CAPITULO I
EL REFORMATORIO
Hoy es uno de los días más amargos de mi vida de adolescente. He cumplido los dieciocho años y en unos almacenes nos han cogido a dos amigos y a mí robando unas botellas para la fiesta que iba a celebrar.
Nos ingresaron durante todo el verano a mí y a mis amigos en el reformatorio local. Una vez allí, lo primero que hicieron fue desnudarnos y con una manguera desinfectarnos delante de los demás reclusos de la planta, entre risas y burlas. Al día siguiente apareció un chico que era el jefe de planta, tenía nuestra misma edad pero con mucho carácter.
- Tareas domésticas! -empezó el muchacho leyendo una lista que incluía a mis amigos y a mí.
- Hoy seréis los recién llegados los que realizaréis dicho trabajo! -ordenó el muchacho- ¡Quitaos toda la ropa, quedaos desnudos y poneros a cuatro patas delante mío y de vuestros compañeros!
- ¡Abrid la boca!
Los tres chicos obedecieron. Algo de madera les invadió. Entre lágrimas distinguieron las cerdas de un cepillo bailar frente a sus ojos. Unas correas les abrocharon con fuerza el artefacto a la nuca. Estaban aterrorizados.
- ¡Como os anuncié esta mañana, y durante toda la semana, haréis de chacha. Las tareas que realizaréis os convencerán de que no habéis venido aquí de vacaciones!
El muchacho me miró con una sonrisa maliciosa.
- iInsertado en tu boca, perro, llevas un cepillo. En este reformatorio hay una docena de baños... o quizás más. Hay también dos orinales en cada baño. Vais a limpiarlos todos, sin dejar la más leve mancha. Limpio sin mácula, o lo pagareis muy caro. Os daré un cubo con detergente y otro con agua y el resto lo haréis con la cara y el cepillo!
Medio atragantado con el mango del cepillo, me sentía enfermo por lo repugnante de la tarea. ¡Era indigno! ¡Oh Dios!.
- ¡Seguidme! -nos ordenó con voz crispada.
El muchacho nos ordenó introducir la cabeza en las tazas del water. Era el tercero que limpiaba en aquella mañana. Estaba repugnantemente sucio. Tenía las manos crispadas en el borde de la porcelana blanca. Con la cabeza apretaba el cepillo contra el fondo y lo movía de un lado a otro vigorosamente. La espuma, mezclada con porquería, me salpicaba por toda la cara, la boca, los ojos... No podía reprimir las continuas arcadas, pero hasta el momento había evitado el vómito. Era humillante encontrarnos los tres completamente desnudos en esta posición tan vergonzosa.
Acababa de enjabonar la taza y ahora aclaraba el cepillo hundiendo el rostro en el cubo de agua. Con un acopio de voluntad, hundí de nuevo la cabeza para retirar el jabón y las últimas trazas de porquería. ¿Estaba completamente limpio? Debíamos asegurarnos. Si dejábamos alguna mancha, sería como si no hubiéramos hecho nada. Desesperado, hundí de nuevo la cabeza en el cubo y enjaboné la porcelana de nuevo, ya que de quedar algo sucio, traerían de inmediato a un recluso del reformatorio para que cagara de nuevo en la taza y la limpiaramos de nuevo.
Una escocedora palmada me golpeó en las laceradas nalgas. Con una sacudida, saqué la cabeza de la taza aturdido por la sorpresa y el dolor. El rostro sucio y desencajado daba verdadera pena.
- Esto es lo que quería ver!. -oímos decir al muchacho carcajeándose a nuestras espaldas- Devoción y dedicación al trabajo.
- Mmmm, no está mal...
- ¡En pie! -nos ordenó.
- A partir de mañana, desaparecerán todos los rollos de papel de water de este reformatorio. Durante todo el mes y por turnos, cada vez que un chico del reformatorio quiera usar la taza del water para cagar, una vez haya terminado, se dirigirá al muchacho que esté de turno en ese water para que le limpie el culo con la lengua. Divertido!, ¿verdad?, pues lo vamos a probar ahora, para que vayais aprendiendo...
Trajo un orinal, y a uno de mis amigos le ordenó cagar en él. A continuación le puso a gatas y me hizo limpiar su culo de arriba a abajo. Las continuas arcadas me hacían separar la cara del culo.
- He dicho que no te pares! -dijo el muchacho con voz lasciva y cruel.
A nuestro otro amigo le enviaron a otro water de la planta alta, allí se encontraban los reclusos más veteranos. Allí le recibió el jefe de planta, un muchacho rubio, alto y bien definido.
- Desnúdate y ponte a cuatro patas, porque ahora te daré unas ordenes y vas a obedecerlas todas sin rechistar, al pie de la letra... guarra!
El muchacho tembló por lo que le esperaba.
- Todos los recién llegados deben prestar sus servicios a mi persona, y deben complacerme sexualmente. Además, los que más me gusten lo harán con mucha frecuencia. Tú puedes ser uno de ellos.
El muchacho abrió los ojos de par en par. No podía creer lo que oía. Era perverso, un acto 'anti-natura'.
- Yo... ahhh... n-no... no puedo... no soy así - carraspeó profundamente indispuesto en su interior. Era asqueroso, pero aquello no tenía nombre. La voz del jefe parecía contrariada.
- ¿Ah no..?, ninguno de los muchachos de tu planta que me visitan son así como tú dices, pero no importa, me complacen como si lo fueran...
- P-por favor... y-yo no... por favor! -lloriqueó el chico.
- A menos que quieras limpiar los culos de todos los chicos de tu planta y vuelvas al penoso estado en que te encontrabas hace un rato con la cabeza introducida en el water...
- ¿Y bien? -dijo mientras le amarró las manos a la espalda.
El chico bajó la cabeza. Una serie de desamparados sollozos se esparcieron por la estancia.
- Lo intentaré, señor. -murmuró el joven.
- Lo intentarás con todas tus fuerzas, esclavo!. -le dijo con los ojos brillantes de lujuria.
- No pretendas hacerme creer que no sabes nada de maricones y pretendas ignorar lo que mi culo y mi polla esperan de una lengua y una boca de un muchacho como tú. Estoy seguro que un montón de muchachos se han amorrado a tu polla para lamértela! -añadió separando las piernas- Vamos esclavo, trabaja!
Con el corazón desbocado, el chico se arrastró hasta el culo del ya amo.
- Mete la lengua, perro! -gritó su verdugo desde arriba.
El chico obedeció, odiando lo que hacía.
- ¿Te gusta? , Chúpalo, cerda!
Su nariz se apretó al culo.
- ¡Ahora... ahora... mete la lengua al fondo, hasta el fondo del ojete!
El chico sacó la lengua al máximo, lo más lejos que pudo. Continuó así lamiendo con todas sus fuerzas el culo. De repente los gemidos se convirtieron en agudos gritos de placer... hasta que el amo se corrió de gusto al sentir la lengua del muchacho introducida de una forma tan obscena en su culo.
- No ha estado mal para ser un recién llegado como tú. Pero mejorarás. Échate de espaldas! -le ordenó.
- Sé lo mucho que te gusta que te follen, así que voy a ordenar subir a uno de tus amigos para que te dé por el culo. Me gusta ver a dos jovencitos como vosotros cómo os meteis el rabo por el culo el uno al otro.
Una vez los dos amigos en la planta alta, le ordenó al recién llegado bajarse los pantalones e introducirle el rabo por el culo, mientras la planta entera era testigo de la escena burlándose de ellos.
- Mmm... No hay nada como ver una buena polla de tu amigo introducida en tu culo.
El falo entraba y salía cada vez más rápido.
- ¡Vamos cerdos! -jadeó el amo.
- Voy a haceros correr. Si no me satisface vuestro trabajo, os castigaré con treinta azotes en el culo.
- Vamos a ver cómo te corres, perro cachondo!
...
Y así pasó día tras día hasta que al final del verano salimos del reformatorio. Una experiencia inolvidable!