La Tlapalería (II)
La verdad es que siempre me ha gustado tener sexo, y ese chavo con en quien tuve
varias aventuras era un sueño, tener sexo con él a diario se volvió una
locura para él y para mí. Un día él me propuso:
- ¿Te gustaría que también nos viéramos los domingos?
- Claro! eso sería fantástico.
- Pues el próximo domingo nos vemos aquí.
- ¿Pero cómo vamos a entrar?
- Por eso no te preocupes. El dueño quiere hacer inventario de lo que tiene y sólo
el domingo se puede hacer.- me dijo.
- Entonces nos vemos el domingo.
Me levanté temprano y me puse a hacer las cosas que a mí me tocan, barrer la
calle y el patio, ir al mercado por la comida del perro, y traer las tortillas
para el almuerzo. Cuando vine me enteré que mis padres irían de visita a casa
de unos compadres, así que busqué el pretexto para no ir y lo pude conseguir.
Mis padres se fueron. Yo salí a la tlapalería, tenía mucha emoción, ¿será
mi día? ¿estaré con ese cuerpo espléndido por mucho tiempo? ¿nadie nos
interrumpirá? pensaba. Llegué a la tlapalería, toqué la puerta de atrás y
cuál fue mi sorpresa cuando el que me abrió la puerta fue el dueño.
- Adrián, hoy no abrimos.
- Sí señor, ya sé, pero Joaquín (el tipo super) me dijo que vendría a
trabajar y si quería, pues podría venir a ayudarle.
- ¿Eso te dijo?
- Sí.- contesté.
- Pasa, aunque no ha llegado todavía, no debe tardar.
- Sí claro.
Entré y noté olor a cerveza, luego más cerca del escritorio del dueño había
una cerveza abierta, y cuál fue mi sorpresa que también había unas revistas
porno abiertas. El señor notó que las había visto pero no hizo el intento de
guardarlas.
- Siéntate, trae esa silla que esté por allá y ven a tomar un refresco, mira,
traje alguno para la sed.
Abrí la hielera y había varias cervezas y refrescos.
- Toma el que quieras.- me dijo.
Luego lo abrí, y me fui a sentar a la silla. Cuando regresé, él siguió
viendo su revista, pero pude notar que su palo estaba bien duro y a discreción
se lo tocaba, lo que hizo que me pusiera bien caliente. Él me presto una
revista de dibujos animados.
- Mira esta revista para que no te aburras, yo miro la mía.
En silencio, por un buen rato, no pude evitar mirarlo, cada vez se ponía esto
de emoción, el señor se levantó y fue a orinar, ya sabes que tomando mucha
cerveza eso pasa, pero como la otra historia se dilató y me dio curiosidad qué
estaba haciendo, sin hacer ruido me levanté y lo seguí hasta el baño, no tenía
la puerta cerrada, parado con los pantalones hasta el suelo, la truza bajada y
se le miraban las nalgas, bien paradas, con una mano se tomaba la camisa y con
otra se estaba haciendo una paja, daba unos gritos de placer que ya podrás
imaginar, eso me hizo que me pusiera más caliente, "mejor me regreso"
pensé, y en silencio lo hice, aunque luego pensé si hacía lo mismo que la
otra vez.
- Señor Juan, señor Juan.- le dije al mismo tiempo que entraba, él no hizo
nada por taparse, siguió su acto de placer, yo haciéndome el que no sabía, me
acerqué más y más, quería ver su verga, y como si le dijeran que volteara, Juan
volteó.
- ¿Qué se hace con su pene?.- le dije.
- ¿No sabes qué hago?, a tu edad ya sabía qué era masturbarse. Me masturbo.
- ¿Qué se siente?, -le dije.
- Algo muy bonito y placentero.- contestó- ¿No quieres ayudarme?
- ¿Cómo?.- le dije.
- Acércate.
Poco a poco me acerqué, su verga estaba roja de la cabeza, no era muy larga,
pero sí muy, pero muy gruesa, con mis dedos no podía agarrarla toda. Tomó mi
mano con la suya y empezó a moverla abajo y arriba.
- Así, chiquito, así.
Por dos minutos lo hice así, después me detuvo.
- Ahora te toca a ti, sácate tu verga y haz lo mismo que me acabas de hacer.
La verdad, me dio mucha pena bajarme los pantalones enfrente de un adulto, como
que no me animaba.
- Yo te ayudo.
Y pronto el señor Juan me estaba bajando los pantalones y los calzones, mi
verga para entonces ya estaba más grande y ya tenía pelos en la base.
- Qué bonita verga tienes.- me dijo, y sin más ni más me la empezó a chupar.
- ¿Qué hace?.- le dije.
- Nada, chamaco, sólo que te voy a enseñar qué es el verdadero placer.
Fue la primera vez vez que alguien me la chupaba, la verdad, me hacía temblar,
más cuando con su lengua tocaba mi punta.
- ¿Te gusta?
- Sí señor, me gusta mucho.- le dije.
- Pues ahora verás que lo que sigue te va a gustar más.
Rápido nos fuimos al
fondo del local, una puerta y detrás una recámara, una televisión, videos,
películas... prendió la tele y puso un video de sexo, me llevó a la cama y me
quitó toda la ropa, él también se quitó la suya, no era feo, blanco con
mucho vello y no estaba panzón, la verdad, era una belleza.
- Ven mi amigo, ahora verás qué es sexo.
Empezó a besarme en el pecho, el vientre, las piernas, las nalgas, presintiendo
qué sería después. Puso mis piernas sobre sus hombros, metió su cabeza en
medio de mis piernas y empezó a chupar mi verga, luego mis testículos y luego abrió con sus manos las
nalgas.
- Qué buen culo tienes!.- dijo al mismo tiempo que metía su lengua.
Ya no pude más y dije:
- Así, así...
- Eres un putito, te gusta!.- me dijo.
- Sí, me gusta, más, más adentro.- decía loco de placer.
- ¿Quieres que te meta otra cosa?
- Lo que usted quiera!.-le dije- pero no me vaya a lastimar.
Sacó un lubricante que tenía cerca de la cama, me lo untó, luego se puso en la punta
de su verga.
- Ahí te va, mi putito.
Empezó a empujar despacito, muy despacito, luego más profundo y más profundo, hasta que sentí
que mis intestinos estaban atravesados por esa gruesa verga. Sus vaivenes empezaron a ser
más rápidos y rápidos cada vez.
- Ahora sí, ahí te va toda mi leche!
Sentí algo muy caliente, claro, ya había sentido varias veces eso, pero me hice el que no
sabía nada.
- ¿Qué me ha echado?.- le pregunté.
- Mi leche.
- ¿Qué es eso?.- le dije.
- Pues son los espermas que hay dentro de los huevos.
- ¿Yo tendré?
- Supongo que sí. ¿Quieres que te los saque?
- Sí.- le dije.
Tomó mi verga con su mano y empezó a hacerme una paja, su pene se volvió a poner duro y no
pude resistirme a volvérselo a tocar, hacía lo mismo que me hacía, pero su calor de nuevo fue en
aumento. De nuevo me tomó hasta la orilla de la cama y me puso de patas a los hombros y de
nuevo me metió su grueso pene, pero ésta vez fue muy tierno conmigo, su movimiento
fue despacio al mismo tiempo que me masturbaba, y debo confesar que por primera vez me vine con una verga
dentro de mí, fue algo que hasta ahora no lo puedo olvidar. Otra vez se vino dentro de
mí, luego me cargó y nos metimos a la regadera y me bañó con ternura, y yo le bañé, pasamos un rato muy
padre, luego nos vestimos, justo antes de que llegara Joaquín, se pusieron a hacer el
inventario, yo a ver la tele y como a las seis de la tarde me fui. Antes de salir el señor fue conmigo hasta la
puerta.
- Te espero el próximo domingo, pero no le digas a nadie.
Como por un año, cada domingo que se podía, estábamos juntos y me hacía sentir el sexo como algo
divino, mi pene fue creciendo y luego te cuento cómo el señor Juan me enseñó a usar mi verga
también.
Adrian
jordiadria2002@yahoo.com
Escribe si te gustó mi aventura, y luego te cuento cómo hicimos un trío Juan,
Joaquín y yo.