Siempre había pensado que
mi primo era un chico que estaba muy bien.
Muy alto para sus 15 años
(casi 1,80), guapete de cara, fuertecillo gracias
a jugar al futbol federado desde
los 12 años, y casi sin vello a excepción
de los sobacos y una escasa mata
de pelo encima de su polla, como había
tenido oportunidad de verle alguna
vez cambiarse el bañador. Me masturbaba
muchas veces pensando en lo que
haría con él si algún día tuviera la
oportunidad, pero sin tener ni
idea de cómo entrarle. Me cagaba de miedo de
pensar en un error que me pusiera
en evidencia con mis tíos o con mis
padres. Pero mi oportunidad llegó
por fin. Las navidades pasadas, se quedó
a dormir en casa. Estuvimos matando
marcianos con el Doom en el Pc hasta
las tantas, y nos íbamos
a dormir tarde, serían más de la una de la
madrugada. A esa hora, mis padres
y las plastas de mis hermanas ya
llevaban un rato durmiendo. A la
hora de ponernos el pijama, no sé bien
por qué los dos nos paramos
a hablar cuando estábamos sólo con el slip.
El me dijo una tontería
y yo le di un capón en broma; empezamos una pelea
en coña encima de la alfombra
en la que yo me estaba poniendo cada vez más
caliente, y me daba un montón
de morbo sentirme erecto a tope refrotandome
con mi primo. Lo que me dejó
KO fue en una de estas sentir que él también
llevaba su polla a tope.
No me lo creía. Tuve que
tirarle un pellizco al paquete para comprobarlo,
que él me devolvió
metiéndome mano a saco. Cuando me quise dar cuenta, me
estaba agarrando claramente la
polla... yo se la cogí por dentro del
calzoncillo y le dije "o me sueltas
o te hago una paja!"; el se rió en
silencio y dijo "a que no!". Le
bajé un poco el calzoncillo y empecé a
pajear su pene, un rabo muy bonito
de unos 16 centímetros, casi igual de
largo que el mío, pero muy
recto, casi sin venas, y con un capullo
oscurísimo y brillante.
Estaba durísimo, y yo empecé a menearlo arriba
y abajo mientras él no soltaba
la mía. Le quité el slip y pude admirar
al completo su equipo: unos huevos
muy guapos, gordetes, pero sin un solo
pelo, enmarcado por una escasa
mata de vello sobre su miembro. No pude
más y me tiré a chuparsela.
Me dijo "cabrón, no se vale morder!" y le dije
"no te voy a morder precisamente".
Comencé a besarle el glande mientras
seguía masturbando el tronco
de su polla, tan grande como la de más de un
chico de mi clase a los que ya
les había medido la polla con mi lengua.
Notaba como sus gemidos y la contracción
de sus huevos en la base del
miembro delataban la eficacia de
mi mamada. Decidí atacar más a tope para
dedicarle un orgasmo bien fuerte.
Aparte su polla y me dediqué a trabajarle
los huevos por todas sus caras,
para pasar a lamer su raja del culo rumbo
a su ano. Se asustó un poco
y me dijo "¿qué haces?"; yo le dije que se
relajara, que sólo le iba
a limpiar el agujero. Embriagado de olores a
joven macho, me entregué
a lamer con esmero su orificio, primero trabajando
los bordes y luego intentando una
imposible penetración con la lengua en
un agujero virgen y nervioso.
Le notaba a punto de estallar,
y no me quería perder nada de su jugo, por
lo que volví hacia su pene
que ya tenía gotitas brillantes de pre-semen
en su capullo. Empecé a
mamarlo con energía, y Carlos me dijo "ostia no
puedo más, cuidao, me voy
a correr!". Ante su aviso, en vez de quitarme
seguí chupando con más
presión sobre su polla para forzarle a una
eyaculación que resultó
increíble. Noté como el semen a presión llegaba
hasta mi garganta, quemándola.
Le miraba, y le veía con los ojos en
blanco, temblando de placer, sorprendido
y satisfecho a la vez. Había
conseguido hacerle una mamada a
un chico de ensueño, que además era mi
primo con el que tantas veces había
soñado.
Tenía miedo a que, después
de correrse, se sintiera avergonzado o
arrepentido de lo que había
hecho, por lo que traté de ver como reaccionaba
para darle confianza y tranquilidad.
Después de unos minutos derrumbado
sobre mí, en los que le
acariciaba todo su cuerpo con la punta de mis
dedos, me miró. Sin decir
nada me besó en los labios, se puso a mi
costado y empezó a masturbarme
a mano. Yo hubiera dado lo que fuera por
que me la hubiera mamado, pero
no quería forzar las circunstancias. Me
hizo una paja infantil, muy elemental,
pero me corrí muy a gusto por que
me la estaba haciendo él.
Después de mi corrida, que cayó toda sobre mi
estómago, el jugueteba haciendo
dibujos en el semen con sus dedos. Le
abracé, lo aplasté
contra mi cuerpo y mezclamos semen, sudor y piel,
mientras nos besabamos. Me confesó
que era la primera vez que tenía sexo
con alguien, y que le excitaban
un montón los chicos, que se masturbaba
en casa pensando en las pollas
de sus compañeros que había visto en las
duchas después de las clases
de gimnasia. Yo le conté mi experiencia,
lo que sentía, y él
se quedó muy tranquilo. Después de hablar casi una
hora abrazados y desnudos en mi
cama, nos pusimos los pijamas y él se
fue a la otra cama.
A la mañana siguiente, sobre
las siete, noté que alguien se metía en mi
cama y apretaba algo duro contra
mi culo. Una voz de adolescente en celo
me susurró al oído:
"¿repetimos antes de que se despierten?". Me volví
y me encontré un beso en
mis labios. Desde entonces, hemos repetido
muchísimas veces, y la verdad
es que Carlos ha aprendido mucho. Cuando
tenemos oportunidad, en su casa
o en la mía, de estar a solas unas horas,
nuestros encuentros no tienen ya
nada de juego adolescente...
Chupa y folla tan bién o
mejor que yo.
Anónimo.