En el Paradero del Sagitario

Hasta ahora no puedo creer las cosas tan interesantes que me han ocurrido
en este año que se va. Luego que terminara a inicios del 2001 mi relación
con una agraciada joven con la que salía, he tenido varias aventuras con
otros hombres y he hecho cosas que antes no pensé hacer.

Hace poco conté mi aventura con un taxista a la salida del Sagitario,
discoteca de ambiente ubicada en el centro histórico de la capital de Perú,
Lima. Sin embargo, lo que me ocurrió un día antes de la Navidad es para
no creer.

Era una noche de juerga en el Sagitario y por más que el amanecer estaba
próximo no había quien me gustase para ligar e ir a un lugar más tranquilo,
por lo que opté por ir a descansar a mi casa.

Es así que salí de la discoteca y crucé la pista con la esperanza de abordar
un taxi que me llevase a mi casa con diversión incluida, pero no pasaba
nadie que me agradara. Imbuido como estaba en mis pensamientos no reparé
que el joven que estaba a mi costado me observaba hace ya bastante rato y
sólo me di cuenta cuando me preguntó la hora.

"Son las 4 de la mañana" le contesté sin mirar. Él volvió a la carga:
"¿Pasará transporte público a esta hora?" inquirió; "No lo sé", le contesté,
pero esta vez un tanto incómodo por lo que lo miré para ver de quien se
trataba. Y me di con una agradable sorpresa.

Era un muchacho de unos 23 años, trigueño claro, cabello ensortijado y
corto, sin mucho arreglo. Delgado, de 1,75mts. Vestía camisa a cuadros y un
jean suelto, ropa humilde pero bien puesta. Complementaba el atuendo unas
grandes zapatillas sport y una mochila grande.

Definitivamente este es para mí, pensé. Yo tengo 24 años, de piel trigueña
clara, 1,70mts de estatura y de contextura delgada. Mi corte de pelo es como
un militar y un estilo de vestir a veces casual-formal.

Finalmente continuamos la conversa de rigor pero con cierta coquetería. Él
me contó que se llamaba Enrique, que estudiaba informática y que vivía en el
Cono Sur de Lima. Según me dijo, había estado en casa de una amiga hasta
tarde y por la hora avanzada ya no conseguía carro de regreso y debía
descansar un poco ya que al día siguiente tenía que jugar fútbol en un
campeonato de su barrio; por lo que le propuse ir a descansar a un hotel
cercano hasta que amanezca, propuesta a la que accedió pero a regañadientes.

Es así como llegamos al "Paraíso" y pedimos una habitación para dos
personas, pero sólo tenían una (propicia para mis fines) y tomamos esa.

Ya instalados en el cuarto nos acostamos en la cama con la ropa puesta y
empezamos a quedarnos dormidos, cuando él sin querer se acercó mucho
y al sentir mi respiración despertó.

"Qué pasa hermano, no te acerques mucho"; me dijo Enrique un tanto azorado.
"No pasa nada, tú te acercaste" le contesté cuidando los pasos que daba.

Finalmente le propuse quitarnos la ropa y quedarnos en truza ya que, por la
llegada del verano, estaba haciendo bastante calor.

Una vez en ropa interior procedimos a acostarnos nuevamente, pero esta
vez más cerca. Yo estaba con la excitación al tope y mi miembro alcanzó
notoriamente los 22 cm de longitud, sobresaliendo el glande de la truza.
Sólo cuando reparé en la parte inferior de Enrique es que me di cuenta
que no era el único excitado.

En un momento él quiso apartar un mosquito de mi cabeza y se acercó.
Es ahí cuando sin querer queriendo nuestros miembros se juntaron por
encima de la truza y yo, instintivamente besé su cuello.

"No lo hagas" replicó instantáneamente, "yo sólo estoy con mujeres".
"Yo también" le dije, a la vez que sacaba su ya erecto pene de aquella
truza aprisionante para enseguida hacer lo mismo con el mío.

Una vez que nos habíamos desnudado completamente empezamos a jugar
con nuestros cuerpos y yo estaba extasiado de observar y sentir el suyo. Él
es delgado pero de cuerpo formado, pectorales firmes y piernas grandes, y
un miembro delicioso.

Él me observaba con deseo y pasión y aprovechaba para agarrar también mi
medianamente formado cuerpo. Nos besamos con lujuria y agarramos todo lo
que podíamos agarrar, para coincidir en un 69 perfecto, mamando de nuestros
penes como dos grandes expertos, yo más que él. Y una vez que nos cansamos
de probar los miembros hicimos otro 69 más avezado: el del beso negro.

Enrique inició el ritual. Me lamió el trasero de una forma bastante exquisita
que me encantó. Pasado un rato yo le hice lo mismo a lo que él no opuso
resistencia. Fue una de las chupadas más ricas de mi vida.

Finalmente vino la conclusión, al menos del primer round. De pié los dos, lo
puse de espaldas a la pared y empecé a lamerle toda la espalda hasta que llegué
a su bien contorneado trasero complementado con piernas fuertes de futbolista
y una vez que estuvo lubricado y yo con mi respectiva protección, lo penetré.

"No, me duele" protestó. Yo seguí besando con fruición su espalda y el dolor
que él sentía se transformó en placer. De sólo recordar la escena me arrecho
de nuevo. Ponía cara de gozo y yo seguía el mete saca hasta que me vine.

Cansados como estábamos nos acostamos y continuamos besándonos. Ya más
calmados me comentó que no tenía un trabajo estable y que a la par con sus
estudios trabajaba de albañil, pero que los fines de semana jugaba al fútbol y
salía con una joven enfermera, por lo que nunca imaginó hacer lo que había
hecho.

Si bien parecía inexperto, en realidad no lo era tanto. Confidencialmente me
contó que sólo una vez lo había hecho con otro hombre: Aldiño, un joven
estudiante de Derecho que tenía la misma edad que él y que lo abordó en la
Plaza San Martín. Yo le dije que eso no debía preocuparlo ya que quedaría
sólo entre los dos.

Finalmente nos bañamos juntos, enjabonándonos todo el cuerpo y mamándonos
nuevamante hasta que acabamos teniendo sexo como antes, aunque esta vez me
quiso penetrar pero sólo dejé que me puntée.

Nos despedimos del hotel como dos grandes amigos, pero no intercambiamos
teléfonos, era mejor así. Sin embargo el recuerdo fue muy grato, por lo que
cuando me baño y me acuerdo de él, me hago una paja en su nombre.

Por estos días de fiestas ya no saco mi auto, sino que prefiero tomar
transporte público. A veces uno no sabe con qué sorpresas se puede
encontrar.

jorge_act25@hotmail.com
LIMA - PERU