Vacaciones en familia
Lo que voy a relatarles es verídico, y me ocurrió hace 2 años, cuando tenía 24
años. Estaba de novio con Valeria, de mi misma edad, quien tenía un hermano 2
años mayor, Esteban, casado hacía muy poco. Las dos parejas salíamos juntos todo
el tiempo a cenar, al cine, etc. Los fines de semana estábamos todo el tiempo
juntos. De tal forma que cuando llegaron las vacaciones, planeamos irnos juntos,
pero además llevando a mi suegra, quien es buena gente, pero un poco chapada a
la antigua. Conclusión, aunque con Valeria teníamos sexo obviamente, ella
pretendía no saberlo, por lo tanto mal podríamos dormir juntos en las
vacaciones, y para ahorrar dinero tomaríamos 2 habitaciones, por lo tanto en una
dormirían las mujeres, y en otra los varones, o sea mi cuñado y yo.
Pasábamos los días en la playa, que estaba directamente frente al hotel, al
atardecer nos dábamos un baño y nos juntábamos para ir a comer todos juntos.
Durante la primera semana, nos acostumbramos a la rutina, volver del mar,
quitarnos la ropa con arena, bañarnos por turnos rápido, y para ahorrar tiempo
el primero avisaba al otro que ya estaba, y salía a secarse fuera de la ducha,
mientras el otro ya entraba a bañarse. La ducha estaba separada por un vidrio
transparente, así que usualmente veía a mi cuñado desnudo secándose o bañándose,
depende quién estuviera listo primero. Es muy masculino, tiene un lindo cuerpo,
es moreno, y con todos los pelos donde deben estar.
Después de bañarnos, cada cual iba a la habitación a seleccionar la ropa para
ponerse, pero cada vez más en confianza, permanecíamos desnudos mientras,
inclusive a veces si no estábamos muy apurados (dado que las mujeres tardaban
eternidades en estar listas), nos tirábamos cada uno en su cama desnudos y
conversábamos de cualquier cosa. Bromeábamos acerca de la abstención obligada
que teníamos gracias a la suegra. Igualmente nos habíamos confesado algunas
escapadas que teníamos, con la excusa de haber olvidado algo, volvíamos las
parejas solas, aprovechando para divertirnos un poco, aunque insuficiente. Él
bromeaba diciendo que iba a tener que volver a sus épocas de pajero adolescente,
a lo que yo repliqué:
- Vamos, somos hombres, nadie deja de hacérsela, aunque no lo confesaría
abiertamente, ¿no?
Él se rio y no dijo nada.
Días después, mientras se bañaba, pude verle la pija semi-erecta. La tenía
bastante grande, sin circuncidar, y llamaban la atención las venas gruesas que
la surcaban, y el glande sobresaliendo del grosor del tronco. Yo me reí y le
dije:
- Si queres te dejo solo para que juegues un rato, así te la bajas.
- Claro, como vos sos un gran pajero todavía, ¿no?
- A ver, vamos a ser sinceros, ¿en serio no te la haces?
- Bueno, en tren de ser sincero, ya sabemos que me la hago, pero a nadie le
gusta andar diciendo.
- Depende con quién, a mí a vos no me avergüenza decírtelo. Yo me la hago casi
todos los dias, aun cuando tenga sexo con tu hermana. ¿Vos no?
- Sí, también, no todos los días, pero casi. Cuando me levanto a la mañana
siempre estoy caliente, y a mi mujer ni le hables de sexo temprano, así que
durante la ducha ya me acostumbré a una buena paja.
- Claro, por eso ahora te duchas y te trae recuerdos, ¿no? -me reí yo- Pero
dale, con confianza, hazle nomás, cuñadito.
Yo creí que lo había tomado en broma, pero Esteban que ya la tenía bien parada,
se la agarró y comenzó a pajearse de lo lindo frente a mí, hasta que largó un
increíble chorro de leche en la pared de la ducha. Yo no podía ocultar la
calentura que me produjo, ya estaba terminando de secarme, y riéndome, me fui a
la habitación.
En adelante, la confianza crecía, y tanto él como yo, nos acostumbramos a vernos
al palo, y hasta varias veces nos sorprendimos pajeándonos en la ducha. La broma
ya se hizo diaria. A veces lo encontraba y le daba una palmadita en el culo,
diciéndole:
- Papito, qué lindo culo, si me lo das no me tengo que pajear más.
- Si me das el tuyo me la ahorras a mí.
Los días transcurrían en la playa, cenas, idas a cine, pero cada vez más
esperábamos volver a la habitación para compartir esa complicidad. Nadie dijo
nada, pero ya no nos poníamos calzoncillos para dormir, ni para andar en la
habitación. Empezamos a dejar la luz del baño prendida de noche, y así podíamos
vernos de noche durmiendo uno al otro. Sabido es que al dormirse, todos los
varones tenemos erecciones todo el tiempo, y disfrutábamos de vernos al palo uno
al otro.
Una noche yo me hacía el dormido, con la almohada sobre la cabeza, pero dejando
espacio para ver qué hacía Esteban. Yo estaba boca arriba, la pija al palo,
mostrándosela deliberadamente. Él se empezó a manosear, mientras me miraba. De
pronto se levantó y se acercó a mi cama, me la miraba bien de cerca, por un
momento creí que me la iba a chupar, podía sentir su respiración en mi glande.
Pero se fue al baño, y como dejó la puerta semi-abierta, pude verlo hacerse una
furiosa paja. Despues se lavó, y volvió a dormir. Cuando estuve seguro que
estaba dormido, hice yo lo mismo.
Esto se repetía casi todas las noches, cada vez estábamos más calientes el uno
con el otro, pero ninguno quería arriesgar a romper la relación con nuestras
novias, menos yo, pues era su hermana, pasar a un tópico superior sin conocer su
reacción era un riesgo muy grande. Él podía negar lo que ocurría y pretender que
sólo era yo.
Una noche, mientras él se hacía el dormido, me acerqué, y decidí usar la
situación para tantear su reacción. Si él pretendía estar dormido, había que ver
si continuaba haciéndolo, si yo pasaba a la acción. Comencé a tocarle la verga,
que ya estaba dura hace rato, y él siguió pretendiendo estar dormido. De a poco
comencé a masturbarlo despacio, y nada. El corazón me saltaba, pero ya estaba
jugado, así que me acerqué y comencé a chuparle el glande despacio. Por su
respiración, podía advertir que estaba enloqueciendo de placer, entonces seguí,
y pronto tuve media pija dentro de mi boca. Y seguí, y entonces pude ver que
tenía los ojos abiertos bajo la almohada, y descaradamente continué, y él me
miró y se sonrió nervioso:
- ¿Qué hacemos ahora? Estoy cagado de miedo, pero no puedo parar esto.
- Yo también, pero me muero de ganas de seguir.
Él se incorporó y quedamos parados frente a frente. Ahí estaba yo parado en
bolas frente al hermano de mi novia, que dormía en la habitación de enfrente con
su madre y su mujer, y estábamos a punto de besarnos. Y lo hicimos. Fue un beso
furioso, de machos, nos queríamos comer la boca, estábamos calientes al máximo.
Nos tiramos sobre su cama y seguimos besándonos mientras nos tocábamos todo el
cuerpo. Pronto seguimos besándonos ya no la boca, sino todo. Yo volví a chuparle
la verga, y él hizo otro tanto con la mía. Por primera vez sentí el olor a sexo
de otro hombre, y disfruté lamiéndole desesperado las bolas, ese lugar tan
masculino entra las piernas, peludo, cálido, y por fin le enterré la lengua en
el culo, que abría con mis dos manos para saborear bien adentro. Ese culo de
macho, limpio, con esos pelos negros enredados que tanto había deseado, al
tiempo que sentía su lengua también entrar en el mío mientras me enloquecía. Al
sentir el placer que nos dábamos, podíamos saber qué hacerle al otro para
hacerlo gozar intensamente.
Otra vez volvimos a besarnos en la boca, y rodamos en la cama. Sin saber cómo
ahí estaba encima mío, besándome y con mis piernas abiertas, podía sentir el
glande enorme en la entrada de mi culo. Se sonrió mirándome a centímetros de mis
ojos:
- ¿Te animas?
- Dale, no preguntes, estaré loco, pero me muero de ganas.
Y fue metiéndomela despacito, sólo con la lubricación de la saliva que me había
dejado cuando me chupó, y nos mirábamos todo el tiempo.
- Hijo de puta, me estás rompiendo el culo, no sabes cómo me está gustando!
Estuvimos así largo rato, besándonos todo el tiempo y gozando de esa penetración
tan profunda, hasta que salió de pronto y sin dejar de besarme, mientras yo
estiré mis piernas, él abrió las suyas, sentado a horcajadas sobre mí, agarró mi
pija con su mano y la guió a su agujero mientras despacio se sentaba encima. Me
estaba enloqueciendo su cara de placer y alguna mueca de dolor.
- Yo también quiero tenerte adentro, quiero que me rompas bien el culo
también!
- Esto es una locura, pero no quiero parar, dale cuñadito, que después yo
también quiero más.
Lo que más me calentaba era saber que éramos dos machos calientes, dos hombres,
que continuaban siendo y actuando tan hombres como antes. Tenía conciencia de
estar cogiendo de igual manera que como lo hacía con su hermana, o él lo haría
con su mujer, sólo que con otro hombre. Me encantaba ver sus piernas peludas
abiertas y mi pija desapareciendo entre sus nalgas mientras se pajeaba como
loco, como lo haría solo tantas veces también. Estuvimos aguantando para no
acabar por largo rato, volvió a metérmela varias veces y yo a él, en todas las
formas imaginables, hasta que no pudimos aguantar más, y sin hablar nos pusimos
de acuerdo de alguna forma para enfrascarnos en un 69 caliente, para terminar
chupándonos toda la leche el uno al otro como si fuera un remedio que nos
prolongaba la vida.
Terminamos exhaustos, sí, habíamos cogido a lo macho, dejando hasta la última
energía en ello. Y allí estábamos, transpirados, cansados, abrazados en la cama
hecha un desastre, mi cuñado y yo. Nos reímos, ninguno tenía vergüenza, ni
pudor, ni traumas al respecto. No hablamos siquiera al respecto de lo que
pasaría después, no era necesario.
Al día siguiente nos vino bien la playa, aunque dormimos bastante en la arena,
estábamos todavía cansados, claro. Seguimos como siempre, él con su mujer, yo me
casé con su hermana meses después... y claro, se agrandó mi familia. En mi
familia política tengo un cuñado, pero también un amante increíble.
A veces nos juntamos en horas de oficina, a veces cuando las mujeres salen de
compras, a veces vamos a pescar juntos solos. Aparte de nuestras mujeres, sólo
tenemos sexo entre nosotros. Yo no necesito otro macho, y él tampoco. Ni
siquiera fantaseo con otro, él es mucho hombre y yo intento serlo para él. No sé
si esto está bien o no, quizá algunos piensen que estamos engañando. En realidad
si nuestras mujeres lo aceptaran sin que nada cambie, nos gustaría decirlo, pero
no es así. No sentimos traumas, culpas ni nada de eso, y no hacemos mal a nadie,
si las cosas siguen como están, pues así se quedarán. Él seguirá siendo mi
amante secreto, pero a mí me gusta conservar a Esteban como mi cuñado.
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