El Solitario
(y 3ª Parte)
Yo no pude más que abrazarlo por los hombros
y él,
mirandome con evidentes muestras de felicidad, me
habló
serenamente, rogandome que no me preocupara por lo
sucedido,
que era lo más normal del mundo, y que aunque
se notaba
que era mi primera experiencia en este campo, no
debía
sentirme ni menos hombre ni avergonzado.
EPÍLOGO
Mi amigo me explicó que hay personas que recurren
a las
de su mismo sexo para satisfacer plenamente sus necesidades
sexuales, sin que ello quiera decir que sean personas
enfermas, raras o viciosas.
Efectivamente, la forma como me habia hablado me
relajó
y tranquilizó notablemente y no me acuerdo
exactamente,
pero sé que no paré de besarle y acariciarle
durante lo
que duró esa película, que evidentemente
había pasado
desapercibida para los dos.
Acabada la proyección, salimos de ahí
como dos verdaderos
amigos. ¡Era la primera vez que conocia una
sincera amistad!.
Estaba contento y muy lejos de sentirme turbado
o avergonzado por lo que había ocurrido.
He de confesar que desde entonces mi vida ha cambiado
notablemente. He descubierto que soy gay y soy
plenamente consciente de ello. Este descubrimiento
me ha
ayudado mucho para vencer aquellos ridículos
complejos de
los que antes era esclavo y que me impedían
realizarme
como lo que hoy me considero, una persona normal.
Salgo lo más frecuentemente con ROBERTO, que
así se llama
mi chico, pero algo realmente importante es que mi
conducta
ante las demás personas ha cambiado sensiblemente,
incluso con las antes tan temidas chicas, con las
que
soy más sociable y amable.
Ahora, ROBERTO es el amor de mi vida, es quien me
da
todolo que necesito en el terreno afectuoso
y sentimental.
Él me enseñó que el placer no
tiene por qué verse limitado
a compartirlo con personas del sexo opuesto.
FIN