SIMULACRO CON SOLDADOS


Aquel día era uno de los mas calurosos que se habían sentido en el batallón, todos los soldados se sentían agobiados y ninguno de ellos daban un rendimiento optimo en sus actividades. Mi Coronel Fajardo hacia pocos días había entrado a formar parte de las fuerzas de inteligencia, era un hombre de unos 30 años, algo huraño y de bastante mal carácter, pero en realidad era un buen jefe. Aquel día se había programado una salida al campo para la practica de polígono y luego algunos simulacros en el monte, estaríamos allí algunos días solo con raciones militares para aprender a soportar los limites de estar en batalla.

- Bueno soldados, prepárense con sus camuflados de campaña y sus morrales porque no volverán a ver la civilización en unos buenos días.

Su rostro reflejaba un placer mórbido y desmesurado; pero esa visión despertaba en mi una excitación inigualable; además porque Julián iba a estar con nosotros, él era un soldado de unos 25 años y era el sueño de cualquier gay de closet que estuviera en el ejercito, es decir, se los describiré: Mide 1.80 de estatura, pesa algo así como 80 kilos de puro músculo forjado por meses de campañas en el monte, una piel completamente bronceada y tosca por el sol inclemente, un rostro de macho compulsivo y sin tapujos es así, como agregándole a esta descripción; es el único soldado que el camuflado le queda completamente ceñido al cuerpo y todos lo llamamos el culón, creo que no solo por cariño sino por lo que produce ver todo ese cargamento de testosterona sosteniendo en los hombros un fusil 0.50 que pesa casi 50 kilos.

De todas formas ese día llegamos al campo de polígono y comenzamos a disparar y por supuesto yo no acertaba ni uno a lo que mi coronel Fajardo llego a mi y me miro.

- ¡Soldado deje de pensar en mierdadas y concéntrese o es que el enemigo va a venir a sostenerle ese fusil para que dispare!
- Si señor, hoy no tengo puntería Señor
- Pues piense que le esta disparando a su novia en la cama, eso no falla
- Si señor, pero en realidad yo solo pensaba en Estupiñan (Julian).
- Vayasé al lado de Estupiñan para que el le enseña a disparar, el milagro se me había realizado y sentí que la sangre me hervía.

Mi verga se puso al tope solo de saber que ese iba a ser mi compañero durante el entrenamiento, me levante y comencé a acercarme a él y solo podía ver sus ojos y todo ese cuerpo guardado en ese camuflado verde.

- Hola Lanza, esta listo para prender a manejarse bien o me va a tocar domarlo.
- Hasta ahora no me ha domado ni el putas lanza; pero si me voy a manejar bien.

En ese momento me coloco en posición y me hizo tomar el fusil mientras el me indicaba la forma apropiada de sostenerlo y disparar; en un momento se puso detrás mío y se agacho y apretó sus manos contra las mías para dispara conmigo.

- Cójalo duro soldado, piense que es su verga como cuando usted sé esta haciendo una paja y sabe que no puede soltársele. 
- Eso lo hago constantemente y lo hago perfectamente Estupiñan y disparo donde es.
- Hágale Lanza que así es.

Disparamos y fue exactamente a donde el lo había dirigido, sus manos estuvieron sobre las mías algunos segundos y luego se paro detrás mío he hizo que nuevamente volviera a disparar y sus instrucciones sirvieron del putas.

- Bien soldado, todo lo aprende muy bien.
- Lanza si usted es el mejor en esta maricada. 

De esa forma continuamos un buen tiempo y luego nos encaminamos al monte y durante todo ese tiempo Fajardo y yo éramos el frente de la tropa.

- ¿Oiga Lanza, usted sé pajea mucho o qué?
- Y eso que le importa a usted guevón
- Con esta mierda tan pesada hay que pensar en algo

Me quedé mirándolo y vi intenciones muy distintas en sus ojos y eso me estimulo a seguir su conversación.

- Las veces que quiero en el día
- Y en qué piensa?
- En morbo marica, qué más puede ser?.
- Cuando lleguemos al campamento terminamos de hablar.
- Para que guevón si eso es todo lo que le voy a decir.

Su mirada me indicaba que ya era un curioso morboso y eso me gustaba, esa noche estaba dispuesto a pegarme un pajazo del putas en su nombre.

De esa manera fue un camino de dos horas hasta el campamento y llegamos al anochecer agotados y sin fuerzas por el trajín del día. El coronel Estupiñan dio las ordenes respectivas y levantamos cambuches para dos personas.

- Entonces que Lanza, venga para acá y duerme en este cambuche.
- Oiga parce y no correré peligro ahí con usted.
- Deje de mariquear y venga para acá.

En efecto nos acostamos con los camuflados puestos y nuestras armas al lado. Era una noche oscura y no podíamos prender ni hoguera, ni utilizar linternas, un momento después se desato un gran torrencial y llovía a cántaros, los demás hombres de la tropa cayeron foquiados y Fajardo me miro.

- Entonces en que piensa cuando se pajea soldado. Cuente hombre que aquí todo queda con la hierba.
- Con viejas haciéndoles de todo.
- Yo no, pienso en manes chupándoselas y culeando.
- Bueno he tenido esa fantasía pero no me atrevo.

Cuando le di esa respuesta me miró y comenzó a reírse como quien mira a un imbécil que no ha probado nada del otro mundo.

- Bueno soldado y que tiene entre esas piernas para tentarme.
- Si quiere nos echamos un polvo cada uno viéndonos.
- Vale para esa.

Mi fantasea se había hecho realidad y no me lo creía pero su actitud fue de cruzar sus brazos detrás de la nuca y recostarse perfectamente lo que me hizo pensar que ya no estaba dispuesto ha hacerlo y comencé a perder mi esperanza.

- Estoy muy cansado para sacarme la verga, sácamela soldado, ahí esta bien escondida.
- Nunca lo he hecho Estupiñan.
- Nunca se ha sacado la suya? Es lo mismo guevón hágale.

Lentamente desabroche su riata, le abrí el botón del camuflado y divise un cuerpo totalmente trabajado, en su entrepierna se le veía un triángulo invertido por sus abdominales marcados.

- Hágale man que eso es todo suyo.

Metí la mano dentro de su boxer y allí estaba el tesoro escondido, pero mi fuerza de voluntad fue muy débil y lo toque con mi lengua, su pito comenzó a crecer dentro de mi boca, era completamente circuncidado, metí mis manos dentro del boxer para sentir sus bolas mientras se lo mamaba lentamente.

- No que no, mariquita, la mama muy rico, pero yo estoy desocupado, voltéese y hagamos un 69

No lo pensé dos veces y lo hice. Simplemente con sentir que me desabrochaba la riata sentí venirme y mi verga pedía gritos salir de allí, luego sus manos toscas, grandes y duras me sacaron mi verga que no es nada despreciable tampoco y comenzó a morderme la punta, era doloroso pero placentero, luego los dos recorrimos las vergas con la lengua y las sumergíamos en la saliva, él escupía y me masajeaba.

- ¿Esta buena soldado, si le gusta mi poste?
- Está del putas cabroncito, esto debe medir por lo menos.....
- 20 cms de largo y 5 de ancho.
- UMMMMM!!!!!!!
- Me gustaría darte lengua en ese culito rico pero con todo esto no se puede.
- Como que no lanza.

Se bajó el camuflado hasta los tobillos y se puso en posición de pollo, que delicioso estaba, su culo apretado pedía que introdujera mi lengua hasta el fondo y así lo hice, alternaba mi lengua entre su ano y su verga, el trataba de gemir pero no podíamos por nuestros otros lanzas.

- ¡Eso papi, dale, meteme un dedito parcero, no! Dos o tres.
- Tu pedido es orden soldado.

Mis dedos masajearon su culo un buen rato, los metía los sacaba y los movía de arriba abajo para masajear su próstata. Entonces no aguante y le metí la verga, en ese momento no teníamos a mano ni preservativos ni nada y no había otra oportunidad, lo culee despacio primero y luego duro como una bestia, coloque mi mano sobre su boca para que no gritara y él me la mordía mientras yo se la metía, luego se relajo y se dejo llevar y me dedique a pellizcarle sus pecho duros como una roca.

- Sáquela soldado y acuéstese a mi lado.

Así lo hice y coloco su verga sobre el ojo de mi culo y me lo metió de un solo empujón, creí desfallecer pero no se movió con toda su verga dentro de mi para que mi culo se acostumbrara, luego comenzó lentamente y al momento tan rápido que pense que la sentía casi empujando mi próstata hacia el estomago.

- Te voy ha hacer voltear soldado para que sientas lo que es una verga de un macho dentro de ti.
- Dale duro y pajéame mientras me la metes.

Tomo mi verga mientras yo masajeaba su cabeza y lo obligaba a que me besara en la nuca. Era un paraíso sentir un pajazo de ese tipo y su verga metida hasta mis entrañas.

- Vamos soldado métamela.
- Me voy a venir marica
- Mámamela y y yo te la mamo a ti y nos venimos juntos

Sacó su magnifica verga de mi culo y nos colocamos en posición de 69, su tranca parecía que fuese a estallar y comencé a meterle mis dedos por el culo mientras se lo mamaba, por su lado él hacia lo propio y de un momento a otro sentí los trallazos de su leche en mi garganta y los míos depositándose en su boca, fue tal la descarga que finalmente tuvimos que escupir leche para que el resto nos cupiera en la boca.

Terminamos exhaustos y mojados por la lluvia, no dijimos una palabra y nos volvimos a vestir completamente.

Al día siguiente comenzamos nuestros ejercicios y luego de comer nuestra ración de campaña me dijo:

- Esta noche te tengo preparado un banquete mucho mejor soldado.

Si desean saber el resto de esta historia, escríbanme para que intercambiemos fotos de militares, algunas tomadas por mi. Les aseguro que el resto de mi historia les va a gustar.

juceza1@yahoo.com