Bien dicen que la primera vez perdura para siempre.

Fue en una zona selvática mi padre tenía una finca, me gustaba
acompañarlo, yo tenía entonces solo 15-16 años, para ese entonces mis
preocupaciones sexuales eran enormes tanto como mi timidez. El clima tan
cálido incrementaba mis ansiedades, uno de tantos fines de semana que
acompañé a mi padre al rancho, sentí una mirada, volteo y veo a un
joven, que no había visto antes, de unos 20 años, blanco, sus músculos
marcados por el duro trabajo del campo, se aprecia en su torso desnudo,
me mira insistentemente  con sus enormes ojos cafés, yo respondí
manteniendo  la mirada y con inocencia le sonreí,  me emocionaba esa
forma tan provocativa de verme, sus ajustados pantalones marcaban un
enorme bulto que el acarició lentamente con su mano,  mientras me
sonreía.

El siguiente fin de semana, nervioso lo busque expresamente para pedirle
que me ayudara a cortar unos tamarindos para llevar a la casa, me ofrecí
ayudarlo y en el árbol, cerca de él, percibí el delicioso olor de su sudado
cuerpo, sin camisa, sus axilas con delicado vello, su lampiño pecho y
unos nacientes vellos que se iniciaban en su ombligo, él me pasaba los
tamarindos que iba cortando y tocaba con delicadeza mis manos al
entregármelos, subió a una rama más alta dejando ante mi cara su
entrepierna,  yo permanecí observando cómo aumentaba de volumen su
ya de por sí enorme bulto en sus ajustados pantalones, mi respiración se
volvió un jadeo de excitación que llegaba precisamente al marcado falo
que estaba ante mí, él notaba lo que yo estaba viendo y con naturalidad
movía su cuerpo acercándolo a mis labios,  alcancé a notar cómo
palpitaba, mi timidez pudo más que mi excitación y me alejé.

La siguiente semana al llegar a la finca, lo primero que hice fue
buscarlo, me recibió  con gran amabilidad, y me comenté que si iba a
cazar el próximo domingo.
Le pedí  que me llevara a dar unas vueltas en caballo, ensilló uno de
los caballos, me monté y él me siguió caminando, nos adentramos en la
selva, el movimiento del caballo me excitó de tal manera que me atreví a
proponerle que se subiera en ancas, él sin decir nada se montó casi de
un salto, tomó las riendas en sus manos abrazándome,  le pegó en las
costillas al caballo. Al empezar a correr el caballo, él pego totalmente
su cuerpo al mío, yo temblaba y sentí en el movimiento cómo mis nalgas
eran presionadas por su enorme verga, el movimiento cadencioso de
nuestros cuerpos me transportaron al cielo, mis nalgas se levantaban y
presionaban el falo de mi acompañante, él me abrazaba y movía
rítmicamente sobre mis nalgas su erecta verga. Y soplaba su  aliento en
mi cuello y oídos.

Al regresar le pedí a mi padre quedarme a dormir y que pasara por mí al
día siguiente.

En la mitad de la noche totalmente excitado y sin  poder olvidar el
paseo en caballo, salí de la casa del rancho y fui a buscarlo en su
choza,  estaba con solo una trusa, (se le notaba claramente su mástil)
yo no sabía qué decirle, casi no habíamos hablado entre nosotros, le
pedí prestado unas sabanas, ya por irme con mis sabanas prestadas le
dije que si podía dormir con él pues me daba miedo regresar sólo tan de
noche, me hizo un lugar en su recién comprada cama matrimonial y él, así
semidesnudo se volteó de lado, mostrándome su cuerpo hermoso y sus
enormes nalgas paradas bellísimas, me quite la ropa y me acosté a su
lado, yo no me atrevía a acercarme a él, pero después oí como que
roncaba pero era un ronquido muy especial, demasiado uniforme, eso me
animó a acercarme y me pegué a él, y sentí el calor de su cuerpo, sentía
sus nalgas él continuaba con sus supuestos ronquidos,  moviendo sus
pies, presionaba los míos como una especie de clave morse, yo comencé a
masturbarme, con su complicidad, el sólo estar ahí junto a ese joven tan
hermoso y tan disponible para mí me llevó a tal grado de excitación que
pegado a su cuerpo recibiendo sus sutiles mensajes me masturbé, pegaba
mi verga a su trusa, besaba su espalda y él al mandarme esos mensajes
con sus pies presionando los míos y su ronquidos que ya se habían
convertido en jadeos,  ocasionaban la  eyaculación de  torrentes de
semen, me limpiaba con mi camisa y volvía a empezar, así durante  6
veces, a pesar de haber eyaculado seguía cachondísimo, así que me armé
de valor y me atreví a  bajar su trusa, agarrar sus nalgas, acariciar su culo
y masturbar su verga, estaba enorme y bien erecta,  él dejó sus
supuestos ronquidos y me dejó que lo agarrara libremente, estaba húmeda.

- ¿Que quieres?  - al fin me preguntó, y me preguntó otras tres veces, al
ver que yo no le respondía pero seguía masajeando su verga me dijo por
fin.

¿Quieres follar?

 Y sin decir más, comenzó a ensalivar mi verga con su boca para después
llevarla con sus manos a sus muy bien torneadas nalgas, yo me deje
hacer, qué forma de ensalivar mi ya dolida verga y dejé que él llevara
mi verga a su orificio hasta que logró entrar, todo se mezcló, mis olores
sus olores, mi verga dentro de su culo virgen y llegó la séptima
eyaculación.
 

Solo lo volví a ver una vez más de lejos y me sonrió, como siempre.
 
 

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