Qué difícil eres
Te dije mil y una veces que tenerte no era fácil, que eras duro de
pelar, a veces imprevisible e increíblemente volátil. Eras como una
tormenta de verano, como el viento sur de invierno o como la brisa de
primavera, pero siempre ibas contra corriente. Cuando llovía ibas de
amarillo, cuando radiaba el sol de negro. Siempre te gustó ser
diferente, y es por eso por lo que resultas inolvidable.
Hay miles de cosas que me pasaron contigo, pero supongo que sólo
recuerdo las más agradables. Bueno, la verdad es que recuerdo todas,
pero sólo cuento algunas. Como aquella vez que fuimos a tu casita de
las montañas.
Aquel fin de semana creí que iríamos a la playa, pero fuimos a tu casita
a la falda de los Alpes. Era una cabaña de madera, muy bonita. Recuerdo
que era primavera, y que era miércoles. Éramos críos, apenas teníamos
dieciocho años. El caso es que fuimos al lago, y aunque ya había hecho
varias veces el amor contigo, esa vez volvió a ser otra primera vez.
Nos acercamos a la orilla. No había nadie, y me sugeriste que nos
bañaramos desnudos, y como no supe negarme a eso, lo hice. Tomaste
la alternativa, y después me bajaste el bañador. Nadamos un rato, y al
volver a la orilla, comenzaste a besarme el cuello. Aquella fue la
primera vez que me besabas así, y también fue la última. Lamías mi
cuello con una pasión desenfrenada, y yo me dejé llevar por aquella
pasión. Aún no estábamos secos, y pasabas tus manos húmedas por mi
espalda, y después por mi trasero, y luego acariciaste mis piernas. Poco
a poco nuestros juguetes se fueron endureciendo, y poco a poco notaba
el tuyo a punto de retarme a una carrera ilimitada.
Fue bajando hacia abajo, y entonces empezó a comer aquel preciado manjar
con más ímpetu que nunca. Metías y sacabas, y el placer que me dabas era
mayor que la montaña que teníamos al lado. Justo antes de que me
corriera te paraste, y me metiste al agua. Me tumbaste en la orilla, y
me besaste. Después de unos minutos empezaste a penetrarme. Esta vez no
era tan dolorosa como las primeras, y estabas dispuesto a darlo todo por
mí. En tus ojos vi una dulzura que nunca había visto. Poco a poco tus
movimientos eran más intensos, y tus gemidos suaves me daban un placer
que no podría llenar aquel lago. Yo manoseaba tu trasero, estaba durito
y era genial. Estaba disfrutando de aquel momento como un niño de un
caramelo.
Antes de que me diera cuenta te corriste, y expulsaste tu esencia en mi
interior. Después , me besaste otra vez y volvimos a la casita. Aquella
noche repetimos todo lo anterior bajo el calor de unas mantas, pero no
fue igual. El frescor del agua del lago y las temperaturas gélidas no
habían podido con el calor que derrochabas, y sin embargo, después
en la casita parecía que la llama ya se había apagado.
Volvimos a la ciudad, pero desapareciste para siempre. Traté de
llamarte, de contactar contigo, pero me esquivaste. Hoy eres famoso a
nivel mundial, estás casado y has hecho películas importantes. Tal vez
no te acuerdes de mí, pero sé con certeza que nunca olvidarás aquel
momento. Yo era un chico normal, pero tú tenías algo especial que volvía
locos a los demás, y es ese algo el que te ha proporcionado el que hoy
seas lo que eres.
Aun así, el que hoy seas esa gran superestrella no significa que no me
recuerdes, porque soy parte de tu pasado. Tú sin embargo, eras parte de
mi pasado, lo eres de mi presente y lo serás de mi futuro. Y aunque no
vaya al estreno de tu próxima película, ten por seguro que la veré, y
también ten seguro que me harás llorar cuando te vea en la pantalla.
Pensaré que en aquellos tiempos eras mío, y que te perdí. Y alguien
como tú resulta inolvidable.
jon.
TE QUIERO Y TE QUERRE.