Rigor Militar I
El joven Felipe Rajmírez estaba iniciando su año de servicio militar. Había sido
asignado a un batallón lejos de su ciudad, en una localidad a donde también
había sido remitido su amigo de varios años, Jorge González.
Hoy Felipe y Jorge se dirigían a la oficina del Teniente Ávila, un hombre con
poco menos de 30 años, de un temperamento fuerte y temido por muchos en el
ejercito. Un hombre al que sus años de entrenamiento físico le habían dotado con
un cuerpo firme que se sumaba a la belleza de su serio rostro.
Ramírez: Señor, presentes.
Dijo Ramírez mientras él y su compañero se asomaban a la puerta de la oficina de
Ávila.
Ávila: Adelante.
Ávila hizo entrar a los muchachos quienes estaban un poco asustados. Habían
cometido una falta y sabían que enfrentarían un castigo, es por ello que habían
sido citados a la oficina de Ávila en la noche, cuando el resto de sus
compañeros se alistaba para dormir. Ávila les explico que él tenía que imponer
un castigo y la costumbre era emplear una prueba física como hacer push-ups o
algo así, por lo tanto, pidió a los muchachos que lo acompañaran al gimnasio del
batallón. Antes de salir Ávila tomó un sobre que tenía sobre su escritorio y lo
puso en su bolsillo.
Los tres caminaron bajo la noche. Todos dormían a esa hora cumpliendo con la
estricta disciplina militar, solamente estaban despiertos los centinelas en sus
torres. Ninguno de los tres pronunció palabra alguna mientras caminaban.
Llegaron finalmente al edificio de deportes y entraron a la gran sala donde
estaban la cancha de basketball y las graderías.
Ávila: Bueno muchachos, yo tengo que supervisarlos mientras cumplen el castigo.
Ramírez, empiece a darle vueltas a la cancha trotando, González, usted espera
aquí conmigo.
Ramírez se puso a trotar de inmediato mientras Ávila y González lo observaban
recostados contra una de las paredes del recinto. Ávila empezó a hablarle a
González
Ávila: Hace algo de frió hoy no González?
González: Si señor
Ávila: Como le ha ido en estos meses en el batallón
González: Bien señor todo ha estado bien
Ávila: Le parece duro el entrenamiento físico?
González: Mas o menos señor
Pasaron unos momentos de silencio mientras los dos hombres observaban a Ramírez
trotar.
Ávila: Hace cuanto conoce a Ramírez
González: Hace unos 4 años señor
Ávila: Y que tan bien lo conoce?
González: Pues bien señor, somos amigos
Ávila: Se ve que él hace mucho deporte no?
González: Si, siempre ha sido futbolista
Ávila: Y debe tener el cuerpo muy marcado
González: Pues creo que si, el entreno lo mantiene en forma
Ávila: Cree que si? Acaso no lo ha visto sin ropa?
González: No señor
Ávila: Y en las duchas? O es que ya no se duchan desnudos?
González: Si señor pero no me fijo señor
Ávila: Entonces salgamos de la duda, no le parece?....Ramírez!!
Gritó Ávila
Ávila: Ramírez, acérquese un momento.
Ramírez se acercó trotando y jadeando a donde estaban los dos hombres, estaba un
poco sudado.
Ramírez: A sus ordenes señor
Ávila: Ramírez, su compañero y yo queremos saber que tan marcado tiene el
cuerpo, cree que podría trotar sin tanta ropa encima.
Ramírez: No lo entiendo señor
Ávila: No hay nada que entender Ramírez, queremos ver sus músculos simplemente.
Ramírez: Me puedo quitar la camisa señor.
Ávila: No, Usted no....González, desvista a Ramírez.
González se quedó quieto, no entendió, le causó sorpresa lo que dijo Ávila.
Ávila: No me oyó González? Desvista a Ramírez
González se acercó a su compañero con algo de timidez.
González: ya oíste al Teniente Ávila Felipe
Ramírez: Si
Ramírez levantó sus brazos y González le quitó la camiseta blanca dejando al
descubierto el pecho marcado del joven soldado en el que rebotó su dije metálico
de identidad, propio del ejercito. Sus abdominales aun se movían copiosamente
por su respiración agitada y mostraban un poco de sudor. Su espalda estaba
marcada, dividida en dos a la perfección y sus brazos se veían fuertes y bien
trabajados. Finalmente, su cintura estrecha hacia que el torso de Ramírez fuera
una V perfecta. Ávila observaba a los dos muchachos. Apenas González retiró la
camiseta, Ramírez reanudó su trote.
Ávila: Un momento Ramírez, yo ordené que lo desvistieran y veo que todavía tiene
el pantalón y los zapatos. A ver González, termine la tarea.
González camino nuevamente hacia su amigo y se arrodilló frente a este para
desanudar los cordones de las botas, no entendía lo que pretendía Ávila pero
sabia que los castigos en el ejercito podrían ser extraños. Ramírez, por su
parte, miró con extrañeza a Ávila pero acató las ordenes. Cuando González hubo
retirado las botas de Ramírez, siguió con las medias y se puso de pie frente a
su amigo. Lo pensó un momento y puso sus manos sobre la riata de Ramírez, sintió
la piel tibia de su abdomen y su respiración agitada. Desabrochó la riata y
desabotonó los pantalones, finalmente bajó el cierre y bajó los pantalones de su
amigo. Quedaron entonces descubiertas las firmes y tonificadas piernas del
soldado. Estaban recubiertas por una leve capa de bellos dorados que se hacia
solo un poco mas densa alrededor de su bulto para esconderse bajo sus
pantaloncillos. Ávila lo miro desde abajo, llevando la mirada por sus musculosos
pero delgados muslos hasta encontrarse con sus pantaloncillos ajustados. No eran
boxers, tampoco pantaloncillos pequeños, eran bastante clásicos y a la vez sexys,
de hecho, en Ramírez cualquier tipo de pantaloncillos se vería sexy. La línea de
su plano abdomen bajo era interrumpida por su interesante bulto y, su espalda,
terminando en su estrecha cintura, daba paso a un culo firme, ni grande ni
pequeño, apenas el tamaño perfecto otorgado por años de ejercicio.
Ambos jóvenes llevaron sus ojos a Ávila como preguntando con sus miradas si el
soldado tendría que desnudarse totalmente.
Ávila: Siga trotando Ramírez, la noche está fría.
Ramírez reanudó su trote alrededor de la cancha de Basketball. González recogió
la ropa de su compañero y la puso a su lado sobre el piso.
Ávila: Su amigo tiene un buen cuerpo, no me diga que ahora no se fijó.
Gonzalez: Si señor, ahora si lo pude ver
Ávila: Mírelo trotar González, mírelo mientras se aleja, mire como ningún
músculo de su cuerpo se mueve de su sitio a pesar del movimiento de sus piernas.
Lo ve González?
González: Si señor lo estoy viendo
Ávila: Mire como se marcan sus pantorrillas y todas sus piernas, y mire como su
culo se mantiene firme, casi inmóvil. Lo esta viendo González?, es como si fuera
de piedra.
González: Si señor, estoy viendo - respondió González cada vez mas confundido-
Ávila: No me diga que no se había fijado en eso antes González
González: No señor, en realidad no me había fijado.
Ávila emitió una leve risa y pasaron unos minutos de silencio, Ramírez seguía
trotando en sus blancos pantaloncillos que empezaban a ser mojados por el sudor
que bajaba por su abdomen y su espalda.
Ávila: Y pensó que le iba a pedir que le quitara los pantaloncillos a Ramírez?
González: Señor, como su orden fue desvestirlo, por eso lo pensé.
Ávila: No se afane González...la noche es joven.
Continuará...
Les agradezco por haber leído mi relato y me gustaría escuchar sus comentarios.
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Esteban
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