Jorge (el vendedor)
Desde hace tiempo era cliente de una tienda de ropa, en
especial de Jorge. Él era mi vendedor favorito y estaba
buenísimo. Era de estatura normal, piel blanca, pelo
negro, profundos ojos azules, una boca que invitaba a
devorarlo y un cuerpo...bien formadito por el gimnasio,
pero lo mejor era su culo, bien parado al igual que mi
sexo al recordarlo. Yo soy alto de pelo rubio, musculoso,
de ojos verdes y de pija de 19 cm., para que se vayan
haciendo idea, en ese entonces tenía 17 años, él 19.
Un día quedamos en que, al otro día iría a probarme
unos short de baño, que me buscaría. Esperé ansioso verlo
pero se me hizo tarde, eran como las 21:00 y la tienda había
cerrado, aun así toqué la puerta con la esperanza de que Jorge
saliera a abrirme, y no me equivoqué, aunque la puerta estaba
con llave me hizo pasar, y volvió a cerrar.
Él era el encargado de cerrar la tienda y se había quedado
esperando un rato mas por mí. Cuando lo vi me quise morir,
estaba hermoso en unos jeans muy ajustados, unas zapatillas
deportivas sin medias y una camiseta ajustada.
- Ya te estaba esperando- me dijo.
- Perdona la demora- le contesté- ¿ya tienes lo que te pedí?.
- Sí aquí está.
Sacó del estante un traje de baño rojo y azul y me dijo con
esos carnosos labios:
- Con ese cuerpazo te debe lucir bárbaro.
Yo solo atiné a sonreír.
- No puedo probármelo, -le dije-, es que no traigo ropa interior.
(en cierto modo lo hice a propósito)
- No te hagas problema por eso -me dijo- es más, yo tampoco
traigo nada en este momento.
Lo que dijo me puso a mil, el hombre que yo deseaba con intensidad
no traía ropa interior!!. Hice un gran esfuerzo por retener mi erección.
-Pasa y pruébatelo en los probadores de arriba. ¿ok?
La tienda es pequeña pero arriba hay un gran despacho de ropa.
-Ok. -le dije, y comenzamos a subir las escaleras.
Una vez adentro del probador, me comencé a desnudar, me quité la
remera, luego las zapatillas, y por ultimo la bermuda que llevaba,
acaricié
mi capullo erecto y duro como una roca pensando en lo que le haría a
Jorge si pudiera. Estaba muy excitado, pero decidí ponerme el short que
iba a llevar o si no se daría cuenta, me lo puse y salí del probador.
- ¿Qué tal me queda? -le pregunté.
- A alguien tan hermoso no le puede quedar mal - me respondió.
Pude notar la ternura de sus ojazos al decirlo y esa boca que me incitaba
a desnudarlo, a dejarnos llevar por la pasión de nuestro deseo. También noté
que su paquete estaba bien despierto.
- Tampoco estás nada mal - acoté, deseando que me invitara a tener el
más
placentero de los placeres, el seXo.
No me besó pero guió su mano hacia mi torso desnudo y acarició suavemente
mi pecho, prácticamente sin vello. Para ese entonces yo ya estaba como un
caballo. Yo no dudé en acercar mi cara hacia él y besarlo de manera
apasionada, entreabrió su dulce boca y nuestras lenguas jugaron,
mientras aumentaba el fuego que sentíamos mutuamente. A continuación
no lo dudé y le saqué su camiseta, mi verga ya estaba como una piedra al verle
su escultural torso sin nada que lo cubriese. Besé su cuello, mordí sus orejas
mientras él me revolvía los pelos semilargos de manera alocada. Decidí seguir
con sus hombros y chupar sus axilas. Su vello corto pero extenso que le cubría
esa parte me hacía cosquillas, todavía no estaba muy sudado, luego me dirigí
hacia su pecho, perfecto sin un pelo, blanco, jugué con sus pezones erectos,
excitados, cariñosamente los mordí, estaban tiesos, allí me entretuve hasta
bajar y con mi lengua recorrer su ombligo y sus esculturales abdominales ya
traspirados. En vez de descender y explorar su sexo, le propuse que se recostara
en el suelo y aceptó sin dudarlo, yo me arrodillé a su lado, y le dije que se pusiera
de espaldas, lo hizo y me senté sobre él para hacerle masajes, solo nos separaban
su jean y mi short. Mientras lo masajeaba me dijo:
- No sabes cuánto te deseaba, desde que te vi no paré de hacerme la paja
pensando en vos, siempre soñé con este momento.
Para ese entonces yo ya estaba excitadísimo, y lo di vuelta, le quité sus zapatillas
y comencé a chuparle los pies, primero sus dedos sin un pelo, con esas uñas
perfectas y luego su empeine con unos pocos pelitos negros que contrastaban
con su piel blanca como el semen. Ascendí con mi lengua hasta donde su jean
me lo permitió, más o menos hasta su pantorrila. Me sorprendí mucho, pues sus
piernas, a diferencia del resto de su cuerpo, eran bien peludas. Retorné a sus
sudados abdominales y seguí el camino indicado por ellos con la lengua,
cuando
llegué al botón de su jean lo desabroché y bajé su cremallera, me exalté, nunca
había visto algo igual, su pija media unos 23 cm. Pude sentir ese aroma a macho
que me hacía desearlo más aun, seguí bajando su pantalón hasta quitarlo y dejarlo
con su traje de adán que tan bien le quedaba. Dejé reposar mi cara como si
estuviera dormido en su ingle, podía sentir su pene erguido, caliente, a punto de
estallar, así es que me decidí a darle la mejor mamada que alguien le pudiera
dar.
Comencé por sus huevos y su zona púbica cubierta por vello negro, la besé y lamí
luego, con una mano le acariciaba sus testículos y con la otra lo masturbaba, su
liquido preseminal transparente me advirtió que se estaba por venir, así es que
dejé de pajearlo y se la empecé a chupar, suavemente al principio,
enérgicamente
después, me encantaba tragarme su miembro, su masculinidad. Finalmente, unos
segundos antes de que se corriera, yo me saqué su cosa de la boca y me eyaculó
en el pecho.
-Ahora es tu turno.- me dijo.
Se paró y se dirigió hacia mí, nos comenzamos a besar apasionadamente. Metió
su mano dentro de mi short y acarició mi verga, mis vellos y mis bolas. Luego se
dirigió hacia mi ano y empezó a meter su dedo índice, supongo que para dilatarme.
Después me ayudó a quitarme el short, y ya desnudos me hizo sentarme en el
suelo alfombrado, pues me iba a masturbar, sus manos estaban muy calientes,
y ni hablar de mí, entonces le propuse una paja mutua, que aceptó sin dudar.
Cuando se estaba por venir por 2º vez, paré de masturbarlo y me paré, él se puso
en cuclillas y me siguió haciendo la paja mientras también él se la jalaba.
Me dejó de pajear y se levantó, le pregunté qué estaba haciendo y me dijo
que debía bajar, así es que se calzaría su jean, pues la planta baja esta a la
vista. No se imaginan qué sexy que se veía así. Mientras estaba abajo, yo me
pajeaba pensando en él, cuando volvió traía un frasco que dejó en el mostrador.
Acto seguido me empezó a lamer. Primero los pectorales (se ve que le gustaba
esa zona), luego mis bronceados abdominales, las piernas y comenzó con los
huevos. Su delicada lengua los recorría suavemente, me miró de manera pícara
y se movió hacia la base de mi verga, la chupó en todo su ancho y siguió subiendo
por el tronco, hasta que llegó a la cabeza, con el glande descubierto, primero
chupó la parte inferior, donde limita la cabeza con el tronco, es decir el prepucio,
y se bebió gran parte de mi liquido preseminal, salado. Estaba a punto de
venirme y se retiró.
- Aun no quiero que eyacules. - me dijo.
Se sacó sus jeans nuevamente y tomó el frasco que había dejado sobre el
mostrador de vidrio. Metió su mano y la sacó, empezó a acariciarse todo el
cuerpo, untándoselo con ese liquido que había sacado, era trasparente (el
mismo que usan los fisioculturistas) y, lejos de parecer sudado, resaltaba
más su cuerpo y me hacía desearlo más aun, lucía mejor que nunca.
- Querés estar como yo? - me dijo.
Debe de haber notado mi erección gigante, recuerden que aun no me he
venido. Yo le dije que sí y se acercó. Me empezó a untar desde el cuello,
descendió hasta los brazos, las axilas, el torso, la espalda; mientras me
hacía
relajantes masajes. Cuando llegó a mis nalgas, las mordió cariñosamente antes
de untarlas, siguió con mis piernas y pies y luego se dirigió a mi pija, allí estuvo
un rato. Me masturbaba a la vez que me untaba con el liquido y me lo lubricaba,
cuando mi erección llegó a un estado en el que no faltaba mucho para estallar
me dejó de tocar. Se sentó en el mostrador y me acerqué, le besé el cuello y le
acaricié los brazos. Me retiró la cabeza y se recostó, dejando sus piernas a un
costado del estrecho mostrador, colgando. En un instante supe lo que quería
así que le tomé sus piernas y las aparté hacia un lado, le comencé a untar con
la sustancia el ano como si fuera un lubricante, luego coloqué sus piernas
sobre mis hombros. Como el mostrador era lo suficientemente bajo como para
poder cogérmelo, comencé a acercar mi verga a su culo, ampliamente dilatado
(entraron 3 de mis dedos) y metí la cabeza, luego iba metiéndosela lentamente,
le arrancaba suspiros de placer, comencé a moverme dentro de él, cómo si le
metiera y sacara mi venoso pedazo de carne de su infinito agujero.
Nos sentíamos en el Edén, finalmente nos vinimos juntos, yo adentro de él y
él sin que yo le hubiera tocado su chota.
Nos quedamos hablando de lo maravilloso que había sido, además de hablar
de sexo, chicos, y nuestro deseo mutuo antes de esta noche de primavera.
No sé cómo pero nos excitamos de nuevo y nuestras vergas comenzaron a
despertarse, aún nos quedaba deseo (nunca se va a acabar) así que nos fuimos
al fondo del depósito, donde habían cajas con ropa. Yo me recosté sobre ellas
con mis piernas inclinadas hacia arriba y abiertas dejando al descubierto mi
ano para que entrara en mí. Se avalanzó con fuerza y me empezó a dilatar con
el liquido, yo le chupé su pene salado y se acostó arriba mío para comenzar a
follarme. Estaba sintiendo el mayor placer de mi vida y descubriendo lo
maravilloso que es el sexo entre machos. Pude sentir como disfrutaba Jorge
mediante sus gemidos y suspiros, mis gritos de dolor se transformaron a placer,
sentimos un torrente de pasión que nos quemaba, yo desnudo entre las cajas y
él también, como vino al mundo, haciéndome el amor.
Me gustaba sentir sus bolas golpeando contra mi culo. Luego cambiamos de
posición, yo me senté arriba de él y me penetró de una sola vez,
prácticamente
ni me dolió. Mientras me culeaba salvajemente, me estaba haciendo la paja con
su mano, era fascinante sentir su mano agarrando mi pija, llevaba puesto un
anillo de plata liso en su dedo y me encantaba verlo masturbarme, finalmente
me vine y toda mi leche caliente fue a parar a su mano. Jorge llevó su mano con
semen a su boca y se comió gran parte del mismo, el resto me lo dio a mí. Yo le
chupé la mano hasta que no quedó nada de esperma. Luego él sacó su pito de
mi ano y se sentó sobre mis abdominales. Allí eyaculó como un litro de semen,
que lo esparció por mi cuerpo y mi boca. Nos revolcamos un rato por el piso y
finalmente nos situamos en posición de 69. Esa fue la última vez (en ese día)
que eyaculamos en nuestras pofundas gargantas.
Terminamos esa maravillosa noche abrazados durante 10 minutos y después
cada uno se fue a su casa. Desde esa noche todas las semanas voy a "comprar"
a la tienda cuando está cerrada, o nos damos un polvo en su apartamento.
Fin.