C a p i t u l o 6

SAMBA EN BLANCO Y NEGRO

Por Juan sin Miedo


Sonó el timbre de mi departamento, era Roberto el brasilero, abrí y lo encontré con una amplia sonrisa y una botella de ron en su mano derecha y dos copas en la izquierda. Eran como las 10 de la noche y yo lo invité a entrar para compartir unos tragos con él. Roberto era un tanto mayor que yo, yo tenía 38 y él 45, era un hombre peludo y fornido estilo muscle bear, sus brazos y piernas eran musculosas columnas recubiertas por una capa de pelo dorado que contrastaba con su piel morena, lo podía apreciar pues Roberto se había cambiado de ropa antes de subir a mi departamento, ahora traía unas bermudas y un short blanco que se le pegaba al cuerpo dejando percibir su amplio pecho y su estómago duro, su cintura prieta y su culo bien parado. Hablamos durante más de una hora y trago va y trago viene al fin que ya estábamos entonados, en esas Roberto me pone una mano sobre mi pierna, yo aún con mi traje puedo sentir cómo en medio de la conversación Roberto se va arrimando, al final lo que menos importa es la charla.

Nos acercamos hasta que finalmente sus labios quedan a una corta distancia de mi boca, siento su respiración y sin contenerme más me acerco para besarlo, Roberto reaccionó con un apasionado beso, la verdad es que me sorprendí pues su boca estaba ansiosa por devorarme, me comía los labios, mordiéndolos, lamiéndolos y tirando de ellos, luego se aferraba a mí y me daba un gran beso hasta quedar sin alientos.

Parecía que había despertado la bestia, entonces él me empezó a sobar el paquete por encima del pantalón, me pellizcaba los pezones con violencia haciendo que gimiera de esa mezcla de placer y dolor, me seguía besando mientras me calentaba, yo estaba como inmóvil dejándome hacer, sentía su piel áspera de su barba de tres días que lo hacían ver aún más sexy. 

Yo ya estaba a punto de correrme pues llevaba ya varios minutos en esta sesión de calentamiento, yo no quería terminar algo que apenas comenzaba, así que separé no sin encontrar resistencia a Roberto, entonces decidí ser yo quien continuaría con las caricias, empecé a besar el cuello de Roberto y fui besando hasta que puede morder sus pezones duros sobre su camiseta, entonces empecé a palpar su aparato, su paquete se empezó a marcar por encima de su bermuda y pude sentir un grueso falo de pura carne, estaba sobando ese paquete cuando Roberto me separó bruscamente y mirándome a los ojos me preguntó si quería que la fiestecita fuera más intensa. Yo no supe qué entender pero de seguro la cosa se podría poner mejor, así que sólo asentí con mi cabeza. Roberto sacó un móvil de su bolsillo y yendo hacia una esquina del cuarto realizó dos llamadas, no tardó mucho y cuando regresó me dijo que me esperaba en una hora en su departamento (que era el que estaba justamente debajo del mío como recordarán), diciendo esto me dio un beso mientras apretaba fuertemente mi paquete, y luego se marchó.

Fue una larga hora de espera, yo estaba súper caliente y ansioso y no debía qué esperar, me asustaba un poco el hecho de no saber qué podría encontrarme, llegué a dudar el si bajar o no... pero al final mi curiosidad y calentura pudieron más, tomé un baño, me aseé largamente para matar el rato y faltando dos minutos para que se cumpliera la hora estaba frente a la puerta del departamento de Roberto.

Roberto me abrió con su calurosa y cordial sonrisa y con su sensual acento carioca, me condujo hasta la salita del lugar y me dijo que esperara sentado que ya todo estaba listo, fue y colocó música y regresó a sentarse junto a mí, en realidad había una cómoda penumbra en el lugar pues casi todas las luces estaban apagadas y sólo habían dos lámparas que iluminaban el lugar, una de menor intensidad junto a nosotros y una que iluminaba en realidad bastante bien la sala.

Yo estaba expectante y en realidad no tuve que esperar mucho pues a los minutos que había empezado la música, salió un hombre de la habitación principal, era un negrazo como de 2,10 de altura, fornido, calvo, venía vestido de policía, ahh! un striptease! pensé, y me tranquilicé un poco, el negro que era bastante atractivo se acercó a nosotros y empezó su espectáculo, Roberto me acariciaba el paquete mientras el negrazo se iba desnudando poco a poco, primero sin tirar su sombrero se sacó los zapatos y ofreció su pie a Roberto que obedientemente lo lamió, luego se quitó su camisa dejando al aire su torso lampiño, luego se sacó sus pantalones quedando sólo con una diminuta tanga blanca, se acercó bailando hasta nosotros lo suficiente como para que cuando estiráramos el brazo pudiésemos tocar su gran paquete, yo pude ver con asombro cómo la verga del negro se iba poniendo morcillona en medio de su diminuta prisión, era una herramienta realmente grande, el espectáculo llegó a su punto culminante cuando la verga se salió del contenedor y el negro se bajó la tanga dejando al aire esta enorme y larga serpiente negra que era su pene, yo nunca había visto un pene tan grande, debía de tener más de 35 cms y era realmente grueso, estaba circuncidado y su cabeza ya dejaba asomar gotas de su líquido lubricante.

Entonces el negro empezó a sobarse de arriba a abajo su miembro, con sus dos manos subía y bajaba a lo largo de esos más de 30 cms de pura carne, la verga se fue poniendo dura y palpitaba cada vez que él la hacía girar con un movimiento de caderas frente a nuestras caras, se masturbó un buen rato sobando de todas las formas posibles su capullo.

Mientras yo seguía observando con detalle al negrazo bailando Roberto ya desnudo se había colocado a mis pies y me había empezado a desnudar, yo estaba sorprendido por su actitud servil ya que pensé que él era un tremendo macho dominante, pero en fin, era mi mejor amigo y en todo caso todo hacía parte del juego. Roberto lamió diligentemente mis pies mientras el miembro balanceaba su enorme chorizo frente a nosotros al ritmo de la música. Él siguió bailando hasta que Roberto ya me tenía en ropa interior, mi verga estaba que estallaba debido a sus constantes caricias, me pellizcaba los pezones alternativamente y al mismo tiempo me hacía un masaje en el cuello, qué placer....

Cuando yo pensé que el espectáculo llegaba a su fin, Roberto que ya tenía mi verga en sus manos y le impartía un suave masaje me apretó fuertemente para evitar mi corrida que ya no podía aguantar más y al mismo tempo la música cambiaba a un tema más sensual, y entonces del cuarto salió otro invitado, yo me distraje y se me bajó la urgencia de sacar mi leche, ante nosotros estaba un hermoso joven, en realidad tenía pinta de adolescente, sus facciones eran como de esos modelos porno del este europeo, venía con un traje de colegial (a decir verdad mi amigo Roberto no había sido muy creativo en este sentido), lo que junto a su expresión angelical daban un aspecto casi infantil. El muchacho se quedó quieto y empezó a bailar, al principio tímidamente, el negro se movía en el fondo ya en la penumbra bailando también al compás de la música. El niño empezó a desnudarse mientras Roberto ahora me hacía una paja lentamente sentado a mis pies. Se quitó primero un suéter azul, luego sus zapatos y su correa, muy lentamente, muy tímidamente, casi asustadamente. A mí me excitaba pensar en esto y disfrutaba cada vez más el show. Cuando el niño empezaba a quitarse la camisa salió de la penumbra el negro y empezó a acercarse al adolescente por su espalda, de pronto hicieron contacto y ambos se detuvieron, el negro empezó a zarandear al niño y este con cara nerviosa se dejaba hacer. El negrazo aún con su gorra de policía parecía haber entrado en su papel y esculcaba al niño como simulando una pesquisa. Luego el negro hizo cara como de que algo no estaba bien y entonces quitándole las últimas prendas al colegial lo dejó desnudo frente a nosotros para luego esposarlo. Si bien esto hacía parte de un show, se notaba la inexperiencia del adolescente y su casi susto al participar de este juego en comparación a la vasta seguridad y experiencia que mostraba el negro, que además sumado a que era bastante más grande que el niño le permitían dominar el show perfectamente.

Esposado el chico, el negro empezó entonces a sobarlo, le agarraba su verga sin circuncidar con un prepucio que sobresalía y unos huevos lampiños de una palidez casi de porcelana. Los apretaba con fuerza y el colegial no podía evitar hacer una muesca de dolor y retorcerse de placer. El negro subía y bajaba el pellejo de la herramienta del blanco, dejando al descubierto un glande rojo y voluminoso, luego el negro empezó a apretar los pezones del otro, realmente tiraba de ellos, Roberto parecía excitarse mucho cada vez que el adolescente mascullaba algo de dolor. Así siguió hasta que el negro empujó hacia delante el torso del blanco para dejarlo casi en cuatro y empezó a dedicarse al delicado orificio rosado y prieto que tenía en frente. Yo podía ver cómo el policía pasaba su lengua larga sobre el botón rosado e inmediatamente el adolescente se erizaba de placer. Poco a poco el negro volvió a ser igual de agresivo y empezó a palmear las nalgas del muchacho hasta que estas se pusieron rojas, cada azote iba acompañado de un pequeño quejido del joven. Luego y sin previo aviso empezó a meter un dedo por el apretado orificio, pero el hoyo del colegial era apretado y ofrecía resistencia, sin embargo esto parecía alentar más al negro que sin importar las quejas que parecían ser de algún idioma del este de Europa que musitaba el joven, el negro sólo le decía que se callara en inglés y de una le clavó todo su grueso índice. El europeo soltó un grito e inmediatamente intentó separarse, pero el negro lo contuvo y aprovechó el movimiento del primero para empezar un vaivén de su mano acercándose y alejándose al culo del muchacho siempre con su dedo adentro logrando que el adolescente empezara a gemir rítmicamente. Luego fueron dos dedos, y luego tres, el niño ya gemía descaradamente y ahora de espaldas acostado en el piso con sus piernas en alto podíamos ver sus ojos blancos de placer. El negro no cesaba en su trabajo y le seguía metiendo los dedos, cundo consideró apropiado entonces metió un cuarto dedo, ya casi podía presentir lo que venía, como yo intuí, el negro terminó casi haciéndole un fist fucking al blanco, dejó su mano en el interior de su compañero mientras que este en medio de bramidos soltaba chorros de leche sin tocarse.

Yo también me vine derramando toda mi leche sobre Roberto que se regocijaba esparciendo mi semen por su cuerpo aún en el piso. Entonces vi sorprendido cómo el espectáculo no se detenía, el negro medio levantó al muchacho que aún estaba como medio ido y lo obligó a tragarse su enorme aparato. La mamada fue increíble, el negro se follaba la boca del blanco sin contemplaciones, le metía su polla hasta que el niño daba arcadas, luego le tapaba la nariz con su verga en el interior de la garganta del europeo hasta que este casi asfixiado lograba zafarse un poco. Luego de un rato en que el negro parecía inmutable y seguía su verga totalmente con aguante, este puso de nuevo al adolescente aún esposado en cuatro, su agujero dilatado y rojo aún estaba abierto, ahora el negro lamió con cuidado sacando quejidos de placer en el blanco. Luego el negro empezó de nuevo a abrir y cerrar ese agujero con sus dedos, en realidad una parte de mí se compadeció del muchacho cuando vi cómo el negro empezaba a pasar por entre las nalgas su enorme bolillo negro de madera, inesperadamente como siempre el negro empezó a introducir su aparto, al principio el agujero dio trabajo pero el negro consiguió que el colegial se tragara este enorme y rígido consolador, el negro entonces empezó a mover el palo introduciendo una buena porción, hecho esto empezó a follar el culo del joven hasta que la verga del niño se puso de nuevo erecta. El negro empezó a masturbar al europeo que de un momento a otro empezaba a lanzar chorros de leche de nuevo, se había corrido por segunda vez. El negro entonces sacó su bolillo y aún con su enorme verga morcillona empezó a follar al niño, este ya no decía nada, era como un muñeco que se dejaba manipular por el enorme hombre que lo cambiaba de posición cada tanto para follárselo en distintas posiciones.

Roberto, que también se había corrido, ahora me daba una excelente mamada mientras yo me deleitaba con el espectáculo que se desarrollaba al frente mío. Cuando mi verga estaba ya bien parada y palpitante Roberto se la sacó de la boca y se sentó a mi lado. Esta fue como la señal para que el negro se sentara en una banca y sentara al blanco en su aparato para follárselo de cara a nosotros dos. Yo veía la polla del chico europeo colgando morcillona mientras el niño subía y bajaba del enorme aparato negro que tenía alojado en su dilatado culito casi empujado por los fuertes brazos del negro. Un momento más tarde el negro hizo que su verga se le saliera y entonces yo vi el dilatado agujero negro del europeo frente a mí, Roberto entonces se puso de pie y tomándome de mi propia verga me jaló hasta que estuvimos frente a la pareja. Entonces Roberto conduciendo mi tranca la metió en el agujero del chico. Entró con facilidad pues mi verga si bien es de buen tamaño no alcanzaba las dimensiones de la polla de chocolate que estaba abajo.

Yo follé el culito dilatado del niño un buen rato mientras Roberto detrás mío me tocaba el culo y se hacía una paja, y el negro que aún cargaba al blanco mientras yo me lo cogía me pellizcaba los pezones y me lamía el cuello estirándose. Yo podía sentir entre mis piernas el roce del aparato del negro totalmente duro y palpitante. Entonces el negro se cansó de estar inactivo y aprovechó para hacerle una doble penetración al culo del colegial. Yo podía sentir ese enorme aparato abriéndose camino junto a mi verga en el interior del joven.

Después de un buen rato de meter el aparato del negro ahora nos follábamos al blanquito lenta pero continuamente, yo sentía que ya no podía más y aproveché que tenía la verga del joven frente a mí y empecé a masturbarlo, simultáneamente sentí sorprendido la erecta y enorme verga de mi amigo brasilero entre mis nalgas, yo lo dejé hacer sorprendido porque en realidad esperaba más un roll de pasivo. Finalmente nos pudimos acoplar los cuatro para follar por unos cuantos minutos ya que el placer era tal que nos empezamos a correr. El primero en venirse como era de esperarse fue el niño quien increíblemente salpicó mi vientre con sus abundantes fluidos lácteos. Entonces el negro en un último alarde de control hizo que nos desacopláramos para poner de rodillas al adolescente blanco y obligarlo a que recibiera en su rostro nuestras cargas de leche. El adolescente se las tragó diligentemente y ya sin fuerzas para protestar. Esa creo que ha sido una de las corridas más abundantes que he tenido en mi vida.

Al concluir, el negro por primera vez en toda la noche soltó al blanco que casi a punto de desmayarse sacó fuerzas para medio recoger sus cosas y meterse al baño. El negro, que terminó de recoger, lo siguió. Una media hora más tarde mientras Roberto y yo descansábamos tomándonos un trago los vimos salir. Roberto se paró, les dio un buen fajo de dólares y se despidió de ellos agradecidamente. Yo desde lejos me despedí mientras veía cómo el adolescente bajaba la cabeza avergonzado y salía por la puerta detrás del negro.

Al regresar Roberto que ya se había informado de cuánto me había gustado el show, me comentó que esos dos jóvenes hacían parte de una selecta y exclusiva agencia de acompañantes, especializada en altos ejecutivos. Me dijo que él había ordenado especialmente y pagando un alto sobre costo que le enviaran al más inexperto de sus empelados. Ellos le habían cumplido enviándole a un joven inmigrante que había llegado de Bosnia hace unos meses. Después de charlar un rato, Roberto y yo nos despedimos no sin antes darme todos los datos de la agencia. Después de eso lo vi en dos oportunidades pero por su apretada agenda de trabajo antes de regresar a Río no pudimos hacer nada. Algún día iré a visitarlo y seguramente montará de nuevo un show para mí, sólo con talento nacional...

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