Luego de surfear
Antes de contar mi historia, quiero que sepan que soy de Perú, un país muy
chico, en el que todos nos conocemos y es tremendamente conservador. Debido a
eso, lo que voy a contar es algo que me ocurrió cuando tenía 18 años y que nunca
se lo había podido contar nadie, pero que siempre ha estado dando vueltas en mi
cabeza.
Habíamos terminado el primer semestre de la universidad y un grupo de amigos
quedamos en ir a la casa de playa de Alex. La playa quedaba al norte de Lima, a
más o menos 12 horas de manejo. Todos mis amigos salieron el 18 de Julio, pero
como el aniversario de mis padres era al día siguiente, tuve que quedarme un
par de días más. Diego también se tuvo que quedar en Lima, por lo que
decidimos irnos juntos. Era madrugada, salimos a las 2:00 de la mañana y
conversamos en el camino. Yo aproveché para dormir un rato, para luego manejar
cuando Diego se cansara. Al final llegamos a las 2:00 de la tarde a la casa de
Alex, y tanto Diego como yo estábamos que sudábamos por el calor infernal de
la carretera al norte. Ambos desamarramos nuestras tablas que se encontraban en
el techo de la jeep, y nos fuimos corriendo al mar a unirnos a nuestros amigos
que ya estaban surfeando. Nos olvidamos del agotamiento cuando vimos la olas que
ese día tenían una forma casi perfecta. Luego de varias horas de surfear
salimos a almorzar. Debido a que Diego y yo habíamos llegado tarde, todos ya
tenían cuartos y a mí y a Diego nos mandaron a dormir al cuarto de servicio.
Ya que Alex decidió que no quería que su vieja nos mande a una de las
empleadas quedó un cuarto adicional, el cual nos tocó a nosotros usar.
Entré al cuarto y rápidamente me duché, sacándome la mezcla de residuos de
sudor y agua de mar que quedaba en mi pelo y todo mi cuerpo. Terminé de
ducharme y me puse un boxer y me tiré en la cama agotada esperando dormir. Al
poco rato entró Diego y prendió la luz del cuarto. Abrí mis ojos y vi cómo
Diego se quitaba la ropa de baño y entraba a la ducha. Había dejado la puerta
del baño abierta y podía ver desde mi cama perfectamente la pequeña ducha que
no tenía cortina, ya que como chicos que éramos lo único que nos interesaba
era sacar toallas para secarnos y una almohada para dormir. Tenía a Diego
de espaldas a dos metros y medio de mí, y veía cómo se jaboneaba la espalda
bajando sus manos para jabonarse el culo. El culo era algo pequeño como el mío
pero perfectamente bien formado y musculosito. La vedad es que siempre había
visto a mis amigos desnudos ya que surfeábamos juntos y además yo estaba en la
selección de natación del colegio, y nunca me había llamado tanto la atención
el cuerpo desnudo de otra persona, y menos un amigo. No podía sacar los ojos
del culo de Diego y de sus perfectas piernas, ¿qué me pasaba? Sentía cómo el
pene quería salirse de mis boxers y brotaba un poco de líquido, sentía que me
iba a venir y por aguantarme sentí un tremendo dolor a los huevos. Cerré los
ojos y traté de olvidarme del asunto esperando que mi pinga se durmiera conmigo
y me dejara en paz, pero no podía y la excitación era más fuerte por lo que
abrí nuevamente los ojos. Los tenía en realidad medio abiertos para que Diego
creyera que seguía durmiendo. Diego se había dado la vuelta, y veía cómo se
jabonaba ese pecho perfectamente bien marcado con sus dos pequeñas tetitas. Su
estomago era perfecto y con los músculos ligeramente marcados, y al igual que
yo sin ningún pelo encima, nada más que un poco en la piernas. Al igual que yo,
Diego era medio rubio, de más o menos un metro 75. Al salir de la ducha cerré
los ojos, fingiendo que estaba dormido y escuchaba cómo la toalla pasaba por su
piel musculosa y lampiña secando las gotas de agua que quedaban. Abrí los ojos
como quien se despertó por el ruido, y le hice un comentario acerca de que me
dolía la espalda, escogiendo de excusa la mala posición en la que dormí en el
carro. Muchos de nosotros en una época hacíamos full contact, y el profesor
nos enseñaba a masajearnos, por lo que era algo normal entre nosotros una
ligera masajeada en el cuello o en los hombros o en las pantorrillas etc. Pero
esto era diferente y sólo tenía un boxer puesto y Diego nada. Diego se amarró
la toalla y me preguntó si quería alguna pastilla, yo le dije que necesitaba
irme a la sauna de Miguel Dasso a que me hagan un masaje.
- ¿Te duele mucho ? - me preguntó.
- Sí. - contesté.
- Si quieres te hago un masaje rápido.
Esas palabras me sonaron a gloria. Diego se sentó a mi costado y empezó a
mover sus mandos por mis hombros. Nunca en mi vida me había sentido tan excitado,
tenía la pinga a punto de reventar. Poco a poco las manos fueron bajando y le
dije que me dolía a los costados por el pecho. Estaba boca abajo y levanté mi
pecho ligeramente para que Diego pudiera pasar sus manos por allí. Y él
entendió perfectamente pasando sus manos por mi pecho, el cual era tan bien
formado como el suyo e igual de lampiño. Tocó mis pezones y cuando pensé que
regresaría a la espalda, volvió a tocar mi pezones frotándolos suavemente una
y otra vez. No podía más. Iba a reventar, por lo que sentía placer, pero a la
vez algo de miedo, ya que pondría al descubierto que estaba excitado. Volteé a
ver a Diego, y noté que la cabeza de la pinga se le salía por la toalla. Diego
lo notó y se asustó ya que él tampoco quería que yo notara lo excitado que
estaba. Volví a voltearme y le pedí que me masajeara la parte baja de la
espalda. Sus manos eran suaves y sentía cómo agarraba mis caderas y las hacía
unos movimientos de para atrás y adelante. Por momentos sus agarres eran más
fuertes, y por momentos eran más suaves. Yo estaba en la gloria. De repente paró
y puso su mando encima mi culo.
- ¿Ya estás bien?
- Todavía duele un poco, pero gracias.
- La próxima te toca a ti.- me dijo.
Yo le contesté que no me gustaba deber favores, por lo que se lo haría ahora.
Él aceptó feliz y se echó boca abajo. Yo empecé por los hombros bajando por
su musculosa y bien formada espalda. Metí mis manos por debajo para tocar sus
pechos y bajé para tocar su estómago. Él seguía boca abajo y se levantaba
ligeramente para permitir que mi mano continúe su rumbo, hasta que de
"casualidad" rocé su pinga con mi mano y la sentí durísima. Me hice
el que no había notado nada y seguí masajeando su espalda. Hasta que llegué
al culo, y Diego me dijo:
- Masajéame un poco más abajo.- en voz baja.
Le bajé la toalla por la que ahora sólo tenía medio culo tapado y se lo empecé
a frotar. Diego empezó a respirar más fuerte y con una de sus manos agarraba
mi pierna. Volteó a mirarme y notó que mi pinga estaba a punto de reventar de
los boxers, por lo que me pidió permiso para pararse. Se quitó la toalla y se
echó totalmente desnudo en la cama. Yo me senté en su costado y lo empecé a
tocar, explorando con mis manos su pecho, sus músculos, su estómago. Me eché
encima de él, empezamos a besarnos. Ambos nos tocábamos todo y sentía que me
faltaban manos para seguir tocándolo. Me quitó el boxer y empezó a tocarme el
pincho, el cual estaba lleno de líquido preseminal, mientras gemía de placer.
Empezó a frotarme el culo, el cual lo agarraba fuertísimo, cada nalga en una
mano. De allí pasó su lengua por mi cuello, y siguió bajándola pasando por
mis tetillas, las cuales estaban durísimas, siguió bajando por mi estómago
hasta llegar al ombligo, en el cual metió su lengua. De allí siguió bajando y
al llegar a mi pinga me miró y luego de algunos segundos de duda, metió su
boca a mi pinga y me empezó a chupar. Daba fuertes mamadas, no podía creer que
me pinga era rodeada por su labios, nunca en mi vida había sentido tal placer,
era como si la piel se me estirase. Luego me puso de vuelta y comenzó a lamer
mis piernas, subiendo hasta llegar a mi culo. Chupaba mi culo por todas
direcciones y de repente sentí cómo lamía mi ojete. Me di la vuelta y
reciproqué cada chupada que me había hecho con la misma pasión. Cuando llegué
al ojete, se lo empecé también a lamer y en mi excitación le gemía "te
quiero chachar". Diego sorpresivamente accedió y continuó echado boca
abajo. Yo le metí la pinga, sin condón ni nada. Me dijo que era su primera vez
y que tenía miedo, así que lo hiciera despacio. Se la metí poco a poco y mis
primeros movimientos eran suaves. Conforme nos excitábamos se la metía y se la
sacaba con más fuerza. Gotas de sudor caían de mi pecho a la espalda de Diego
mientras nuestras respiraciones cada vez se hacían más pesadas. Una de mis
manos agarraba su cintura mientras la otra frotaba su pinga, la cual estaba
paradísima. De repente sentí cómo mi pinga explotaba y disparaba una lechada
con tremenda fuerza. Diego aún no se había venido y me pedía enardecido que
se la chupara. A pesar de ser mi primera vez se la chupé como un profesional y
sentí cómo al final de un fuerte gemido su cuerpo se puso tenso y su pinga
disparaba grandes cantidades de semen. Saqué mi boca de su pinga y el resto de
semen fue a caer a mi cara, mi pecho y a la cama.
Luego de eso nos duchamos y nos pusimos unos buzo encima ya que las noches en Mancora
son algo frías. Nos fuimos a dormir y al día siguiente Diego y yo ya no podíamos
mirarnos por la vergüenza que sentíamos. Fue tan incómoda la situación de
parar en el mismo grupo que le supliqué a mis padres que me envíen a estudiar
a Estados Unidos, lo cual ocurrió al final. Aún así luego de haber tirado con
varias chicas allá y chicos, Diego ha sido la relación sexual más importante
en mi vida y es una verdadera lástima que nunca más la podamos tener.
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