SEXO EN GRANADA
I Compartiendo piso
Llegué a Granada el primer día de octubre, después de haber dormido apenas dos
horas y tres días de marcha y alcohol a tope. La primera semana no había sexo,
nada destacable, necesitaba ubicarme y no tenía tiempo para pensar en tíos… o
eso creía yo.
El domingo me levanté muy tarde, no había salido de fiesta, pero todavía tenía
síntomas de la resaca del finde anterior. Cuando salí de mi cuarto con el
pantaloncito corto del pijama y una toalla para darme una ducha, me encontré con
el ruso en el salón. Se llama VV, tiene 26 años, es rubio, ojos azules, de
estatura media y complexión normal, lampiño excepto en esa excitante línea que
baja desde su ombligo y se pierde entre la escasa ropa que solemos llevar en
casa, todavía no hace demasiado frío. Le saludo y me voy a la ducha, aún estoy
medio dormido, el agua helada me despeja y aleja todo pensamiento calenturiento
de mi cabeza, pero por poco tiempo claro.
Volvía a mi habitación embutido en mi albornoz blanco y de nuevo tenía que pasar
por el salón, VV estaba llorando; nunca pude ver llorar a un hombre sin
estremecerme, sobretodo a un hombre tan guapo y de mirada dura; ahora lo percibo
como débil, vulnerable… me siento en la necesidad de protegerlo, ayudarlo.
- VV, ¿qué pasa?
- Oh, nada, mi muy amiga Mg, la americana ya sabes, demasiado tiempo sin verla,
un pasaje es demasiado caro, este mes tampoco puede venir.
- ¡Pobre!, ¿quieres que hablemos?, ¿cómo puedo ayudarte?
Me mira a los ojos, recojo una lágrima de su mejilla derecha e instintivamente
llevo el índice a mi boca. Ese gesto no tenía ninguna intención sexual, al menos
de manera consciente.
VV sonrió, sus labios se arquearon ligeramente, pero sus ojos sonreían a los
míos con un brillo distinto.
- Sí. No te gustan los chicos, ya lo sé, me lo dijiste, perdona. Te prometo que
no pensaba en nada raro.
- Yo no he dicho nada Oskar. Gracias, me ayuda saber que puedo contar contigo.
- Ok, voy a mi cuarto a ponerme algo de ropa que hace fresquito.
Le guiñé un ojo desde la puerta y la cerré tras la mejor de mis sonrisas:
amplia, franca, y ahora sí, coqueta. Apenas cerré la puerta se escuchó la ducha.
VV se ha relajado, pensé. Me tumbé un rato a pensar en él, por decirlo así.
Solté el pelo de la coleta y me cubrí con una sábana. La tarde estaba
declinando; la persiana medio bajada, un par de velas daban cierto aire místico
al ambiente, que se completaba con un solo de piano de algún disco regalado.
La temperatura hacía que mis pezones estuvieran durísimos, me encantaba rozarlos
con la punta de los dedos, hacía mucho tiempo que no tenía sexo y me excitaba
con facilidad. Llaman a la puerta, joder…
- ¿Quién?
- Oskar soy yo, ¿puedo entrar?
- ¿VV? Sí claro, un momento.
Me puse mi pijama azul y abrí la puerta. Me encontré con la preciosa sonrisa de
VV (nunca le había visto sonreír así, es más, nunca más lo ha hecho).
- Dime.
- ¿Puedo entrar?
- Claro, ¿qué pasa?
- Me dijiste que si quería…
- Venga siéntate, podemos hablar lo que necesites.
Me contó que Mg no le llamaba desde hacía una semana y que no respondía a sus
llamadas; que él creía que estaba enamorado y no podía salir con otras chicas,
ya hacía más de dos meses que se había ido y nada de chicas, dijo medio
ruborizado.
Yo me estaba excitando, no podía evitar mirar de hito en hito su entrepierna,
estaba sentado de medio lado, en mi cama claro, porque en el cuarto no hay
sillas, y no se si veía o imaginaba unas bolas grandes, casi lampiñas, con
pelitos medio rubios, más claros que los de la mayoría de españoles, pero no
eran rubios (después los vi).
El pantaloncito celeste empezaba a moverse por sí mismo, algo entre mis piernas
cobraba vida, como ahora al recordarlo, y VV se había dado cuenta.
- Oskar, ¿también estás con ganas?
- Esto… VV lo siento, pero no puedo evitarlo. Si te molesta déjame un rato y
vístete, porque se te ve todo.
(Silencio) qué incómodo era, no sé si un par de minutos o más. Finalmente VV
despegó los labios.
- ¿Todo? ¿a qué te refieres?, pensé que te gustaría.
- No puedes jugar conmigo VV, nunca se sabe cómo va a acabar. Si me provocas
acabaré follándote, cielo.
VV se levantó entre risas y salió de mi habitación, se volvió desde el pasillo y
entró sin su albornoz.
- Ahora ves todo! -sonrió y cerró la puerta del cuarto.
Este chico me tenía loco, me hice muchas pajas pensando en él desde que le
conocí en julio, es más, elegí el piso porque él vivía aquí. Me acordé de todas
esas sesiones de caricias solitarias y mi polla apareció por la pernera del
pantalón. Debía de tener cara de orgasmo, porque VV se reía mientras preguntaba:
- ¿Ya te corriste, cielo? Yo pensé que me ayudarías.
Agarró mi polla metiendo la mano en el pantaloncito. Umm, cómo me excita ese
calorcito después del frío de la ducha. La verga de VV había despertado, tenía
una polla muy bonita, no era enorme, pero estaba extrañamente proporcionada, del
mismo tono que el resto de su piel y sin un pelo, sólo la delgada línea que le
bajaba desde el ombligo.
VV me mordió la boca y yo decidí que eso ya no era jugar a calentarme, retiré su
mano de mi polla entre protestas.
- ¿Ya no quieres follar conmigo, cielo?
Me encanta cuando un hombre me llama cielo, y en una de nuestras primeras
conversaciones, en la cocina creo, se lo había contado. También me encantaba el
juego de la seducción, era él quien daba cada paso.
Me levanté para quitarme el pijama y VV se acostó en mi cama con las piernas
súper abiertas, ocupando todo.
- ¿Me dejas un sitio "cielo"? -le dije remarcando la última palabra, como
haciendo notar que había descubierto su arma.
- Claro, ven… aquí -señaló el hueco entre sus piernas, aquí, mientras se
acariciaba los huevos, aquí en el centro de su pecho, aquí mientras acariciaba
sus labios con el
índice, aqu…
No le dejé seguir. Tenía que follármelo, estaba decidido.
- Sí cielo, ahí está bien, y ahí y ahí…
Repasé con mis manos todas las partes que él me había indicado. Me puse de
rodillas en el hueco entre sus piernas y me incliné para besarle, avanzando
lentamente con mis manos por sus costados, lamiendo su abdomen desde su ombligo,
siguiendo la línea sobre su esternón, el cuello, la barbilla…
- Cierra los ojos "cielo".
… un beso en la frente y metí mi lengua en su boca, mientras mis manos, las dos,
se perdían algo más abajo como movidas por una fuerza suprema. Abrió los ojos,
todavía con lengua dentro de mi boca empezó a hablar, no le entendía así que me
levanté y él me siguió hasta lamer mis labios, para dejarse caer otra vez en el
colchón.
- ¡Tienes un piercing en la lengua! No lo había visto antes. ¿Puedes…?
Estaba rojo, no se si del calentón o de vergüenza, o de las dos cosas, pero me
divertía verlo así.
- ¿Puedo…? Claro que puedo "cielo", pero tendrás que decirlo, si no será
imposible.
- ¿Puedes chupar…?
- Puedo, ¿qué quieres que chupe?
- Chupa mi polla.
- Claro cielo, lo que tú quieras.
- Quiero saber cómo se siente con eso en la lengua, además me excita mucho
pensar en tu boca con mi polla dentro y que me mires a los ojos mientras te la
tragas.
Antes de que acabara de decirlo me la había tragado hasta el fondo; estaba
buena, olía a jabón, pero mantenía el sabor de macho joven que tanto me gusta.
Qué delicia comerse una polla como esa, espero que la americana siga sin venir.
VV dejó de hablar, sólo se escuchaba algún gemido entrecortado y sentía también
su mano grande acariciando mi nuca.
Me encanta sentir una polla creciendo en mi boca, comer rabos jóvenes es toda
una afición. Cuando estuvo bien crecidita la saqué de mi boca y empecé a darle
lamidas en el glande, para bajar a los huevos de vez en cuando. En cada bajada
llegaba un poco más lejos, y los gemidos se acentuaban en la medida en que me
acercaba a su ano. No sabía si me dejaría follármelo, pero iba a intentarlo. El
truco estaba en no descuidar nunca su masculinidad; cuando le comía el culito le
pajeaba suave o le masajeaba las bolas. Qué gusto esa tarde de domingo… Subí de
nuevo hasta su rabo y me lo comí enterito, empecé a mamársela de nuevo y
sorpresa…
- Quiero que me hagas eso otra vez.
Yo intentaba repetir los movimientos febriles de mi lengua, sin decir nada,
disfrutando de la preciosidad que tenía entre los labios.
- No cielo.
- ¿Quieres que pare?
- No quiero que pares nunca. Quiero sentir tu lengua en el culo de nuevo, me
encanta lo que me has hecho.
Me arrodillé delante de él y le ayudé a incorporarse hasta quedar a mi altura.
Me sorprendió la manera en que se abalanzó a mi cuello, a la vez que agarraba mi
polla durísima y me pajeaba despacio, como yo había hecho con él. Tenía que
pararlo, no quería correrme entre sus dedos. Al menos hoy no.
- Hoy es tu día, sólo pídeme lo que quieras. Quédate así…
Me bajé de la cama y me senté en el borde, me eché hacia atrás y subí un poco,
apoyado en sus muslos, hasta que mi cabeza quedó como encajada entre sus
piernas. Agarré su polla, era preciosa desde esta perspectiva también.
- VV abre un poco más las piernas, así "cielo", gózalo.
Seguía con su polla en la mano y su agujerito quedó casi dentro de mi boca, vaya
día… Un culito virgen, una polla encantadora, los ojos azules más bonitos que vi
nunca…
- Échate hacia delante cielo, apóyate en las manos. Eso es.
Empecé a lengüetear su raja, dejé su polla para abrirle las nalgas con ambas
manos para empezar a lamer su agujero. Qué pequeño, estaba precioso. Me agarré
de su pelvis con la cara hundida entre sus nalgas y empecé a puntear su agujero
con la lengua. VV gemía cada vez más fuerte (no importa, no hay nadie en casa),
en uno de esos gemidos mi lengua cruzó su primer anillo y el gemido se prolongo,
a la vez que se inclinaba más y más hasta que su boca se cerró sobre la cabeza
de mi polla, que rezumaba jugos preseminales en abundancia, como siempre que la
calentura llegaba a estos niveles.
Me estaba comiendo la polla; el mismo que hace tres días me aseguraba en la
comida que no le gustaban los chicos, el mismo que hace apenas dos horas lloraba
porque estaba enamorado de la americana, al mismo al que estaba penetrando con
mi lengua.
VV era bastante torpe, es posible que fuera su primera vez, aunque no podría
jurarlo, pero le dejé hacer. Me gusta sentir una lengua que se mueve indecisa
sobre mi polla, tanto como unos labios expertos que saben cuando apretar y
dónde, quizás más.
Seguí lamiéndole el culo y alguno de mis dedos empezaba a jugar con su agujero,
él no se quejó nunca, estaba entretenido con su juguetito nuevo. Pero…
- ¡Ahh! deja de lamer ese rico culete. Cuidado cariño, ¡no te
la comas!
- Lo siento Oskar… Yo… ya sabes que…
- Anda ven "cielo", te enseñaré cómo se come una polla, ¿quieres?
Se sentó en la cama, yo me bajé al suelo y mientras hablaba acariciaba sus
labios o su vientre casi plano.
- Recórrela con tu lengua, lentamente… llénala bien de saliva, cuanto más mojada
esté mejor para los dos.
Me agaché y lamí su polla, ensalivándola a tope, un hilillo de baba unía mi
lengua con su capullo mientras me separaba de nuevo.
- No abras la boca como para comer en la mesa. Abraza la polla con los labios,
siente cada vena, nota cómo palpita, cómo crece, responderá a tus estímulos
siempre.
Volví a comerme esa ricura rusa…
- Trágatela entera, mueve la cabeza arriba y abajo. Deja sólo el capullo en tu
boca y presiona con la lengua, empújalo contra el paladar. Traga de nuevo.
Libérala de tus labios, saca la lengua, pajéala con el glande apoyado en ella,
dale pequeñas lamidas bajo la cabecita, en el frenillo y aumenta el ritmo de la
paja…
Después de cada parrafada, le regalaba a su tranca las caricias que le
explicaba. Cada vez respiraba más rápidamente, se le notaba agitado, nervioso,
cuando dejaba su polla para hablarle me acariciaba los labios y se acercó alguna
vez para lamerlos. Me tenía a mil, pero él andaba más caliente que yo. La cosa
marchaba…
- Siente cómo la respiración del chico se agita, pajéale más rápido. Juega a que
te alejas. Y cuando notes que la polla crece más, que tu amante sólo mira al
techo o cierra los ojos y te revuelve el pelo, sólo en ese momento, métela de
nuevo en tu boca y disfrútala como cuando de pequeño comías un chupa-chups; y no
te preocupes porque tu cara quede pegajosa o el dulce líquido que une tu saliva
con los jugos del caramelo resbalen entre tus labios, eso forma parte del juego.
Acababa de decirle que iba a comerme su corrida. Estaba tan caliente que me
empujó contra su rabo por primera vez y bastaron un par de chupetones para
sentir la primera oleada de calor líquido. Se estaba corriendo en mi boca. Este
chico me encanta.
Seguí mamándole la polla hasta que empezó a endurecerse de nuevo. Entonces la
saqué de mi boca y le mire a la cara, se le veía satisfecho. Sus ojos brillaban,
dejé escapar un resto de su leche por la comisura de mis labios y una sonrisa
maliciosa apareció en los suyos.
- ¿Te gustó cielo?
No contesté, me subí a la cama empujándole sobre su espalda y le besé, dándole a
probar sus jugos mezclados con mi saliva y tal vez algo de amor destilado de mis
labios, no sé.
- Buenísimo, ¿qué te parece?
- Me gusta, gracias Oskar
- Si te gustó éste, espera a probar cuando me lo saques tú. Será la recompensa a
tu esfuerzo, y veremos lo que has aprendido.
VV sonrió y empezó a recorrer toda mi cara con la lengua; yo gemía, para
animarle al principio, de puro vicio al poco. Quería esa lengua en mi polla,
¡cuánto calor!, también quería follármelo, ¿cómo hacer? VV seguía lamiendo,
ahora mi cuello, ahora mis pezones y cada vez más abajo; hasta que se colocó
nuevamente como hacía rato, con sus piernas muy abiertas a ambos lados de mi
cara y se abalanzó directamente a mi polla. No sabía si él recordaba lo que le
conté hacía un rato, pero me encantaba cómo me la estaba comiendo. Y ese culo en
mi cara me invitaba a seguir dando pasos en esa noche recién estrenada. Debíamos
llevar dos horas o más en la cama.
Probé un paso más decidido, me olvidé de su verga o sus bolas, para concentrarme
en abrir ese agujero negro, que se exponía delante de mi boca. Estaba empezando
a dilatar, unas lamidas más y empezó a latir abriéndose poco a poco, aprovechaba
para meter la lengua y VV gemía cuando su ano se contrajo de nuevo atrapándome
en su interior. Cuando no pude entrar más mi lengua, volví a las lamidas de
abajo a arriba en la entrada, intentando meterle algún dedito, se tragó el
primero él solito. Sus gemidos con mi verga en la boca eran doblemente
excitantes: a mi oído y a mi rabo, que estaba demasiado caliente para aguantar
mucho.
- VV, ¿lo estás pasando bien?
- Quiero dormir contigo todas las noches, cielo.
Comprendí que sólo era el calentón del momento, pero aún así me dejé llevar,
salí de debajo del ruso entre sus protestas.
- ¿Adónde vas cielo?
- A ninguna parte, eres tú quien se va… al cielo. Anda ven aquí guapo, acércate.
VV estaba de rodillas en la cama, me daba la espalda, y yo de pie a los pies de
la cama. Alargué una mano hasta la estantería para coger el aceite de bebé sin
separar la otra mano de su cintura estrecha. Vertí una generosa cantidad de baby-oil
en su espalda y cuello, abundante para que resbalara hasta ese culo de mis
deseos más oscuros. Aproveché un masajito en la espalda combinado con cientos de
besitos en el cuello y en toda la cara, en la boca, dejando descansar a mi
pollita para que pudiera aguantar lo que le esperaba.
Cada vez estaba más pegado a su espalda y él solito se inclinó, sobre sus manos
primero, y después recostó su cabeza en los antebrazos, dejando vulnerable ese
rincón tan íntimo de su anatomía que acabábamos de descubrir. Continué
masajeando su espalda y subiendo hacia los hombros, a la vez que subía, mi
pelvis se acercaba peligrosamente a su gruta. Cuando sintió mi polla entre sus
nalgas, sin ninguna presión todavía, no se quejó, sólo gimió un poco entre las
sábanas y culeó, inconscientemente supongo.
Sin dedos, sin lengua, sólo mi glande y los restos del baby-oil para abrir
definitivamente ese culito apretado, seguí con mis manos en los hombros y
frotando mi glande con su entrada. Empecé el periplo hacia su recto despacito,
muy despacio, y sin dejar mi labor de masajista. Tardé como diez minutos en
meterme por completo dentro de él y en el momento de sentir mis huevos contra
las nalgas del ruso me agaché sobre su espalda para darle pequeños mordisquitos
en el cuello, a la vez que empezaba a mover mi pelvis suavemente; lo estaba
gozando y quería que él lo disfrutara también, de ello dependía la necesidad de
repetir.
El bombeo mantenía la cadencia, no alteraba el ritmo, volviéndose casi monótono.
Estaba a punto de estallar. VV se levantó alzándome con él, le agarré por la
cintura sin sacar mi polla de su culo, sin moverme, ¡qué espectáculo! La
divinidad rubia se estaba corriendo sin haberse tocado la verga y, naturalmente,
con tanto estímulo no pude aguantar más. Apenas había dejado de gotear las
sábanas de mi cama con su leche, mi polla empezó a deshacerse en sus entrañas,
yo estaba quieto, me moría de placer, nunca había sentido algo tan intenso. El
ruso movía su culito muy despacio, como degustando el néctar recién exprimido
que le estaba regalando.
No dijimos nada, no hicimos nada. Sólo me dejé caer en la cama a su lado y no se
cuándo me dormí, sólo que a la mañana siguiente, antes de que sonara el
despertador, abrí los ojos para ver a mi rubio preferido entre mis piernas y mi
polla bien dura.
- Buenos días Oskar.
- Muy buenos "cielo", ¿un poco de leche para desayunar?
oskarnomellamo @ hotmail.com
© Teenlover.net