Sexo
Adolescente en el Colegio
Los cuatro
muchachos entraron en aquel salón de clases con una sonrisa maliciosa en sus
caras. No podían creer lo mucho que iban a disfrutar ver a uno de ellos,
Esteban, pagar la penitencia que habían acordado, para aquel que perdiera en su
improvisado entreno de volleyball...
Ese día el
entrenador no había podido asistir. Los muchachos se enteraron tarde y tuvieron
que esperar en el colegio hasta que se terminara la jornada escolar.
Afortunadamente tenían sus uniformes de entreno: las camisetas, los tenis y las
cortas pantalonetas rojas, características de su equipo. No tuvieron otra
opción que inventarse un juego para entretenerse y entrenar un poco. Un juego
donde iban ganado puntos y, al final, el que menos puntos tuviera tenía que
atravesar por el castigo que Esteban estaba a punto de vivir. Para realizarlo
escogieron un salón de clases bastante retirado que no sería utilizado el resto
del día.
Mario:
Seguro que no va a entrar nadie ahora? No quiero que nos interrumpan la humillación
que va a vivir Esteban – Preguntaba Mario entre risas. Él era el menos
disciplinado del grupo y siempre tenía algún toque de rebeldía. Por ejemplo,
aprovechando que el entrenador no estaba, Mario se había quitado su camiseta
para jugar, aunque en el colegio les estuviera prohibido hacerlo.
Andrés:
Nadie va a venir ahora, ya todo el mundo se fue, solo nos quedamos los de
volley y los de natación. Pero esos están bien lejos – respondió Andrés, el
cómplice de Mario en todos sus actos de indisciplina.
Mario: Ok
bueno, hagamos esto rápido, yo me quiero empezar a reír ya.
Andrés: Si
listo. Cierra la puerta Esteban y ven para acá.
Mario,
Andrés y Camilo se encontraban de pie en una esquina del salón. Esteban cerró
la puerta de entrada y antes de acercarse a sus amigos dio un último vistazo a
las ventanas revisando que nadie se acercara por el pasillo.
Esteban:
Bueno muchachos, esto lo hago por la promesa, pero que se quede entre nosotros
solamente listo?? Puedo confiar en ustedes?? – Advirtió Esteban a sus amigos en
un tono serio.
Mario: No
hay ningún problema jajaja – le aseguró Mario al tiempo que se burlaba – todo
depende de ti y que aceptes tu castigo tal y como lo planeamos jaja.
Todos los
muchachos se reían. Sus caras reflejaban la malicia de aquel castigo. Sus
cuerpos, cansados por el juego, aun transpiraban y se tensionaban con las leves
risas que les provocaba el pensar en lo mucho que disfrutarían
"humillando" a Esteban. Este, a su vez, se mostraba algo consternado
pero no mucho, al parecer no le molestaba mucho tener que cumplir su parte.
Mario: Bueno
yo pienso que uno de nosotros debería pararse en las ventanas a vigilar que
nadie venga, y luego nos turnamos.
Camilo: Ok,
yo me paro primero a vigilar mientras ustedes empiezan.
Camilo se
paró frente a los cristales sin quitar la vista de sus otros tres compañeros
que se quedaron en la esquina. Él era el mas serio de los cuatro, y el más
atractivo también.
Mario:
Bueno, empiezas tu Andrés o empiezo yo.
Andrés: Yo
empiezo jejeje, déjame disfrutar esto desde el principio. A ver Esteban,
arrodíllate.
Ante las
indicaciones de su compañero, Esteban se arrodilló, obediente, y levantó su
cara para observar los gestos maliciosos de sus amigos. Aunque estaba algo
nervioso, por instantes se reía con ellos.
Mario: Bueno
Andrés empieza, dale rápido antes que alguien llegue.
Andrés se
agachó rápidamente y retiró sus tenis dejándose las medias blancas puestas.
Posteriormente rodeó el resorte de su pantaloneta roja y la delizó por sus
piernas donde los bellos empezaban a crecer y los músculos a tomar las formas
de los músculos adultos, siendo suaves aun. Se deshizo de su pantaloneta y la
dejó en el suelo. Se incorporó nuevamente y tomó el resorte de sus
pantaloncillos. Miró a Mario como buscando una última aprobación y empezó a
deslizarlos por sus piernas.
Esteban se
fijaba en lo bien que se veía su compañero en pantaloncillos. Eran blancos, ni
cortos ni largos, algo húmedos en los extremos por el sudor de su juego.
Andrés fue
bajando sus pantaloncillos ante la mirada cómplice de sus amigos y los ojos
temerosos y curiosos de Esteban. Su verga, relajada, con la cantidad exacta de
pelos y blanca como la piel que cubría sus pantaloncillos, fue quedando
descubierta. No le importaba, muchas veces se había desnudado frente a sus
amigos en los lockers. Por su parte, para Esteban resultaba algo interesante
ver a su amigo desnudo desde la altura que lo hacía, su cara y su boca quedaban
al mismo nivel de los jóvenes genitales de Andrés. La camiseta de Andrés cubrió
entonces parte de sus genitales.
Una vez se
deshizo de sus pantaloncillos, los sostuvo en sus manos volteándolos al revés.
Llevando la parte de adentro hacia afuera. Después identificó la parte frontal,
donde unos segundos atrás descansaba su verga, y la apoyó sobre la palma de su
mano.
Andrés:
Listo Esteban? Jajaja, cierra los ojos jajaja.
Todos los
muchachos rieron y Esteban cerró sus ojos obediente, como siempre. Andrés llevó
sus pantaloncillos hacia la cara de Esteban y, sin dar ninguna espera, empezó a
sobarlos por la cara del muchacho mientras Mario se retorcía de la risa y
Camilo observaba atento sin dejar de vigilar por las ventanas.
Esteban
trató de no respirar al principio, pero fue inútil, necesitaba aire. Tuvo que
respirar y sentir el olor de los pantaloncillos de su amigo. No le disgustó lo
que vivió, era un olor no muy fuerte, algo así como un leve sudor. Esa sería la
misma sensación que sentiría si su cara estuviera entre las piernas de Andrés.
Con ese pensamiento, Esteban experimentó una leve erección que su pantaloneta
disimulaba. Para Esteban, cumplir esa penitencia era un reto a su pudor, pero
no era ningún castigo, el lo sabía desde el principio y estaba empezando a
disfrutarlo.
Mario no
aguantaba la risa. Esa penitentica la había inventado él mismo, le parecía que
era lo más bajo a lo que un hombre podría llegar: sobar por toda su cara los
pantaloncillos usados por otro hombre. Le causaba mucha gracia. Al reír
tensionaba sus abdominales y su pecho, resaltando los músculos de su joven y
marcado cuerpo.
Mario: Bueno
ya, ya Andrés, suficiente, déjalo respirar que ya me toca a mi jaja.
Andrés: Ok
jaja, Esteban, nada rencores, era todo por la penitencia – dijo Andrés a
Esteban mientras retiraba los pantaloncillos de su cara y le extendía su mano
en señal de amistad.
Esteban: no
hay problema jaja, yo se que me lo gané. Mejor apúrate Mario que quiero salir
de esto ya.
Mario:
Vigila bien Camilo que no venga nadie, yo quedo mas expuesto que Andrés
Camilo: Si
tranquilo pero dale rápido.
La
preocupación de Mario radicaba en que él no tenía camiseta y, excepto por las
medias, estaba a punto de quedar totalmente desnudo.
Mario bajó
su pantaloneta rápidamente mientras con sus pies empujaba sus tenis. Pronto
quedó en ropa interior. Esteban lo observó por un momento con algo de disimulo.
Sin duda alguna tenía el bulto mas grande que el de Andrés y un poco más de
pelos. Tenía un cuerpo más musculoso sin dejar de ser delgado y atlético, y sus
piernas se veían mas gruesas y marcadas también.
Camilo
seguía vigilando y observando la escena. Andrés se estaba vistiendo nuevamente.
Mario se armó de valor y se deshizo rápidamente de sus boxers ajustados
quedando totalmente desnudo frente a sus compañeros. Involuntariamente levantó
de manera un poco exagerada su piernas para deshacerse totalmente de sus
boxers. Sus amigos pudieron ver como su gran verga y sus guevas se balancearon
con este movimiento. No le importaba su desnudez, era rutina casi diaria
caminar desnudo en las duchas con sus amigos mientras se azotaban sus cuerpos con
las toallas mojadas. Esteban observaba con menos disimulo ahora que todos
tenían algo de prisa.
Mario: Ahora
si Esteban, vas a oler a un macho de verdad jajaja – dijo Mario mientras se
reía y miraba con cara de complicidad a Andrés y Camilo.
Acomodó bien
sus boxers para dejar la parte de adentro hacia fuera y, cubriendo la cara de
Esteban con ellos, empezó a sobarlos. Hizo énfasis en la nariz y en la boca de
su amigo.
Esteban
trataba de no abrir la boca aunque deseaba hacerlo para probar el sabor de los genitales
de Mario, así fuera a través de sus pantaloncillos. Pero, de hacerlo, quedaría
en evidencia ante sus amigos. La sensación sería algo así como hacerle sexo
oral a Mario. Por su parte Andrés observaba con una sonrisa maliciosa lo que
hacían sus compañeros y Camilo vigilaba mientras veía la escena de su compañero
denudo sometiendo a Esteban quien, de rodillas, parecía estar concentrado para
soportar su "castigo".
Andrés:
Bueno suficiente, ahora le toca a Camilo. Ya Mario!
Mario se
detuvo y empezó a vestirse de nuevo.
Mario: No me
vas a odiar por esto Esteban jaja, también hubiera podido ser yo el que viviera
el castigo jaja.
Esteban se
sonreirá y pensaba que eso no hubiera podido ser posible. Desde que definieron
el tipo de castigo para el perdedor, se había "propuesto" tener el
menor puntaje en ese juego.
Andrés:
Bueno Camilo, dale, dale rápido.
Camilo: No
muchachos mejor dejemos tranquilo a Esteban, yo creo que ya fue sufici...
Mario: No
para nada! El castigo tenemos que hacerlo los tres, fue lo que convinimos –
interrumpió Mario.
Esteban
estaba en silencio, permanecía arrodillado. No podía creer que se iba a perder
de disfrutar del "castigo" de Camilo. Era el más atractivo de sus
tres verdugos. Alto, delgado, fuerte, con facciones varoniles y ojos tiernos.
Su pelo liso enmarcaba su cara. Estaba deseando el contacto con su ropa
interior desde el primer momento que decidió perder el juego para vivir el
"castigo".
Mario: Que
pasa Camilo, mejor dale rápido antes que alguien pase por aquí.
Aunque tenía
sus motivos para no participar del castigo, Camilo aceptó de mala gana. Caminó
hasta ponerse de frente a Esteban y de espaldas a sus otros dos compañeros. Se
deshizo de sus tenis. Tímidamente bajó su pantaloneta cuidando siempre que su
camiseta cubriera su bulto. Tiró su pantaloneta al suelo. Posteriormente se
incorporó y levantó un poco su camiseta para bajarse los pantaloncillos. En ese
instante, Esteban pudo ver por una fracción de segundo el bulto de Camilo y se
enteró de lo que estaba pasando: Camilo tenía una erección. Esteban decidió
permanecer en silencio.
Camilo
estaba listo para bajarse los pantaloncillos cuando...
Camilo: No
muchachos, no voy a hacer esto. – dijo Camilo en un tono severo.
Mario: Pero
que pasó??!! Eres muy tímido Camilo, hubieras dicho desde el principio que no
lo harías y nosotros lo hubiéramos castigado más tiempo – respondió Mario un
poco disgustado.
Andrés:
Bueno, no importa, vámonos ya, vamos a tomar algo a la cafetería.
Mario: Si,
yo voy contigo, ¿Ustedes vienen muchachos?
Esteban: Yo
no, primero voy al baño a lavarme la cara – respondió Esteban mientras se ponía
de pie.
Camilo: Yo
me visto y acompaño a Esteban. Luego nos vemos con ustedes – Camilo estaba algo
molesto, muy serio.
Mario y
Andrés salieron del salón de clases. Camilo seguía cuidando que su camiseta
cubriera su tenso bulto. Esteban estaba de pie frente a él.
Esteban:
Bueno y que pasó contigo Camilo? Me imagino que no habrá sido compasión por mi
jaja
Camilo: Jaja
no, para nada, es solo que no se, no me sentía cómodo desnudándome delante de
todos y en un salón de clases jaja.
Esteban:
Bueno, si, eso no es cómodo...pero si te avergüenzas por el tamaño.. no tienes
nada de que preocuparte por lo que veo jaja – Dijo Esteban mientras, en un
movimiento atrevido, levantaba la parte frontal de la camiseta de su compañero,
dejando al descubierto su bulto.
Camilo
reaccionó doblándose hacia delante para cubrir nuevamente su bulto.
Camilo: Que
te pasa Esteban!!, no te digo que me da pena – gritó Camilo bastante molesto.
Esteban: Bueno
tranquilo, tranquilo, perdoname, a todos se nos puede parar en un mal momento
jaja, no te preocupes. Mejor vístete y me acompañas al baño.
Esteban
fingió no darle más importancia al tema de la erección de su amigo. Camilo
terminó de vestirse y los dos se dirigieron al baño.
Camilo:
Bueno, pero tienes que agradecerme porque al menos te libré de oler los míos
no?
Esteban:
Jaja, pues nada, hubiera preferido que me tocara los tuyos en lugar de uno de
los otros.
Camilo: Y
por que dices eso?
Esteban: No
se, me parece que tu eres más limpio que los otros dos - Esteban se contenía
para decirle que en realidad era él quien más le gustaba.
Camilo:
Bueno, pero igual, por muy limpio que sea no creo que hubieras tenido ningún
interés en oler mis pantaloncillos. Ni los de Andres, ni los de Mario!! Que tal
como te los pasaban por la boca!!!
Esteban
guardó silencio y luego le dijo.
Esteban: En
realidad...que sea un secreto para los dos...no es que me llame la atención
pero al final tenía algo de curiosidad. Estuve a punto de abrir mi boca cuando
Mario me pasó sus pantaloncillos.
Camilo:
Hubieras sido capaz?
Esteban: Si
hubieran sido los tuyos si abro la boca...jaja
Camilo: Jaja
– río Camilo pensando que Esteban bromeaba.
Los
muchachos entraron al baño. Este estaba dividido en dos secciones por una
pared. En la primera sección había cinco cabinas con sanitarios y, al fondo,
estaba la segunda sección con 5 lavamanos y una banca. Camilo se sentó en la
banca y recostó su espalda contra la pared mientras esperaba a que su amigo se
lavara la cara.
Esteban: Oye
Camilo, pero lo que te dije es secreto por favor, no le vayas a contar a los
otros dos que tenía curiosidad...
Camilo: No,
tranquilo...aunque sigo sin entender como hubieras podido hacer eso...me
imagino que fue un impulso del momento no?
Esteban
volvió a guardar silencio, levantó su cara del lavamanos y miró a su amigo por
el espejo. Con un gesto de seriedad y algo de temor, Esteban caminó hasta
pararse frente a Camilo y mirándolo a los ojos le dijo:
Esteban: No
lo se, era algo de momento pero no pude hacerlo, me quede con esa duda.
Camilo
guardaba silencio.
Esteban: Yo
tampoco voy a comentar nada de tu erección Camilo, eso se prestaría para
comentarios no te parece?
Camilo: Si,
mejor no digas nada.
Esteban: Y
si yo te pido algo, y no te parece bien, simplemente me dirías que no y
guardarías el secreto también?
Camilo: Que
pasa Esteban, que me vas a pedir? - respondió Camilo algo nervioso y mirando a
su amigo con extrañeza.
Esteban se
armó de valor y sin titubear le dijo:
Esteban: Si
te pido que me dejes oler tus pantaloncillos, me dejarías?
Camilo abrió
sus ojos como nunca antes, pero no pudo sostener su mirada en la de Esteban
quien ahora lo miraba fijamente.
Esteban:
Dale Camilo, no pasa nada, es solo por curiosidad. – animaba Esteban a su
amigo.
Camilo: Pero
es que no se para que quieres...además que pasa si alguien entra aquí...y
además a mi me tocaría quitarme los zapatos y la pantaloneta otra vez y...- Le
decía Camilo en medio de su confusión.
Esteban: No
nada de eso - dijo Esteban arrodillándose en el piso frente a su amigo. A esta
hora no hay nadie aquí, tu lo sabes...
Camilo
guardaba silencio.
Esteban:
Dale Camilo, ni siquiera tienes que pararte de la banca, solo te levantas un
poco y los deslizas por tus piernas, yo me arrodillo para olerlos y listo, no
pasa nada.
Camilo lo
pensó por unos instantes. No sabía que hacer, pero finalmente Esteban había
notado su involuntaria erección en el salón y le intimidaba un poco que no
fuera a guardar ese secreto.
Tímidamente
siguió las indicaciones de Esteban. Se apoyó en la banca con una mano para
levantar un poco su cuerpo y, sentado como estaba, deslizó con su otra mano la
pantaloneta por sus piernas, llevándola hasta la mitad de sus muslos.
Arrodillado frente a él, Esteban la tomó y bruscamente la bajó por las piernas
de su amigo hasta doblar por sus rodillas y dejarla a la altura de sus
pantorrillas.
Una vez
hecho esto, Esteban levantó su mirada. Sin parpadear por la excitación
observaba las piernas medio abiertas de su amigo y, en el fondo, su bulto
blanco tras el cual se ocultaba su verga que adivinaba grande, blanca, hermosa.
No podía ver todo el bulto pues la camiseta de Camilo lo cubría casi hasta la
mitad, pero podía imaginar sus dimensiones.
Esteban:
Dale Camilo, desliza ahora tus pantaloncillos, mas o menos a esta altura -
Esteban le indicó que los deslizara justo hasta sus rodillas.
Camilo miró
a Esteban quien permanecía en silencio y, después de dar un suspiro que sonó a
resignación, levantó un poco su cuerpo apoyando sus piernas en el piso y su
espalda en la pared. Con una mano deslizó sus pantaloncillos por sus piernas
mientras que con la otra iba cubriendo su verga con su camiseta. Lo hizo de tal
forma que Esteban no pudo ver nada de su verga en ese momento.
Esteban: Eso
es - le decía Esteban, quien hablaba en voz muy baja ahora.
Esteban
estaba ansioso y muy excitado, casi no esperó hasta que su amigo soltara sus
pantaloncillos para él tomarlos con sus manos y deslizarlos hasta las rodillas.
Una vez estuvieron allí, no lo pensó dos veces. Acercó su cara hasta ese pedazo
de tela lleno de significado erótico y hundió su nariz y su boca en la
superficie donde hasta hace unos segundos reposaba el pene de su amigo.
Camilo
observaba como Esteban olfateaba con ansiedad y suspiraba como si le faltara el
aire. Sentía que estaba haciendo algo prohibido, pero también sabía que toda la
situación de esa tarde no le era del todo indiferente. Ahora su pene estaba mas
duro que nunca, sentía que estaba jugando al sexo con un amigo y eso, para el
virgen muchacho, era algo que implicaba excitación aunque los hombres no fueran
de su agrado.
Esteban
dedicó unos minutos a olfatear los pantaloncillos de Camilo. Después, sin
previo aviso, y ante los ojos asombrados de Camilo, abrió su boca, sacó un poco
su lengua y la llevó por toda la prenda impregnándose del sabor de los
genitales de su amigo. Para Esteban la ropa interior era una especie de fetiche
y si podía tener acceso a ella, mientras su atractivo amigo la traía puesta,
era aun mejor.
Lamió con
unas ganas que nunca había sentido. Su propio pene estaba a punto de explotar
pero no se atrevía a tocarlo para que Camilo no percibiera su nivel de
excitación. La escena era extraña pero erótica: Camilo sentado en la banca
sobre su culo desnudo, con su pantaloneta y sus pantaloncillos en sus rodillas
y las piernas algo abiertas. Esteban, arrodillado frente a Camilo, con su cara
hundida entre sus rodillas mientras disfrutaba del olor de su ropa interior.
Cuando
sintió que había trabajado demasiado en esos pantaloncillos, Esteban levantó su
cara y miró a Camilo serenamente. Camilo lo estaba observando y tenía un gesto
serio. Esteban le sonrió con complicidad y dirigió su mirada a lo que ahora
tenía enfrente suyo: entre las piernas de su amigo podía apreciar perfectamente
sus guevas. Esteban no podía dejar pasar la oportunidad y en un comentario
atrevido le dijo:
Esteban:
Casi no tienes pelos en tus muslos no?
Camilo:
No... me salen pocos pelos en las piernas - respondió Camilo en voz baja y con
un evidente nerviosismo.
Esteban
estiró entonces su mano entre las piernas de su amigo y tocó la cara interior
de sus muslos como apreciando la carencia de pelos mientras seguía comentando.
Esteban: Y
tus guevas, tampoco te salen muchos o te las afeitas?
Mientras
preguntaba esto, Esteban llevó dos dedos a tener contacto con las guevas de su
amigo como si estuviera explorándolas también. Camilo permaneció inmóvil.
Esteban se atrevió un poco más y con su mano abarcó las guevas de su amigo
dándoles un leve masaje con la excusa de sentir los pocos pelos que tenían. Al
contacto de la mano de Esteban con sus guevas, Camilo cerró levemente las
piernas como en un impulso por impedir ser tocado en sus partes íntimas.
Esteban
entendió que debería actuar rápido si quería ir un poco mas allá. Subió un poco
su mano pasándola más arriba de sus guevas donde se encontraría con el pene
duro de su amigo. Llevó su mano por debajo de la camiseta de Camilo y tomó la
base de su pene mientras le preguntaba sin alejar su mirada de los genitales de
su amigo:
Esteban:
Todavía la tienes dura?
Camilo
detuvo la mano de Esteban y cerró más sus piernas pues la situación le causaba
temor. Se quejó diciendo:
Camilo:
Esteban que estás haciendo?...
Pero Esteban
fue más rápido. Sin importarle ya la reacción de su amigo, le levantó su
camiseta descubriendo su gran verga. Estaba dura y un poco inclinada a la
derecha, pero Esteban no se detuvo a observarla. Continuando con su movimiento,
levantó su cuerpo inclinándolo hacia Camilo y llevó su cara a aquella verga que
metió en su boca con una pericia única de alguien que tenía todo fríamente
calculado. Con su otra mano presionó sobre la pierna izquierda de su amigo,
convenciéndolo de quedarse sentado en la banca.
Camilo:
Esteban no, que estás...
Entonces Camilo
se quedó sin palabras. Lanzó un suspiro y cedió un poco en su intento por
detener a Esteban. No podía creer lo que estaba pasando y no sabía si debía
salir corriendo o quedarse allí, inmóvil. Pero su mezcla de nervios con
excitación hicieron que su cuerpo no respondiera inicialmente y, para cuando
quiso reaccionar, estaba gozando de una buena mamada, algo difícil de dejar
pasar.
Esteban
había tomado a su amigo con fuerza y, sin dejar de darle el mejor sexo oral,
presionaba mas sus muslos para que Camilo se relajara sobre la banca. Camilo
estaba atrapado y Esteban había logrado su cometido.
Pasaron unos
segundos en los que la confusión fue disminuyendo. Ahora solo se escuchaba el
sonido que producía la boca de Esteban al succionar con cierta dificultad la
gran verga de Camilo. Esteban no podía creer que al fin estaba saboreando el
pene de su amigo directamente y no a través de sus pantaloncillos. El pene de
Camilo era amargo, como cualquier otro pene, no sabía a nada. Pero, para
Esteban, el saber que era el pene del más atractivo de sus amigos, la parte mas
intima del cuerpo de ese hombre, lo convertía en un verdadero manjar...El pene
de otro hombre, el acto prohibido y que ahora realizaba a escondidas en
complicidad con su amigo. En fin, el sabor era indescriptible, las sensaciones
eran únicas y todos sus sentidos gozaban. Su gusto era saciado por el la verga
de Camilo, su olfato por el olor a hombre que emanaba de su zona íntima, su
oído por los suspiros ahogados pero sinceros e involuntarios que lanzaba su
amigo y su tacto por el masaje que ahora le practicaba en sus guevas y en sus
piernas.
Camilo
estaba confundido pero no podía pensar mucho. Las sensaciones que le traía la
tibia boca de Esteban y su húmeda lengua eran un fuerte distractor. Eso, sumado
al riesgo al que estaban expuestos al estar en un baño público del colegio,
convertía esa experiencia en lo mas intenso que el joven había vivido.
Esteban
seguía mamando sin parar, succionando con fuerza, llevando todo el pene de su
amigo hasta el fondo de su boca y sacándolo de nuevo para jugar con su glande.
Cada vez que Esteban pasaba su lengua por la punta del hermoso y gran pene de
Camilo, sentía como su amigo liberaba mas cantidades de presemen, de ese
líquido lubricante que es sinónimo de excitación. Camilo estaba en un viaje de
placer y Esteban sabía que pronto alcanzaría el orgasmo.
No pasó
mucho tiempo antes que Esteban sintiera como Camilo tensionaba sus piernas más
de lo normal y empezaba a suspirar. Era claro que en unos segundos su amigo
empezaría a eyacular y a vivir el momento mas intenso de esa tarde. Pero
Esteban no quería que ese encuentro terminara. Llevó su boca una vez mas por
todo el pene de su amigo y luego lo dejó libre.
Esteban se
puso de pie frente a su amigo. A la altura de la cara de Camilo quedó el enorme
bulto que se escondía tras la pantaloneta de Esteban. Camilo observaba atónito
los movimientos de su amigo. Esteban, sin retirar su mirada de éxtasis de los
ojos de Camilo, bajó su pantaloneta hasta llevarla a la mitad de sus muslos.
Posteriormente deslizó sus pantaloncillos liberando su verga que podría ser tan
grande como la de Camilo. Su glande estaba húmedo ante la excitación de su
cuerpo. Clavando sus ojos aun mas en los de Camilo, Esteban empezó a
masturbarse despacio y a suspirar.
Esteban
agitaba su verga a pocos centímetros de la cara de su amigo. No lo iba a
presionar, esperaba que él entendiera el mensaje. Tras unos segundos, Camilo
reaccionó de la forma esperada por Esteban. Ubicando suavemente una mano en la
pierna derecha de Esteban, Camilo acercó su cara a la verga de su amigo.
Esteban la soltó y observó los movimientos de Camilo.
Este abrió
su boca y cerró sus ojos. Sin esperar mucho, llevó su boca a la verga de
Esteban y empezó a succionar torpemente tratando de imitar el sexo oral que
Esteban acababa de darle.
Esteban
suspiró al contacto con la boca de Camilo y llevó su cabeza hacia atrás
cerrando nuevamente sus ojos. Camilo no lo hacía nada mal para ser un
principiante, pero Esteban sentía como su verga necesitaba ser cubierta en su
totalidad. Puso una mano en la nuca de Camilo y, acariciando su hermoso
cabello, la subió hasta tomar su cabeza por detrás. Posteriormente ejerció algo
de presión llevando la cabeza de su amigo hacia su cuerpo. Primero levemente y
después con mas fuerza, disminuyendo la presión de vez en cuando para que
Camilo tomara el ritmo de la mamada.
Transcurrieron
unos instantes de total excitación entre los muchachos. Camilo había logrado
tragar casi completa la verga de Esteban, para luego soltarla y repetir el
movimiento. Esteban respiraba suave pero profundamente mientras recibía la
mamada de su amigo.
Después de
unos minutos, Camilo liberó la verga de Esteban y reclinó su cuerpo hacia atrás
recostándose en la pared. Esteban bajó su mirada y se encontró con los ojos de
Camilo quien había empezado a masturbarse. Esteban acomodó su ropa nuevamente y
se arrodilló frente a su amigo para ayudarle en su camino final hacía el
orgasmo.
Sin esperar
mucho tiempo, volvió a acercar su cara a los genitales de Camilo. Llevó su boca
hasta llegar a las guevas de su amigo y las empezó a lamer para ayudarle a
Camilo en su paja. Con sus manos abrió las piernas de Camilo para poder acercar
mas su boca y abarcar las dos guevas. Después de unos instantes estaba "comiendo"
frenéticamente las guevas de su amigo quien se masturbaba sin detenerse.
Camilo
agitaba su pene con fuerza. Quería completar el trabajo que la boca de Esteban
había dejado empezado en su verga. Con la ayuda de los juegos de Esteban en sus
guevas, y del sexo oral que le había dado antes, Camilo estaba al borde del
orgasmo. Lanzó un último suspiro y se entregó al placer final.
Inmediatamente
Esteban levantó su cara y tomó la verga de su amigo. Casi arrebatándosela la
dirigió a su cara. Las primeras cargas de semen estrellaron el extasiado rostro
de Esteban mientras este seguía moviendo el pene de Camilo para extraer más de
su esencia. Su amigo se retorcía sobre la banca, elevaba sus caderas e hinchaba
su pecho con su respiración agitada. Esteban estaba prolongando su orgasmo.
Camilo tensionaba sus brazos y sus pectorales, y su torso se endurecía con cada
contracción de su cuerpo. Uno a uno, todos los disparos de semen fueron
recibidos por el paciente y resignado rostro de Esteban, como si ello fuera una
parte mas del castigo que habían iniciado en el salón de clases.
Finalmente,
Camilo relajó sus músculos y dio a entender que su orgasmo había pasado.
Esteban lo miró a los ojos pero su amigo desvió la mirada. Esteban entendió que
debía dejarlo solo un momento para que pudiera asimilar lo que habían hecho.
Además, Esteban necesitaba liberar su tensión acumulada de toda la tarde.
Con su
rostro empapado en semen, Esteban se dirigió a la otra sección del baño y entró
a una de las cabinas individuales. De pie, bajó su pantaloneta y sus
pantaloncillos tan rápido como pudo. Ni siquiera cerró la puerta de la cabina,
su prisa le exigía masturbarse inmediatamente. Su verga saltó al ser liberada
nuevamente de la presión y Esteban la tomó firmemente con su mano derecha
apretándola con mucha fuerza. Le dio varias sacudidas salvajes, necesitaba un
orgasmo. Cerraba sus ojos con fuerza.
Durante su
masturbación, Esteban abrió levemente los ojos. Apenas reconoció la silueta de
Camilo parado frente a él, abrió más sus ojos sorprendido y detuvo su
masturbación. Camilo ya se había acomodado su ropa y lo estaba observando
inmóvil mientras se masturbaba.
Esteban no
dijo nada, decidió continuar con su paja que estaba ya cerca de terminar.
Siguió con su masturbación clavando su mirada en los ojos de Camilo. Ninguno
parpadeaba. Ambos estaban conectados por sus ojos. Pronto, Esteban llegó al
orgasmo más intenso que hubiera sentido. Sus gestos de placer, los movimientos
de su cuerpo, sus suspiros de agotamiento, el sudor en su rostro y sus ojos que
revelaban cansancio, todo quedó registrado en la mirada atenta de Camilo que
fue testigo del momento íntimo de Esteban.
Esteban
llenó su mano rápidamente con su semen. El orgasmo duró demasiado, lo había
dejado agotado. Pasaron unos instantes y Esteban empezó a cambiar su percepción
de la situación. Sintió un poco de vergüenza por haberse masturbado frente a su
amigo y acomodó nuevamente su ropa para cubrir su desnudez.
Salió de la
cabina y caminó por el lado de Camilo hacia los lavamanos. Se lavó su rostro
llevándose con el agua el semen de Camilo, su propio sudor y el aroma de los
pantaloncillos de Andrés y Mario. Se lavó las manos que habían tenido contacto
con las partes intimas de su amigo y se lavó la boca prometiéndose nunca
olvidar el sabor de su verga.
Camilo lo
había seguido pacientemente y estaba de pie junto a él. Lo observaba en total
silencio. Esteban terminó de lavarse y se incorporó quedando frente a su amigo.
Lo miró a los ojos, no sabía que decirle. Camilo tampoco lo sabía. Para Camilo,
él y su amigo habían sido traicionados por sus hormonas y su encuentro no
significaba ningún tipo de inclinación homosexual. La sucesión de eventos del
día los había llevado a realizar actos de adolescentes que deberían quedarse en
lo más profundo de sus secretos. Sentía algo de culpa y algo de alivio al
pensar que la compartía con Esteban.
Para
Esteban, el sexo oral con Camilo no había sido suficiente. Por ahora debería
actuar como si estuviera igualmente sorprendido, pero ya llegaría el momento de
enseñarle a su amigo lo que es gozar en el cuerpo de otro hombre; y de
convencerlo de la libertad de experimentar que se pueden dar los adolescentes,
sin que ello comprometa su identidad en el futuro.
Fin
Les
agradezco por haber leído mi relato y me gustaría escuchar sus comentarios, los
pueden enviar a esteban986b@yahoo.com
Gracias:
Esteban