La tlapalería
Cuando tuve 12 años conocí a un hombre como de 24, trabajaba en una tlapalería, yo casi todos los días compraba ahí, en donde trabajaba: clavos, resistol, tachuelas, alambre, lo que se necesitara para el taller de mi papá. Era alto, 180 cms, moreno claro, hacía pesas y sus músculos eran fuertes y bien notados, pues usaba playeras en donde se marcaban sus bien formados músculos, usaba pantalones vaqueros ajustados a sus piernas, le gustaba usar los pantalones en donde la bragueta se cerraba con botones, no cierre, y es bien notado que su paquete se notaba mucho, mi sueño era poderlo tocar. Un día fui como siempre a comprar, pero él estaba sólo, su patrón tuvo que salir y lo dejó sólo.
- ¿Tienes clavos de 2 pulgadas sin cabeza?. - dije.
- No sé, - contestó - déjame buscar.
Se metió al fondo de la tlapalería y tardó un poco, yo no aguanté la curiosidad y me metí a espiarlo, sin hacer ruido entré y cual fue mi sorpresa, tenía los pantalones hasta el suelo, miraba una revista porno, y mi visión más celestial, se estaba masturbando, su pene era enorme, 18 cms, bueno eso creo, porque no lo pude medir en ese momento, su huevos enormes, su vello púbico precioso, su vientre de sueño sin grasa, duro, me quedé mirando cómo disfrutaba lo que estaba haciendo, no quería interrumpir esa visión de sueño, no quería que terminara, pero si me ve, mejor me salgo.
- Oye, ¿no encuentras los clavos?, - le dije, y sin pedir permiso me metí haciéndome el que no sabía nada.
Cuando me vio se tapó con la revista que miraba.
- ¿Qué ves? - me dijo.
- Nada, sólo cómo te masturbas, tienes un palo enorme y grande.
Mi corazón latía a mil, estaba bien caliente, aunque mi palo era chiquito todavía, pues sentí que reventaba, ahora es el momento, a lo que dije:
- Si quieres yo te masturbo.
- A poco eres puto, y te gusta la verga.
- Claro que lo soy, pero hasta hoy nadie lo sabe.
- Y ¿qué me harías?
- Lo que tú quieras. - respondí al mismo tiempo que le tocaba su enorme palo, mis manos vibraban, estaban llenas de sudor.
- ¿Tienes miedo? - me dijo, al mismo tiempo que tomaba mi cabeza y la ponía cerca de su palo.
- Chúpalo
Hoy es el día, y empecé, con rapidez sacaba y metía la cabeza de su palo.
- Así, así papacito, más, más.
Estaba a punto de correrse, me detuvo, y dijo:
- ¿Quieres que te la clave?
Eso esperaba que me dijera.
- Sí.- contesté.
- Espera, voy a cerrar la puerta de la tienda.- Rápido se subió el pantalón, fue y vino.
- Ya esta, ahora ven acá
Me tomó entre sus fuertes brazos y me empezó a besar, al mismo tiempo que me quitaba la ropa, su calor me quemaba, al mismo tiempo que me excitaba, me besó los pezones, mi vientre, luego me dio la vuelta y me besó las nalgas y por último con sus fuertes manos abrió las nalgas y metió su lengua, fue algo increíble.
- Ya estás listo - dijo.
Con la cabeza le dije que sí, pero toda su ropa estorbaba, por lo que rápido se desnudó, me cargó hasta donde había una paca de estopa, allí me puso, su verga echaba ese líquido pegajoso, lo embarró en mi ano.
- Para que no te lastime, tú solito vete clavando mi verga.
Poco a poco, la fui empujando, cuando me dolía me detenía, la sacaba.
- ¿Te duele?
- No
Y otra vez me la volvía a meter, al mismo tiempo que la sacaba y metía, él sólo me tomaba de la cintura y me juntaba conforme yo lo hacía, así, poco a poco me clavé ese enorme palo.
- Ya lo tienes hasta dentro, ¿te gusta verdad?, ¿qué sientes?
- Me gusta mucho y siento bonito, ahora tú haz lo tuyo
Y me empezó a pizar, al principio despacito, luego más y más fuerte era ese movimiento y cada vez más rápido.
- Me vengo, me vengo, así, así papacito, toma toda mi leche
Yo sentí un líquido caliente, me gustó esa sensación.
- ¿Quieres que te masturbe?
- Sí pero no saques tu verga todavía.
Me empezó a masturbar, y cuando terminó lo que sentí fue algo increíble, algo que sólo tú sabes cómo se siente.
Acabamos, nos vestimos y nos fuimos a donde se despacha, abrió la puerta otra vez.
- ¿Y los clavos? - le dije.
- Voy por ellos - enseguida vino y me los dio.
- A ver cuándo vienes otra vez
- Cuando tú quieras
Así casi todos los días, con cualquier pretexto, iba a la tlapalería. Mejor cuando era hora de cerrar, porque nos estábamos juntos más tiempo, haciendo cosas divinas.
Adrián.
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