LA PRIMERA VEZ DE
ZACK Y SLATER
Después de una ajetreada fiesta de Togas en el
Instituto, todos emprendieron el camino a sus casas. El coche de Lisa no
arrancaba, y mientras Screech llevaba a todas las chicas a sus casas con
su viejo VolksWagen Escarabajo, Slater y Zack se quedaron a aintentar ponerlo
en marcha.
Llevaban aún tragos. Slater pensaba en si
podría hacer algo con Zack; hace tiempo que tenía ganas de
probar su cuerpo. Un cuerpo que estaba harto de ver por el instituto y
que, como no coincidían en la hora de gimnasia, aún no había
visto desnudo. Esa noche podía ser la ideal, y además el
curso estaba acabando, y cada uno se iría a estudiar al año
que viene a una Universidad distinta.
Slater estaba trabajando en el capó del
coche de Lisa cuando se dio cuenta de que Zack se estaba recreando mirándo
su cuerpo. Se volvió y le devolvió la mirada con una sonrisa
mientras miraba con auténtico deseo un rosado pezón
que la toga de Zack dejaba al descubierto. Sintió cómo su
polla empezaba a endurecerse. Slater decidió hacerse el cansado,
y le dijo a Zack que podrían mirar el coche mañana, después
del partido de fútbol americano.
Los dos no comentaron nada más, y Zack le
propuso a Slater ir a dormir a su casa, que estaba al lado del Instituto.
Así no tendría que conducir hasta su casa en el estado en
que se encontraba. Cerraron el coche de Lisa y se fueron a casa del
rubio. Entraron por la puerta del patio y subieron directamente a la habitación
de Zack, que sólo tenía una cama pero ancha, de matrimonio.
Slater pensó que podrían pasar muchas cosas esa noche.
Zack entro en el cuarto y empezó a quitarse
la toga hecha con una sábana, dejando al descubierto un cuerpo definido
y muscular, casi sin vello. Slater se lo comía con los ojos, fijándose
sobre todo en sus pezones. Zack engañaba, y desnudo marcaba una
musculatura fibrosa muy sugerente, sobre todo en el pecho y los abdominales.
El rubio se dio cuenta y le despertó de su hipnotizado instante
preguntándole si él pensaba dormir con la sábana-toga
puesta, o si quería un pijama. Slater dijo que dormiría en
calzoncillos y empezó a quitarse la sábana.
Era el turno de Zack de recrearse. Slater estaba
super fuerte, mucho más musculado que cualquier tío del instituto,
no en vano era el campeón del equipo de lucha y uno de los mejores
en el equipo de fútbol americano. Nadie le daría los 17 años
que ambos tenían. Sus calzoncillos, blancos y ajustados, marcaban
un paquete muy hermoso, subrayando muy bien la línea de su nabo
morcillón ya en ese instante. Zack también se quedó
en slips, unos muy pequeños de color gris que dejaban escapar por
el elástico de la cintura rizos de su vello púbico, castaño
muy claro. A Slater se le saltaban los ojos; el vello le ponía a
mil, fuera en los sobacos, el pecho, las piernas o el rabo de cualquier
compañero, pero con Zack ya era superior a sus fuerzas. Se moría
por enterrar algún día su cara en el matojo de Zack.
El rubio se dio cuenta de las miradas que le desnudaban,
y le dijo a Zack que ya podía ver que rubios del todo no eran: "Rubios
rubios no son, ya lo puedes ver." Slater se río nerviosamente, pero
su corazón se aceleraba y su polla se estaba endureciendo por momentos.
Zack vio como el bulto del morenazo se inflamaba, pero no dijo nada. "Espero
que no te importe compartir la cama, pero si quieres puedo sacarte un saco
de dormir, Slater." Éste respondió enseguida que no había
problema. Se dieron las buenas noches, y se tumbaron en la cama, en principio
dándose la espalda. Los dos se sentían muy excitados por
tener al lado a un tío tan deseable. Slater decidió intentar
algo, y se volvió hacia arriba. Giró la cara y vio la espalda
desnuda de Zack, pero no se atrevía ni a rozarla. Estaba a centímetros
del cuerpo deseado, pero no se podía mover. Su polla estaba tan
dura que le dolía, por lo que pensando que Zack estaba ya dormido
empezó a cascársela intentando no hacer ruido. Cuando el
presemen ya llegaba a su capullo, y los huevazos estaban apretadisimos
en la base del tronco de su polla, Zack se volvío sonriendo, como
un muñeco de resorte y le dijo "¿Puedo mirar?".
Slater soltó su nabo como si le quemara,
mientras Zack le dijo que estaba muy caliente él también
y que si le importaba que se pajearan a la vez. Slater sólo acertó
a articular un gruñido que el rubio aceptó como un sí,
ante lo que Zack se quitó los calzoncillos, destapando su deliciosa
mata de vello y un durísimo pene de unos 15 centímetros completamente
erecto, que saltó como un resorte al bajar el elástico del
slip. Los dos empezaron a masturbarse muy despacio, pero el glande mojado
de Slater hacía un ruido demasiado característico que estaba
poniendo muy excitado al rubio.
Slater se acercaba más y más hasta
pegar sus caderas a las de Zack. Pronto no pudo más y su mano saltó
hacia el nabo de Zack. Los dos se rieron y pararon de hacerse la paja.
Slater empezó a acariciar el pecho de Zack con sus dedos mojados
de presemen, acariciando los pezones hasta ponerselos como canicas, y buscando
sus sobacos. Zack levanto los brazos y Slater besó el hueco de la
axila de Zack esnifando su sudor como si fuera una droga maravillosa.
Slater y Zack se miraron a los ojos y acercaron sus caras
para empezar a besarse apasionadamente. La lengua de Zack exploraba los
labios carnosos y la lengua del moreno mientras su mano se bajaba hacia
el nabo de Slater. Éste hizo lo propio pasando su mano entre el
nabo de Zack y sus muslos, pero decidió atacar al polla de su amigo,
masturbándola lentamente arriba y abajo. Zack gemía como
un gatito.
Slater aceleró el ritmo mientras seguía
besando a su amigo. ¡Qué gozada! La mano de Slater sentía
las pulsaciones aceleradas en el tronco de la polla de Zack, que tenía
carga lista para ser disparada. Llevaba dos días sin masturbarse
viendo las fotos porno que se bajaba de Internet, y eso para sus hábitos
era un montón de tiempo. Un segundo después, Zack explotó
entre gemidos derramando un río de lefa sobre el ombligo de Slater.
Tan pronto como se recuperó, miró al moreno intensamente.
Empezó a acariciar y lamer su torso, besandole los pezones, mordiéndoselos.
Bajo hacia abajo y lamío su propio semen en el ombligo y los abundantes
rizos morenos de Slater. Lamió la base de un nabo que
superaba al suyo en casi 5 centímetros, y empezó a medirlo
con la lengua hasta parar en un capullo tenso y repleto de energía,
rojo oscuro como una cereza. Al llegar al glande, sus labios formaron un
anillo elástico que empezó a masturbar el mástil de
Slater. Éste había dejado caer hacia atrás su cabeza
, desmadejado, ido en la sensación de la primera mamada que le hacía
un chico. Los brazos del rubio acariciaban el pecho musculado de Slater,
sus caderas, sus glúteos , sus muslos, hasta provocar un placer
que, a juzgar por cómo bombeaba la pelvis del morenazo presagiaba
una corrida de impresión en su boca. La explosión casi le
ahoga. Un chorro de crema salada y ardiente le cogió de improviso.
Qué fuerte. Nunca se lo hubiera imaginado así de excitante.
Se levantó y besó a Slater mezclando
semen en el beso. Slater le abrazó y se revolcaron por la cama hechos
un solo cuerpo, hasta quedar Slater encima de él. Sintiendo como
sus pollas se acariciaban entre ellas, Zack empezó a abrir las piernas
de Slater, haciendo sitio para que su mano llegara al ano de Slater. El
índice mojado en saliva de Zack empezó a jugar con el ano
virgen del moreno campeón de lucha libre, que mugía como
un novillo al notar el ataque. Estuvo trabajando el ano velludo de
Slater, mientras sus cuerpos abrazados frotaban sus nabos duros como rocas
otra vez. Slater se apoyó sobre sus rodillas, se enderezó
y pido a Zack que le follara.
Zack sacó los dos dedos que ya cabían
en el ano del moreno y apretó su glande mostoso de sudor y lefa
contra el agujero de Slater. Éste apartó sus glúteos
con su manos para facilitar la jugada. Zack alineó su polla en el
ano, y empezó a empujar muy suave, como había leído
siempre en las historietas porno de Internet. Slater sintió el capullo
morado y húmedo taladrarle el orificio, y se mordió los labios
para disimular el dolor. Empezó a presionar a la par que Zack, para
hacer penetrar su nabo hasta adentro. Zack, que ya no podía
más empujo demasiado, haciendo casi gritar a Slater. Menos mal que
no había nadie más en casa. La polla ya estaba a dentro,
y el dolor se iba disimulando, Slater cabalgaba a Zack mientras este acariciaba
todo el torso y el nabo del luchador.
El rabo de Zack presionaba la próstata de
Slater y la polla de éste se ponía cada vez más dura.
Los dos gemían apasionadamente. El presemen de Zack sobraba para
lubricar sus acometidas, pero el rubio no podía más. Explotó
entre grititos llenando el ano de Slater de semen, que se rebosaba entre
su polla y el esfínter relajado del moreno. Habia sido la corrida
de su vida. Un segundo después, Slater explotaba con unos lefazos
que salpicaron hasta el rostro del rubio. Cuando el orgasmo doble amainó,
Zack sacó su rabo aún bastante duro del interior del culo
de Slater, se dieron la vuelta y se abrazaron bañados en sudor y
semen. Se besaron con una sensación de unión que nunca habían
vivido en ningun otro momento de su ya larga amistad.
Slater rompió el beso para lamer los pezones
húmedos por la lluvia de lefa de Zack; no habían hablado
mucho durante el polvo, pero en esos momentos del después, no necesitaban
más que sus ojos y sus manos para transmitirse algo superior. Se
durmieron abrazados y húmedos, piel contra piel, sintiéndose
los dos seres más felices del universo. Habían follado por
primera vez, y lo habían hecho con su ser deseado.
* * *