- Fantasía -
Mi padrastro se sintió muy
feliz cuando se anunció mi viaje al internado.
Insistió en que era lo mejor
para un adolescente como yo. Dijo que debía darle las gracias, pues
después de la muerte de mi madre él me había podido
botar a la calle, y que en esa isla la pasaría muy bien.
Al mandarme a esa isla en el extranjero, él podría controlar las empresas que mi madre tenia, el no soportaba la idea de que yo fuera el futuro dueño de ese imperio económico.
Yo temía que ese hombre me
vendiera a sus socios de la empresa de
pornografía en Alemania.
Un día, en lo más intenso del calor de verano, un príncipe árabe llegó a la casa de campo. Yo estaba mirando por la ventana cuando él descendió de helicóptero. Su vestimenta era una chilaba de seda con capucha, y tenia una gran cadena de oro. Más tarde, supe que se trataba del dueño de supuesto internado al que me mandaría mi padrastro, aunque no llegué a saber su nombre. El caso es que, según me enteré, mi padrastro había conocido a nuestro invitado en una de sus empresas en París. El joven había embargado las cuentas por los malos negocios en América Latina.
Cuando llegó el príncipe, yo estaba ya solo en la vida. Yo tenia quince años. Me gustaba nadar en la piscina, y desde que era huérfano a mi padrastro le agradaba que vistiera unas tangitas o me bañara desnudo.
Mi padre parecía encantado con la forma en que me vestía. Se pasaron mucho tiempo hablando de negocios. Yo tenia que acompañarlos vestido con un uniforme colegial. Me enteré así del gran castillo donde viviría. Mi padrastro me había hablado del lugar.
Durante la cena, el joven príncipe me sonrió. Me preguntó en qué clase de juegos me gustaba participar, y me dijo que era un chico muy bonito.
- Realmente encantador- añadió.
Luego, ellos se dedicaron a hablar
de las empresas. El joven afirmó que él prefería un
chico rubio como yo, y aseguró
que la deuda se pagaría de acuerdo con lo pactado..
Mi padrastro asintió con
un gesto. El no quería que yo me enterara de los detalles.
Yo tomaba un sorbo de jugo, mientras les oía hablar, y me ruborizaba cada vez que ese joven me miraba y tocaba las piernas.
Lo que más me sorprendió
fue la actitud de los empleados de mi madre. Pese a todos mis esfuerzos
ellos me reprochaban todo yo empecé a sospechar que algo estaba
pasando.
A últimas horas de aquella
misma noche, mi padrastro acudo a mi dormitorio, y se sentó al borde
de la cama. Me dijo que me iría con el, y me pregunto si me gustaba
la idea. Luego, me preguntó si me gustaba el príncipe.
Le contesté que ese joven me parecía muy extraño, pero que era un millonario.
Le dije que algún día me encantaría pagarle todo lo que el se preocupaba por mí.
Él me sonrió y me acarició la mejilla. Dijo quizá algún día. A continuación, me comunicó que había decidido que me entregaría en custodia del príncipe en la mañana.
No dije nada. Pregunté qué debía hacer, a lo que me contestó que solo llevar vestido una chilaba roja, con unos pantalones cortos de seda transparente que me entrego. Luego añadió que me enviarían a uno de los hombres del príncipe, para que hablara conmigo.
Y tras decir esto abandonó la habitación. Permanecí sentado en la cama, pensando como escaparme.
Un hombre vestido con otra chilaba llegó al cabo de un rato. Tenía un rostro miedoso y parecía divertido por la situación.
Hola. Le he traído un regalo , se sentó en mi cama.
- ¿ Estas triste?
- Oh , no
No comprendí lo que quería decir, ni tampoco su expresión. Prosiguió.
- Déjame verlo
Al decir esto y antes de que yo pudiera hacer un gesto, tiró de la sábana. Vio mi erección sobresalir en el pantalón de mi pijama y dirigió su mirada a mi rostro, riendo.y me quito el pequeño pantalón.
- ¿ Tienes algún hermano?
- No- respondí entre
lagrimas.
- Dése la vuelta.
Lo hice asustado. Examinó mis nalgas y se levantó.
- El príncipe, me ha dicho que, puesto que he comenzado su educación, muy a mi pesar, no lo olvide, debes aceptar mis ordenes. Por este motivo, le he traído un regalo del príncipe.
- ¿ Cuál regalo?
Era un gran morral de lona, con unas sandalias de piel marrón, unas botas, un saco de dormir de color naranja, una cadena de oro, y un arete.
Y salió
Tome los regalos, me puse unos mini
calzoncillos de seda azul, pues mi padrastro solo me compraba esas prendas,
con un pantalón informal verde, y una camiseta de tejido blanca
y tome el morral y salí del cuarto.
Tenía mucho miedo de encontrarme con alguno de los hombres del príncipe o los sirvientes de mi padre, de modo que tomé las precauciones al bajar la escalera. En cuanto estuve en la playa corrí hasta llegar al puerto.
Aguardaba desde hacía media hora cuando vi llegar dos carros. Supe entonces que seria esclavo de aquel degenerado joven .
Los hombres que bajaron me rodearon
y me montaron en uno de los carros a la fuerza.
Viajamos en silencio hasta llegar al helipuerto.
Allí, uno de los guardias me dijo:
- Bájese los pantalones.
Hice lo que me pedía, el hombre se rió al ver mi erección.
Sin los pantalones me bajaron del carro, a un lugar donde había una fogata.
En el lugar estaba mi padrastro y el príncipe.
Dos hombre terminaron de desnudarme.
- Realmente es encantador - dijo el principe
Entonces, él se me acercó. Habló sobre mi nueva vida, y luego sobre la esclavitud. Yo apanas si comprendía lo que pasaba. Me palpó el pene, me lo sostuvo y besó. A continuación, hizo que dos hombre me tomaran de los brazos y me dieran la vuelta. Me acarició el trasero. Y pidió un hierro caliente para macarme una las nalgas.
- Yo grite y llore del susto intentado
soltarme, pero otros dos hombres me tomaron
por los pies y me alzaron, para
llevarme cargado hacia la fogata.
Entre gritos y llantos el príncipe
tomó el hierro, y lo puso en mi nalga derecha.
Sentí un dolor inmenso y una gran humillación.
- Solo es una muy pequeña marca con mis iniciales.
Me acarició con alcohol, para
que sanara. Y luego me colocaron las sandalias, me
abrieron una oreja y me colocaron
un pendiente entre los gritos de dolor.
Me colocaron los pantalones de seda,
mientras otro hombre me colocaba un collar,
unas pulseras, y ataba mis manos
a aquel.
Me taparon los ojos y me montaron
en el helicóptero.
Ese día, al llegar al castillo, me entregaron a un hombre. Me vigiló mientras yo caminaba en fila con los nuevos esclavos hacia las celdas. Podía sentir su mirada posada sobre mí.
Al llegar a la jaula que me correspondía, un chico vestido con una bata transparente me dijo - Deposite su ropa aquí. - y me señalo el fondo de la bolsa.
Que rubio tan bello - dijo el hombre
vestido con un largo abrigo de color gris, de
muy buena confección y paño
excelente. Unos zapatos muy brillantes.
- ¿ Puedo quedarme con los pantaloncillos?
El hombre se queda mirándome
fijamente y con una expresión burlona en sus
labios me dijo:
- No.
Procuré contener mi irritación
Los Jóvenes guardias que nos vigilan me miran y sonríen. En sus ojos hay regocijo.
- Bien - dice el hombre - voy a verlo ahora. Y me ordena desnudarme.
Al principio no comprendí, y me tiemblan las extremidades. Luego, me niego.
- Señor puedo hacerlo solo
El hombre insiste. El tono de su
voz es imperioso. Observo la firmeza de sus labios. No está dispuesto
a soportar mi desobediencia. Me ordena una vez más. Permanezco
sentado en la cama congelado de
susto, rodeado de dos guardias.
- Por lo que veo, se niega el muchacho - dice el hombre
Les dice a los dos guardias que me
desnuden. Me retiran de la cama, me quitan la chilaba y el pantalón
de seda, y finalmente quedo desnudo por completo delante de ellos.
Se despide de los guardias, que
salen de la jaula, cerrando la puerta
- Yo trabajé para tu madre.
El hombre me tocó las nalgas y me dijo:
- Es usted la misma criatura maravillosa
que conocí hace años. Y, sin lugar a dudas,
debes ser virgen aun.
No le dije nada. Ni siquiera lo miré. Me dediqué a mirar la ropa que me habían metido en el morral que el príncipe me regaló. El hombre volvió a hablarme, Ahora, su voz no fue más que un débil susurro. Me giré hacia él y vi que se había quitado el largo abrigo, y solo vestía un pequeño bañador de seda transparente con una indiscreta hinchazón de su pene.
- ¿Que quiere señor de mí?
- ¿Es usted virgen?
- Eso no es asunto suyo.
Me giré de nuevo hacia la cama donde estaba el paquete.
Abrí el paquete saque unas tangas pequeñas de colores de seda, una camisetas estampadas con unos números, dos pantalones de nylon, un buso en algodón, unos zapatos apache, unos tenis, un delantal de seda transparente.
Anexo encontré otro paquete,
con unos patines, raqueta, dos cojines, dos cobijas,
unas esposas, dos cuerdas, un antifaz
, una colonia, toallas..
Sentía una terrible vergüenza de tener que vestir esa erótica ropa.
El hombre se sentó al borde
de la cama y me dijo que en ese lugar tenia dos
alternativas y me preguntó
si quería escoger.
- Oh, si - le dije
Él me sonrió y me acarició
la mejilla. Dijo que de ese lugar no saldría en mucho tiempo. A
continuación me acarició el trasero. Yo me estremecí
de susto ante la sensación de sus manos tocándome, sus dedos
me estrujaban las nalgas con suavidad.
El pánico se acentúo
al observar su gran pene erecto dentro de la tanga
de seda transparente que tenia puesta.
- ¿Cuántos años tienes?
No dije nada. Pregunté por
qué me habían escogido, a lo que el hombre contestó
que por hermoso y nalgón.
- No será nada espantoso que
te la metan por detrás - me dijo - estoy seguro
que te resultará agradable.
- No, eso no lo permitiré - contesté.
Me estuvo gastando bromas. Me abrazó
y me acarició el pipí.
Luego dijo que me prepararía.
- Siéntate aquí - dijo
golpeando el borde de una bañera que tenia la jaula -
Voy a maquillarte para la cena.
Me maquilló durante largo rato, cuidadosamente los párpados, las pestañas, las mejillas, los pómulos, los labios. Mientras, me explicó que quería ser mi amigo. Concluyó su obra haciéndome una especie de pequeño lazo.
- Qué guapo estas.
Me vistió con una tanga roja
sostenida con una cinta rosada que penetraban dentro
de mis nalgas para sostener la pequeña
tela semi transparente que tapaba mi pipi, un delantal blanco, que
me cubría el vientre y la mitad de los muslos. Unas zapatillas,
y me ató las manos.
- ¿Debo ir vestido así? - pregunté asustado.
- Vamos, estás muy guapo.
Al cabo de un rato, me beso la boca
con la lengua entre mis ruegos y llantos pues no
me gustaba, le grite que no. El
hombre se echó a reír y de repente, se quitó la tanga
y se sitúo detrás
de mí, apretó su gran verga contra mi trasero y me susurró:
- Serás el esclavo mas guapo
de la cena, se puso el abrigo y tomándome del brazo
me condujo a través del corredor
que daba al gran Salón.
Los anfitriones no pudieron ocultar la risa al vernos llegar.
- ¿Quién es este? - exclamó un viejo.
- Si el chico ha venido a cenar con sus papis, lo mejor será quitarle el delantal.
- Perdona - el hombre se apresuró
a quitarme el delantal. Pero no pude contener
la risa al ver la emoción
de los viejos al verme.
- Un muchacho muy hermoso.- dijo otro de los hombres al verme semi desnudo.
- Ya veremos quién se queda
con él - decidió el mayor de ellos- después del baile.
¿Ha traído otros,
señor Martínez?
- ¿ Por qué no le quitamos
las esposas al chico? - Propuso un joven,
desvergonzadamente mirándome.
El hombre me las quita.
- Caballeros, sepan ustedes que en
mis salones no se va a la mesa hasta después del baile. Ahora -
añadió el viejo vestido con un smoking poniéndose
en pie - voy a bailar
con el chico, mientras traen sus
esclavos.
Me toma de la mano y me saca a bailar y mientras entran otros jóvenes algunos de ellos iban desnudos; otros medio desnudos o medio vestidos con unos uniformes colegiales se apiñaban en una esquina del gran salón, de pelo castaño y rubio ellos y yo, nos vimos obligados a danzar toda la noche con aquellos hombres sin darnos el más leve reposo. Pero como todo lo que comienza debe por fuerza terminar, llegó el momento de cenar.
Resultaba gracioso ver a esos viejos
bailar con los pequeños chicos, y la desmedida violencia con que
se fueron presentando los múltiples contratiempos que fueron suscediéndose
en la noche. Un hermoso muchacho rubio se deslizó desnudo
por la
mesa cubierto de caramelo mientras
todos lo lamíamos. Algunos chicos desaparecían
del salón con los viejos
como por arte de magia.
Un chico rubio vestido con una tanga
como la mía, me sonríe y se acerca donde el
viejo que me tenia, y le habla al
oído
- ¿ Eres feliz, Nicolás? - pregunta el viejo.
- No - contesté acerca.
Continuara ...............................
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