A los trece años, a causa de diversas circunstancias me vi obligado a vivir durante una temporada en casa de mis tíos. Estos tenían un hijo dos años mayor que yo al que apenas conocía por entonces.
Me tocó dormir en su habitación, pues
aunque sólo contaba con una cama, ésta era muy grande. La
verdad es que los dos éramos bastante tímidos. Tres veces
a la semana, Luis tenía entrenamiento de karate, y volvía
bastante tarde, por lo que yo le esperaba ya acostado.
Por aquella época, mis genitales empezaban
a desarrollarse en toda su plenitud, y aunque todavía no tenia mucho
vello, me pasaba el día empalmado sin saber exactamente la causa.
Yo no conocía nada del sexo y procuraba observar a mi primo, haciéndome
el dormido. Cuando se desnudaba para meterse en la cama, se quitaba la
ropa, y se quedaba tan solo con el calzoncillo; como era de un tejido fino
se le marcaba totalmente la polla.
En ocasiones, también se cambiaba de ropa
interior, y así yo podía descubrir su peluda polla, que a
mi me parecía excesivamente grande. De esta forma, cuando por fin
se metía en la cama, sin saber muy bien el porqué, yo tenía
la polla totalmente tiesa.
Algunas veces, el muy cachondo, creyendo que yo dormía se pegaba totalmente a mi, para comunicarme su calor poniendo en contacto nuestros cuerpos. Luego, aparentando que estaba medio dormido, colocaba su mano sobre el bulto formado por mi polla, me acariciaba suavemente y cuando la tenía dura, me la sacaba por la abertura del pantalón del pijama. La rodeaba con sus dedos, y me proporcionaba una agradable sensación.
Mientras yo sentía que él movía rápidamente su otra mano a la altura de la bragueta.... y un rato después, entre jadeos, eyaculaba en su propia mano. Luego se limpiaba y se dormía profundamente. Yo disimulaba haciéndome el dormido, estaba muy confuso, y la verdad, esperaba deseoso a que llegara la noche para sentir las caricias de mi primo.
A veces, cuando pensaba que ya estaba dormido, yo también deslizaba mi mano por su vientre hasta llegar a su entrepierna, y a través de la tela del slip notaba su calor y cómo crecía su carne hasta que la punta de su polla sobresalía del calzoncillo. Entonces introducía los dedos y le acariciaba los suaves rizos que yo envidiaba.
Una noche mi primo me comentó que mi "colilla" estaba todo el rato empinada. Y me preguntó si es que yo tenía ganas de mear. Y en mi inocencia, le dije que me parecía que sí, a pesar de que después no podía hacerlo. Y mi primo continúo.
-Bueno, no te preocupes. ¡Yo te haré mear!
De pronto, me cogió la polla con una mano, y empezó a moverla hacia arriba y hacia abajo; mientras todo mi cuerpo se estremecía de placer.
-¿Te gusta que te la meneé, Víctor?
-Sí mucho...¡Creo que me estoy meando...! Y entre convulsiones expulsé unas babillas blanquecinas. Así se produzco mi primera corrida, ¿o debería llamarla mi primera "meada"?
Seguidamente él me dijo:
-Me parece que yo sufro el mismo problema, ¿Podrías ayudarme?
Se sentó en la cama, se bajó el pijama
y noté que el bulto casi le reventaba el slip, también se
lo quitó y pude comprobar de cerca como palpitaba su palo tieso
entre su pelambrera rubia. Cogió mi mano y la acercó hasta
que le rodeó la picha y me dijo:
- Venga, ahora hazlo tú sin miedo.
Yo imité el movimiento que había realizado
conmigo mientras él, muy excitado, se movía hacia todos los
lados., arqueando su cuerpo, y animándome a continuar con una mayor
rapidez. Finalmente, se corrió con cierta brutalidad, mojándome
la mano con unos grandes chorretones blancos.
Después nos limpiamos y nos dormimos como si nada hubiera ocurrido . A la mañana siguiente, Luís se despertó diciendo que había preparado el baño. Y estando yo en remojo él entró y empezó a enjabonarme. Utilizaba la esponja, pero, al escurrírsele siguió con la mano, a pesar de que se encontraba en mi entrepierna. Y al comprobar que mi polla estaba creciendo de tamaño, tras de agitarla repetidamente dentro del agua, dijo:
Vaya! Víctor!, parece que se te ha despertado el animalito. Ahora tendrás que acariciarle hasta que vuelva a dormirse. Siguió agitándola durante un rato, mientras me contaba que a mi edad a él también le pasaba lo mismo. Mientras hablaba, empezó a descapullar mi picha, que ya había llegado al máximo de la erección. Y dejándome con la polla bien tiesa, él salió del cuarto de baño.
Y ante mi polla, convertida en gigante gracias a
sus cualidades manuales, tuve que
meneármela como un poseso. Así aprendí
a masturbarme, cosa que hacía varias veces al día, sólo
o en compañía de Luis hasta que tuve que volver al colegio.
Al cumplir los catorce años, ingresé en un internado donde compartía habitación con un chaval de mi edad que se llamaba Jorge. Una noche medio dormido, noté alguien me estaba chupando la picha, y no lo dejó hasta que consiguió que yo me corriera.. He de reconocer que disfruté mucho; sin embargo, al abrir los ojos, no vi a nadie. Jorge dormía en la cama de al lado. Me la toqué queriendo comprobar si había sido un sueño y advertí que todavía la tenía tiesa; además, en la punta se hallaba una gota de semen. Terminé por creer que sólo había sido una jugada de mi mente.
Dos noches después, se repitió de nuevo. Me estaba costando quedarme dormido. Pero de pronto, advertí que me estaban volviendo a magrear la picha; una mano suave subía y bajaba acariciándome la estaca cada vez más larga y gorda, hasta que unos labios me la rodearon.. Me estremecí y quise comprobar lo que estaba sucediendo: moví una mano y toque una cabeza, supe que era mi compañero. Este se quedó quieto al notar la presión de mis dedos, y no continuó hasta que yo me quedé inmóvil, haciéndole creer que seguía dormido... ¡Qué goce más inmenso!
Era la primera vez que me chupaban la picha. En varios momentos estuve a punto de gritar de excitación; sin embargo, supe morderme los labios a tiempo.. Súbitamente, me estremecí, empujé hacia lo alto el capullo, hice presión con mis manos sobre su cabeza y, con un espasmo de frenesí, me corrí en el interior de aquella boca.
El se tragó todo mi semen, y chupó y lamió mi polla hasta llevarse lo última gota. Por último, volvió sigilosamente a su cama.
Otras noches, cuando ya era algo tarde, se levantaba de la cama, salía sigilosamente y no volvía hasta pasados 20 ó 30 minutos. Una noche me levanté y le seguí hasta una de las habitaciones de los chicos mayores. Al momento salió en compañía de un muchacho rubio de unos 15 o 16 años y se metieron en el cuarto de la lavandería.
Por el agujero de la cerradura pude ver como
Jorge y el chaval se acariciaban y
restregaban mutuamente por encima del pantalón,
luego se bajaron los pijamas y se pajearon el uno al otro.
Me excité muchísimo. Sentí la necesidad de sacarme la polla para meneármela. Mientras veía y oía lo que hacían, mi mano se movía de arriba abajo en mi polla. Y en el instante que la pareja se abrazó comprendí que estaban obteniendo un orgasmo simultáneo. Por mi parte me corrí a chorros manchando la puerta. Una vez tranquilizado, limpié con un pañuelo los goterones de semen. Luego, volví a la habitación y me acosté.
Una tarde, mientras paseaba por el jardín,
escuche jaleos y risas que venían de la
piscina. Me acerqué y pude ver al amigo de Jorge
con otros chicos. Todos desnudos y subiendo al trampolín. Se empujaban,
se gastaban bromas y no cesaban de gritar y reírse por cualquier
tontería. De repente me di cuenta de que a pesar de hallarse en
cueros vivos y juntos, sin cesar de tocarse, las pollas de los chavales
se mostraban más flácidas que una bandera en un día
sin aíre. Agaché la cabeza y me fijé en el bulto que
formaba la mía: toda una tienda de campaña a punto de arrancar
los vientos de cuajo.
Uno de los chicos, un pelirrojo con cara angelical
al que conocía de vista (muchas
veces se me había puesto la polla tiesa sólo
con rozarle...) me vió y se me acercó para pedirme que me
uniera a ellos. Se acercó sonriendo mientras yo intentaba apartar
la vista de su pequeña y arrugada polla, balanceándose
entre sus cojones brillantes por el agua. Todos mis esfuerzos se concentraban
en apretar las piernas para que no se me notara la enorme polla. Una polla
que luchaba por atravesar la barrera del calzoncillo y la tela del pantalón
de deporte.
Me disculpé diciendo que no me apetecía, pero creo que él notó lo que me ocurría; pues lanzó una mirada maliciosa a mi entrepierna.
- Bueno, ya jugaremos otro día. - Me volvió a lanzar una mirada traviesa y volvió con sus compañeros.
Aquella noche, cuando Jorge se levantó para su visita de rigor, busqué la habitación de Carlos, que así se llamaba el muchacho pelirrojo, y despertándolo con cuidado le dije que me siguiera, que quería enseñarle algo. Me siguió con curiosidad hasta la lavandería, donde Jorge y el otro chico ya debían estar en plena "faena". Le dije que observara por la cerradura, y al hacerlo, lanzó una exclamación de sorpresa.
Como siempre me sucede, yo empecé a calentarme. Y con cierto disimulo me saqué el miembro fuera para poder masturbarme mejor. Sin embargo procuré que Carlos no me lo viese. La verdad es que éste mantenía un ojo pegado al agujero de la puerta, muy inclinado por delante de mí. Con su trasero en las proximidades de mi capullo, que no cesaba de balancearse a los impulsos de la manipulación que yo le estaba dedicando.
Así fue transcurriendo el tiempo. En el momento que me pareció que Carlos estaba suspirando al mismo ritmo que la pareja gozaba locamente, me di cuenta de que mantenía una mano dentro de su pijama. No había duda de que, como yo, no había resistido la necesidad de acariciarse. No había ninguna duda de que todos nos hallábamos entregados a lo mismo; entonces, ¿por qué no mejorarlo?
Con cuidado, le bajé el pantalón del pijama, dejándole las nalgas al aíre, y me recreé en su contemplación: con esa piel finísima que se veía cubierta por un ajustado slip blanco. Esta prenda se la bajé lentamente, hasta desnudarle el culo por completo. Lo acaricié con una mano; mientras, con la otra me agarraba el cipote, para pasarle la punta del capullo por las tibias carnes.
Carlos no dijo ni una sola palabra. Se limitó
a acelerar las fricciones que estaba
ejerciendo sobre su polla. Al bajarle el slip hasta los
tobillos, él mismo levantó las
piernas para facilitarme la tarea. Y cuando advirtió
que mi picha le estaba buscando el rosado agujerito, abandonó la
masturbación y se abrió más de muslos, con el fin
de facilitarme la entrada.
- ¡Métemela ya, que no puedo más...!
No lo pude resistir. Me bajé los calzoncillos,
le agarré por las caderas y se la metí
entre los muslos. Creí que me iba a morir. ¡Que
placer tan enorme! Me llegó con sólo rozar su cuerpo caliente.
Me corrí en sus cachas.
Se dio la vuelta y me dijo: -Por favor, acábame.
Sin cambiar de posición, me recosté sobre él y con
una mano en su polla lo sobeteé hasta que le vino el gusto.
Disfrutó de lo lindo. Luego nos limpiamos y volvimos
a nuestras habitaciones.
A la mañana siguiente, al ser sábado,
teníamos todo el día libre, y algunos chicos,
entre ellos Jorge, se fueron a pasar el fin de semana
a sus casas. Yo, como vivía lejos, me quedé. Estaba estudiando
cuando llamaron a la puerta y entró Carlos.
- ¡Hola!, ¿tienes algún comic que puedas dejarme?. Claro!- cogí un par de ellos que tenía en la estantería y se los di. Se tumbó en la cama de Jorge y se puso a hojearlos. Al cabo de un rato, los dejó y me preguntó un tanto avergonzado:
- Oye Victor, no le contarás a nadie lo que hicimos anoche ¿verdad?. Eres el único con quien he hecho algo aparte de mi hermano.
Después de tranquilizarle al respecto, me contó como fue la primera vez que lo hizo:
"Fue hace un año, cuando tenía 14, él tenia dos más que yo. Todo empezó un día que pasamos solos en casa. Mi hermano me enseñó su polla, y me pidió que la tocara. En seguida se le puso en erección; la tenía muy fuerte y gruesa, larga de un palmo. Entonces empezamos a masturbarnos mutuamente, y al cabo de un rato tuvimos un gran placer, entre besos, caricias y suspiros.
Luego, nos colocamos sobre la cama, medio desnudos, tocándonos nuestros culos. A mi hermano se le puso la polla en erección nuevamente. Mi hermano disfrutó mucho cuando yo, agachado, me metí su polla en el culo. Luego él me la mamó mientras le acariciaba sus genitales.
Mientras me contaba esto, yo lanzaba miradas curiosas al pequeño bulto que formaba el pantalón del chandall en su parte delantera, intentando descubrir si se producía un aumento de tamaño. Me noté muy caliente al ver que se estaba hinchando lentamente.
Me levanté , me senté a su lado y palpé el bulto del chico. Le encontré preparado; pero éste me retiró la mano. Insistí. Dado que no me rechazó, le bajé el pantalón y le saqué la polla, pero en el momento que se la agarraba... !zas¡ Todo su chorretón salió fuera. Acababa de correrse sin casi tocarle.
Se la cogí después de indicarle que
se tumbara, y me la metí en la boca. Me lié a
chupársela y a pasarle la lengua. Llegó
un chorretón, me lo tragué todo y seguí, seguí...
El chico no podía estarse quieto. Se movía sin parar, pero
le mantenía bien sujeto. Después de la corrida quedó
derrengado en la cama, resoplando.
Yo estaba a reventar, y me quité el pantalón
para pajearme a placer. Entonces él
se puso de rodillas con el culo en pompa, con sus manos
separó sus nalgas y dijo:
-Da un poco de saliva en el agujero y en tu picha, entrará más suave.
Así lo hice, con gran emoción apunté
mi picha en la entrada de su ojete, empujé
suavemente y así vi como se colaba la picha por
el agujero. Con gran placer inicié el bombeo y Carlos empezó
a mover el culo ¡que excitación sentí al ver cómo
entraba y salía mi picha dentro de su culo! Me recosté sobre
él y con una mano en su polla lo sobeteé hasta que me corrí
de gusto.
Anónimo.