero inmovilizado como estaba me resultaba imposible. Finalmente, se fueron alejando, entre risas, y haciendo comentarios jocosos. Les supliqué que me desataran pero se rieron y se fueron y allí quede, una vez más, solo y abandonado y pensando como salir de ese atolladero. De pronto escuché el ruido de un motor y, al acercarse, reconocí el familiar sonido de la moto del Negro y el de otra más liviana y luego dos luces se acercaron y  me iluminaron por completo. Estaba cegado por el paso de la oscuridad casi absoluta a la potente luz de los faros y no podía distinguir nada.  Sólo reconocí la voz del Negro diciendo ".la mierda. qué carajo pasó." y bajándose de la moto comenzó a desatarme. Mientras lo hacía, largaba insultos de todo tipo y le decía algo a alguien que estaba  en la  otra moto. Y escuché lo que siempre había temido  ".quien hubiera dicho que un hijo del  Doctor Fulano de Tal era un puto. ja ja ja. si el viejo lo supiera, tan de ir a misa que es. ja ja.. ja.". Y añadió cuando, una vez desatado, me puse de pie: ".pero está lindo el  pendejito." y acercándose me acarició el culo. Yo me removí molesto y avergonzado, dándole la espalda  pero el tipo me tomó de un brazo y me dijo al oido ".dale. no te hagas el machito que el Negro ya  me dijo que te gusta que te rompan el ortito.". En ese momento Varela se alejó y apagó las luces de las dos motocicletas y el tipo comenzó a  acariciarme sin ningún cuidado. Me tenía agarrado desde atrás  por la cintura con una mano y con la otra comenzó a pajearme. No era bruto ni me hacía sufrir, solo era poco gentil pero, pese a ello,  comencé a excitarme y él dándose cuenta me mordió el cuello y  me llevó detrás del banco y apoyandome contra el respaldar me hizo doblarme hacia abajo y adelante. Yo me imaginé lo que se venía pero estaba caliente y me excitaba darme cuenta de que el Negro estaba allí mismo, en la oscuridad, viendo mi cuerpo blanquito siendo franeleado por su amigo y a punto de que me cogiera. Cuando el tipo, sin miramientos, puso un pie entre los míos y me golpeó primero uno y luego el otro para que me abriera bien de piernas lo hice y al sentir que se abría el cinturón, para facilitar las cosas, tomé mis nalgas con las dos manos para que no me lastimara. Escuché luego un largo gargajeo  y una escupida y sentí que me llenaban la raja y el agujero de saliva y muy pronto el amigo del Negro me estaba serruchando. La cosa no era desagradable, pero era muy bruto y sus empujones con la  pelvis, empujaban mi verga erecta contra el respaldo del banco lastimándome de modo que, en un retroceso del tipo, me fui hacia atrás y me afirmé con los dos brazos contra el respaldar. En pocos minutos de serrucharme el tipo acabó en mi culo y, casi de inmediato, sacó la verga, se levantó el pantalón y le dijo a Varela  ".tiene un culo precioso, no muy cerradito, pero parece una conchita.j aja ja ja.." Luego, sacó unos billetes del bolsillo,  los puso sobre el banco y se dirigió  a la moto, le dio arranque y subiéndose a ella, se fue en la  oscuridad.. Luego de ello Varela se acercó con la bolsa con mi ropa y me la fue dando de a una. Estaba oscuro y no podía ver su cara y por ello no dije nada de que me había abandonado. Tenía miedo de enojarlo. Cuando terminé de vestirme el Negro me dijo.  "..Vamos a la terminal de ómnibus a tomar una coca." y puso la moto en marcha. Cuando llegamos a la luz y  el  Negro me vio comenzó a putear de nuevo ya que tenía un par de moretones en la cara y me llevó al baño para que verme mejor. Me preocupé. no sabía que explicación darle a mis viejos pero Varela, siempre canchero,  me dijo. ".date vuelta  y sacate la camiseta. quiero ver si tenés mas verdugones.". Cuando lo hice, comprobó que no había nada serio - luego, en casa, vería que tenía las piernas llenas de cardenales pero me cuidé de que nadie en casa los viera y no hubo problemas-  de modo que me dijo ". decile a tu viejo que en la oscuridad te caíste." Salimos. tomamos una coca-cola y el me llevó hasta la esquina de casa. Tuve que tocar el timbre y golpear la puerta, ligándome un reto de mi madre y, a la mañana siguiente, un flor de levante de mi papá,  por mis moretones visibles, quien me dijo que no volvería a salir de noche porque no sabía cuidarme. Y nunca supe si esa agresión del viejo y los pibes había sido planificada por el Negro o si había sido una simple coincidencia.  Lo quería demasiado a Varela como para arriesgarme a provocar su enojo. Pero, ahora que lo escribo, me doy cuenta de que esa  fue la primera vez que cobré por dar sexo. Ya que una vez que estuve sobre la moto, el Negro, dándose cuenta de que no había recogido los billetes me dijo:  ". esperame." y bajándose fue hasta el banco de plaza donde me había cogido su amigo, recogió los billetes y me los puso en el bolsillo.".  Entretanto  yo pensaba que Varela tenía ojos de gato para darse cuenta de que los dichosos billetes estaban, aún, en el lugar donde su amigo los había dejado. Era evidente que mi Papanovio prestaba atención a los detalles.

 

 

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