Sexo con mi primer gran amigo


Hola a todos, me llaman José, tengo 22 años, desde siempre me han gustado los chicos, ya con 13 años empecé a tener experiencias homosexuales. Aunque también he estado con chicas, y me he enamorado de varias, pero prefiero los chicos, y siempre que veo algún chico que me gusta, imagino lo mucho que disfrutaría con él, y cuando me pajeo lo hago recordándolo.

Desde hace tiempo, tengo un diario romántico-sexual, donde plasmo mis experiencias con chicos, y ahora os contaré una de ellas. Mientras lo cuento, me pajearé pausadamente, y quien quiera, que se pajée al leer.

Con 13 años prácticamente recién cumplidos, siempre iba con un chico que era seis meses más mayor, se llamaba José Antonio. Los dos siempre estábamos juntos, nuestras familias se conocían a raíz de la gran amistad que nos unía. Diría que nos queríamos. Al menos yo le quería, supongo que al principio le quería en forma de afecto, aunque con el tiempo mi afecto por él se convirtió en algo más profundo. Y por su parte, estoy seguro que me tenía gran cariño, incluso me atrevería a decir que él también me quería.

En todo momento era muy dulce conmigo, se preocupaba por mí cuando no estaba bien, me ayudaba siempre que lo necesitaba, me animaba si estaba decaído, me hacía reír en los momentos de tristeza, sin duda para él era importante que yo estuviese a gusto, y lógicamente, yo al quererle, también me dedicaba a él con mucho cariño, y no dudaba en hacer lo que fuera necesario para que estuviera bien.

Nuestra gran amistad surgió tras una de tantas peleas que tuvimos, puesto que éramos de grupos enfrentados, nos peleábamos cada día, como si se tratase de una guerra entre dos bandos, normalmente después de cada enfrentamiento alguien acababa con sangre. Pero por suerte, y de forma espontánea, nosotros dos iniciamos un acercamiento que al poco tiempo se convirtió en amistad. Eso hizo que los demás se fuesen calmando, hasta que las peleas prácticamente no continuaron, eso sí, los recelos entre los demás no cesaron del todo, y a pesar de que seguía habiendo distanciamiento, se produjeron ciertos acercamientos de forma individualizada, como si inconscientemente siguieran nuestro ejemplo de amistad. 

Nuestra íntima amistad perduró varios años, la cual no siguió por causas del destino. Pero aún lo recuerdo, y creo que de haber seguido juntos, seguramente hubiésemos sido pareja o amantes. En ocasiones, pienso en intentar ver si puedo dar con él, pero no sé si lo haré algún día.

La intimísima amistad que teníamos se plasmaba en el hecho de que hacíamos todo juntos, nos sentábamos juntos en clase, nos entreteníamos juntos, nos bañábamos juntos, dormíamos asiduamente en la misma habitación, incluso muchas veces en la misma cama, nos abrazábamos, nos acariciábamos, incluso en ocasiones nos besábamos en la mejilla, aunque siempre que estuviéramos a solas. Y también, en ciertas ocasiones, nos hacíamos pajas, ya fuera con más chicos, o los dos solos, que es lo que hacíamos más veces, aunque nos limitábamos a pajearnos cada uno a sí mismo, eso sí; en ocasiones nos acariciábamos un poco mientras nos pajeábamos. El que nos masturbáramos juntos me gustaba mucho, estar los dos juntos experimentando el placer del sexo era muy agradable para mí. Naturalmente, me hubiera gustado que en esos momentos la cosa fuera más profunda, pero no era cuestión de forzar la situación.

En una ocasión, estando en la semana cultural de la escuela, nos escaqueamos en determinado momento, y al rato le entraron ganas de cagar, así que fuimos al lavabo. Una vez ya lo había hecho, como no quedaba papel, se levantó para pedirme; al levantarse, su polla estaba bien empalmada. Pero me limité a darle lo que pidió, aunque me hubiese gustado que nos entretuviéramos un rato plasmando nuestra gran amistad.

Tal como solíamos hacer frecuentemente, al salir de clase, nos íbamos al bosque que estaba cerca de la escuela. Era ciertamente extenso, con gran vegetación de todo tipo, tenía barrancos, pequeños montículos, e incluso un río no muy grande por donde corría algo de agua. 

Y llegó el día en que pasó lo que tanto deseaba, íbamos bajando por la ladera de un montículo, para seguidamente bajar por el barranco. Estando bajando el barranco, me resbalé, y él me agarró para que no me fuera precipicio abajo, pero eso hizo que acabáramos los dos rodando barranco abajo. Total, que rodamos los dos juntos hasta abajo del todo, quedando abrazados al final del desnivel de la pendiente del barranco, así que al estar abrazados nos empezamos a acariciar con gran cariño. Y mientras nos acariciábamos, fugazmente me besó en los labios un par de veces, para después darnos un buen morreo entrelazando las lenguas. Permanecimos abrazados, morreándonos y acariciándonos apasionadamente durante un buen rato. Al estar completamente abrazados, nuestros paquetes estaban bien juntos, por lo que enseguida los dos nos dimos cuenta de que teníamos la polla tiesa, no tardamos en frotar paquete con paquete, sin cesar en el apasionado morreo, y siguiendo acariciándonos con una de las manos, mientras con la otra mano nos estrujábamos el culo el uno al otro. Al rato, sin cesar en el intenso morreo, la mano con la que le estrujaba el culo, la dirigí hasta su paquete, y lo sobé con gran entusiasmo. Ante mi disposición a ir a más, él se desabrochó el pantalón, con lo cual introduje la mano bajo su ropa, ahora ya sobaba su polla y huevos directamente. Por fin podía gozar tocando su deseado paquete, me fascinaba la sensación de tener su polla y huevos en mi mano. Tras un tiempo sobándole el paquete a conciencia, él mismo se bajó la ropa hasta los tobillos, y seguidamente me desabrochó los pantalones, para a continuación bajármelo un poco, de esta forma quedaba a la vista mi polla y huevos. No tardamos en frotarnos directamente paquete con paquete, sobándonos uno a otro por todo el cuerpo, y a su vez siguiendo disfrutando del delicioso morreo. 

Poco después, él agarró nuestras dos pollas juntas para menearlas ligeramente; al rato, aún teniendo cogido con su mano las dos pollas juntas, iniciamos un movimiento mutuo como si nos folláramos, era sensacional notar cómo su glande llegaba a mis huevos, y cómo mi glande sobaba su bajo vientre; mientras tanto, en todo momento proseguíamos acariciándonos y morreándonos apasionadamente.

Tras un buen rato nos pusimos de rodillas, él detrás mío, de forma que frotaba su polla en mi culo, a la vez que con una de sus manos me sobaba el paquete, mientras que con la otra mano me acariciaba la cabeza, yo le estrujaba el culo con las manos, así como en algunos momentos llevaba una de mis manos a su paquete para agarrarle la polla, o para estrujarle los huevos. 

Después, adoptamos la postura idónea para disfrutar del placer que da el 69, mientras él me sobaba con sus manos en las piernas, culo, huevos y polla, yo le sobaba con una mano el culo y huevos, a la vez que con la otra mano sujetaba su polla, moviéndola muy lentamente arriba y abajo, mientras le daba chupetones y lametones; en ocasiones, momentáneamente, introducía toda su polla en mi boca. 

Tras gozar del 69, quedando él tumbado boca arriba, me puse de rodillas colocando sus piernas en mis hombros, de forma que su culo estaba ubicado para dar placer a los dos. En seguida le di lengüetazos en el agujero del culo, a la vez que con mis manos sobaba sus piernas, culo, huevos, y sobre todo su estupenda polla, a la cual me dedicaba concienzudamente; incluso en momentos, me las ingeniaba para llevar mi boca hasta su preciada polla.

A continuación, él también se puso de rodillas como yo, cara a cara, nos abrazamos intensamente, acariciándonos uno al otro con una mano, mientras con la otra mano cada uno cogía su polla, y la frotaba con la polla del otro. Entre tanto, nos morreábamos apasionadamente, entrelazando las lenguas de tal forma que evidenciaba el entusiasmo por lo mucho que estábamos gozando, del placer de estar en una situación tan íntimamente cariñosa. 

Con tal de estar más cómodos para seguir gozando plenamente el momento tan placentero, nos sentamos cara a cara, de manera que nuestros huevos quedaron completamente pegados, pajeando suavemente uno a otro, sin cesar en las caricias mutuas, prosiguiendo en el agradable morreo, intercalándolo con besos en diversas partes del cuerpo, así como chupetones del uno para el otro, en el cuello y las tetillas. En algunos instantes, mutuamente nos estrujábamos el culo.

Al rato me medio tumbé, él se puso de forma que pudiera comerme gustosamente su culo, a la vez que con una mano acariciaba una de sus piernas, metiendo la otra mano entre su culo y mi pecho, para así sobar sus espléndidos huevos; entre tanto, él me sobaba la polla y huevos, mientras se pajeaba hasta correrse encima de mi pecho. Una vez se había corrido, se tumbó a mi lado, quedando en posición de 69, así le sobaba su magnífico paquete, mientras él me la peló hasta que me corrí de placer.

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