Silencio cómplice

Mi amigo y yo somos los mejores amigos desde hace varios años y llevamos una vida heterosexual normal. Nuestras novias son hermanas entre si lo cual nos permite pasar más tiempo juntos. Cierto día que salimos a cine, las llevamos a su casa hacía las 12 de la noche y como mi amigo vive camino a mi casa, siempre lo acerco a su residencia. Aquella noche al llegar a su casa notamos que estaban sus familiares tomando y celebrando por el próximo grado de una de sus hijas, a lo cual fuimos cordialmente invitados. Sin otro programa en mente, aceptamos y nos dedicamos a acompañarlos en su juerga. Hacía las 3 de la madrugada la gente se empezó a acostar rendida por el cansancio, por lo que nosotros procedimos a hacer lo mismo. La mamá de mi amigo nos preparó el único lugar libre en que podíamos acostarnos: la cama de mi amigo. Era una habitación de un segundo piso que colindaba con el poste del alumbrado público, lo que hacía que por más de que se apagara la luz de la habitación, quedaba ésta iluminada como si fuera de día. Mi amigo estaba demasiado tomado y al salir al patio el frío de la noche le hizo mucho daño y lo acabo de marear. Yo lo llevé a la habitación y con mucho esfuerzo lo logré acostar, no sin antes quitarle la ropa y dejarlo en interiores. Cerré la puerta y me acosté al lado de mi amigo que había caído dormido profundamente en cuestión de segundos. Curiosamente y a pesar de la hora y de los tragos, no me daba sueño y la presencia de mi amigo a mi lado me despertó cierta inquietud. Ver su hermoso cuerpo flaco y bien formado me llamó poderosamente la atención y en uno de esos impulsos que uno no logra entender, sentí que quería tocarlo, pero tenía miedo de que se pudiera despertar y me encontrara en una situación comprometedora. Lo moví como queriendo despertarlo y noté que por más esfuerzo que hacía, él no reaccionaba, lo cual me dio más fuerzas para cumplir mi cometido. Empecé a tocar su bello cuerpo y enseguida comencé a excitarme. Lo destapé totalmente y pude ver en sus interiores que su pene estaba totalmente flácido.

Tomé más fuerzas y dirigí mi mano hacía sus interiores y rocé suavemente su paquete, siempre observando que no se fuera a despertar. La sensación fue indescriptible y noté que inmediatamente su pene se iba poniendo más duro. A medida que lo acariciaba se iba agrandando hasta que llegó a su punto máximo. Yo no pude aguantar las ganas y con mucho disimulo y suavidad pasé mi mano por debajo de su interior hasta que, por primera vez, toque la piel del miembro de mi amigo. Fue un momento muy especial. Seguí acariciándolo y como no observaba reacción de su parte, bajé lentamente su calzoncillo hasta dejar totalmente libre una bella verga, no muy grande pero si bastante ancha. Y como ya estaba excitado y ya me había descarado, pensé en mamársela. Sutilmente me agaché e introduje su pene en mi boca. Qué sensación tan increíble. No sé si serían los tragos o qué pero no estaba para reflexionar por lo que estaba haciendo. Cada vez se lo mamaba con más confianza mientras que él seguía como anestesiado. Al cabo de un rato me invadió un extraño deseo: meterme la verga de mi amigo. Me parecía increíble que pudiera hacerlo y que nadie lo supiera..... ni siquiera uno de los autores. Me desnudé completamente y ensalivé mi ano y me senté sobre su verga, tratando de meterla lo más suave posible. No sé si era mi inexperiencia o la presión del momento, pero no lograba la penetración y por el contrario, me preocupaba que por los bruscos y fuertes movimientos, se pudiera despertar mi amigo. Pero al fin, luego de mucho intentarlo y de mucho dolor, logré metérmelo todo. Qué gran sensación. Estaba tan excitado que no pasó ni un minuto antes de derramarme encima de él. La sacada me dolió más que la metida. Ya más calmado, lo vestí de nuevo y me acosté a pensar en lo que acababa de hacer. Me había gustado bastante esa nueva experiencia y sobre todo que nadie más la sabía.

Al día siguiente nos levantamos como si nada y noté que él no se había dado cuenta de lo que yo había hecho. Tuve tiempo para pensar en mi actitud, ya en sano juicio y me pareció que había sido indebida, pero ya no había nada que hacer. Nuestras vidas continuaron común y corriente junto a nuestras novias y a nuestra vida social, hasta que una noche, ocho meses después de aquel incidente, ocurrió lo siguiente: luego de llevar a nuestras novias a su casa hacía la una de la mañana, procedí a llevarlo a su residencia, en dónde estaba reunida su familia celebrando la llegada de unos familiares. Fuimos invitados a unirnos al ágape y nos pusimos a tomar. Hacía las 3 de la mañana y como ya nos llevaban ventaja tomando, sus familiares se fueron acostando en colchones que habían dispuesto en la habitación de mi amigo. Sólo quedaba la cama de mi amigo para que nos acostáramos los dos. Nos acostamos bastante cansados y nos quedamos dormidos enseguida. Una hora más tarde me desperté y como la habitación quedaba bien iluminada, observé que todos sus primos y tíos estaban profundos. Recordé lo que había hecho hace algún tiempo y como tenía a mi amigo al lado no quise perder la oportunidad de acariciarlo. Sabía que iba a ser más difícil porque él no estaba tan borracho como la vez pasada y además, no estábamos solos. Sin embargo me decidí a tocarlo. Me
hice de lado y empecé tocando su torso. Desplacé mi mano hacía abajo y noté que tenía una gran pantaloneta con un ancho y apretado caucho. Seguí mi recorrido hasta tocar por encima su pene el cual ya estaba medio parado. Lo acaricié con suavidad y noté que en cada caricia se ponía más erecto, como pidiendo más. La pantaloneta era muy aparatosa para tratar de meter mi mano.

Lo intenté por el lado de la manga pero apenas llegaba a sus testículos, por lo que opté por intentarlo por el lado del grueso caucho. Llevé mi mano y suavemente la traté de introducirla por la cintura, evitando despertar a mi amigo. Con mucho esfuerzo logré llegar a su calzoncillo y con mucho más esfuerzo logré tocar su miembro. Pero OHHHH sorpresa, estaba totalmente húmedo de lubricante, lo que me indicaba que de alguna manera mi amigo era consciente de lo que yo estaba haciendo. Pero ya era tarde para echarse atrás. Me tocó seguir, con un poco de vergüenza, pero ya no había nada que hacer. Seguí acariciándosela y a cada caricia parecía que se iba a venir, era como si me pidiera cada vez más. De repente sentí que mi amigo estiró su brazo y lo pasó alrededor de mi cuello. No me atreví a mirarlo. Me tomó por la nuca y mientras con su otra mano levantaba la cobija me llevó mi cabeza hasta su verga, obligándome a mamársela. Quedé confundido pero al sentir su húmeda cabecita en mis labios decidí disfrutarlo al máximo. Como la pantaloneta estorbaba, no tubo problema en bajársela y dejar expuesto su bello aparato para que yo hiciera más fácil mi trabajo. Se lo mamé con pasión, mientras él por un lado apretaba mi cabeza contra su miembro, y por otro lado, elevaba su cintura para hacérmelo tragar todo. Sentía que se iba a venir en cualquier momento porque su grueso glande se expandía más de lo debido. Estaba esperando que se derramara en mi boca cuando de repente retiró mi cabeza de su verga y la llevó hacía su cara. Me miró con una sonrisa cómplice, besó tiernamente mis labios y acercándose a mi oído me dijo: "voltéese". Quedé momentáneamente petrificado, pero él se encargó de despertarme al ayudarme a voltear. Sólo atiné a pasar un vistazo a los familiares para constatar que estuvieran bien dormidos. Pegó su cuerpo contra el mío y pude sentir su cosa queriéndome comer. Me acarició y suavemente me bajó los interiores y después de unos instantes de refregármelo intentó metérmelo, pero debido a su inexperiencia, quiso hacerlo sin lubricar, lo cual era imposible. Tuve que ayudarle a lubricar mi ano. Luego puso su gran cabecita en mi entrada y empezó a meterlo. Pero como era un novato, quiso meterlo de una sola vez y lo que logró fue desgarrarme. Sentí que me había partido en dos y tuve que aguantarme el grito y el dolor. Pero ya estaba adentro. Era una extraña mezcla de miedo, dolor y pasión. Me comió como quiso y cuando se vino, me apretó con todas sus ganas para hacérmelo sentir todo adentro. Fue genial. Cuando hubo terminado, me acarició y me masturbó. Me lo sacó, se vistió, me besó, me guiñó el ojo y se durmió.

Al otro día me desperté antes que él porque no quería darle la cara de la vergüenza que sentía. En el desayuno lo miré de frente y él apenas me sonrió pícaramente. Yo esperaba que me hiciera algún comentario al respecto, pero nunca lo hizo. Ya han pasado más de dos años y nuestra amistad sigue siendo la misma, pero jamás, a pesar de las diferencias que podamos tener, jamás se ha tocado el tema. No sé cómo interpretar ese silencio que a veces hace daño.
 

 

 

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