El Solitario    (1ª Parte)
 


Siempre he sido una persona extremadamente timida y
solitaria. Nunca he tenido amigos ni amigas como el resto de
la gente, e inconscientemente, me he apartado de todo tipo de
pandillas y de más relaciones de amistad, hasta llegar a
convertirme, a mis 18 años, en un ser realmente huraño y
solitario, agobiado por mis raros y complicados complejos
difíciles de explicar y justificar... al menos por mí mismo.


Lógicamente, en el terreno sentimental las cosas no han
podido ir peor. Jamás ninguna chica se ha fijado en mí o por
lo menos esa es la sensación que siempre he tenido. Por otra
parte, tampoco debo culparlas del todo, pues de mí nunca ha
salido la más mínima iniciativa de acercamiento hacia ellas, cosa
que me ha valido mas de un momento ridiculo y vergonzoso.


Sería súmamente extenso y complicado tratar de justificar o
al menos explicar el por qué de mi forma de actuar tan peculiar
con las chicas, pero el caso es que desde siempre  les
he tenido mucho miedo, hasta el punto de bloquear mi mente
ante la presencia de lo que otros chicos considerarían
verdaderos bombones e inigualables instrumentos
de placer y diversión.


Un dia, en la soledad que me era habitual, descubrí algo
que si bien me sorprendió y procuró profundamente, puede que
a la larga me ayude a comportarme de una manera más normal.
Me encontraba en el cine, al que entré sin fijarme qué pelicula
exhibían, pero por las escenas de sexo, me di cuenta que era
un filme porno; me sobresalté levemente al comprobar que era
una pelicula bastante subida de tono, con muchas escenas de sexo.


Un poco más tranquilo, me dispuse a disfrutar lo máximo posible
de la película y cerciorandome que no habia gente a mi alrededor,
me llevé la mano a la bragueta y empecé a excitarme en
solitario, práctica por cierto bastante habitual para mí...


Rápidamente y ante mi ya citada experiencia en el placer solitario,
conseguí olvidarme de todos mis traumas y me dispuse a
proporcionarme ese goce que veia negado para mí en compañía
de cualquier persona.


Acabé sacandome la verga del pantalón y comencé a pelarmela
suavemente, extasiado por la caliente película.


Estaba tan clavado en mi lenta chaqueta, que había llegado a
aislarme del contexto de lo que sucedía a mi alrededor y
sin que pudiera reaccionar, noté que alguien se sentaba junto a mí.


Aquel hecho me agarró tan de sorpresa que, con la verga bien
parada todavía en la mano, giré la cabeza y encontré a un chico
que me sonreía amablemente, como dandome a entender
que no me preocupara por su presencia.


Pasé un momento angustioso, pero esto no tuvo nada que
 ver como cuando aquel compañero de butaca pasó su brazo por mis
hombros, extendiendo la otra mano hacia mi entonces temeroso
pene y me la plantó en los huevos, con gran naturalidad;
no supe qué hacer, pero tampoco tuve valor para decir ni hacer
nada. El seguia sonriendo y me rogó que no me preocupara,
que él sabía exactamente lo que hacia.


Yo no salia de mi asombro y tampoco se me habia pasado por
la cabeza el hecho de buscar placer con otro chico, pero
estaba claro que él sabía muy bien lo que estaba haciendo,
y la situación iba pasando de la normal y lógica tensión inicial
a un estado de relativo relax por mi parte, que me preocupaba
y me hacia disfrutar el momento....


CONTINUARA!!!!!!