Salvando un Matrimonio
Me considero un chico alegre, disfruto de la vida. La historia que les voy a
contar sucedió en realidad, una de mis mejores experiencias… me llamo Diego y
tengo 24 años, soy blanco y de cabellos castaños, algo simpático, al menos me
gusto lo suficiente. Ya he pasado por el proceso de afrontar mi homosexualidad,
después de que todos se enteraron de la forma más vergonzosa, pero esa es otra
historia. Lo importante es que mis amigos me aceptaron, me tratan igual o hasta
mejor que los demás; de entre todos ellos siempre me sentí atraído por Rodrigo,
un tipo rudo, futbolista y amante del desmadre pero con un corazón increíble.
El se había casado siendo muy joven, pues embarazo a su novia. Realmente no
llevaban una buena relación a pesar de que en el fondo si se querían. Nunca
recibí ni un solo rechazo de su parte, quizá una que otra vez un comentario en
broma, de los que siempre terminaba riéndome.
Un sábado como tantos otros, mientras tomábamos las cervezas con los demás
“cuates” me dijo que yo no me fuera como los demás, que me quedara porque
necesitaba hablar conmigo; nunca pasó por mi mente lo que me pediría después,
por tal motivo no tuve ni un solo mal pensamiento.
Estando solos, empezó a balbucear y decir cosas que no tenían mucho sentido, así
que le dije, ya dímelo sin rodeos, ¿necesitas dinero?, ¿estás metido en un
pleito legal?, no entiendo en que te puedo ayudar… le dije mirándolo a los ojos.
Rodrigo tomó un sorbo de cerveza y me dijo sin pensarlo mucho: -Gabriela y yo
estamos pasando por muchos problemas de pareja, casi no nos hablamos, no tenemos
sexo y está pensando seriamente en divorciarse de mi. Yo, realmente la amo, no
podría vivir sin ella, hemos ido a consultas de pareja y ella a dicho que
nuestra vida sexual se ha vuelto muy monótona, sin sentido, siempre lo mismo. El
terapeuta nos sugirió que probar con otra u otras personas en la cama sería una
de las posibles soluciones-
Yo lo escuché atento, pero aún sin comprender cual era la ayuda que yo podía
darle. Y le dije: -Rodrigo, no entiendo…
Puso su mano en mi pierna izquierda y me dijo: -Le pedí que sea una mujer la que
se una con nosotros en la cama porque siempre había tenido la fantasía de verla
en los brazos de otra y ella se enojó demasiado, dijo que sólo era egoísta
pensando en mi satisfacción y que eso nunca sería posible si yo no lo intentaba
primero. Yo le dije, que si quería podía hacerlo con una mujer y ella podía
mirarnos sino quería participar, a lo que me respondió que ese no era el punto…
que ahora que habíamos tocado el caso de las relaciones homosexuales, ella moría
de ganas verme cogiendo con un hombre. Yo la amo, y esa es la condición que me
puso para poder intentar salvar nuestro matrimonio-
Tomó un trago más amplio de la botella de cerveza y continuó: -Diego, yo se que…
que… eres gay y bueno, quizá… tal vez tú y yo podemos tener una relación sexual
mientras ella nos mira. Te juro que también entenderé si no quieres y te pido
disculpas si te sientes ofendido-
Ahora yo puse mi mano en su pierna cubierta de pelos y le dije, claro que no me
molesto acepto con gusto, pero… ¿lo haremos hoy? No me había dado cuenta que
Gabriela había estado guardada en la sala de al lado, así que salió y me dijo:
-¿Te parece que el próximo viernes tengamos una cena y platicamos los tres con
más calma?
-Por supuesto le respondí- con una sonrisa en los labios. Veía el semblante de
mi amigo desencajado, quizá realmente la amaba para que sacrificara parte de su
hombría.
El viernes anhelado me levanté muy contento, pero a la vez preocupado de que al
final de cuentas Rodrigo se retractara de su decisión. Así que tomé el valor y
le mande un mensaje de texto al celular preguntándole si todavía tendríamos “la
cena” más tarde, me respondió con un tajante: -a las 8- obviamente no se
percibía muy animado. Me aliste para ir al trabajo y no pude ir a la escuela,
porque salgo mas tarde y además debía ponerme guapo para mi cita con el destino.
Me bañé con sumo cuidado, me afeité me puse ropa muy padre y 7:30 de la noche
estaba en el auto rumbo a su casa. Cuando llegué Gabriela ya me estaba
esperando, lucía muy sexy, es joven, tenía un vestido corto que dejaba la
silueta de un suculento trasero, bueno exageré, no tan rico como el culo de
Rodrigo, que se mostraba erguido en esos pantalones vaqueros. Me saludó de un
apretón de manos, y me dijo pasa, durante la cena, platicamos de cientos de
cosas; pero yo no veía la hora de empezar la acción.
Al terminar, ells nos invitó a pasar a la sala a conversar. Rodrigo se sentó en
el sillón más amplio y yo por respeto me senté en el más pequeño para que ellos
como pareja estuvieran juntos. Ella me dijo: -eres muy amable, pero ese lugar es
para ti hoy- me senté junto a él y por instinto quizá se alejó un poco. Ella
inmediatamente rompió el hielo con una conversación interesante.
Ya pasado como 15 minutos, ella le dijo en voz tierna a él: -Amor, porque no
eres más amable con nuestro invitado- se volteó y tomó mi rostro con sus ásperas
manos y me dio un beso tosco, podía ver en su cara el desagrado que esto le
causaba. Así que yo, le di un beso tierno. E introduje mi lengua en su boca,
tenía un aliento exquisito. Le besé el cuello, y el sólo cerraba los ojos,
mientras mis manos sujetaban su espalda para que no se fuera. Aproveché para
desabrochar los botones de su camisa y descubrí un pecho peludo que muchas veces
había visto cuando terminaba de jugar futbol, lo besé, sentía los pelos de su
pecho, mordí sus tetillas, rosadas y puntiagudas. Era un macho por excelencia,
él es blanco de cabello claro, sin ser rubio, labios rosas tentadores, ojos
verdes, su vientre sin ser exageradamente plano pero bien cuidado.
Ella aprovechó, para poner su música favorita, de esa forma él terminaría
relajándose. Las blasfemias de Deftones comenzaron a oírse y él pareció revivir.
-Rodrigo, no estas poniendo de tu parte como prometiste- le dijo Gabriela.
El me abrazó muy fuerte, recorría mi espalda con sus potentes brazos y besaba mi
cuello. Ninguno de los amantes con los que había estado tenían esa virilidad, o
¿es que el hecho de saber que él era heterosexual lo hacía más atractivo? Sus
labios eran más toscos y jugosos, más desesperados, parecían que succionaban
toda mi piel. Pero creo que era hora de pasar al siguiente plato de la cena, así
que desabroché su pantalón y él sujetó mis manos diciéndome casi en silencio
-¡¡No por favor!! , podía ver en su rostro que no estaba del todo de acuerdo con
este encuentro, que a pesar del esfuerzo sobre humano que ponía él era demasiado
macho como para involucrarse con otro, pero trato es trato… de un solo jalón sus
pantalones quedaron a la rodilla y el bóxer gris que traía no mostraba señales
de tener vida en us interior, así que decidir ser el súper héroe de la noche y
devolverle la vida a ese monstruo que en mis sueños húmedos y calientes sabía
que existía. A veces la verdad puede ser un poco cruel, el animal que encontré
más bien era un cachorrito, circuncidado, delgado y no muy grueso, pero eso si
dos enormes huevos de avestruz le colgaban como racimo de uvas, cubiertos por
una capa de pelos gruesos y castaños. Debió haber notado mi desilusión en la
cara, porque me apretó los labios y me dijo: -¡Eres una puta, querías macho y
ahora lo tendrás!, ¡mama!!!, ¡¡¡mama como sólo las putas como tu lo saben hacer!
En otras circunstancias me hubiera sentido ofendido, pero esas palabras y el
tono de coraje en su voz me producían una excitación indescriptible, me gustaba
la idea de ser sometido por un tremendo macho como ese. Aspiré el fresco aroma
de su miembro, aroma a limpio y a macho puro, tome sus huevos con mi mano y
comencé a chupar esa vaina, al no ser grande no me costaba ningún esfuerzo,
parecí hecho de hule, porque se doblaba y dentro de mi boca lo exprimía pero no
daba señales de vida. -¡Me lleva la puta madre!- me dije. Es imposible que una
verga no sucumba ante mis artes orales, conocedor del placer masculino, ensalivé
un dedo y lo comencé a introducir en su ano, cubierto de pelitos… eso
indiscutiblemente le produjo más placer porque comenzó a soplar y gemidos
intensos escaparon de su boca. Ahora, ese muñeco estaba creciendo y se hacía
grueso y potente; a miel que le escurría era agridulce, el olor que producía
alteraba mi cerebro, era olor a macho puro, si yo pudiera hacer un perfume con
el. Le daba latigazos con mi lengua a esas peludas bolas que desafiaban la
gravedad de mantenerse allí a pesar de su increíble peso, al mismo tiempo las
besaba con cariño porque sabia que en su interior guardan un exquisito manjar.
Miré al frente y allí estaba su esposa, gimiendo como una perra, con una mano
exprimía sus pezones y con la otra introducía a fondo sus dedos en su vulva.
Cuando el se dio cuenta que la estaba mirando, me dio una bofetada y me dijo:
-¿qué haces perra?, no dejes de darle placer a tu macho; de castigo te la voy a
meter sin compasión. Esa parte ya me estaba dando miedo, había visto otras veces
como el se surtía a madrazos a cualquier pendejo que quería pasarse de listo, a
veces es presa de la ira. Así que continué mi labor succionadora, debía medir ya
erecto como unos 19 cms, lo lamía de arriba-abajo, de abajo-arriba.
Me dijo: -muéstrame las nalgas, anda vamos, muéstrame ese culo que quieres que
te folle. Me voltee y me puse de perrito y pudo ver mi estrecho culo. En
agradecimiento me dio dos batazos con su verga en cada una de mis nalgas, era
indescriptible el placer que se siente cuando me hizo eso, podía sentir como
escurría mi propia saliva de su pene. Sin decir agua va, apuntó con fuerza y la
introdujo hasta la mitad. El dolor fue horrible, intenso, amargo, la verdad no
hubiera deseado pasar por ese episodio. Pero allí estaba yo, a merced de ese
macho, siendo títere de sus deseos. Creía que moriría allí mismo, que después de
eso quedaría lisiado, le suplicaba que me la sacara, que era demasiado para mi,
me dijo: suplica como una perra; le dije: -Mi macho, yo como la zorra, la puta
mas grande de este mundo te pido que me saques tu enorme verga de mi culo,
necesito tiempo para respirar. Lo entendió y espero unos segundos y comenzó a
bombear, era una forma ruda, tosca, el placer era terrible, sentía que arañaba
el cielo y que las estrellas caerían en cualquier momento. Quería escapar, pero
estaba consiente que me doblaba en fuerzas, además sus enormes manos estaban
fundidas en mi cintura y me alejaban y me acercaban a su pelvis a mil
revoluciones por minuto. Su cogida era brutal y no me dejaba ni siquiera jalarme
la verga por temor a caerme y romperme la cara. Comenzó a rugir como animal y
sacó de un golpe su enorme falo y se corrió sobre mi culo y mi espalda. Toqué mi
trasero y me horroricé al sentir que estaba muy abierto, en circulo, es
innegable que esa enorme tranca lo había forzado.
Me dijo: ¡Vamos puta chúpamela!
Me incorporé y me tragaba lo poco de su leche que quedaba, chorreante en sus
bolas. De un salto ya estaba su esposa succionando su falo y yo comiéndome sus
potentes huevos. Seguí con esa verga que aún estaba dura y la boca de ella
coincidió con la mía y nos dimos un efusivo beso, nuestros labios tenían una
especie de labial de la leche del macho que acababa de satisfacer, fue un beso
profundo, como ese que se dan las rameras en las películas porno.
Después de esa experiencia, seguimos viéndonos como amigos, aunque algunas veces
nos quedamos solos intenté acercarme a él y me rechazó, me pidió que no
confundiera las cosas, ese fue un trato con ella y el pago que ella le dio
después fue muy placentero. Además estaban esperando a su segundo hijo, y su
amor y confianza se habían incrementado.
Me retiré muy desilusionado por la actitud tan ofrecida que tomé, pero contento
de haber salvado un matrimonio.
Quejas o comentarios: morocho.amorocho(arroba)hotmail.com
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