Cuando ya desesperaba, pensando
que nunca iba a encontrar el amor que tanto
busqué, cuando ya
creía que no encontraría nunca la relación que tanto
había
soñado, entonces,
Tú llegastes.
Cuando conseguí el
trabajo de cuidador en una residencia de menores, pensé, que
era como darle trabajo a
un lobo, de pastor de ovejas, cada día los ojos se salían
de
sus órbitas, mirando
a los chicos en las duchas, viéndolos cambiarse de ropa delante
de mí, sin miedo,
yo era como un padre para ellos, para algunos, el único que habían
conocido y todos me querían.
Quizás ese cariño que sentían hacia mí, que
tanto me
agradaba, era lo único
que me detenía. No quería escandalizarlos, no quería
hacerles
daño, así
que me limitaba a hacer lo que ya llevaba tantos años haciendo.
Soñar con
sus cuerpos, desearlos tanto
que hasta el alma me dolía. Si, el alma llega a doler,
cuando ansías tanto
el amor como yo lo he deseado.
Es gracioso, pero mi vida
sexual fue más intensa a los 11 años que durante los 25
años siguientes.
Cuando niño tuve relaciones sexuales completas, con varios amigos
de mi barrio, pero durante
los 25 años siguientes me tuve que conformar con los
sueños, con las caricias
robadas a base de engaños y con alguna que otra decepción,
cuando estando cerca de
la felicidad, esta siempre me rehuía, dejándome siempre el
corazón destrozado.
Pero todo eso cambió
cuando él vino una noche a mi cama, al principio sólo se
sentaba en ella para hablar
conmigo, poco a poco mi cama fue convirtiéndose en
un lugar habitual para los
chicos de la residencia, donde siempre se tumbaban para
hablarme, mientras yo permanecía
sentado en mi silla. Pero una noche...
No recuerdo cómo sucedió,
de pronto me encontré con la más hermosa oveja de
mi rebaño dentro
de mi cama, sólo llevaba puestos sus calzoncillos, al principio
no
supe qué hacer, recuerdo
que esa noche tan solo hablamos, mis manos parecían
que tenían vida propia,
me costó un gran esfuerzo retenerlas y no acariciar al
hermoso efebo que tenia
junto a mí. Cuando al rato se levantó y marcho a su propia
habitación recuerdo
que me masturbé furiosamente, consiguiendo un placer como
nunca había sentido.
Ese chico consiguió sacarme de mis casillas y me hizo perder
el control. Esa noche apenas
dormí, paseé por las habitaciones de los chicos, viendo
sus cuerpos semidesnudos
sobre las camas. El calor del verano hacia que casi todos
estuvieran en ropa interior,
sobre las sábanas, sus culitos suaves y redondos, sus
vergas, algunas de ellas
sin vello...
Me hubiera lanzado sobre
ellos, me los hubiera comido a todos. Esa noche soñé
con una orgía alucinante
en la que participábamos todos, 12 culos jóvenes para mí.
Durante las noches siguientes,
él siguió acudiendo a mi cama, poco a poco me fui
atreviendo a más,
al principio sólo le acariciaba la espalda, lentamente, apenas
rozando con la punta de
mis dedos, transmitiéndole toda mi energía, todo mi amor.
Mis caricias con los días
fueron haciéndose más osadas, él seguía viniendo
cada
noche un rato a mi cama,
cuando todos los demás chicos dormían. Y una noche le
acaricié el culo,
le bajé el calzoncillo y le acaricié, a él no pareció
disgustarle, incluso
cuando mis caricias fueron
haciéndose mas duras, llegando incluso a golpearlo, no
protestó. Me excito
sólo de recordarlo, desnudo, con el calzoncillo por los tobillos,
con su culito levantado
recibiendo mis golpes y mis caricias.
Cuando intentaba darle la
vuelta, para ver su sexo, él se negaba, no le gustaba, pero
a mí me volvía
loco ver su verga, larga para su edad, gruesa y excitada. Soy un
cobarde, lo reconozco, tardé
semanas en meter uno de mis dedos en su culito,
¡Dios! Cómo
lamía mi propio dedo cuando él se marchaba a su cuarto. Durante
esa
época de mi vida
mis furiosas y continuas masturbaciones me tenían fuera del mundo.
¡Cómo deseaba
a ese chico!
Pensareis, qué tonto:
¿Por qué no hizo el amor con él antes, si se le estaba
ofreciendo?
Simplemente, no quería
hacerle daño, nunca he querido ser motivo de dolor para
ninguna persona y mucho
menos para uno de los seres que más amo, los jóvenes.
Solo de pensar que un joven
puede sufrir lo que yo sufrí de adolescente, sabiendo que
era distinto a todos los
demás, enamorándome en silencio y sufriendo al saber que
mi
amor nunca sería
correspondido... Mi propia experiencia, mi propio dolor me obligaba
a no querer hacerle daño,
no es que tuviera paciencia esperando que él estuviera listo,
simplemente nunca creí
que pudiera llegar a nada con él, nunca pude creer que la
relación que tanto
había soñado, pudiera realizarse.
Deseando cada noche lamer
su verga, soñando cada día comerme su lindo agujerito, siempre
con miedo, siempre con la paranoia de que al final me encontraría
encerrado en la cárcel, loco de amor y de deseo, ese chico de 14
años me tenía loco. Ya no me
interesaba nada, ni amigos,
ni aficiones, ni la familia; no me interesaba nada, tan sólo
él, mi mundo estaba
lleno de él. Esperándolo cada día a la salida del
colegio,
pendiente de sus sueños,
de sus aventuras, de su enorme sufrimiento, ya que no
lograba superar la muerte
de su madre. Cada vez que me abrazaba y besaba mi
mundo se llenaba de color,
volviéndose gris cuando no estaba a mi lado. Siempre
celoso, sintiendo celos
de sus amigos, de los demás chicos de la residencia, cuando
los veía jugar desnudos
en las duchas. Durante ese periodo estuve loco, aún hoy
apenas si consigo recordar
esa época de mi vida, mi memoria está llena de
imágenes de él,
desnudo, moreno, sin vello, con un enorme aparato colgando suave
entre sus piernas. Ojos
negros, pícaros, gitanos.
Y llegó el gran día,
una noche...
Tenía uno de mis dedos
dentro de su culo, ya habíamos jugado a todos nuestros
juegos habituales, le había
acariciado, besado, abrazado, golpeado en su culito
hasta ponérselo colorado
y yo... ya no pude esperar más, lentamente le fui besando
la espalda, bajando lentamente,
deslizando mis labios hasta llegar a su culo, lo besé,
lo besé un millón
de veces. Y le di la vuelta, esa vez, no protestó, ni escondió
su
gloriosa erección.
Me sonrió, sus ojos brillaban, luminosos como lunas, cuando
comencé a acariciar
su delicioso rabo, con sus manos tapó su cara. Al principio
ver que se escondía
tras sus manos me sorprendió, pensé: no quiere verme.
Pero me excitó aún
mas, ver su timidez, su inseguridad, me volvió loco y comencé
a
lamer su verga, me lo comí.
Besé y lamí su rabo, sus huevos limpios de pelo, subía
una y otra vez por esa maravilla
que le nacía de entre las ingles, lamí, besé, mordí,
pasé mi lengua una
y mil veces por los lugares que siempre había soñado. Besando
sus ingles, sus piernas,
regresando a su ombligo, volviendo siempre al maravilloso
minarete.
Cuando levanté sus
piernas y pude comerme a placer su culo, cuando metí mi lengua
por su agujero, me sorprendí,
había soñado durante años con meter mi lengua dentro
de un culo joven, el sabor
me gustó, me volví loco por el sabor de su culo, hubiera
estado alimentándome
del más dulce de los manjares durante toda una vida, pero mi
aparato me pedía
acción, mi cacharro también quería participar, estaba
como nunca
lo había tenido,
goteando, lleno de vida, palpitando, pidiendo guerra...
Despacio, con miedo, retiré
sus manos de su cara, sorprendiéndome de nuevo al ver
el adorado brillo de sus
ojos, sonriéndole, con todo mi amor, le besé en la boca,
suave,
inocentemente. Y le pregunté,
le hice la pregunta que tanto había soñado hacer.
"¿Me dejas que te
la meta?"
Decirme SI, y darse
la vuelta, con su culito en pompa, levantado hacia mi verga, fue
su reacción. Le penetré,
lentamente para no hacerle daño, cuando sentí mi capullo
dentro aluciné, no
creía que podría haber en el mundo nada mejor, cuando él
llevó su
mano hacia atrás
para tocarme los huevos, me derretí, pensando que estaba en el
cielo. Cuando al bombear,
metiendo y sacando mi pija dentro de su culito, me pedía
que me parase, porque le
dolía, yo me calentaba aún más. Loco de amor y de
placer
seguí follandomelo
hasta que conseguí la más gloriosa de mis eyaculaciones,
exploté
en la mas profunda de mis
enculadas, viéndole abrir la boca, respirando como si le
faltara el aire.
Él se quedó
en la cama, boca abajo, con su culo enrojecido por la follada, de su ano
salía mi liquido.
Yo me fui a lavar y aún recuerdo lo que pensé en ese momento:
- Lo conseguí, me lo he follado, lo logré. Gracias Dios mío.
Mi euforia era sincera, el
sueño de toda una vida se había hecho realidad, al volver
a
su lado, él seguía
en la misma posición, le di la vuelta y comencé a mamarle
la verga,
hasta que conseguí
que tuviera su primera eyaculación. Se corrió en mi boca,
muy
abundantemente. Aun recuerdo
el sabor agridulce de su leche...
Sin duda fue la mejor noche
de mi vida.
Han pasado seis años
desde esa noche, he disfrutado de su amor y compañía
durante tres años,
los últimos años tuve que alejarme de él, ahora vivo
en otra ciudad.
Pero siempre le amaré.
Los tres años que compartimos fueron deliciosos, cuando
nos encontrábamos
a solas hacíamos el amor, lo hicimos en todas las posturas,
probamos de todo. Cuando
él intentó penetrarme, no lo conseguimos, soy demasiado
estrecho para el gran rabo
de ese chico, que ahora es enorme. Durante todos estos
años él tuvo
relaciones con chicos y chicas, probando, disfrutando del sexo al máximo,
sin duda está superdotado,
superdotado para dar placer a todo el mundo. Yo ya no
sufría, incluso me
excitaba oírle contar su última experiencia. Un día,
posiblemente
el día que mejor
me lo follé, se corrió, sin que yo se la tocara, simplemente
se corrió
con mi verga dentro de su
culo.
Al terminar, con esa mezcla
de inocencia y malicia que solo se puede tener a los
catorce años, me
contó que aunque le gustaban las mujeres, prefería a los
hombres.
Me habló del amigo
de su edad del que estaba enamorado, me habló de sus
experiencias, con un montón
de chicos, a muchos los conocía.
Ese conocimiento me permitió
ampliar el circulo de mis amistades, ahora tengo más
chicos con los que compartir
momentos de diversión. Pero nunca podré olvidar nuestra
noche, ni tampoco el día
en que me dio mas placer:
Poco antes de marcharme,
estabamos solos, en mi habitación, yo tenia ganas de
hacer el amor, pero él
hacía poco que se había masturbado, le bajé los pantalones
y
comencé a chupársela,
conseguí que se le pusiera dura, pero estaba sin ganas. Me
dijo: no tengo ganas, pero
vamos a hacer una cosa nueva.
Me enseñó,
él con dieciseis años y yo con 37, fue fácil, yo me
masturbé, mientras él me
comía los huevos,
nunca pensé que algo así pudiera excitarme tanto, verle arrodillado,
con los pantalones por las
rodillas, lamiendo, comiendo mis huevos, mientras yo
marcaba mi propio ritmo
con mi mano... Fue una de las más gloriosas eyaculaciones
que recuerdo. Me vacié
al completo.
Ahora estamos lejos el uno
del otro, le sigo queriendo, sé que durante estos años
que no nos hemos visto,
ha tenido multitud de relaciones, incluso con otros chicos de
la residencia, sé
que ahora no soy su compañero favorito para la cama. Ahora que ha
crecido demasiado, tampoco
a mí me gusta tanto como al principio. Pero le sigo
queriendo a mi manera y
él me quiere. Nuestra relación es muy especial, confianza,
amor y respeto son las palabras
que pueden definir nuestro rollo. A veces envidio su
cuerpo, que le permite encontrar
nuevas parejas, nuevos amores, pero me tengo que
conformar con mi viejo y
cansado cuerpo. Que alberga un alma llena de amor, de tanto
amor que a veces creo que
voy a explotar.
Siempre nos querremos, siempre
seremos amigos, cuando todos nos fallen, sabemos
que nos tenemos el uno al
otro, no para la cama, ya no nos gustamos, pero sí para algo
más profundo, tan
profundo como nuestro amor.
Soy foso: fosofoso@latinmail.com
Escríbeme si quieres
ser mi amigo.
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