VÉRTIGO SEXUAL

 Hace unos meses que tengo vecinos nuevos, son un matrimonio joven con un hijo de unos trece años, rubio y muy alegre, con el que me llevaba muy bien. Esto suponía que cuando sus padres se ausentaban, yo me ocupaba de que no estuviera solo.

 Lo siguiente sucedió un día por la tarde en que Luís estaba conmigo, pues sus padres se habían ido a la ciudad. Nada más comer, dije que iba a echarme la siesta, a lo que él contestó que dormiría conmigo. Recuerdo que hacía calor y  se quedó tan sólo en camiseta y calzoncillos; mientras yo nada más que llevaba el slip. Palabra que en mí no había ni el más mínimo pensamiento sexual, pues Luis nada más que era un chiquillo que quería  tumbarse conmigo a oír historias.
 
 Sin embargo, pronto descubrí que él dedicaba algunas miradas de reojo a mi entrepierna, por lo que volví a decirme que no debía ser tan niño como yo había creído. Quizá le empezaban a interesar las cosas del sexo.

 Como es natural, no nos dormimos en seguida, al tenerle que contar esas historias que a él tanto le gustaban. En este caso fue una de miedo. Al finalizar, comentó lo asustado que se sentía, y se abrazó contra mí pegando su cuerpo al mío. Mi polla se tensó; y las dudas me asaltaron. Quise comprobar hasta qué punto llegaba su inocencia infantil por el sexo. Por eso hablé de una cicatriz que tengo en el muslo. Al momento encendí la luz para mostrársela. Sus ojos volvieron a clavarse en mi entrepierna, con lo que apreció el enorme bulto que se me había formado. Esto me confirmó su interés por el sexo.

 A pesar de la erección que yo sufría, terminé pensando que era un niño, ya que sólo tenía trece años. Esto me contuvo e intenté quedarme dormido. Lo conseguí; no obstante, me desperté muy excitado. Esto provocó que mis buenas intenciones se esfumasen. Entonces se me ocurrió una idea, que me iba a permitir comprobar cómo él reaccionaba en el terreno sexual.

 Tras asegurarme de que estaba dormido, cogí su mano derecha y, con suma delicadeza, la puse sobre mi polla por encima del slip. Esto aumentó, si ello era posible, mi erección. Luego de permanecer así unos momentos, moví la cama para despertarlo; sin embargo, yo me hice el dormido.

 Su reacción nada más abrir los ojos y darse cuenta de donde tenía la mano fue de susto y, al mismo tiempo, de sorpresa. En seguida la retiró, como si se hubiera quemado. Esto me llevó a creer que mi plan había fallado. Sin embargo, tras unos minutos de silencio, empezó a llamarme en voz baja, acaso para comprobar si yo estaba dormido. Viendo que no le contestaba, luego de insistir un poco más, debió convencerse de que tenía el terreno libre.

 Al momento colocó su mano sobre mi pecho y volvió a llamarme. Viendo que yo seguía en la misma postura, descendió los dedos lentamente: primero, llegó a mi ombligo, a la altura del cual se detuvo, como si aún no se atreviera a dar el paso definitivo; luego los bajó hasta tocar los pelos que sobresalían en el slip, para, al fin, dejarlos posados sobre el bulto de mi polla. Yo me hallaba a punto de estallar, gracias a la tensión que me dominaba y a las caricias anteriores.

 Una vez pudo tocar mi polla, Luis me la fue palpando con cuidado. Se atrevió a apretarme los huevos, con lo que terminó por demostrar lo que yo suponía: le atraía el sexo. Pero también a él le supuso una gran calentura, que pretendió aumentar viendo cómo era mi polla al natural, sin tela de por medio.

 Metió un dedo por el elástico del slip, rozándome el capullo; pero siempre con mucho cuidado para evitar que yo abriese los ojos. Entonces creí que nos hallábamos en el momento ideal para simular que me despertaba. Sin embargo, él se sobresaltó tanto que en seguida retiró la mano y se hizo el dormido.

 Esto consiguió que yo le llamase con voz de sorpresa; y cuando, al fin, me preguntó qué pasaba, luego de incorporarse en la cama. le dije que no intentase fingir pues unos momentos antes había tenido su mano dentro de mi slip. Frente a mis palabras, Luis debió aceptar la evidencia.

 - No sé lo que me ha pasado. Sólo puedo decirte que al despertarme, hace un rato, tenía mi mano en tu "pirula"... De verdad, me ha resultado imposible el impulso de comprobar cómo era y te la he estado tocando un poco...

 - Pues será como la tuya más o menos, ¿qué te ha parecido? - pregunté a la vez que intentaba contener mi descomunal empalme.

 La mía es más pequeña. Pero no he podido contemplarla bien, ya que había empezado a tocarla cuando tú te has despertado. Sólo he notado que es muy grande y que desprendía bastante calor por toda su piel...

 - Dame la mano, Luis, y podrás hacerlo de nuevo. Así conocerás cómo es la polla de un hombre. ¡Pero antes has de prometerme que esto quedará como un secreto entre los dos!

 Tras decirme que no se lo contaría a nadie, alargó su mano derecha y yo me cuidé de que se posara sobre mi "pirula", como él la había llamado. Me acababa de quitar el slip. Luis la agarró suavemente y, después de recorrerla hasta la base varias veces y de acariciarme los cojones como si tanteara una valiosa mercancía, exclamó:

 - ¡Oye, ¿porqué está ahora tan mojada, acaso te has hecho pipí?!

 - No, esto es muy diferente, es una sustancia que sale de la picha, cuando esta se pone tiesa, para facilitar la penetración en el sexo de la mujer.

 Debido a que Luis no dejaba de mover su mano sobre mi polla, se me escapó un gemido de placer. Una reacción que le llevó a creer que me había hecho daño, por eso me preguntó algo asustado:

 - ¿Te ha dolido al tocarte la punta? - Como al momento se dio cuenta de que no había sido así, rectificó proponiéndome lo siguiente: Enciende la luz y así veré cómo es tu "pirula". Por favor, no te hagas de rogar tanto...

 Con toda la claridad que nos proporcionó la lámpara del techo, pues estaban echadas las cortinas, comprobé como él se agarraba a mi polla como si fuera la empuñadura de una raqueta de tenis. De ahí que le advirtiese:

 - Si continúas tocándome de esa forma terminaré por correrme...

 - ¿Correrte?

 - Sí, me vendrá un gustazo grande y me saldrá un líquido blanco por la polla. Es la
leche. A esto se llama "correrse".

 - ¿Qué debo hacer para que te corras?

 Yo me sentía alucinado ante la candidez de aquel muchacho, lo que otorgaba a sus caricias un matiz bastante especial. Así que cogí su mano derecha y la llevé arriba y abajo, para enseñarle como debía pajearme. También puse su mano izquierda sobre mis huevos.

 Aprendió deprisa, lo que supuso que me masturbase de una manera fenomenal. A los pocos minutos, ante su asombro, me corrí en las palmas de sus manos. Poco después, tras recuperarme mientras le explicaba porqué la polla se hacía tan pequeña, le dije:

 - Bueno, ahora vamos a ver cómo es la tuya.

 Me puse frente a él, y empecé a pasarle la mano por su entrepierna. Al principio su polla me pareció pequeña como la de un bebé, pero notaba cómo le crecía poco a poco, hasta que se puso tiesa como un palo. Deslicé los calzoncillos y me recreé con los pelos que cubrían sus ingles, una delicia que me pareció tan suave como el terciopelo.

 Luego cogí la verga del muchacho con una mano y comencé a meneársela. Ante tal iniciativa, se sobresaltó con el gusto que le estaba brindando, pues aunque a veces se le ponía dura, según me confesó después, nunca había llegado a tocársela.

 Con la otra mano, le acariciaba sus testículos sin vello, a la vez que le
masajeaba suavemente las nalgas. Aquello fue demasiado, pues se encontraba excitadísimo, y acabó por correrse medio desvanecido por la emoción con un chorro de esperma que inundó mis manos.

 Seguidamente, él pretendió que le informase sobre todo lo que desconocía sobre el sexo. Y el papel de profesor me volvió a excitar, al sentirme muy asombrado de que un crío fuese capaz de calentarme de aquel modo.
 

Anónimo.