Seba & Juan

 

Hola a todos. Mi nombre es Juan, tengo 20 años (ya casi 21) y soy de Buenos Aires.

La historia que acá les cuento me sucedió hace unos cinco años, cuando yo tenía 15. Por ese entonces vivía con mis padres en la ciudad de Santa Fé, en el interior de Argentina. Allá tenía muchos amigos, aunque llevaba solo dos años viviendo por allí.

Una de las cosas que siempre me gustaron hacer es jugar al fútbol. Siempre con mis amigos, y a veces con amigos de éstos. Así fue como conocí a Sebastian que por ese entonces tenía casi 17 años.

No nos hicimos amigos de entrada, pero el tener dos amigos en común nos llevó a coincidir en algunas reuniones y tener cierto trato entre nosotros.

Todo comenzó un día domingo cuando, luego de un partido de fútbol, le pedí que me prestara un CD suyo que me había gustado mucho. Él me dijo:

- Claro que te lo presto. Venite conmigo a casa y te lo doy.

Fuimos y me invitó a pasar. Allí estaba su mamá a quien yo no conocía; él nos presentó y luego subimos a su cuarto. Palabra va palabra viene, me contó que sus padres estaban separados y no tenía hermanos; yo le conté que tenía un hermano mayor que vivía en Buenos Aires. Se nos pasó gran parte de la tarde charlando. Ese día televisaban un partido de River Plate, equipo del cual ambos somos fanáticos (aunque al mudarme a Santa Fé y por influencia de algunos amigos le tomé también simpatía a Unión), por lo que Seba me invitó a quedarme a verlo con él. Yo acepté gustoso y lo vimos en su cuarto, sentados ambos sobre la alfombra con la espalda contra su cama.

Cuando el partido terminó nos "colgamos" comentándolo, acerca de las mejores jugadas y las más polémicas. Él dejó la TV prendida en un canal de cable cualquiera, en el que estaban pasando una película de ésas que uno nunca vió, con actores que uno nunca conoce. En eso se asomó su mamá y nos dijo que ella saldría durante un rato.

La charla se fue disipando y ambos nos empezamos a enganchar con la película, que sin llegar a ser porno tenía fuerte contenido erótico.

Durante una de las escenas más fuertes yo me di cuenta del enorme bulto que Seba tenía en la entrepierna. Al principio me hizo gracia y casi se lo digo, pero en vez de eso me colgué mirándoselo de reojo. Al parecer él lo notó y luego de varios minutos de verme observándoselo reiteradamente, me preguntó en tono burlón:

- ¿Te pasa algo?.

- .......

Al verme descubierto por él no me animé a responder y (como me diría Seba más adelante), lo miré con cara de asustado. Él preguntó nuevamente:

- ¿Te pasa algo?. ¿Por qué me mirás así?.

- .......

Luego todo pasó muy rápido, supongo que por calentura adolescente o bien por miedo a que regresara pronto su mamá. Él me agarró la mano y la puso sobre su paquete; y con su mano obligaba a la mía a amasarle el bulto por sobre su ropa. Como vio que yo no le decía nada, me soltó la mano para comprobar que lo seguiría haciendo por mí mismo. Entonces, él arriesgó un poco más la travesura y con ambas manos buscó mi culo, masajeando mis gluteos primero por encima del pantalón para luego meterlas por dentro de mi ropa y continuar el manoseo (lo cual no fue difícil ya que ambos llevábamos ropa deportiva); agregando algún dedo que buscaba colarse en mi interior. Eso último me incomodó un poco pero no llegué a decírcelo. El me pidió (o más bien me ordenó), que metiese mi mano por debajo de su ropa y le continuase amasando la pija. Así lo hice, pero no duramos mucho tiempo así porque la calentura le ganó y ! en el suelo como estábamos, me volteó dándole la espalda y acercándose a mí comenzó a restregarme el paquete por el culo, ambos con ropa. Luego de bombear así durante un rato, no se conformó y quiso penetrarme; para lo que comenzó a bajarme pantalón y calzoncillo al mismo tiempo. Yo un poco asustado, pensando que me dolería mucho le dije:

- ¡No, pará! .

- ¡Dale, un poquito! . ¡Antes que vuelva mi vieja! .

- ¡No, eso no quiero! .

- ¡Pero mirá todo lo que hicimos hasta aca!, ¿No te vas a dejar ahora? .

- ¡¡No!! .

- ¡Dale! .

- ¡No! .

- ¡Un poquito!

- .....

Como vio que mi negativa iba perdiendo fuerza, procedió a terminar de bajarme la ropa y a bajarse la suya. Yo ya no decía nada. Supongo que mi negativa inicial era por miedo al dolor por supuesto; pero además, creo que pensaba que pareciendo "difícil" resultaría "menos puto" a sus ojos, aunque el resultado sea el mismo y yo terminara dejándome coger por él. Suena tonto, pero supongo que a esa edad uno siempre cuida la imagen que otros puedan llegar a tener de uno.

Comenzó a meterla, sin ninguna lubricación; lo cual lo hacía casi imposible y muy pero muy doloroso para mí.

- ¡Hay! . ¡Me duele mucho, pará! . - Dije yo casi llorando.

- ¡Te la dejo así, quedate tranqui! .- Me dijo él y no continuó intentando hundirla más.

Comenzó a bombear un poco. Estuvimos así un par de minutos hasta que él, de lo caliente que estaba acabó. Esa vez lo hicimos sin preservativo, lo cual sé que fue una locura; pero del apuro por cogerme no pensamos ni siquiera en subir a la cama para estar más cómodos.

No les voy a mentir, para mí esa fue una experiencia horrible. Me dolió muchísimo y hasta sangré un poco. Me tuve que limpiar bien y ponerme algunas gasas para que mi ropa interior no me delatara en mi casa.

Ese día no pasó nada más que eso. Sólo nos quedamos hablando un rato más, aun luego de que su madre volvió (quien por suerte no se dio cuenta de nada).

- Esto lo vamos a repetir, ¿No Juan?.

- ......

- ¡Dale, si lo arreglamos bien un día que no esté mi vieja, podemos hacerlo más tranquilos! .

Yo estaba un poco aturdido por el dolor y por vergüenza de lo que acababa de hacer; no me animaba a mirarlo o decirle nada. Él lo notó y tomó una actitud muy dulce conmigo; me pasó el brazo por los hombros (abrazo de amigos) y me dijo:

- ¡No tengas vergüenza, que esto queda entre nosotros! . ¿Lo vamos a repetir no?.

- ¡Me dolió mucho! .

- Si ya se. Pero después de unas veces más te va ir doliendo menos. Además vamos a usar algún lubricante y forros (preservativos).

- Bueno ......

Dicho esto, me besó la mejilla (beso de amigos, lo que es costumbre en mi país).

A partir de ese momento nació entre nosotros una gran amistad. No llamaría a esa relación un noviazgo porque si bien yo luego de eso me asumí gay, él no . A pesar de que sé que Seba llegó a quererme mucho (y no sólo por haber perdido la virginidad juntos); él veía en mí más bien a un buen amigo, y alguien con quien "sacarse las ganas".

La segunda vez que lo hicimos fue como una semana después y estuvo muchísimo mejor. Fue un día de semana en que hubo feriado escolar y su mamá estaría trabajando. El me pidió que fuera a su casa a media mañana y yo un poco nervioso pero también muy entusiasmado por lo que íbamos a hacer, fui.

Me hizo pasar y fuimos directamente a su cuarto. Ahí me dijo que yo estuviese tranquilo, que lo haríamos lentamente y que ambos lo pasaríamos bien. Puso algo de música a bajo volumen y nos sentamos sobre su cama.

Me sacó la remera y me pidió que me sacase las zapatillas y el pantalón. Él hizo lo mismo y ambos quedamos en calzoncillos y con medias.

Me atrajo hacia él y acostándose sobre su cama, quedamos frente a frente, yo encima de Seba y con nuestros cuerpos en pleno contacto. La iniciativa siempre la llevó él y así como estábamos, me abrazó acariciando toda mi espalda con ambas manos. Además posó su mejilla contra la mía, para luego comenzar a pasarla por mi cara y cuello; añadiendo algunos besos. Esa vez no hubo "besos de lengua", cosa que comenzamos a hacer recién mucho tiempo después de ese día.

Con todo eso yo me empecé a excitar muchísimo. Tanto que se me fueron un poco el miedo y la vergüenza. Comencé a colaborar (sin saber mucho qué hacer), tomando su cabeza con las dos manos y besándolo en la cara.

Nuestras respiraciones se hicieron muy pronunciadas y cada tanto se escuchaba un gemido de alguno. Él prosiguió con sus caricias llevando una de sus manos a mi culo, primero por sobre el calzoncillo; para luego meterla por debajo. La otra mano la alternaba por mi espalda, mi culo y la pierna.

Yo de lo caliente que estaba; con una mano busqué, con alguna dificultad, agarrarle la pija por debajo del calzoncillo. Se la comencé a acariciar y a pajear torpemente.

Él al verme muy predispuesto, me dijo entre jadeos:

- Juan, ¿Te animás a chupármela?.

- No se....

- ¡Dale, si lo estamos pasando re-bien! .

- Bueno, pero ¿Cómo hago?.

- ¡Yo te voy diciendo, dale! .

Dicho esto, me separó un poco de él y se sacó el calzoncillo quedando solo con las medias puestas. Se quedó sentado en su cama; paró un almohadón contra el respaldo y apoyó la espalda contra él. Abrió un poco las piernas estiradas y me indicó que me sentase en la cama viéndole la cara (o mejor dicho, viendo a su pija). Ésa fue la primera oportunidad que tuve de verle bien la verga; estaba al re-palo y en ese estado le medía 16 cm y de grosor normal . Sin prepucio, de un tono más oscuro que su propia piel (él es rubio; mucho más que yo, que en realidad soy castaño claro), se le notaban algunas venas. Los huevos eran de buen tamaño, sin casi nada de vello. Ninguno de los dos teníamos un físico imponente; éramos simplemente de contextura delgada, él un poco más alto que yo.

Seba comenzó, al mejor estilo DT, con sus indicaciones:

- Agachate, o mejor acostate boca abajo y empezá besándole la cabeza. Dale muchos besitos suaves.

Luego de besarlo un ratito, perdí el asco inicial y comencé a hacerlo mejor; ayudándome con una mano y dando besos por la cabecita, el tronco y llegando también a los huevos.

- ¡Eso Juanma, seguí así y además pasale la lengua! .

Entonces, comencé a pasarle mi lengua por todo su aparato, pero en especial por la cabeza cuyo sabor me terminó gustando muchísimo.

Seba por su parte me comenzó a acariciar el pelo, la nuca y la sién con ambas manos. A esa altura los dos estábamos re-sacados. Él me dijo en forma entrecortada y ya sin poder disimular la emoción:

- ¡Si Juancito, así, así!.

- mmm...

- ¡Ahora metétela en la boca y chupámela bien! .

- Bueno, pero en la boca no me acabes, ¿Eh?.

- ¡No, dale dale! .

Me la metí casi hasta la mitad y torpemente se la empecé a mamar. Él, al sentir la humedad del interior de mi boca y mi lengua juguetona; se excitó mucho más y con ambas manos guiaba mi cabeza arriba y abajo, marcando bien el ritmo. Yo por mi parte comencé a acariciarle el abdomen y la pierna. Por la posición en que estaba, ya me dolía la nuca, pero seguí un rato más; hasta que sentí algo así como sus espasmos en mi boca (señal de que estaba por acabar). Intenté separarme y aunque sus manos me lo impedían, lo logré.

- ¡¡Dale, seguí!! .

- ¡No, no quiero que me acabes en la boca! .

- Bueno, ¡Pajeame entonces hasta que acabe! .

Se la agarré y le empecé a hacer la paja. Al ratito se vino en mi mano y un poco le saltó en su pecho. Buscó en su mesita de luz una caja de pañuelos de papel y limpió, procurando no manchar las sábanas.

Una vez que hubo limpiado, me atrajo hacia él y nos recostamos los dos en la cama, me empezó a acariciar nuevamente la espalda y yo le hice lo mismo.

- ¡Estuvo buenísimo Juanma! . ¿A vos también te gustó, no?.

- Si .- Dije yo, ya con menos vergüenza de reconocércelo.

- Bueno, ahora falta lo segundo... Lo vamos a hacer despacio y no te va a doler tanto, total hoy no nos apura nadie.

- Bueno Seba, pero con cuidado.- Le pedí yo.

- ¡Si! . Mirá aca tengo un forro y un poco de vaselina; y vamos despacito ¿Eh?.

- Bueno...

- Esperá que yo te saco el calzoncillo... - Me dejé hacer.

- Ahora ponete en cuatro. Eso, pará bien el culito y abrí un poco las piernas.

Eso hice, y así como estábamos me dijo:

- ¡Que culito más lindo, a verlo bien! .

Le acercó la cara y alagándolo nuevamente, me empezó frotar las nalgas y luego les dio algunos besos; cosa que me gustó un montón y le hubiese pedido que siguiera, pero no lo hice (me llevó un tiempo animarme a pedirle y decirle qué me gustaba a mí hacer en nuestros encuentros).

Rompió el paquete del preservativo, lo sacó y se lo puso (su pija ya quería guerra otra vez). Luego metió un dedo en el pote de vaselina y me lo empezó a meter en el ano, bien despacito. Cuando lo tuvo todo dentro, lo comenzó a meter y sacar en forma pausada. Si bien me dolía un poquitín (en espacial por las secuelas de la primera vez), me gustaba mucho. De hecho yo estaba al palo al igual que él, (no les describo mucho mi pija, porque en mis relaciones con Sebastian fue actriz muy secundaria).

Estuvimos así un rato, hasta que intentó meterme otro dedo. Costó mucho más, pero lo logró y me cogió con ambos dedos durante un rato.

- Ya estás listo Juan, voy a tratar de metértela. Vos relajate como hasta ahora, así cuesta menos.

- Bueno pero despacito.

- Si, va a ser despacito.

Se embadurnó la pija con vaselina. Apoyó la cabeza contra mi entrada y lentamente empezó a empujar. Los segundos se me hacían eternos. Me dolía tanto que a veces golpeaba el colchón con la palma de la mano a modo de desahogar el dolor y le repetía una y otra vez:

- ¡¡Seba, me estás rompiendo!! .

El detenía unos segundos su empuje y me decía:

- ¡Tranqui, juancito, tranqui! . ¡Ya falta poquito! .

No sé cuánto demoró en metérmela toda (a mí me parecieron horas), pero finalmente lo logró. Agarró un almohadón y lo puso sobre la cama, bajo mi pubis.

- Ahora despacito, Juan, estirate y acostémonos del todo.

Él sin sacármela, se acostó encima mio, completamente pegado a mí. Estuvo así un rato, sin bombear. Después, lentamente me empezó a coger muy suave. Me soplaba la nuca, me lamía el oido y besaba mi mejilla.

- ¿Te gusta, te gusta?.

- ¡Sí, pero duele mucho! .

- Pero te gusta. Vos hacete la paja y te va a gustar más.

Por la posición para mí era difícil pajearme, pero la calentura pudo más y me hice una paja desesperada (al estilo adolescencia); mientras Sebastian no le aflojaba a la cogida, que a pesar del dolor me gustaba cada vez más.

Pero todo llega a su fin... Yo me vine a mares sobre el almohadón y la sábana. Seba siguió un rato más bombeando, hasta que finalmente acabó. Nos quedamos un rato así, él sobre mí y aun dentro mio; y yo contra la humedad de mi propia acabada.

- ¡Juanma esto estuvo buenísimo! . A vos también te gustó mucho, ¿No?.

- Si, dolió mucho pero valió la pena. - Le dije yo sinceramente.

- Bueno, vamos un toque al baño a limpiarnos.

- Si. Seba, te manché la almohada, y creo que la sábana también.

- No importa, ya las pongo en el lavarropas.

Me beso dulcemente la mejilla y fuimos al baño. Él me limpió el culo con cuidado, porque me sangró un poco. Me pasó una pomadita cicatrizante.

Después, en tono juguetón y con una sonrisa pícara me pidió que le quite el preservativo (que tenía restos de mi interior y sangre), y que le lave la pija. Sin poder evitar sonreírle, le dije que si y así lo hice. Cuando la tuvo bien limpita (y semi erecta por mi manoseo), me agaché y le di dos besos.

 

Tuvimos relaciones durante unos seis meses. Una vez que yo me acostumbré a su tamaño, ya no hubo límites. No perdíamos oportunidad de pasarlo bien. A veces me ayudaba con mis tareas del colegio y se quedaba a dormir en mi casa o yo en la suya, cosa que a nuestros padres les resultaba de lo más normal.

Como anteriormente dije, nuestra relación no se podría definir como noviazgo, aunque llegamos a ser re-buenos amigos.

Nuestros encuentros ganaron mucho en técnica y variedad, probábamos muchas posiciones. Si bien yo siempre ocupé el lugar de pasivo, en nuestras últimas relaciones él llegó a pajearme mientras me cogía. Además ya nos dábamos besos hasta el paladar (cosa que por él no considerarse gay, al principio no hacíamos).

Para el resto de la gente seguíamos nuestra vida "normal". Yo al igual que muchos de mis amigos comenzaba a salir de vez en cuando con algunas chicas y a tranzar; pero no llegué a más que eso (supongo que no lo busqué mucho). Seba por su parte Salía con amigas, hasta que conoció a una chica con la cual se re-enganchó y cuando me quise dar cuenta, me dijo que se puso de novio con ella. Ése fue uno de los días más tristes de mi vida.

Yo por ese entonces tenía 16 y él 17. Me dijo que podríamos seguir con lo nuestro; pero yo, con todo el dolor del mundo preferí decirle que no.

Su relación con ella sólo le duró unos meses, durante los cuales yo estuve solo (alguna que otra salida y tranza con pibas pero nada importante). Además, Sebastian estaba terminando el colegio y se mudaría luego a otra provincia a vivir con su viejo y seguir sus estudios. Cuando vino a verme y a decirme que volviéramos a lo nuestro durante el tiempo que le restaba por allá (un par de meses), yo no me negué.

Aunque no fue lo mismo que antes, estuvimos muy bien. Él se mostraba más cariñoso, como que le dolía el pensar en tener que irse. Pero pasado ese tiempo, se fue....

Seguimos en contacto frecuente durante un tiempo, pero la relación se fue perdiendo y el contacto que ahora tenemos (vía e-mail), es casi nulo.

 

Bueno, un tiempo después de eso, tuve otra relación con un chico en Santa Fe, pero eso es material de otro relato. Espero no haber hecho demasiado largo éste.

Mucha suerte a todos y cuídense mucho.

 

juanma_sf_82@hotmail.com

 

 

 

 

 

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