Un Nadador provocativo

Antes que nada me voy a presentar. Me llamo Juan y soy un chaval 
de 27 años, 1,83 metros, 76 kilos, bastante fuertote dado que soy muy 
deportista. Aunque no soy nada espectacular dicen de mí que soy muy 
majo de cara. Más bien yo creo que soy atractivo. Soy un asiduo de un 
club deportivo de una gran ciudad española del que soy socio y que 
incluye múltiples servicios. Los que a mí me interesan son el gimnasio, 
la piscina, y en contadas ocasiones la sauna en la que me relajo tras 
hacer deporte. Como la piscina es de grandísimas dimensiones entrenan 
en ella a diario varios grupos de nadadores. Por supuesto he de decir que 
sus cuerpos son los que más me gustan pues están muy desarrollados 
pero no con mucho volumen. Son fibrados y apenas tienen vello. Coincidir 
con ellos en los vestuarios o en las duchas es bastante habitual y uno 
siempre puede, con la debida discreción, lanzar miradas furtivas hacia 
donde se concentran. A mí me gustan en especial los adolescentes más 
mayores. Me explico, los chicos que tienen al menos 16 años o que 
aparentan esa edad. Pues bien, la historia que os voy a contar ocurrió 
a mediados del mes de Junio de este mismo año. Me había machacado 
en el gimnasio, me relajé 20 minutos en la piscina y cuando me dirigía 
a las duchas noté que me seguía uno de los nadadores, que al parecer 
se había quedado más rato nadando que el resto de sus compañeros 
porque ese día había llegado tarde. Le aguanté la puerta que llevaba 
al vestuario y duchas y me giré para verle. Él me agradeció el gesto 
con una sonrisa muy noble. Pude observar que se trataba de un chico 
al que ya tenía muy visto y que era sin duda uno de los más guapos 
con los que me he encontrado en mi vida. Es tan alto como yo y con un 
cuerpo muy muy muy musculado pero absolutamente fibrado. Es decir, 
un 10 en la escala del 1 al 10. Normalmente los grupos de nadadores se 
cambian en una zona diferenciada de la de los socios del club ya que no 
disponen de taquillas para guardar sus enseres, pero casi siempre lo 
hacen a la vista de todos. Pues bien, esta vez el chico se puso muy cerca 
de mí. Habitualmente los nadadores se duchan nada más salir de la piscina 
en una pequeña ducha situada al lado mismo de ésta. No ocurrió de este 
modo en esta ocasión, sino que siguió mis pasos cuando me dirigí a las 
duchas del vestuario, que son de tipo comunal. Se puso en un surtidor de 
agua situado justo en frente del mío. Nunca había visto el caso en el que 
uno de estos nadadores llegara a quitarse el bañador en estas duchas. 
Pues para mi sorpresa éste actuó sin seguir la conducta habitual de sus 
compañeros. Con ello me encontré enfrente de un chaval de unos 16 años 
guapísimo, con un cuerpo de infarto, lampiño, de ojos marrones-verdosos, 
algo rubio, con la totalidad de sus músculos marcándose al hacer cualquier 
gesto o cambio de postura, con solo vello en la cabeza (cabello cortito, 
pestañas y diminutas cejas) y cuatro pelos en el pubis, encima de una polla 
que parecía estar algo crecida en cuanto a lo largo. Su canuto era alargado y 
muy fino, cubierto por un prepucio que parecía capaz de albergar mucho más 
trozo de polla. Todo él contrastaba conmigo, que soy algo velludo, cachas, 
menos estilizado y más voluminoso, con un cipote gordo y circuncidado. 
Me tuve que poner de espaldas a él cuando noté que empezaba a sufrir 
una erección. Pero, de repente noté que me tocaba con un dedo la espalda 
y de reojo le miré y le pregunté qué quería. A lo que él respondió:

- ¿Te puedo coger un poco de champú?

Le respondí que por supuesto, haciéndole una señal indicadora de dónde 
lo tenía. Pues bien, va el tío y se puso un montón de jabón en la mano, se 
situó en la ducha que estaba al lado mismo de la mía y se empezó a frotar 
su exultante cuerpo. Mientras iba mirando sin ningún pudor mi erección, ya 
completa, con una leve sonrisa. Yo, enrojecido, trataba de taparme ante sus 
miradas explícitas. Entonces fue cuando él me volvió a hablar:

- Hay que ver qué distintos somos los tíos en lo que respecta a la polla!, ¿verdad?

Yo no podía ser descortés y me giré hacia él, ahora con mi rabo tan sólo morcillón. 
Pero... cuál fue mi sorpresa cuando vi a mi compañero de ducha frotándose la 
cabeza, mostrando unas axilas sin vello alguno, un cuerpazo fibradísimo y entre 
sus piernas una cola colgante muy larga y fina, ahora ya mucho más desarrollada 
que antes. Se me escapó lo siguiente:

- Joder, qué rabo más largo! Estás ahora mismo como para hacerte una foto, chaval.

Él también rió y continuó mis palabras:

- Pues no me importaría tenerlo como tú, más corto pero gordote, más que nada 
para que cuando alguien y yo nos decidamos a usar mi pirula, la note cuando se la 
enchufe.

No sé qué me llevó a atreverme a pronunciar las palabras que acto seguido 
salieron de mi boca. Quizás fue el hecho de que empezara a sospechar que a 
aquel adolescente se le podría haber pasado por la cabeza la idea de follar 
conmigo. Seguí:

- Pues no me falta experiencia en lo que al sexo se refiere y te podría decir que 
tampoco es tan fina, aunque lo larga que es lo haga parecer. Además, seguro que 
para follar culos es ideal, y te hago saber que es una práctica que está muy de 
moda en los últimos tiempos.

Para mis adentros pensé que con eso se iba a sentir incómodo y que dejaría de 
pronunciar frases como las anteriores. Pero resultó ser mucho más juguetón de lo 
que aparentaba. Se abrió su pequeño y fibrado culito y lo puso algo en pompa 
mientras el chorro de agua arrastraba algún posible rastro de jabón que seguro 
que ya no había en el mismo, mientras habló, ya sin recato alguno:

- Dímelo a mí, que desde que me hice mi primera paja metiéndome un dedo en 
el culo no son pocas las ocasiones en que me masturbo introduciéndome dedos 
lubricados y demás cosas.

Se puso la toalla en la cintura, a modo de falda, y pareció que me esperaba para 
ir a vestirnos. Me apresuré y le seguí. Ahora ya casi tenía la certeza de que ese 
chico quería algo conmigo. No había nadie cambiándose así que se quedó de 
nuevo en pelotas. Sus movimientos eran muy sensuales, contrastando con la 
potencia de su cuerpo durísimo. Seguía con el pollón morcillón pero mucho 
menos. Se puso el suéter antes que nada. Parecía que disfrutaba mostrándome 
su nabo, sus largas piernas, sus duros y redondos huevos, su exquisito culito 
respingón...



¿Queréis que continúe este relato? Pues hacérmelo saber, por favor.

Un beso a todos.

juan.santos@guay.com