Mi primera Experiencia.
Este
relato esta basado en un hecho real. En él os cuento la pérdida de la inocencia
y la entrada en una nueva forma de vida: la de la homosexualidad. Sin más
empiezo mi historia. Un día decidí mejorar mi cuerpo atlético y fui a un
gimnasio, deseoso de mejorar un cuerpo que, ya de por sí, estaba bastante bien.
La imagen es algo que en este mundo vale mucho y se
liga más por las apariencias que por lo que uno es.
Físicamente soy un chico normal, varonil y que suele atraer bastante a la
gente. Al mes de estar en el gimnasio un chico llamado Antonio se me acercó
para hablarme de los ejercicios que tenía en mi tabla y de lo bien que tenía el
cuerpo. El chico tenia 18 años recién cumplidos, tenía un cuerpo atlético y no
estaba nada mal de cara. Ese día no se separó de mí, hablándome de ejercicios
de gimnasia y de lo importante que eran para la formación física. Cuando
terminé de hacer los ejercicios y digo terminé, ya que él no hizo nada de
ejercicios y lo único que hizo fue observarme, me fuí a la ducha y él me
siguió. Mientas me desnudaba Antonio observaba mi cuerpo desnudo. Me fui a la
ducha y Antonio no dudó en seguirme; mientras me duchaba él no paraba de
mirarme y siguió con una conversación típicamente de chicos heteros.
A
partir de aquel día, Antonio siempre coincidía conmigo al vestirme, al
desnudarme, al ducharme, al secarme y al vestirme en los vestuarios. Llegó el
día en el que empecé a ir al gimnasio más tarde y él también, curiosamente,
empezó a ir más tarde. A esas horas había poca gente en los vestuarios, bueno
más bien estábamos prácticamente solos en los vestuarios, ya que no toda la
gente del gimnasio los utilizaba. Un día Antonio entró en el vestuario después
que yo acabara de entrenar y mientras me quitaba la camiseta sudada, me bajaba
los calzoncillos lentamente y me acariciaba mi caballera oscura, dejando a la
vista mi cuerpo desnudo con mi sexo largo y duro. Antonio entonces se acercó a su bolsa de deporte y se fue
desnudando dejando a mi vista su cuerpo desnudo y atlético por primera vez
desde que había llegado al gimnasio. En la verdad era todo un cuerpo bien formado, aunque cuando se miraba su pene, más bien
pequeño, su cuerpo en conjunto dejaba mucho que desear. No me extraño entonces que Antonio se
fijara tanto en mi portentoso pene y que tuviera “envidia” del mío en
comparación con el suyo. Mientras nos habíamos quedado en pelotas los dos,
Antonio aprovechó para hablar de su novia. Yo me fui a la ducha y él me siguió
a la ducha continua. Mientras pasaba mis manos con el gel por mi cuerpo observé
por el cristal como Antonio estaba mirando mi cuerpo desnudo y esa desnudez era
la que causaba la excitación que se podía apreciar en su pene erecto. No supe
bien qué hacer y salí a secarme, haciendo él lo mismo. Mientras me secaba me di
cuenta de que él, más que secarse, lo que hacía era taparse con la toalla, ya
que con ella y todo se podía apreciar su erección. Los
días siguieron así y a mí empezó a gustarme aquella situación y nuestras
conversaciones se fueron alargando tratando principalmente el tema de las
chicas. Un día decidí entrar en la sauna y ,claro, el chico también terminó
entrando a la vez que yo, cosa no muy conveniente para un asmático como era su
caso. Ese era un sitio especial para él y al que Antonio le gustaba ir ya que yo no usaba toalla en el interior.
Mientras él se tapaba con una toalla ya
que mi cuerpo desnudo lleno de sudor le excitaba y trataba así de que yo no me
diera cuenta de su estado. A partir de aquel día Antonio siempre hizo sauna
conmigo.
En el
interior de la sauna el tema preferido de Antonio era el sexo. En una de estas
sesiones pensé jugar con él, pasando mi mano suavemente por todo mi cuerpo,
incluido mi pene, eso le excitaba todavía más
y a mí me hacia gracia su excitación. Ese mismo día me dijo que él era
un experto en masajes y que si quería me daba uno, ya que según él tenia una
gran tensión en los músculos. Le dije que sí, que cuando saliéramos, pero no
dudó en decirme que era mejor allí mismo. Así, comenzó a pasar sus manos por mi
espalda desnuda, enseguida me di cuenta de que aquella situación era lo que él
había deseado desde hacia mucho tiempo, y siguió hasta bajar a mis piernas.
Antonio paso por alto mi culo y yo inocentemente le dije”: no sigues dándome
el masaje por otras partes de mi cuerpo”. Nos miramos y él siguió
lentamente por mi culo y al darme la vuelta por mi torso. Cuando iba a seguir
bajando le quite la toalla y pude ver su pene erecto. Yo, milagrosamente, había
conseguido no ponerme como él y fue esa circunstancia la que aproveché para
preguntarle el motivo de su excitación. Él se cortó y no supo qué contestar,
aunque rápidamente sacó el tema de que el sexo entre chicos heterosexuales era
algo normal. Yo me callé y mi silencio fue aprovechado por él para decirme que
en su grupo de amigos heterosexuales el sexo entre ellos era algo normal y
algo por lo que no debía de “tener miedo” y así empezó a contarme los “juegos
sexuales” que normalmente practicaba con ellos. Comenzó su relato tranquilamente,
pausadamente y más tarde se fue excitando cada vez que relata los momentos
vividos con sus amigos:”normalmente quedamos en casa de un amigo o en casa de alguien que sabemos que ese día no
va a estar en casa. Normalmente solemos quedar nosotros solamente, es decir sin
nuestras novias y conforme vamos entrando nos vamos denudando. Nos quedamos
totalmente en bolas y bebemos unas copas. Normalmente Ramón, uno de sus amigos,
o yo cogemos a un chico que será el novato o el iniciado. Todos adoptamos una
postura autoritaria ante este chico. Normalmente lo ponemos en el suelo en
posición boca arriba y lo rodeamos. Nos vamos pajeando, masturbándonos los unos
a los otros y eso nos pone cachondos a nosotros y al tío que está en el suelo.
Este chico al vernos también le entran ganas de pajearse y nosotros simplemente
se lo prohibimos. Cuando más excitado esta el chico nos vamos “tirando” sobre
él y nos vamos comiendo su verga. Por turnos nos vamos comiendo a ese chico,
todos y cada uno de nosotros. Cuando nos ponemos calientes y no podemos más nos
corremos encima de él. A continuación todos le lamemos el cuerpo al chico
cubriéndolo de semen, el cual más tarde todos chupamos. Más tarde decidimos
quien se folla a quien y que generalmente es el que se corrió primero. Ponemos
al chico de culo abierto , le lubricamos entre todos el culo a base de saliva y
agarrándolo fuertemente por las caderas le follamos sin contemplación, le metemos
la polla de un empujón y sin contemplaciónes, entonces vamos jadeando al que a
penetrado, para que empiece a moverse dentro de él con más fuerza. Entonces o
nos vamos turnando para follar al chico o le cogemos la polla y le masturbamos
con todas nuestras fuerzas. Todo termina cuando todos y cada uno de nosotros
volvemos a corrernos. Así estamos turnándonos hasta que vamos cayendo de
agotamiento, de cansancio. Descansamos y volvemos a empezar. Todo depende de lo
que nuestros cuerpos aguanten ese día”
La cuestión
era que Antonio y sus amigos eran un grupo de homosexuales encerrados en el
armario y que no eran precisamente unos “angelitos”. La historia debía de ser
cierta ya que Antonio se había excitado recordando los momentos que había
pasado. Hay cosas que se saben si son ciertas o no, al ver a la persona que los
cuenta. No sé si me explico. Los dos estábamos excitados, sobre todo Antonio y
además él quizás por esas “aventuras” de sexo en grupo, buscaba algo distinto.
Además , coño, le apetecía estar conmigo, ya que según me decía le excitaba
sexualmente y deseaba: “que le hiciera mío”. Qué podía o debía hacer?
La
cuestión era como debía de continuar aquello. Sus manos fueron pasando
lentamente por mi cuerpo desnudo, acariciándome hasta el último de mis poros.
Empecé lentamente a ser consciente de lo que ocurría, ello no pareció
sorprender a Antonio y a la vez me estaba empezando a gustar. Nunca antes había
estado o experimentado con un chico, eso era nuevo para mí. Su boca se acercó a
la mía besándome de forma prolongada, profunda, apasionada y fue entonces
cuando me di cuenta de que para Antonio aquella situación no era nueva para
él. Así que decidí devolverle los besos
y le fui besando en la boca de forma prolongada, corta y sensual. En un susurro
él me dijo”: besas como un ángel”. Supuse que aquello quería decir que
besaba bien y no pude menos que interrogarle por la forma de como le besaba su
novia. A lo cual me contesto”: La
diferencia Luis es que a ti te amo y a la zorra de mi novia nunca la he amado”.
Entonces me di cuenta de que aquello no era simplemente sexo entre Antonio y
yo, y sin dejarme reaccionar, empezó a
besarme primero torpemente, más tarde,
como alguien realmente enamorado; es decir de una forma en la que no hay
que demostrar tus sentimientos, ya que estos son obvios. Besaba de manera
cálida, profunda, tierna, en la que el tiempo no se mide.
Fue
entonces y solamente entonces cuando fui realmente consciente de que Antonio me
había estado persiguiendo y que había terminado teniéndome, ya que se
encontraba enamorado de mí, aunque su cerebro no pudiera entender que él
estuviera enamorado de otro hombre y mucho menos que él fuese homosexual. Por
mi parte yo sí había entendido mi homosexualidad.
Salimos
de la sauna a las duchas de forma pasional en la que ya no importaba que
alguien nos viera. , lo cual por otra parte, era poco probable ya que el dueño
del gimnasio y amigo de Antonio se había encargado de que nadie nos
interrumpiera. Al entrar en las duchas
siguieron los besos y las caricias, mientras Antonio me aplicaba el gel
en la espalda. Entró en la ducha conmigo y pronto empezó a pasarme la esponja
llena de espuma por los hombros y fue bajando la mano por mi espalda hasta
llegar a mi cintura. Para entonces yo ya tenía la polla en plena erección y en
éstas Antonio me volvió luciendo una portentosa erección. Mi capullo jugaba
ahora con su culo a base de roces. No pudo aguantar más y su lengua fue a buscar
la mía fundiéndonos en un apasionado beso. Cuando nuestros labios se separaron
él comenzó a masajearme con la lengua, primero el cuello, luego el pecho. Me
hizo un trabajo de pezones que me había puesto en órbita y cuando mi verga no
podía más se puso de rodillas, y primero me pasó la lengua suavemente por la
punta del glande, y a continuación se estuvo un rato chupando el capullo, hasta
que de golpe tragó toda mi verga. Sus labios apretaron al máximo toda la
longitud de mi polla, mientras la mamaba en un frenético vaivén. Pero no quería
que aquello acabara tan pronto y mientras nos entreteníamos con nuevos juegos
bucales. Mi mano derecha empezó a tantear su esfínter que, por lo visto, entre
el jabón y la ansiedad estaba ya a punto.
Antonio
sabía lo que quería, lo que vendría y, pasmosamente para mí, en medio de aquella pasión sacó de su maleta
unos preservativos uno de los cuales me puso sin que me diera realmente cuenta
de ello, pero algo me dijo que Antonio debía de haber estado esperando esa
situación durante días y no había dejado al azar ni el más mínimo detalle. Entonces le di la vuelta y le abrí las piernas,
echando él la cintura hacia delante y dejando su culo a mi alcance. De un golpe le clavé toda la extensión de mi
polla en un culo cálido, apetitoso y mi
polla empezó a bombear con toda excitación. Mis movimientos se hacían más
fuertes, conforme me pedía más. En éstas agarré con una mano su polla y empecé
a pajearlo sin contemplaciones hasta que sentí su liquido caliente entre mis
dedos y fué entonces cuando desparramé todo mi semen en el preservativo que
estaba en lo más profundo de su ser.
Nuestros cuerpos se fundieron en uno solo.
Pronto
comprobé que él no solamente deseaba amarme o tenerme sino que él deseaba que
yo lo dominara en aquella circunstancia. Yo no dudé en pasar a la acción en
besos cariños y caricias por todo su cuerpo que se retorcía mientras le tenia
cogida las manos. Eso le encantaba y le excitaba aún más. Lo cogí con fuerza y
le di la vuelta, para entonces mi verga volvía a estar muy dura, lo empecé a
besar por toda su espalda hasta bajar a su culo. Eso le hizo ponerse a mil.
Antonio ya empezaba a suplicar frases fruto de su deseo: “sigue, fóllame, me
gustas, te quiero, tómame, no pares, quiero más, no puedo más”. Así que con
fuerza le puse el culo en pompa y se lo lamí lentamente. Más tarde se lo fui
mordiendo, lo cual le ponía más que caliente y seguía ahora con más fuerza con
sus gemidos y sus frases entrecortadas. Mi lengua ahora pasó por su ojete entrando
un poco, lo suficiente para que Antonio me pidiera que lo follara ya.
Un
Antonio que gemía, que suplicaba ser follado. Con fuerza, lo cogí y lo
puse en pompa pasando mi lengua
caliente por la superficie de su ojete para ir penetrando más lentamente. Mis
manos a su vez iban abriendo camino, abriendo el culo de un Antonio y mis dedos
fueron también entrando en ese culito prieto. El dolor que sentía Antonio por
esta acción solamente se veía superada por el tremendo placer que, en el fondo
de sí mismo, sentía por lo que le estaba haciendo. Él me suplicaba
constantemente que le follara y sus gemidos pasaron a ser constantes, aunque
deseoso de tomar parte se dio la vuelta y de forma retorcida cogió mi pene
erecto y empezó un cadente y suave lameteo por la parte externa, para entonces
mis dedos se retorcían en lo más profundo de su culo produciéndole un
tremendo
goce que le hacia retorcerse de placer. Las manos de Antonio pasaron por mi
cuerpo con dulzura, con cariño,
acariciando toda y cada una de las partes de mi cuerpo desnudo. Yo me
despreocupaba y dejaba hacer a Antonio, que cada vez más parecía haber
aprendido mucho de las practicas sexuales con sus amigos. Su boca, su lengua cálida y húmeda empezaron a recorrer las zonas más sensibles de mi cuerpo.
Entonces comprendí que Antonio no haría esas cosas sino estuviera enamorado de
mí. Nadie puede fingir este tipo de cosas sin que el otro termine dándose
cuenta de los sentimientos reales de la
otra persona.
Mi
cuerpo se convulsionaba por lo que
Antonio hacía en él, pero aquella situación iba a cambiar. Pronto empecé a
besar a Antonio con besos pequeños, suaves que pasaron a otros más profundos,
largos y calientes que hacían gozar a Antonio. Mis manos pronto pasaron a la
acción por toda su cabeza, por sus orejas y lóbulos. Mis besos pasaron a leves
mordiscos en los lóbulos de su oreja, lo que le excitaba aún más de lo que yo
pensaba que una persona se podía excitar. Pronto bajé a sus tetillas, mordidas
esta vez con más intensidad y lujuria. Yo empezaba a sentirme el amo de ese
chico y es que él empezaba a rendirse a mí. Esa situación no era algo que
desagradara a Antonio, era todo lo contrario, era lo que él estaba buscando.
Antonio había sido como el macho cabrío de sus amigos y ahora buscaba en mí su
sumisión absoluta. Era evidente que se sentía atraído por la situación en la
que se encontraba y lejos de protestar, buscaba el límite de aquella situación.
Su
excitación me hacía esmerarme aún más en mi “trato” a Antonio. Pronto me
encontré pasando, primero, mi lengua por todo su cuerpo hasta llegar sin tocar
su pene, después, pasé a morderlo con sumo cuidado, para más tarde, morderlo
con suma lujuria. Todo su cuerpo menos la parte que él más deseaba, su pene,
fueron míos. Antonio volvía a pedir más, suplicaba
que siguiera. Ya que lo tenía entregado lo volví, sin resistencia por su parte,
e hice mía toda su espalda y todo su culo. Mis mordiscos excitaban a un Antonio
que gemía, que suplicaba ser follado. Mi voz suave, aunque autoritaria le decía
a Antonio ”no, todavía queda mucho, espera”. Con fuerza lo cogí y lo puse
en pompa pasando mi lengua
caliente por la superficie de su ojete, para ir penetrando más lentamente. Mis
manos a su vez iban abriendo camino, abriendo el culo de un Antonio que hasta
entonces no había sentido las manos de un verdadero hombre sobre su cuerpo. Mis
dedos fueron también entrando en ese culito prieto, de mujer, que tenía
Antonio. Primero uno, mas tarde dos, más tarde tres y así hasta que mi mano se
fue haciendo paso. El dolor que sentía Antonio por esta acción solamente se
veía superada por el tremendo placer que en el fondo de sí mismo sentía por lo
que le estaba haciendo.
Antonio seguía suplicándome que le follara, pero ese no era mi plan por el momento. Los gemidos pasaron a ser constantes y ya para entonces Antonio se habría dado cuenta que el sexo conmigo era algo muy largo en el que solamente había una regla: el goce mutuo. Cuando mis dedos ya se encontraban en lo más profundo de Antonio, este cogió mi pene y lo metió en su lengua poco a poco hasta que todo él entró en su boca. Mi pene salía de su boca unos instantes, los precisos para que él chupara todos mis huevos. Fue entonces cuando mirándome a la cara de forma tierna y sincera me dijo: “ soy tuyo y siempre te querré, pese a todo”. Sabía lo que quería decir cuando decía “pese a todo”, pero eso ahora no era importante. Lo importante era que me amaba y que era mío. Le baje la cabeza y le hice tragar mi pene erecto con gran brusquedad, mi pene le había llegado hasta la garganta produciéndole arcadas. Él podía pensar lo que quisiera, pero no estaba dispuesto a que Antonio olvidara aquel día.
Mi mano
aguantaba la cabeza de Antonio no dejando que mi pene dejara lo más profundo de
su garganta. Mi otra mano había logrado, sin lubricante, entrar en lo más
profundo de su “culito de mujer”. Mi situación era de un gran placer, la de
Antonio parecía ser lo que toda su vida había estado buscando en otro chico. Lo
poco que le dejaba para respira era aprovechado por Antonio para indicarme dos
cosas”: fóllame y haz con migo lo que tú quieras”. La situación se
prolongó durante un largo tiempo, el tiempo suficiente para que Antonio
terminara diciendo lo que yo quería oír de su boca. En el momento en el que ya Antonio no podía
aguantar más aquella situación se dio la vuelta y fue entonces cuando mirándome
a la cara de forma tierna me dijo: “
soy tuyo y siempre te querré”. Con fuerza lo cogí y lo puse boca abajo, en
pompa abriéndole el culo lo más posible y esta vez lo penetré con violencia hasta lo más profundo; su
cuerpo se acopló al mío. Nuestros cuerpos, nuestras caderas se movían al ritmo
que marcaba yo con mi admirable pene. Mi polla se hundió con fuerza en lo más
profundo de Antonio y la penetración estuvo acompañada con fuertes movimientos
de trasero; estos movimientos de mi polla en el interior del culo de Antonio
excitaban más a un chico que había estado buscando la dureza y el calor de mi
sexo. Mientras mi mano con dureza había cogido su pene y lo había masturbado
con fuerza, con dureza. Sus gemidos de placer habían sido continuos. Ambos nos
corrimos simultáneamente, volcando yo mi semen en lo más profundo de él. Hasta entonces sus gemidos se habían hecho
constantes, suplicantes, deseosos de ser follado por mí, hasta que Antonio y yo
habíamos llegado al éxtasis. Los dos habíamos gozado y nuestros cuerpos ahora
se fundieron en uno. La violencia, la pasión nos había conducido a la ternura,
tal vez al amor. Antonio había estado esperando que un hombre como yo le
follara y por tanto aquella situación no había hecho otra cosa sino comenzar.
El chico tenía un buen trasero para ser follado y sus deseos no habían
concluido con aquella vez, sus ansias por ser follado suplicaban la
continuación de aquello hasta que le abriera las paredes de su trasero lo
suficiente como para saciar sus instintos de placer. En mi caso lo que no pude
olvidar aquel día fue cómo Antonio en medio de aquella pasión me había puesto
un preservativo para follarlo. Eso me enseñó a repetirlo no solamente momentos
más tarde, cuando volví a follarlo, sino ya para siempre que me acostara con
alguien.
Luis
Cádiz
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