Rigor Militar III
Recomiendo leer las primeras partes de esta serie, Rigor Militar I y II, antes
de leer este tercer capítulo.
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El depósito de materiales era una gran bodega atravesada por estantes donde se
encontraban en perfecto orden todos los implementos para las prácticas
deportivas. En una esquina había una mesa con dos asientos que utilizaba el
encargado del depóisito para sus labores diarias. Ávila indicó a los muchachos
que siguieran hasta aquella esquina.
Ávila: Siéntense señores.
Ávila permaneció de pie frente a ellos.
Ávila: Alguno de ustedes sabe por que están cumpliendo este castigo?
Ramírez: Yo lo se señor – dijo Ramírez en un acto de valor
Ávila: Lo escucho.
Ramírez: Hoy estuvieron revisando nuestros armarios en los dormitorios y...en
los nuestros encontraron material prohibido.
Ávila: Continúe Ramírez, recuérdeme que tipo de material era ese.
Ramírez: Material pornográfico señor
Ávila: Quiere ser mas explícito?
Ramírez: Revistas con mujeres desnudas señor.
Ávila: Solo desnudas...?
Ramírez: Si...solo desnudas – respondió Ramírez en un tono poco convincente.
Ávila tomó el sobre que tenía en su bolsillo y de su interior sacó una de las
revistas decomisadas a los muchachos. Buscó una página que previamente había
visto y lanzó la revista abierta sobre el escritorio. La página que Ávila buscó
contenía una foto con dos mujeres teniendo relaciones sexuales.
Ávila: Usted que opina González, esto es solo nudismo?
González: No, no señor...Se que cometimos un error señor y por eso ofrecemos
disculpas.
Ávila: Esto no se trata de disculpas González. Esto es el ejercito. Hay faltas y
se corrigen con castigos.
González: Si señor
Ávila: Y alguno de ustedes puede explicarme que los impulsó a traer ese material
prohibido que evidentemente los distrae de sus actividades?
Los muchachos permanecieron en silencio.
Ávila: A ver Ramírez, por que no me cuenta usted, que era el que mas revistas
tenía?
Ramírez: Señor...verá...a veces la soledad...y los días que uno lleva dentro del
batallón...
Ávila: Continúe!
Ramírez: Uno se ve obligado a descargar los impulsos señor.
Ávila: Entonces resulta que ahora ustedes están llenos de testosterona...Me
parece válido su argumento Ramírez. Pero no justifica su acción. Sin embargo,
voy a ayudarle a descargar sus impulsos como usted lo llama.
Y mirando a González, Ávila ordenó:
Ávila: González! reciba la toalla de su compañero.
Ramírez: Señor, otra vez me quedaría desnudo.
Ávila: Escúchenme bien, yo podría ponerles un castigo duro o uno mas llevadero
como el que tengo en mente. Recuerden que de su cooperación depende que esta
falta no quede registrada en sus expedientes señores....Entréguele la toalla a
su amigo.
Ramírez se incorporó retirando la toalla de su cuerpo y se la entregó a
González.
Ávila: Muy bien Ramírez – le dijo Ávila tirando la revista sobre sus piernas –
aquí tiene el material, mastúrbese!
Ramírez: Pero señor yo...yo no puedo hacer eso...
Ávila: Coopere Ramírez, coopere y todos salimos ganando...libere sus impulsos!
González estaba aterrado, solo guardaba silencio. Ramírez lo miró desconcertado
como buscando apoyo con su mirada. González solo recogió sus hombros en señal de
resignación. Ramírez entendió que entre mas rápido iniciara, mas rápido acabaría
todo. Con desgano llevó una mano a su pene y empezó a sobarlo buscando una
erección. Sabía que le iba a ser difícil conseguirla, estaba muy tensionado y
carecía de la privacidad necesaria. Acudió entonces a la revista, trató de
pensar que no había nadie a su alrededor y observó las fotografías mientras
seguía sobando su pene con algo de fuerza para un mayor estimulo.
Ávila: Eso está bien Ramírez, eso está bien. Siga sobándose.
Pasaron unos minutos en los que Ramírez no lograba más que un leve crecimiento
de su pene. No podía concentrarse y, por supuesto, no podía masturbarse.
Ramírez: No señor, lo siento, no puedo.
Ávila: Por que no puede Ramírez?
Ramírez: Señor, no logro concentrarme y conseguir una erección
Ávila: Esta bien Ramírez, vaya ubíquese detrás de uno de los estantes y
concéntrese hasta que se le pare, trate de no demorarse.
Ramirez caminó y se ocultó. Pudo estar mas tranquilo. Había llevado la revista
con él. Pensó que todo lo que necesitaba era hacerse una buena paja y poder ir a
dormir, no sería tan difícil el castigo después de todo. Con la ayuda de las
fotos, de su imaginación y de sus manos, Ramírez consiguió que su pene
finalmente se despertara y lograra una erección bastante aceptable, justo lo que
necesitaba. González y Ávila esperaron en silencio.
Ávila: Que pasó Ramírez, ya pudo concentrarse?
Ramírez: Ramírez no respondió, solamente salió de detrás del estante con su pene
en la mano (en parte para cubrirlo y en parte para seguir estimulándolo)
Ávila: Siéntese Ramírez, veo que logró lo que se le pedía.
Ramírez: Si señor, ya me puedo retirar?
Ávila: Ramírez, yo le pedí que se masturbara y lo único que ha hecho es
conseguir una erección.
Ramírez: Pero señor yo no puedo masturbarme en frente de ustedes.
Ávila: Perfecto, lo entiendo, no se preocupe.
Ramírez: González, encárguese de masturbar a Ramírez.
Ramírez: Pero señor eso sería...
González: Señor yo no puedo hacer eso....
Ávila: González ya me oyó – respondió Ávila en un tono fuerte – o cooperan o
nunca terminaremos con este castigo.
González miro a Ramírez con un gesto de resignación (sentimiento habitual entre
los muchachos esa noche). Ramírez retiró su mano de su latiente pene que había
perdido solo algo de su erección y abrió un poco sus piernas facilitando el
acceso de la mano de su amigo. González llevó su mano lentamente al pene del
soldado y por un momento dudo en tomarlo. Finalmente se decidió y lo rodeó con
dos dedos, como formando un anillo.
Ávila: Así se masturba usted González? Cójalo todo, sin asco!
González tomo el pene de su amigo y entendió que entre más tardara en obedecer a
Ávila, mas se duraría el castigo.
Ávila: Masturbe a su amigo, con fuerza!
González sintió el tibio pene de su amigo, era una sensación extraña, era como
masturbarse a si mismo pero sin recibir ningun estímulo. Nunca pensó que iba a
tocar a su amigo de esa forma pero entendió que debía usar cierta destreza para
proporcionarle el placer que necesitaba. Entre más rápido llegara el orgasmo de
Ramírez, mas rápido saldrían de allí. Ramírez inclinó su cabeza hacia el techo
en un intento por no pensar en lo que estaba pasando, así podría estar tranquilo
y procurar un orgasmo o, al menos, no perder su erección. El joven soldado
estaba aplicando bastante fuerza en su mano y mantenía un movimiento rítmico
ágil. Ávila observaba toda la escena extasiado pero guardando su compostura.
Pasaron unos minutos durante los cuales Ramírez suspiraba tratando de ahogar su
respiración agitada, por vergüenza con González. Tragaba saliva y su pene estaba
lubricando un poco, mojando la mano de su amigo y produciendo un sonido con el
movimiento. No dejaba de mirar al techo. En un momento logró concentrarse y
estuvo cerca del camino al orgasmo, pero perdió la concentración.
Ramírez: No señor, no puedo terminar
Dijo Ramírez levantando de nuevo su cabeza y mirando a Ávila. González retiró su
mano.
Ávila: Que pasa Ramírez, Ávila no lo hace bien?
Ramírez: No señor, es solo que él es mi amigo y...
Ávila: Yo pienso que es cuestión de estímulo Ramírez, póngase de pie! – el
soldado obedeció – párese de frente a la mesa y apoye una mano...con la otra
tome su pene...ahora empiece a masturbarse. González, párese detrás de Ramírez.
González: Si señor.
Ávila: Abra sus piernas un poco Ramírez...González, pase sus manos por el culo
de su amigo.
Ramírez cerró los ojos al escuchar a Ávila, sabía que era inútil oponerse.
González también lo sabía. Llevó sus manos al cuerpo de Ramírez y las puso
lentamente sobre sus glúteos.
Ávila: No me entiende González, abra las nalgas de su compañero y acaríciele su
culo, su ano, eso lo estimulará. Usted siga masturbándose Ramírez.
González obedeció. Con una mano separó las nalgas de su amigo y con la otra
empezó a masajear su ano. Ramírez sintió un estimulo, efectivamente. No el que
hubiera deseado, pero sí una sensación que le ayudó a fortalecer aun más su pene
y a acelerar la llegada de su orgasmo.
Ávila: Espero que eso le esté ayudando Ramírez, no se olvide de avisarme cuando
este a punto de venirse.
Los muchachos siguieron en la misma pose. Ávila le indicaba a González que
frotara el ano de Ramírez con sus dedos, que hiciera círculos en él y de vez en
cuando pasara toda su mano por entre las nalgas de su amigo. Ramírez seguía con
los ojos cerrados y sentía los estímulos de su amigo. Empezó a suspirar a
tensionar sus músculos.
Ramírez: Ya casi...señor.
Ávila: Muy bien, deténgase Ramírez
El soldado soltó su dura verga, ya estaba lubricando, había mojado toda su mano
con presemen. Ramírez se incorporó y miró a González. Su amigo bajó la mirada.
Ávila: González, ponga su uniforme sobre esa silla.
Ramírez pensó que ahora sería su turno para hacerle lo mismo a González. El
joven soldado se deshizo de su camiseta y de su pantalón revelando un cuerpo
pronunciado. Ávila no quitaba su mirada de encima. Su pecho, sus piernas, su
abdomen, su espalda, todo era compacto. Un torso fuerte y viril sostenido por
dos piernas que más bien parecían columnas: delgadas y fuertes. Sus partes
íntimas estaban cubiertas por unos pantaloncillos similares a los de Ramírez.
Eran los pantaloncillos oficiales del uniforme del ejercito y ayudaban a
resaltar el bulto que formaba el pene del soldado y a sostener sus duros
glúteos. Cuando iba a retirar sus pantaloncillos, Ávila le ordenó quedarse con
ellos.
Ávila: Muy bien, muy bien, veo que usted tiene un cuerpo incluso mejor que el de
su amigo. Usted que opina Ramírez?
Ramírez: Si señor, se ve más marcado – respondió Ramírez en voz baja
Ávila: Que bien...Bueno, señores párense uno frente al otro – los muchachos
obedecieron – Que bien, ahora quiero que se den un abrazo de amigos, vamos. -
Los dos soldados se dieron un abrazo bastante flojo, solo poniendo sus manos en
los hombros del otro – No señores, me refiero a un abrazo de verdaderos amigos,
con fuerza, sientan su piel señores, sientan sus brazos, sus músculos...eso muy
bien, con fuerza – decía Ávila mientras los muchachos seguían sus instrucciones.
– Que bien. Bueno, ahora sin separarse mucho, mírense a los ojos...cada uno mire
profundamente a su amigo. Mírense fijo a los ojos...Ahora González, pruebe los
labios de su amigo.
González miro a Ávila con desconcierto.
Ávila: Vamos González! no tenemos toda la noche. Ramírez, abra un poco su boca,
no me digan que nunca han dado un beso, vamos, vamos que no quiero que Ramírez
pierda su erección.
Los dos soldados empezaron a besarse torpemente. Cerraron sus ojos para evitar
la vergüenza y juntaron sus labios, inmóviles, sin gusto.
Ávila: Muy bien, ahora quiero que cada uno lleve su mano al pene del otro – los
soldados obedecían – no dejen de besarse, muy bien, están haciéndolo muy bien.
González, con fuerza en el pene de Ramírez! no quiero que pierda la erección.
Ramírez, usted meta su mano por los pantaloncillos de González, acarícielo bien.
Eso es muchachos.
Pasaron unos minutos de esa forma hasta que Ávila volvió a interrumpir.
Ávila: Muy bien, muy bien. Ahora González, arrodíllese frente a su amigo –
González obedeció – que bien, tome firmemente su verga y acaríciela.
González tomó la verga de Ramírez y la siguió sobando.
Ávila: Bueno González, ahora dele una probadita, dígame a que le sabe
González: Pero señor, yo no puedo... – respondió González tratando de ponerse de
pie, pero fue interrumpido por Ávila quien puso una mano en su hombro para
obligarlo a arrodillarse nuevamente.
Ávila: Ya me oyó González, no le estoy pidiendo un favor, arrodíllese, llévesela
a la boca e imagínese que es un bon bon.
González cerró nuevamente sus ojos, y tratando de pensar en otra cosa cubrió con
su boca el glande de Ramírez, este conservaba su erección y no pudo evitar
sentir un leve y contradictorio placer ante la tibia boca de su amigo.
Ávila: Muy bien González, pruébela más, métasela más
González se esforzaba por complacer a Ávila y así poder irse pronto, sin
embargo, su obvia inexperiencia hizo que se sintiera ahogado y retrocedió su
cabeza tosiendo.
Ávila: Tranquilo González, tranquilo, eso siempre pasa la primera vez. Dígame, a
que le supo?
Ramírez: A nada señor – respondía González mientras tosía.
Ávila: Eso es González, no tiene ningún sabor, pero ya le empezará a gustar.
Ramírez seguía de pie con su pene en erección.
Ávila: González, necesitamos que Ramírez termine, párese detrás de él por favor
– González obedeció – Muy bien, ahora quiero que tome el pene de su amigo y lo
empiece a masturbar...muy bien, con fuerza González, queremos que Ramírez riegue
toda su carga sobre la mesa....ahora quiero que lo estimule como lo estaba
haciendo antes, pero ya no con su mano, sino con su bulto. Pegue bien su bulto
al culo de Ramírez y sóbelo para que él se estimule González.
Los muchachos siguieron las indicaciones de Ávila. Los estímulos en su pene y en
su ano, sumados a la corta e inexperta sesión de sexo oral que le había dado
González, fueron suficientes para que Ramírez llegara al orgasmo. Sin avisarle a
su compañero y tensionando todos sus músculos, Ramírez emitió un gemido que
trató de ahogar por vergüenza, y empezó a disparar su semen sobre la mesa.
Ávila: Que bien Ramírez siga...no deje de masturbarlo González, ayúdelo!
González seguía masturbando a su amigo al tiempo que oprimía mas su bulto en su
culo. Varias cargas de semen disparó Ramírez sobre la mesa, quedando exhausto y
lleno de sudor. González tenía su mano inundada de semen. Soltó finalmente la
verga de su amigo y los jóvenes separaron sus cuerpos. González limpió el semen
de su mano en la ropa de Ramírez.
Ávila: Muy bien muchacho, muy bien, fue un buen orgasmo, veo una buena cantidad
de semen. Usted también lo hizo muy bien González. Lo felicito.
Ramírez se sentó exhausto en la silla, su pene empezó a perder tamaño y se
sentía mas tranquilo ahora que creía que había cumplido con su castigo.
Continuará...
Les agradezco por haber leído mi relato y me gustaría escuchar sus comentarios.
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Esteban
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