El Premio Mayor

Hace algunos años, cuando me di cuenta que me gustaban los hombres, 
visitaba todos los días una familia que casi me habían adoptado como mi 
familia, y casi casi vivía con ellos. Yo todavía era un niño, un poco grande.
En esa familia había 4 miembros, el papá, la mamá y el hijo, y yo, que casi 
era un hijo mas. El papá trabajaba como carnicero, (espero que entiendas 
qué es lo que hace una carnicero) todos los días, después que llegaba de 
trabajar y antes de comer se ponía a hacer ejercicio de pesas, para tener 
fuerza para cargar la carne del camión abastecedor. Se quitaba toda la 
ropa y se quedaba en trusa, se ponía solo una faja para no tener problemas 
de hernias, y como él no tenía problemas porque lo viéramos su esposa, 
hijo y yo, pues hacía deporte, aunque a mí me excitaba verlo así: DESNUDO. 

Él comenzó a darse cuenta de mi interés, y varias veces noté como su paquete 
se ponía duro, pero nada ocurría, solo se bañaba con agua fría para bajarse el 
calor. Un día, su familia tuvo que salir, cuando llegué a la puerta de su apartamento 
y pensando que estarían todos, pues toqué y cuál fue mi sorpresa que me abrió él.

- pásale, ya te estaba esperando
- y su esposa? - pregunté
- no está, salió a ver a su mamá y tardará en regresar

Yo tuve miedo de quedarme con él, pero al mismo tiempo pensé  "hoy es el día"
y con miedo pasé. Él se puso a hacer sus pesas y me quedé viéndolo un buen 
rato. Aunque hoy no se había quitado el pantalón, el deseo de verlo me movió 
y le dije:

- ¿hoy no te vas a quitar el pantalón?
- eso esperaba que me dijeras, ¿te gusta verme desnudo? di la verdad - me preguntó
- sí. 

Mientras que mis ojos no daban crédito a lo que miraban, un cuerpo bello, sin 
grasa con la cintura delgada, las piernas fuertes y musculosas, los brazos largos, 
delgados y fuertes capaces de abrazarme y hacerme sentir su calor y su fuerzas, y 
el premio mayor, ese paquete que siempre se ponía grande en cuento lo miraba.

- ¿qué te pasa?  o estas en otro mundo? - me dijo
- no, aquí estoy.

Él continuó su ejercicio, y yo mirándolo absorto de tener eso que tanto deseaba 
tener, hasta que algo me hizo volver a la realidad. Me gritó fuerte:


- hey!! despierta!, aquí estoy

Yo salté, y cuál fue mi sorpresa, sentirlo cerca de mí, alcé mi cara y ahí estaba, 
parado frente de mí, y mis ojos viendo eso que ya no era un sueño, sino una
realidad: SU PAQUETE. Tomó mi mano, y la puso en su vientre.


- toca, estoy fuerte

Yo sentí un placer enorme, sentí algo bonito pero también que me quemaba.

- no tiembles, no pasa nada.

Y así pasaron unos segundos y ya con mas seguridad, recorrí todo su vientre, 
entonces él tomó mi otra mano y la puso sobre su pierna,  eso era lo que más
deseaba, yo temblando de emoción poco a poco fui bajando la mano hasta 
que toqué su pene, era enorme, caliente, duro.

- te gusta, verdad?
- sí, mucho
- bájame la trusa - me dijo, a lo que yo obediente y rápido hice. 

Allí estaba eso que tanto deseaba tener. Lo tuve y por primera vez, me sentí feliz, 
tener eso que te gusta, como el juguete que nunca habías tenido. Él me tomó de la 
cabeza con las dos manos hasta que mi boca estuvo enfrente, entonces sin pensarlo 
lo comencé a chupar, su sabor salado al principio no me gustó, pero yo seguí, él se 
estremecía de placer, entonces lo metí todo a mi boca, él comenzó a meterlo y
sacarlo poco a poco hasta que ya no pudo entrar mas, él gritaba de placer, así 
pasó un rato más hasta que paró. Entonces comenzó a desnudarme, a besar mi 
boca, mis orejas, mis tetillas, mi vientre, hasta que llegó a mi pene y de una vez 
se lo introdujo a su boca, el placer entonces subió a mil, y grité de placer, su boca 
comenzó a masturbarme, mientras que sus manos tocaba mis nalgas, después 
me volteó y sus labios mordían mis nalgas, con sus manos abrió mis nalgas y con 
su lengua comenzó a chupar mi ano, entonces ya no pude más y grité:


- más!, quiero mas!!!


Él, sin pensarlo, me alzó con sus enormes brazos hasta que mis nalgas estaban 
a la altura de su pene, entonces recibí el premio mayor, su pene, sin pensarlo
mucho me tomó con su brazo derecho de mi vientre y empujándome hacia él 
me introdujo esa cosa enorme, el dolor que sentí fue indecible, yo mordí lo 
primero que tuve cerca, él entendió lo que sentí, pero no se detuvo, metía y 
sacaba, metía y sacaba. El dolor se convirtió en placer. Después me recostó 
sobre el suelo, puso mis piernas sobre sus hombros, y volvió a meter su pene, 
el placer de sentirlo dentro hizo que todo dolor se me olvidara, él siguió metiendo 
y sacando hasta que expulsó su esperma, todavía con su pene dentro, tomó mi 
pene y comenzó a masturbarme, cuando al fin llegué a lo máximo de placer, sentí 
algo que hasta hoy no lo he vuelto a recibir.

TUVE EL PREMIO MAYOR.

Cuando nadie estaba en su casa, me daba lo que tanto me ha gustado y me gustará.


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