Volando a ras de suelo

La historia que el lector está por dar cuenta, es el recuerdo rescatado por 
la memoria de una noche en vela de soñar despierto. Retazos de realidad y la 
imaginación impulsada por el anhelo y el deseo son la materia prima que le da 
vida a las palabras que están por venir.
                                                
                                                        Espero les guste.




Ocurrió un verano, a medio camino de mis quince años. Mi papá había 
cumplido su promesa de llevarme a España como premio a mis notas en el 
colegio, y gracias a una confianza que presumo bien ganada, habíamos acordado
que cada quien gozaría del país visitado en forma independiente. En su agenda 
figuraba principalmente una pareja de entrañables amigos que había conocido en
su época universitaria, el es médico. 

Yo, por mi parte, planeaba y esperaba conocer nuevos amigos. Mis 
oportunidades se reducían a la ciudad española, Barcelona. Tendría 
aproximadamente una semana para conocer la ciudad y llevarme bellos 
recuerdos a casa.

Arrivamos al aeropuerto al anochecer. Media hora más tarde llegamos al que 
seria nuestro hogar por esos días, la casa de Laura y Guillermo, los amigos 
de mi papá. Yo estaba feliz por lo que había tenido oportunidad de observar
en el trayecto desde la terminal aérea. !!Empezaba a respirar Barcelona!! Esa 
noche apenas dormí entusiasmado ante la promesa de unas extraordinarias 
vacaciones. 

Detalles a lado, salí de la casa de nuestros amables anfitriones poco antes 
de las nueve de la mañana; un inicio de actividades que, por cierto, obedece 
a horarios muy tempranos y poco habituales en mí. Pero como decía... la 
emoción de hacer mía la ciudad de Barcelona me desbordaba.

Inicié mis caminatas en los alrededores del centro de la ciudad. Recorrí sus
calles con la excitación propia de quien se apresta a conocer y percibir 
un mundo diferente al acostumbrado. Ya entrada la tarde me encontraba 
descansando sobre la banca de una pequeña aunque bulliciosa plaza, uno de
esos lugares que huelen a pueblo y que milagrosamente no ceden su nota 
nostálgica a la modernidad que invade la ciudad de la que forman parte. 
Estaba un tanto desilusionado, con la memoria triste por no haber podido 
enriquecerse con al menos una fotografía memorable de todo cuanto había 
tenido la oportunidad de observar. Barcelona era, en esencia, notablemente 
parecida a mi ciudad de residencia. De bella y variada arquitectura, con 
barrios marcadamente estratificados, Barcelona es una ciudad que no oculta su 
aire cosmopolita...; aunque, claro está, carece del elevado ambiente caótico 
que "engalana" y hace famosa a la ciudad de México. La gente de la ciudad
española se percibe un tanto mas fría y distante que su contraparte mexicana. 
En resumen... una ciudad hermana, algo más organizada y palpablemente dueña 
de una mejor condición económica disfrutada por sus habitantes.

Sentado en la banca de aquella plazita empecé a echar de menos la compañía 
de un buen amigo, pensaba que la experiencia sería mucho más agradable si
tuviera a un compañero de locuras a mi lado... 

Ese día, antes de regresar a casa de mis anfitriones, gocé, por gracia de un
guapo chaval, de un episodio breve pero sumamente grato. Para levantar el 
ánimo me dirigí a una nevería que estaba a espaldas de donde yo me encontraba 
sentado; mientras pedía mi helado entró por mi costado derecho un bello chico 
de unos once años acompañado de otro más pequeño que no le iba muy a la saga 
en cuanto a apostura. Mis ojos fueron conquistados por la rebosante belleza y 
sensualidad atrapadas en el mayorcito. Al escuchar mi voz, y percatarse de 
que mi acento no era el de un ciudadano español, me miró con sus bellísimos 
ojos, cargados con la curiosidad de quien ve a un extranjero. Su mirada era, 
además de inquisidora, amistosa e inundada de frescura a causa de su 
ostensible indiscreción. La simpatía prendió fuego en mí... y con gesto 
juguetón le mostré sonriendo la lengua. Él me regaló una tímida sonrisa al 
mismo tiempo que cohibido desviaba la mirada. Yo me marché con el corazón 
alegre por el fugaz y hermoso momento vivido.

Con los primeros signos del anochecer llegué a casa. Pasé en compañía
de mi tío y sus amigos una grata velada. La cena estuvo muy rica y el ángel
de la noche hizo su aparición propiciando una charla amena, divertida e
interesante.

Volví a salir por la mañana con renovado entusiasmo para impregnarme de los
sitios y el ambiente de Barcelona. Esta vez mis destinos apuntaban al norte
de la ciudad... De nueva cuenta no tuve la oportunidad de percibir nada
extraordinario, pero mi estado anímico era bastante bueno. Por la tarde, en 
un lugar ubicado en el centro de la ciudad, iba a conocer en persona a un 
par de boylovers... a los cuales, gracias a ese conjunto de tecnologías que 
le dan vida a la mágica Internet, les considero orgullosamente mis amigos. 
Pero esa, es otra historia...

Mi meta el tercer día era la zona sur de la ciudad. A media tarde me
encontraba deambulando por un barrio que parecía ser de clase media. Me 
detuve en una cancha de fútbol acotada por un par de condominios y un reja 
de rombos. La cancha y sus alrededores estaba, felizmente, poblada en 
abundancia por niños y adolescentes. Está por demás decir que disfruté
durante varios minutos del espectáculo que se me brindaba; mi atención se
dividía entre el partido de fútbol que se estaba llevando a cabo y los 
chavales más guapos y atractivos que adornaban con su apostura y vigor 
la pequeña zona.

La combinación de belleza y fútbol que imperaba en la cancha eran un paraíso
irresistible para mí; no había duda, tendría que regresar al siguiente día 
y... hacer lo mío!

Por la noche estuve preparando ansioso mis cosas para el prometedor día 
siguiente. Quería llamar la atención cuando estuviera en la cancha... y 
haría uso de todos los medios que estuvieran a mi alcance; la vestimenta era 
uno de ellos. Me pondría una trusa blanca de entre mis favoritas, una que, 
por motivos desconocidos a mi sencilla persona, hace suponer que resguarda 
un tesoro de dimensiones mayores a las reales. Usaría mi viejo short color 
vino, aquel que se me pliega sugerente y no teme darle paso a los ojos 
curiosos. Vestiría también la playera gris, aquella que se ajusta a mi cuerpo 
a las mil maravillas. Para cerrar, unos tines blancos y unos tenis que 
cumplieran su presuntuosa tarea de costumbre.
        
Como el lector podrá notar, deseaba dar una grata impresión. No son muchos
los atributos físicos que me adornan, pero créame, los hay. Mi rostro no está
dotado de sobresaliente belleza, pero la naturaleza y el constante ejercicio
sí me han favorecido con un cuerpo difícilmente superable; al menos yo estoy
convencido de que es así :) 

Transcurrió la noche... y al día siguiente, a eso del mediodía, estaba ya
dominando el balón con notable soltura en la cancha mencionada, misma que a 
mi arrivo exhalaba su aire más solitario. Cerca de una hora más tarde, 
posterior a mi llegada, llegó un pequeño grupo de chicos deseosos de jugar
con la pelota; diez minutos después empezó la magia... y yo era el mago 
estrella. Poco a poco la cancha fue poblándose de chicos inquietos y con 
ganas de participar del juego. Las retas empezaron a aparecer e incrementarse 
al mismo tiempo y ritmo en que lo hacía mi alegría.

Me encontraba en secreto éxtasis; de manera similar a como podría sentirse
un cantante en medio de uno de los conciertos más emotivos y exitosos de su
vida........

De entre los chavos que fueron llegando a la cancha en el transcurso de la
tarde, uno llamó con particular fuerza mi atención. Era un guerito que 
aparentaba estar entrado en los catorce años. De pelo lacio y color castaño
claro. Figura esbelta y leve tono atlético. Dueño de un hermoso rostro 
esculpido por finas facciones; en donde el brillo de sus bellos ojos azules 
destacaba por la intensidad de emociones y el cúmulo de secretos que 
atesoraba... suposición que tuve la fortuna de confirmar más tarde. Su 
mirada y sus gestos corporales eran los de alguien que se siente y sabe 
líder; su natural y moderada arrogancia, combinada a su belleza física, le 
imprimía a su persona atractiva sensualidad.

Instantes después de enterarme circunstancialmente que su nombre era    
Fernando, tuve, por primera vez, la oportunidad de cruzar miradas con él; 
fue un momento tan eléctrico como fugaz, como ocurre cuando dos personas se 
miran y se reconocen. Sí, me doy cuenta que eres una persona especial, es lo 
que le comuniqué con mi mirada, y lo que él a su vez me transmitió con la suya.

Debido a las usuales partidas y llegadas de los participantes, Fernando pasó
a formar parte de mi equipo. Disfruté del contacto físico con él cuando era
parte de un equipo contrario, pues pretendió ejercer marca personal sobre mí; 
pero disfruté aún más de construir bellas jugadas futboleras con él, Fernando 
jugaba con habilidad e intensidad... otro motivo más para que mi simpatía 
por él creciera considerablemente.

La gratísima jornada futbolera vio su fin. Haciendo gala de buenos modales
pasé a despedirme de mis recién conocidos compañeros de equipo. Cuando 
me despedía del último de ellos, de nombre Alan, este me invitó a tomar
un refresco. Fernando se nos unió. Los tres nos dirigimos a una tiendita
que estaba a cien pasos de la cancha.

Alan:  ¿Te gusta mucho el fútbol? 

  yo:  Sí, es una de las cosas que más disfruto.

Alan:  ¿Te gustaría llegar a ser profesional?

  yo:  Me agrada la idea pero no creo que ese sea mi destino.

Alan:  ¿Por qué? ¿No crees poder lograrlo? Juegas muy bien y yo creo que sí 
       podrías hacerlo.

  yo:  No, no es eso; es sólo que mi instinto me dice que mi futuro está en 
       otra cosa.

 Fer:  ¿En qué? -me pregunta con un dejo de sarcasmo-

  yo:  No lo sé.

 Fer:  ¿No te atrae el dinero y la fama?

  yo:  Sí, he soñado con esas cosas... pero si te pones a pensar en los dos 
       lados de la misma moneda, la fama y el dinero dejan de ser tan 
       atractivos.  
  

La plática se ve suspendida por un breve silencio, un silencio que reconozco 
muy bien... He sido demasiado denso. Me prometo dejar descansar a mi 
pretendida madurez... por supuesto, no será fácil :->

Llegamos a la tienda y tras hacernos de los refrescos la charla continúa 
sentados en la acera de la calle casi desierta.


Alan:  ¿Dónde vives?

  yo:  En la ciudad de México.

Alan:  !Ah, eres mexicano!

  yo:  Pues nací en Italia... aunque sí, la mayor parte de mi vida la he 
       pasado en México. Tengo ambas nacionalidades. Mi mamá es mexicana y 
       mi papá es italiano.

Alan:  ¿Hablas el italiano?

  yo:  Sí, desde chiquito me lo enseñaron... es fácil de aprender.

Alan:  ¿Y qué andas haciendo por acá, en Barcelona?

  yo:  De paseo... acompaño a mi papá que ha venido a visitar a unos amigos 
       suyos.

Alan:  Ahhh, ¿y viven por aquí cerca los amigos de tu papá?

  yo:  No, viven al norte de la ciudad.

Alan:  !¿Y qué andas haciendo por estos rumbos?!

  yo:  Paseando... de vagabundo, conociendo la ciudad. Creo que cuando 
       conoces un nuevo lugar es más valioso hacer esta clase de cosas que 
       visitar, por ejemplo, el Museo del Prado... aunque la verdad es que 
       ya también lo visite.

Alan:  ¿Pues cuantos días llevas en la ciudad?

  yo:  Este es el cuarto día.

Alan:  ¿Y cuando regresas a México?

  yo:  Yo creo que en unos veinte días... aunque dejo Madrid el Domingo o 
       Lunes próximo.

Alan:  ¿A dónde más vas a ir?

  yo:  Pues el plan es ir a Madrid y estar un par de días ahí, después ir a 
       París y finalmente Amsterdam. Yo tengo mucha curiosidad por conocer 
       París y mi papá quiere volver a Amsterdam, es una de sus ciudades 
       favoritas. -Le respondo a Alan esforzándome por sonar de lo más 
       natural, presumiendo sin presumir. Noto con mucha satisfación que he 
       logrado impresionar un poco a mis escuchas.... bueno quizás no tan 
       poco :) jijijiji-
  
 Fer:  ¿Viajas mucho? 

  yo:  No, no soy rico. Es la primera vez que tengo oportunidad de venir a 
       Europa.

Alan:  ¿Y te ha gustado la ciudad, Barcelona?

  yo:  Sí... Bueno, lo que pasa es que bla bla bla bla bla ...... -La plática 
       continúa por algunos minutos. Alan nos avisa que se tiene que ir, se 
       despide de Fer y acto seguido, al darme la mano para despedirse, me  
       pregunta: 

Alan:  ¿Vas a volver a venir?

  yo:  Mmmmmm, no sé..... yo creo que sí, probablemente venga mañana de nueva 
       cuenta a jugar un rato. 

Alan:  Vale... Adiós.

  yo:  Adiós.

  yo:  ¿Es tu mejor amigo? -Le pregunto a Fernando mientras acompaño con la
       mirada la partida de Alan-

 Fer:  No. -Me responde secamente, y leo en su mirada cosas muy interesantes.
       Tras una breve pausa me pregunta: - ¿Tienes novia?

  yo:  No. Tuve a la primera el año pasado, pero no duró más de dos meses, 
       de cualquier forma fue una experiencia muy importante....... Imagino 
       que tú sí tienes novia, ¿no?

 Fer:  No..... ¿Por qué se separaron tú y tu novia?

  yo:  Mmmmmmm, no sé...... supongo que por muchas cosas, a veces la talla de 
       las personas disminuye conforme te acercas a ella... claro que otras 
       veces aumenta... pero este no fue el caso..... Oye, pero ¿cómo es eso 
       que no tienes novia? Seguro que no ha de faltar quien quiera.

 Fer:  No sé... Todas las niñas que conozco son como que bobas.

  yo:  Mmmmm... sí... sé de lo que hablas. La estupidez abunda en el mundo. 
       Pero bueno... ya vendrá alguna a moverte el tapete, ¿no?

 Fer:  Sí, puede ser...... Oye, vamos al cine, te invito.

  yo:  ¿Ya, ahorita? Necesitaría ir a darme un baño, ya ves cómo sudo, si 
       ando así me siento muy sucio. 
  
 Fer:  Vamos a mi casa, me baño, te bañas y te presto ropa para que te vistas.

  yo:  Siendo así... ¿puedo negarme? -Le respondo sonriendo y me levanto 
       presto a emprender el camino... él me sigue -Supongo que vives 
       cerca...
       
 Fer:  Sí, una calle pasando la cancha.

  yo:  ¿Tienes hermanos?

 Fer:  Una hermana... es la mayor, tiene 15 años.

  yo:  ¿Cuántos años tienes tú?

 Fer:  Trece.        

  yo:  ¿Cuándo cumples los catorce?

 Fer:  En Octubre... ¿Y tú, cuántos años tienes?

  yo:  ¿Cuántos crees?
          
 Fer:  ¿Catorce?

  yo:  Quince, cumplo en septiembre.

 Fer:  ¿Y tú cuantos hermanos tienes?

  yo:  Uno, Mario...... ¿Quién está en tu casa ahorita?

 Fer:  Solamente mi hermana, mis papás se fueron esta mañana a Toledo a 
       pasar unos días con la familia de mi papá.

  yo:  Ahhhhh..... ¿Y el cine al que vamos a ir está cerca? ¿Qué película
       quieres ir a ver?
  
 Fer:  Sí, está cerca, en menos de diez minutos estamos ahí... y ahí vemos
       a cuál película entramos.

  yo:  !Ah!, es un multicinema.

 Fer:  Sí... ya llegamos... -Entramos a su casa y apenas traspasar la puerta 
       nos encontramos con la sala, en donde tres chicas pasaban el rato. Yo 
       les saludé con un "hola" y una tímida sonrisa; por repuesta obtuve una 
       serie de risitas y cuchicheos- 
  
 Fer:  Ven, arriba está mi cuarto. -Acompaño a Fernando, tratando de asimilar
       y formular una respuesta a la escena anterior-

  yo:  ¡Qué niñas tan risueñas! ¿Quienes son?

 Fer:  Mi hermana y sus amiguitas -Me responde Fernando en un tono que deja 
       ver su desagrado por la pandilla de pequeñas brujas. Entramos a su 
       cuarto, que por cierto, era bastante agradable; ordenado, elegante 
       sin ser muy ostentoso y bien equipado. Mientras me siento en su cama 
       él se dirige al closet y me dice: -

 Fer:  Mira, si quieres mientras me baño tú escoges lo que quieras ponerte...
       ¿o quieres bañarte tú primero?

  yo:  No, no, está bien, báñate tú primero mientras yo veo qué me puedo 
       poner.

 Fer:  Vale -Mientras dice esto empieza a desnudarse, con falsa naturalidad 
       desde mi punto de vista, echando su ropa a un cesto que está a un 
       costado de él. Observo algo turbado y, también, por supuesto, muy 
       contento, que no se ha dejado absolutamente nada puesto. Por todo y 
       nada en especial su cuerpo me parece un hermoso objeto cubierto de 
       piel que el tacto anhela conocer, recorrerlo lentamente y centímetro 
       a centímetro-
   
  yo:  ­Opppssss! yo estaba con la idea de que los españoles eran algo más 
       pudorosos.

 Fer:  Bueno... sí, muchos lo son, pero yo no veo por qué tenga que ocultar 
       mi desnudez, yo no me avergüenzo de mi cuerpo... ¿tú sí?

  yo:  No, claro que no, es más... me gusta mucho mi cuerpo... Lo que pasa es 
       que yo sí acostumbro ser más pudoroso, ya sabes... por educación, por 
       costumbre y esas cosas.... Aunque también, y sobre todo a últimas  
       fechas, tiendo a ser un tanto exhibicionista... ¡¡con decirte que 
       tengo mi propia colección de fotografías eróticas!! ¡¡y que he estado 
       tentado a ponerlas en la Internet!!

 Fer:  ¡¿De veras?! ¿Cuándo te las tomaste?... ¿Lo hiciste sólo? 

  yo:  Me las tomé hace unas semanas, con mi mejor amigo, allá en México. 
       Nos pusimos a juntar dinero para comprar una de esas cámaras 
       digitales... son muy convenientes, no tienes que pasar por el rollo 
       del revelado y además la computadora es un buen lugar para 
       guardarlas... ha sido algo muy muy divertido -sonrío pícaramente-
  
 Fer:  Debes de tenerle mucha mucha mucha confianza a tu amigo ¿no?, quizás 
       demasiada ¿no?... -Me dice con abierto tono sarcástico- 
   
  yo:  Correcto. -Le respondo sonriendo, haciéndole ver que su insinuación 
       más que molestarme me ha divertido-

 Fer:  A ver... eróticas ¿cómo? ¿qué hacían?

  yo:  Jejejejejeje.... ¿Te gustaría ver alguna?

 Fer:  Pues sí, sería divertido ¿no?.... ¿son muy fuertes?

  yo:  Nooooo, es erotismo fino amiguito, bueno, eso creo yo... y para 
       enseñártelas tendría que tenerte una confianza similar a la que 
       le tengo a Alejandro, el amigo del que te hablo... te digo que 
       generalmente suelo ser pudoroso, la excepción es con la gente que 
       tengo tiempo de conocer y que me inspira confianza, con la que te 
       desnudas sin que prácticamente te importe nada... el chiste también 
       es sentirse cómodo ¿no?

 Fer:  No sé... te digo que a mí no me avergüenza mostrar mi cuerpo 
       desnudo... y a ti sí... como yo lo veo, para ti desnudarte es algo 
       así como un sentimiento íntimo que en el fondo te causa vergüenza 
       y que sólo te atreves a confesarlo a tus mejores amigos.

  yo:  ¡Wow!.... Sí, más o menos tienes razón... y me ha gustado mucho cómo 
       lo has dicho, nunca lo había pensado de esa manera... "un secreto 
       íntimo que sólo me atrevo y atreveré a contárselo a unos cuantos..."

 Fer:  ¿Así que no me enseñarás las fotos que dices tener...?

  yo:  ¿En verdad quieres verlas?

 Fer:  La verdad es que no creo que las tengas...

  yo:  ¿Tienes Internet en tu computadora?

 Fer:  Sí.

  yo:  Te las muestro si me prometes imitarlas... que sea pareja la 
       diversión, tú te ríes de mí y yo me río de ti... si tú te vas 
       a divertir con las fotos que yo te enseñe, yo también me 
       quiero divertir con el ridículo que hagas al imitarlas... si 
       en verdad quieres verlas tendrás que imitar los gestos de la 
       cara y las poses que veas en las fotos que yo te enseñe, ¿te 
       atreves o te da vergüenza?

 Fer:  Vale -Me dice con actitud retadora-

  yo:  ¡Oye oye, pero que no se te levante el pajarito antes de tiempo!
       -Le digo al notar que su miembro empieza a despertar ante la
       sensualidad que empieza a habitar el cuarto donde nos encontrábamos-
  
 Fer:  ¡No lo puedo evitar, a veces tiene vida propia! ¿Te molesta? 

  yo:  No, no es eso... al contrario, has dejado satisfecha mi curiosidad.

 Fer:  ¡¿Tenías curiosidad por verme desnudo y con la polla parada?!

  yo:  Bueno... sí... pero tampoco lo tomes por el lado equivocado, creo 
      que la gente.... bueno, al menos a mí no me deja indiferente la 
      desnudez de las otras personas, especialmente cuando más o menos son 
      de mi edad. ¿A ti no te causa curiosidad la desnudez de otras personas, 
      al menos la de algunas? 

 Fer:  Bueno, sí, pero... la de las mujeres, la de las que son guapas...

  yo:  No, bueno, sí, a mí también, pero... no tengo por qué ocultar ni me 
       da MIEDO o VERGÜENZA decir que me da curiosidad la desnudez de un 
       hombre, e incluso que me place verlo...., ¡oye!, el cuerpo de un 
       hombre puede ser tan bello como el de una mujer... ¡a mí me gusta 
       mirarme desnudo!... me causa mucho placer y se me despierta lo sexy 
       al imaginar que entre las personas que conozco habrá alguna despistada 
       que concuerde conmigo en que mi cuerpecito es bello y deseable... ¿no 
       disfrutas tú de verte desnudo? 
 
 Fer:  Pues sí, pero....   

  yo:  ¡Pero... qué! ¿no sientes padre al pensar en todas las chicas que 
       seguramente fantasearan contigo y que sueñan en que hacen el amor 
       contigo?  No creo que tenga que informarte que eres muy guapo y 
       supongo que sí habrás pensado y disfrutado varias veces de estas 
       cosas... 

 Fer:  Sí, más o menos, pero tampoco creo que sean muchas.... 

  yo:  ¡Ayyyy, por favor! O estás dormido o te haces pendejito... Bueno, en 
       fin, cada quien piensa y disfruta de ciertas cosas de diferente 
       forma... a ver... ¿nunca te ha dado curiosidad por ver desnudo a uno 
       de tus amigos?

 Fer:  Mmmmm, no sé... tal vez sí.

  yo:  "Tal vez sí... " No te atreves a admitirlo del todo ¿verdad? Te es 
       más fácil desnudarte en cuerpo que en alma ¿no?... pero está bien, 
       eso es de lo más normal.
   
 Fer:  ¡NO!, no es cierto... no temo hablar sobre nada que tenga que ver con 
       el sexo, no soy una persona de cabeza cerrada.
   
  yo:  Puede que sea así... la verdad es que a veces me cuesta creer en tus 
       respuestas... igual y sí me estas diciendo la verdad pero también 
       creo que a veces te da pena ser sincero... "quizás", "tal vez", 
       "a lo mejor", "puede ser"... no sé, como que no te atreves a decir 
       lo que piensas realmente. 
   
 Fer:  Pregúntame lo que quieras -me dice retadoramente-

  yo:  Más tarde... si no llegamos muy tarde del cine te muestro las fotos
       que te digo y seguimos platicando... sirve que mientras tienes tiempo 
       para arrepentirte... 
  
 Fer:  ¡Olvídate del puto cine! enséñame las fotos a ver si es cierto...

  yo:  Ok, nos bañamos y te las enseño ¿está bien?

 Fer:  Vale

  yo:  ¿Mientras te bañas puedo poner música? 

 Fer:  Sí -Me responde mientras me muestra dónde tiene sus discos 
       compactos... Tenemos una entretenida charla sobre música hasta 
       que por fin minutos más tarde se mete a bañar-

 Fer:  ¡Listo! el baño es todo tuyo. -Me dice mientras sale de la bañera. 
       Yo empiezo a desnudarme, y al hacerlo, descubro mi inevitable 
       erección.

 Fer:  ¡Joder! ¿Estás contento o también tu ese tiene vida propia? -Me 
       pregunta Fernando con ánimo juguetón-

  yo:  Yo creo que ambas cosas... -me río-  es que Gustavito es muy 
       sensible al aire y los cambios de temperatura. -Entro a la bañera-

  yo:  ¡Hecho! ¿no te has arrepentido? -Le digo cuando soy yo el que ha 
       terminado de bañarse y sale del cuarto de baño-

 Fer:  No, para nada, ¿tú sí?

  yo:  ¿Yo?, ¡qué te pasa! Soy hombre de decisiones! jejejeje 


Encendemos la computadora y la exhibición comienza, la diversión comienza.
La líbido contenida en cada uno de nosotros desborda nuestros cuerpos e 
inunda con su excitante perfume el espacio que nos cobija. Bromas, 
exclamaciones y risas, son los juguetes relajadores de los cuales nos
valemos para soportar y manejar la comprometedora tensión sexual en que 
estamos atrapados. Las fotos ceden su protagonismo tras los primeros minutos
y su lugar es tomado por nuestros cuerpos desnudos que se expresan atrevidos 
y sugerentes a los ojos extasiados del otro. El propuesto juego de la 
imitación eleva la sensualidad a su tope máximo. El deseo nos invade 
fustigado por la imaginación de futuros escenarios. Nos es imposible  
no traspasar el umbral que limita tan extraordinarias contemplaciones, y 
apenas sin darnos cuenta, nos encontramos jugando luchitas cuerpo a cuerpo.
Piel a piel nos disfrutamos y nos entregamos con enorme alegría a tan 
fabulosa batalla sensual. En medio de tan extraordinario juego Fernando
lame mi pene palpablemente excitado, el tiempo se detiene y nuestras miradas 
se buscan para preguntarse y responderse acerca de lo recién acontecido.  
No hay necesidad de palabras, mi cuerpo acepta feliz y agradecido el regalo
que se le ofrece. Mi miembro es saboreado por Fer, me pone loquito ver    
cómo mi pene se pierde repetidamente entre sus magníficos labios. Su lengua
electrifica mi cuerpo entero.... Es la gloria..... En medio de gemidos 
alcanzo la cima... Nos miramos y nuestros cuerpos responden en silencio, 
ahora soy yo el que se apodera de su palpitante miembro. Empiezo por lamerlo 
con suavidad y poco a poco lo voy chupando con mayor fuerza y velocidad. Me 
alegra pensar que soy el autor del mayor placer experimentado alguna vez por 
Fernando... No tarda en desbordarse la blanca miel de su bello sexo. Mis 
labios cubren cada uno de sus testículos y mi lengua limpia y recorre toda su 
entrepierna; voy subiendo centímetro a centímetro, llenándolo de besos y 
caricias húmedas. Por fin nuestros labios ligeramente temblorosos se 
disfrutan. Basta un intercambio de miradas para que él eleve sus piernas y me 
muestre su disposición a que nuestros cuerpos sean uno. Le penetro suave y 
lentamente. Mi pene entra y sale cada vez con mayor fluidez y placer.     
Mi respiración se vuelve agitada y mi corazón late alocadamente, el placer 
nos nubla los sentidos. Instantes más tarde eyaculo de nueva cuenta en su 
interior cálido y húmedo.... Se recuesta de espaldas y con la ayuda de una
almohada eleva su precioso culito, la vista es inenarrable, le penetro por 
atrás y el vaivén se reanuda con mis manos apoyadas en sus nalgas. La  
sensación es de un gozo que excede mis sentidos. La culminación tarda unos
minutos por llegar pero es la más disfrutable de todas. Con tierna pasión
me llena el rostro de besos y yo respondo de la misma forma... es el 
cierre perfecto de un acto de amor memorable.

  yo:  ¡¡Eres increíble!! -Le digo a Fernando con profunda emoción y su 
       bellísimo rostro se ilumina con una sonrisa que nunca podré olvidar-

 Fer:  ¡Y tú eres un brujo! Me has embrujado... nunca pensé que yo haría 
       lo que he hecho contigo. Lo soñé algunas veces pero nunca imaginé
       que tales sueños pudieran hacerse realidad.

  yo:  Yo también he pasado muchas noches en vela soñando contigo... 
       -Volvemos a caer en el influjo seductor de los besos-

 Fer:  ¿Es la primera vez que lo haces?

  yo:  No, he jugado el mismo juego con mi amigo David... tú y él son los 
       únicos... y quizá también serán los únicos... Supongo, por lo que
       me has dicho, que esta sí es tu primera vez... digo, al menos la
       primera con un chico... ¿lo has hecho con una chica? 
   
 Fer:  No. Me gustan las mujeres pero nunca lo he hecho con ninguna... 
       eres la única persona con la que lo he hecho en toda mi vida... creo 
       que aún soy muy chico como para tener muchas experiencias ¿no?... ¿A 
       ti también te gustan las mujeres? ¿es cierto eso que dijiste de que 
       tuviste novia?

  yo:  Sí, me gustan las mujeres, me gustan todas las personas que sean 
       guapas e inteligentes, como en tu caso... si me gusta el helado de 
       fresa no veo por qué no pueda gustarme el de chocolate... y, sí, es 
       cierto lo de que tuve una novia... no tengo por qué mentir... no 
       acostumbro hacerlo.

 Fer:  Ahh... entonces... ¿te consideras bisexual? 

  yo:  Podría decirse que lo soy pero no me gusta considerarme de esa 
       forma... no me gustan los límites ni la generalización que imponen 
       las etiquetas... me parece muy estúpido querer simplificar en blanco 
       o negro algo tan complejo como la sexualidad humana... A los dos nos
       gustan tanto los chicos como las chicas, lo que no significa que tu
       sexualidad y la mía sean exactamente las mismas ¿verdad?... Nos 
       gustan las mismas cosas pero en diferentes grados y formas... además 
       de que esas preferencias pueden y seguramente cambiarán con el 
       tiempo... no soy el mismo que era hace un año... de hecho, ahora 
       mismo soy diferente al que era hace unas horas antes de conocerte... 
       ¿no pasa igual contigo? ¿no estás sorprendido contigo mismo? ¿no 
       sientes que ha habido un cambio importante en tu vida, en tu persona?

 Fer:  Sí, tienes razón, pero... ¿todo lo que me has dicho no significa que 
       te da miedo o que en realidad sientes vergüenza en definirte 
       sexualmente?... a mí me pasa....

  yo:  No, tú puedes meterme en el cajón de los homosexuales o de los 
       bisexuales, pero yo sé que no pertenezco a ninguno de ellos... 
       prefiero pensar que tengo mi propia cajita, diseñada a la medida de 
       mis deseos... y son personas como tú las que habitan esa cajita de 
       ilusiones por cumplir... gente guapa y de valiente inteligencia.

 Fer:  ¿En verdad crees que soy inteligente?

  yo:  Por supuesto, si fueras un bobo reprimido no la habríamos gozado como 
       lo hicimos...

 Fer:  Es una lástima que te vayas a ir tan pronto... sería increíble si 
       pudieras quedarte más tiempo... 

  yo:  ¡Dímelo a mí!... Tendré que consolarme con el recuerdo inolvidable 
       de lo que sucedió entre nosotros... 
   
 Fer:  ¿Y qué es lo que más vas a recordar de mí? -Me pregunta con su sonrisa
       tierna y juguetona-

  yo:  Pues mira, no soy muy afecto a lo cursi... pero sí te puedo decir que 
       mas allá del enorme e impagable placer físico que me has brindado, 
       recordaré la profunda emoción de sentir que puedo depositar mi mundo
       en tus manos... ¿y tú cómo me recordarás?
   
 Fer:  Yo no sé hablar muy bonito pero eres la persona más excepcional que he 
       conocido en toda mi vida... así te recordaré... y desde aquí voy a 
       estar envidiando la suerte que tiene tu amigo David de estar 
       contigo.

  yo:  ¡Tanto tiempo, tanto espacio, y coincidir!... haberte conocido es un 
       milagro que siempre agradeceré a la vida -le digo hondamente conmovido 
       por sus palabras-


La charla amorosa se extendió algunos minutos más. A partir de aquella tarde, 
y hasta el momento de mi partida, nos volvimos prácticamente inseparables. 
Disfrutamos minuto a minuto el tiempo compartido... Uno al otro recorrimos la 
geografía completa de nuestros cuerpos, aprendiéndonos de memoria sus 
texturas, sus pliegues, sus puntos sensibles y sus olores... En nuestros 
corazones dichosos la flor de la intimidad emocional abrió con el mayor de sus 
esplendores... Bailamos, cantamos, jugamos y charlamos, todo como parte de 
una constante entrega amorosa... Mutuamente atesoramos con avidez cuerpo y 
alma... ¡Fueron momentos maravillosos! 

Han pasado algunas semanas ya, miles de kilómetros de tierra y mar nos 
separan ahora, mi cuerpo adicto al suyo tiembla dolido por su ausencia... 
¡mi ser entero le extraña tanto!, su persona es un bellísimo recuerdo que 
me persigue incansable... Las lágrimas que resbalan por mi rostro son señal 
inconfundible de la nostalgia que me asfixia, pero también son la forma
húmeda de la felicidad que ha prendido fuego en mi corazón. 

                                                     

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