Una revisión a fondo

La siguiente historia sucedió hace un año. No me animaba a escribirla hasta que mi amigo JUAN de Teenlover.net me animó a hacerlo y por eso se la dedico a él. Tengo 20 años y me considero un chico normal físicamente, que siempre desde que nací me han gustado los demás chicos.

Todo empezó el día que decidí ir a ver al médico para lo que creía iba a ser un chequeo de rutina, ya que por estar en el club de natación es obligatorio hacerlo cada 2 meses, pero siempre lo hacía con un doctor diferente. Llegué muy puntual, a eso de las 5:00pm como decía la cita que previamente había sacado, saludé a la enfermera y esta me pidió que esperara en la sala mientras ella avisaba al médico que ya estaba allí; en ese momento salió el Dr. Un señor como de unos 30 años, moreno, muy fornido y corte militar –ya he dicho que siempre he sentido atracción por los chicos- no dejé de mirarlo y él me pidió que por favor esperara un momento mientras terminaba de atender a otro paciente y al mismo tiempo informó a la enfermera que podía irse a casa, que como yo era el último paciente él se encargaría de todo. Pasaron alrededor de 15 minutos cuando salió el señor que estaba atendiendo, y el doctor me informó que podía entrar. Entré y el doctor se encontraba sentado sobre el escritorio con los pies apoyados en el piso, lo que me permitía ver ese bulto enorme que me hacía fantasear, me dijo que tomara asiento y é hizo lo mismo; comenzó con la rutina de llenado de la ficha y las preguntas normales del caso, le comenté que quería un chequeo profundo para ver cómo me estaban afectando los ejercicios, él me dijo que por ser un médico de mucha experiencia, siempre tomaba tiempo para hacer un chequeo de sus pacientes, pero por ser yo quien estaba pidiéndoselo, iba a hacerlo de manera muy meticulosa, me dijo que la idea era tomar confianza y que si algo me molestaba o si creía que me era ofensivo, que por favor se lo dijera para que él dejara de hacerlo. Me comentó además que por realizar ejercicios de este tipo necesitaba hacerme un tacto rectal, explicándome claramente lo que era; siempre y cuando yo estuviera de acuerdo y que esa era la forma de estar seguro de mi condición física... dudé un momento pero me excitó la idea de que me introdujeran un dedo en mi culito, ya que ningún hombre lo había hecho jamás, ya que sólo había tenido experiencias donde siempre fui el activo. Le dije que no había problema y que él se veía un Dr muy profesional. Me pidió que me quitara la ropa y que me sentara en la camilla consultorio, claro está que quedé en boxers solamente y él me dijo que la razón del éxito con sus pacientes es que él creaba una atmósfera de tal confianza que si el paciente lo pedía él podía quitarse la ropa también... en ese momento un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero mantuve mi serenidad, le dije que “por el momento” no lo veía necesario y él me pidió que me quitara los boxers, tenía la polla muy flácida por el frío del aire acondicionado. Me revisó el pecho, el estómago... un chequeo normal. Luego me dijo que si todavía estaba dispuesto a hacerme el tacto rectal, lo cual asentí con la cabeza, me dijo que debía acostarme boca arriba con las rodillas juntas y lo más pegadas a mi pecho, me recordó nuevamente que si en algún momento me sentía ofendido que por favor le dijera para él dejar de hacerlo, tocó el ojito de mi culo y me dijo que si alguna vez había introducido algún objeto en él, a lo cual respondí de manera sincera diciéndole que no. Me dijo que lo tenía bastante cerrado y que “en los vírgenes duele al principio”, me introdujo la primera parte de su grueso dedo índice (sin guantes, lo cual me llamó la atención) lo cual me ocasionó una erección instantánea, cosa que al darse cuenta intentó tranquilizarme diciendo que eso era lo más normal, ya que estaba tocando la parte más sensible del hombre e incluso me comentó (sin sacar el dedo de mi culito) que “habían hombres que lograban mayor placer introduciéndose objetos que penetrando, esto debido a que el pene es sólo una antena para llegar a la próstata, que es el verdadero centro del placer” y que no me preocupara, que si sentía ganas de gemir o gritar que no me detuviera, que eso era algo completamente normal. Continuó introduciéndome el dedo índice, pero esta vez me dijo que debía ponerse algo de lubricante para no lastimarme. Buscó un tarro de vaselina que guardaba en su escritorio y untó mi ano con su dedo índice, lo cual me arrancó un gemido instantáneo, pero él hizo como si no lo hubiese escuchado y siguió introduciéndomelo en el ano. Comenzó con un suave mete y saca, entonces me di de cuenta que estaba masturbando mi ano y me ocasionó tal placer que no pude controlar mi inminente eyaculación sin siquiera tocar mi pene. La leche salía a chorros y yo gozaba como nunca, luego cuando bajé de ese cielo me di cuenta que había bañado todo el consultorio con mi leche y me dio tal vergüenza que el doctor al notarlo me dijo que no había nada de extraño y que eso siempre pasa, que no me preocupara y que lo importante era que yo me sintiera bien, sin cargos de conciencia, también me dijo que no podía continuar porque me dolería mucho, que si podía regresar al otro día a esa misma hora para continuar, le dije que sí, me vestí y me fui. 

Esa noche no podía dormir, en mi culito había una sensación de que algo me hacía falta (el dedo de mi Dr., claro está) así que decidí hacer algo que nunca había hecho, tomé algo de champú que me sirvió de lubricante anal (reconozco que no fue lo mismo, comparado con lo que había vivido esa tarde). Al día siguiente estuve más puntual que el día anterior y el doctor volvió a pedir a su secretaria que se fuera, que nuevamente él se encargaría. Al pasar al consultorio me pidió que me sentara, pero como yo iba a otra cosa le dije que si podíamos empezar de una vez. Le comenté lo que había hecho la noche anterior para “calmar” esa extraña sensación, sólo para ver cómo reaccionaba, pero éste de manera muy profesional sólo me dijo que me chequearía para ver qué había sucedido. Recordé la “invitación” que me había hecho a verlo desnudo, y con voz un tanto vacilante le dije que para estar más en confianza podíamos estar desnudos, y él me dijo que para él no era ningún problema, así que me dijo que me desvistiera mientras él hacía lo mismo en el pequeño baño del consultorio dejando la puerta medio abierta. Mientras me desvestía podía confirmar lo que me imaginé el día anterior: El Dr. es un macho en todo sentido, de reojo pude ver cómo en el lavamanos lavaba su enorme pene y sus testículos (así que adiviné lo que venía). Salió del baño completamente desnudo y con la polla semi erecta, le dije que nunca había visto uno tan grande en vivo, sólo en películas, y sonriendo muy calmado me respondió:

- Si quieres tocarlo, puedes hacerlo, es parte de la confianza que nos debemos tener...

No esperé a que terminara de hablar cuando ya tenía ese enorme mástil empuñado como una espada con una mano mientras que con la otra magreaba sus pequeños testículos, pensé en llevármelo a la boca pero su calmada voz interrumpió el momento y me pidió que me sentara en la camilla, y yo de un salto me acosté boca abajo con las rodillas en mi pecho –para facilitarle el trabajo- y él tomó nuevamente la vaselina y empezó a meterme uno, luego dos, y por fin los tres dedos, mientras yo ya estaba listo para hacer lo que él ordenara. Me dijo:

- Ahora sí podré sentir dentro de ti.

Al mismo tiempo que ponía el glande en la entrada del ojito de mi culo, para luego retirarlo para poder aplicarse vaselina, cuando vi ese falo lleno de vaselina no hice otra cosa que decirle con voz de puta arrastrada:

- Métemelo todo, lléname con tu leche, préñame, hazme tu mujer!

Con la primera “estocada” logré una erección que jamás he logrado nunca una parecida, y mi Dr. Empezó a culearme como se coge a una verdadera hembra, mientras me encontraba boca arriba con mis piernas abiertas de par en par disfrutando de sus rudas y continuas clavadas y de sus besos apasionados. 

Estuvo así alrededor de 15 minutos –de más está decir que en ese tiempo yo había acabado 2 veces -. Cuando lá sacó pude ver esa verga llena de sangre, semen y vaselina. Quise mamárselo pero el sabor de la vaselina me desagradó y no pude. Me vestí y me dio el “visto bueno” en el informe médico. No me he atrevido a volver desde ese día por miedo a descubrir que en realidad soy una “Ardiente pasiva”. 


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