Roberto, mi novio y yo
Hola, mi nombre es Alejandro, soy gay y tengo 22 años. Soy estudiante de Ciencia
Política en una escuela del sur de la Ciudad de México; físicamente: mido 1.70,
moreno claro, cabello y ojos marrón, tengo buen cuerpo pues llevo ya 5 años
yendo al gimnasio y haciendo ejercicio. Las otras partes importantes de mi
historia y de mi vida son mi novio y un joven amigo a quien he decidido nombrar
Roberto. Mi novio, a quien llamaré Javier, es tiene mi edad, pero por motivos
que no explicaré aquí terminó su carrera un año antes que yo; mide 1.73, es
delgado, pero tiene buen cuerpo, moreno, cabello negro corto, guapo y con una
verga que, por lo menos antes de los sucesos de este relato, me parecía bastante
grande (19 cms en erección). Más adelante hablaré sobre Roberto, porque él fue
el que trajo la pena y luego la felicidad (con el mejor sexo que he tenido) a mi
vida.
Todo comenzó el día feliz que Javier y yo iniciaríamos la vida juntos
(literalmente). Yo seguía estudiando y trabajando de medio tiempo y él había
empezado a trabajar en una empresa de seguros donde le pagaban muy bien, tan
bien que con parte de su sueldo y el mío pudimos rentar un departamento por la
zona norte de la ciudad. Al principio todo era como de cuento de hadas:
compramos muebles y decoramos, instalamos todo lo necesario para vivir cómodos y
al paso de los días nos habituamos a la nueva vida de "pareja casada". Nos
hicimos de una rutina; diariamente pasaba lo mismo, a las 5 de la mañana nos
levantábamos y fornicábamos como animales, después nos bañábamos y desayunábamos
algo antes de ir a trabajar él y yo a la escuela y luego al trabajo, luego yo
regresaba de mi trabajo al gimnasio donde acostumbraba ir y lo encontraba ahí
para hacer nuestra rutina juntos y al final retornar al departamento a cenar,
estudiar o lo que fuera y al final volver a tener sexo como desesperados.
Todo era felicidad en ese entonces, pero después de los primeros meses de vivir
así algo comenzó a cambiar. Olvidé mencionar que antes de ir a vivir juntos ya
teníamos 5 años de relación con todo lo que implica. Algunos días antes de los
afortunados o fatídicos acontecimientos, yo me despertaba antes que él y quería
darle los buenos días introduciéndome su vergota en mi boca para que cuando
abriera los ojos me viera ahí y pasara lo demás que debía pasar, pero un día
específico pasó algo que me dejó pensativo y triste todo el día.
- ¿Tan temprano y ya vas a empezar? - contestó molesto, se levantó y se fue
directamente al baño mientras decía - ... ¡parece que nada más piensas en sexo!
Yo me quedé frio y solo pude reaccionar y decir
- Perdón... - luego me levanté y me fui a bañar también para ir a la escuelas
Al llegar la noche, después de la cena me acerqué a él
mientras miraba el televisor y lo besé en los labios
- Estoy muy cansado, vamos a dormir, ¿si? - luego se levantó y se fue a la cama
sin decir nada más
Para no sentirme peor solo me metí en las cobijas junto a él y me di la vuelta
para darle la espalda, pero sentí su mano en mi cintura seguida de un abrazo y
un beso en mi cuello.
- Te amo, buenas noches bb... - al escuchar eso me sentí mucho mejor y decidí
dormir y dejar de pensar tonterías
Pasó una semana completa sin sexo, salvo por una noche que hicimos solo sexo
oral y nos masturbamos. Estaba preocupado, pero pensé que solo sería un tiempo
para "recargar energías" por todo lo que hicimos los primeros meses en nuestra
nueva casa. Después de todo, no se puede tener sexo los 365 días del año sin que
se vuelva monótono ¿cierto? Roberto apareció uno de esos sábados en que nos
encontrábamos viendo películas y preparándonos para salir en la noche. De hecho
yo lo conocí primero. Bajé las escaleras para comprar palomitas en la tienda que
está enfrente del edificio y entonces lo vi llegar en su camioneta roja seguida
del camión de "Mudanzas Aguilar". Abrió la puerta mientras yo sacaba las llaves
de la puerta principal y me saludó:
- Hola, me llamo Roberto y yo creo que vamos a ser vecinos - al tiempo que
extendía su mano buscando una respuesta de mi parte.
- Hola, soy Alejandro, mucho gusto - tomé su mano y las estrechamos fuerte
mientras notaba su mirada entre amigable y nerviosa sobre mi - ¿a qué
departamento vas? - pregunté mientras introducía la llave y la giraba para abrir
la puerta
- Voy a rentar el número 402
- Ah, perfecto, yo vivo en el 401, estaremos enfrente - terminando de decir eso
pasamos al interior del edificio y subimos las escaleras hasta llegar a la
puerta de nuestros respectivos departamentos y nos despedimos, pero justo en el
momento en que iba a tocar la puerta para que Javier me abriera, este último
salió como de la nada y antes de decirme nada se quedó pasmado mirando al nuevo
vecino
- Hola, soy Roberto, acabo de llegar y tu amigo me mostró dónde será mi nuevo
departamento y dado que está frente al suyo, seremos vecinos.
Antes de seguir, tomaré un momento para describir a Roberto. Es un chico
bastante guapo de 28 años, 1.77m de estatura, moreno claro y con un cuerpo que
denota que durante mucho tiempo hizo ejercicio, aunque ahora ostente una pequeña
barriga en la parte baja del estómago que no evita que se sigan marcando sus
abdominales superiores. Tiene una voz extremadamente varonil y es el tipo de
hombre-chacal que generalmente le gusta a las mujeres (no puedo negar que al
principio cuando lo vi no me llamó la atención nada de él más que la forma en
que se marca la sombra de su barba en el contorno de su cara). De entrada no se
puede decir mucho más de ese macho que sin duda desataría la lujuria de la
mayoría de los lectores de esta historia si pudieran verlo.
No pude evitar sentir celos por la forma en que Javier miró a Roberto y sin
decir ni siquiera un "adiós" me metí en el departamento y jalé a mi novio
cerrando la puerta de golpe de la forma más grosera que pude. El lunes siguiente
a la llegada de Roberto, al salir de mi trabajo me fui directamente al gimnasio
como era mi costumbre y busqué a Javier, pero no lo encontré y me preocupé,
pensé que estaba enfermo (que ingenuos somos cuando estamos enamorados) así que
me apuré a terminar mi rutina y me fui a mi casa para ir a cuidar a mi amor. Por
alguna extraña razón no encontré tráfico del gimnasio al departamento y llegué
mucho más pronto de lo que generalmente llegaría. Subí las escaleras del
departamento y antes de abrir la puerta me detuvo en seco el sonido de jadeos
que salían de la puerta de mi nuevo vecino.
- Ya se había tardado en traer alguna de las putas que seguramente se coge -
pensé para mi y me sonreí mientras abrí la puerta para descubrir que Javier no
estaba tampoco en el departamento. Mi primera reacción fue marcar a su teléfono
celular, pero no contestaba así que salí por la puerta de nuevo a asomarme a ver
si lo veía, pero me detuvo de nuevo en el pasillo la voz de
Roberto que gritaba sin pudor mientras se cogía frenéticamente lo que yo suponía
era una vieja cualquiera.
- Te gusta ¿verdad?... te gusta porque nunca habías tenido una así de grande
¿verdad putito de mierda?... - y entonces lo que escuché después me dejó un
hueco en el estómago
- Si papito, si, me encanta!!! COGEME ROBERTO!! - era la voz de Javier
pidiéndole al nuevo vecino que se lo cogiera como nunca me dejó a mi hacerlo.
Conmigo siempre había sido activo, jamás me dejó a mi cogérmelo y ahora le pedía
a ese tipo extraño que lo penetrara de forma bestial.
No supe que hacer, sentía nauseas y deseos de llorar, de abrir la puerta a
golpes y matarlos a los dos; sin embargo pasó algo que me pareció increíble, me
estaba sintiendo súper caliente, como jamás me había sentido en la vida, las
bolas me comenzaron a doler y mi verga (nada despreciables 18 cm de carne mucho
más ancha que la de mi Javier) se puso tan dura que me lastimaba el pantalón.
Entonces pegué mi oído a la puerta para escuchar mejor y me saqué la verga ahí
en pleno pasillo sin temor a que me viera nadie y comencé a jalármela con furia.
Tenía el pito más duro y más hinchado que nunca y lubricaba a chorros; deseaba
poder abrir la puerta entonces y ver la escena; quería mirar como se montaban y
masturbarme ahí mientras le decía a Javier lo puta que era y luego echar mi
leche sobre los dos...
- AAAAAAAAAHHHHHHHHH!!... ahhhhh! - me vine a litros sobre la puerta de Roberto,
como nunca antes lo había hecho y luego me sentí asustado porque dejé de
escuchar ruido en el interior del departamento y pensé que habían terminado. Aún
así me sentía mega-caliente y avergonzado conmigo mismo a la vez y solo atiné a
abrir mi departamento de nuevo y entrar a llorar hasta que me quedé dormido en
nuestra cama.
Desperté al día siguiente mucho antes de lo normal, miré a mi lado y ahí estaba
Javier. Solo me fui a bañar, me vestí y me fui sin avisarle. Cuando regresé por
la noche no pasé al gimnasio y fui directo a mi casa. Encontré a Javier en la
sala con Roberto charlando y mirando televisión.
- Buenas noches... - dije y pasé caminando lo más rápido posible entre los dos
sin mirarlos hasta que sentí una mano que me detenía del brazo.
- ¿A dónde vas? - miré por detrás de mi hombro y era Roberto que me miraba como
si estuviera enojado para después hacerle un gesto a Javier, mismo que se
levantó del sillón para arrodillarse frente al nuevo vecino y empezar a bajarle
como poseído el pantalón y el boxer mostrando una verga impresionante que me
hipnotizó al instante en que saltó libre del resorte.
- Déjame en paz - dije con falsa convicción mientras atónito veía con los ojos
fijos como se balanceaba cerca de la cara de mi novio aquel monstruo moreno que
ya se había empezado a llenar de sangre por lo caliente de la situación.
Estuve unos momentos dudando entre la dignidad de soltarme e irme mientras
seguían con su juego enfermo o hacer todo lo que saliera de las circunstancias y
entrar en esa nueva relación con ese macho al que tanto odiaba en ese momento,
hasta que las palabras de Javier me sacaron de mi estado meditativo:
- Ven mi amor, vamos a mamar juntos esta vergota... es como siempre la habíamos
querido - después de eso solo por reflejo me quité la camisa y me agaché para
admirar mejor esa belleza. Se veía más grande de cerca (después la medimos y
ahora sabemos que son 21cm de largo por 6 de ancho) y más deliciosa así que no
pude resistir más y me acerqué a Javier para besarlo mientras con mi mano tomaba
aquel regalo divino y lo dirigía a nuestras bocas.
- Así putitos... tráguensela... ahhhh - fue lo primero que dijo Roberto cuando
sintió nuestras lenguas recorriendo su pito al mismo tiempo.
La situación era de morbo total. Sabía que lo que estaba pasando era algo
demasiado poco común para la relación que yo había visualizado con Javier, pero
al mismo tiempo me excitaba pensar que estaba disfrutando con él de esa verga
descomunal (y del hombre que la poseía) y que ya no podía hacer nada más que
seguir mamando hasta que se me dieran nuevas instrucciones.
- ¿Ya viste mi amor?... no tienes que molestarte conmigo, nadie se podría
resistir a esta vergota... - fue la frase que dijo Javier para mi con la mirada
casi perdida sobre el delicioso glande que, como si fuese un regalo, guió hasta
mi boca para que pudiera seguir mamando mientras él lengüeteaba los huevos de
Roberto y este último a su vez se limitaba a gemir y a gritarnos lo putos que
sabía que eramos desde que nos conoció.
- AHHHh si!! sigan así!! ... AAHH me vengo!! - y después de decir eso, Roberto
se vino a chorros sobre nuestras bocas para que después nos besáramos y
saboreáramos juntos esa deliciosa leche.. - bueno... los dejo, cojan mucho y los
veo mañana de nuevo para ver a quién me cojo - dijo después y solo se vistió y
salió hacía su casa mientas Javier y yo nos besábamos y corríamos a nuestra
recamara a hacerlo de todas formas y en todas las posiciones mientras hablábamos
de nuestro nuevo amigo y de su verga que de ahora en adelante nos haría más
felices.
Después de lo que acabo de relatar, pasaron cosas todavía mejores, pero eso se
los contaré en otro relato.
Cualquier duda o comentario a elhuevo21@hotmail.com.
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