Vuelo 6403

 

Hola, me llamo David y quiero compartir con ustedes una anécdota que estaba un poco indeciso en hacerlo o no, pero bueno, me he animado y pues aquí la tienen, espero la disfruten tanto como yo lo hice.

 

A finales de Mayo me encontraba en España donde había permanecido tres meses y tenía que regresar a la Cd. De México. El vuelo en el que regresaría: 6403 de Iberia. El avión ni más ni menos que un Boeing 747, (han de saber que este avión es el más grande para transporte de pasajeros), y para mi fortuna el vuelo no estaba muy concurrido, así es que si acaso la mitad del avión iría ocupado.

 

Al principio todo normal, desde llegar a registrarte, pasar la aduana e irte a formar a la puerta de entrada para el avión. Me formé y conforme llegué se fueron formando más pasajeros. Entre ellos había un chavito (muy español por cierto), blanco, 1.70, delgado, cabello rubio, nalgoncito, carita de travieso. En su momento le calculé unos 16 años y la verdad el sólo verlo me excitó. Al pasó del tiempo me di cuenta de que venía sólo. Comenzamos abordar el avión, entré yo primero y después entró él. Vaya sorpresa, el niño estaba sentado cinco asientos detrás de mí. En cuanto el último pasajero entró cerraron el avión y comenzaron la misma rutina de enseñar a la gente las medidas de seguridad, las maniobras para colocarnos en la pista y por fin el despegue.

 

Ya entre las nubes después de haber salido de territorio español (muy bonito por cierto), comenzamos a volar sobre Portugal y se sirvió la comida. Al término de ésta recogen el servicio y apagan las luces, proyectan una película y muchos de los pasajeros prefieren dormir, pues es un viaje bastante largo. Yo por mi parte preferí ir a dar una vuelta a lo largo del avión y claro para volver a ver al chavito. Cuando pasé por ahí lo encontré leyendo una revista, pero también me miró. Al principio no dijo nada. Después de andar deambulando por ahí preferí irme a sentar a mi lugar. No tenía mucho tiempo de haber hecho esto cuando ahora el que rondaba era él.

 

Es aquí donde comenzó nuestro encuentro. Las luces internas del avión se encontraban apagadas, la gran mayoría de los pasajeros durmiendo y otros viendo la película, y uno que otro caminando. Muchos lugares libres y las azafatas en sus cabinas.

 

En eso pasó por mi lugar él, en la fila que me encontraba no había ningún pasajero, me encontraba sentado junto a una ventanilla. Él venía de frente cuando voltea, se me queda viendo por un instante, se sienta en el sillón del pasillo, entre abre sus piernas y se comienza acariciar su miembro sobre el pantalón. Al principio me saco de mí, no podía creer que esto pasara a 10,000 Mts de altura sobre el Océano Atlántico. La hormona se me comenzó a alborotar y sin que me diera cuenta mi miembro se encontraba bastante duro. Con un ligero movimiento de cabeza me hizo una señal para que lo siguiera. Supuse en ese momento que este pequeño amigo tenía más experiencia en vuelos que yo. Se paró y caminó hacia la parte posterior del avión. (En ella se encuentra una serie de servicios – baños – que son como diez). Él ingresó en el último de todos, pero no cerró la puerta, yo después de que lo vi entrar me apresuré con paso tranquilo y seguro al mismo lugar. Entré y cerré.

 

Al momento de voltear a verle me dijo: Hola tío, me llamo Carlos y quiero que te lleves la mejor impresión de mi patria. Sin decir más se acercó a mis labios y me comenzó a besar, mientras acariciaba mi pecho, por mi parte lo abracé y coloqué mis manos en sus nalguitas que tanto me habían llamado la atención.

 

Me desabotonó la camisa, me quitó la playera y comenzó a lamer mis pezones, a lo cual mi polla ya se encontraba bastante dura y palpitante, sin mencionar que bien lubricada. Sin más le quité la playera que traía y pude contemplar un pecho bastante velludo para su edad, unas tetillas muy rosadas y bien paraditas, las cuales hacían combinación con sus ojos cafés verdosos y su cara de niño bien portado. Empecé a lamer su cuello, sus hombros, sus brazos semivelludos, hasta llegar a sus pequeños pezones. En cuanto los comencé a tocar con mi lengua él empezó a hacer unos pequeños gemidos, los cuales me calentaron más. Sin más le di la vuelta y comencé nuevamente a lamerle, desde la nuca hasta la espalda, sin dejar de tocar sus rosados pezones. Al tenerlo de espaldas, no resistí más y le desabroché sus jeans, el ver sus piernas velludas me ponía al 100. Traía unos boxer azules con dibujos muy discretos. Los bajé y pude observar desde donde partía todo ese vello. Al tener unas pompis peluditas frente a mí, las empecé a lamer, pero él automáticamente abrió con sus manos sus nalgas, dejando ver perfectamente su ano. Comprendí que lo que deseaba era que lo lamiera y así lo hice, él no aguanto más, sus quejidos de placer inundaron la cabina del servicio. Le volteé, y pude contemplar un miembro muy bonito, blanco, circunciso, de unos 17 cm. Con unas bolas peludas y muy colgantes. Lo lamí al principio, pues estaba probando su líquido que comenzaba a escurrir, la verdad muy rico, muy dulce. Me lo metí todo en la boca y comencé un entra y sale que me decía: Así tío, sácame toda la leche y te daré un premio. Su respiración se tornó más rápida, sus contracciones más constantes y su miembro un palpitar especial, lo que hacía suponer que Carlitos se iba a venir. Yo sólo pensaba en el sabor que podría tener su semen. Hasta que comenzó a decir. ME vengo, me vengo !!, mmmmm !! Cinco descargas de semen, espeso, sabroso, y además muy dulce fueron la recompensa de esa mamada. Limpié su miembro hasta que no quedara ni una sólo gota.

 

Me puse de pie, y pude ver a un chavito, sudado, semidesnudo, con su rabo al aire y con una cara de pícaro, sin mencionar de caliente.

 

Estaba mirándolo cuando de repente me dijo: Dicen que los mexicanos son muy cogedores, tú que dices?. Yo sólo contesté: Por qué no lo descubres?

 

Se acercó hacia mí, me comenzó a besar, a lamer el cuello, las pezones, pero ya no se detuvo ahí, siguió bajando, llegó hasta el ombligo, desabrochó el pantalón y de un solo tirón bajó pantalón y  ropa interior, como resultado un miembro rígido y húmedo saltó. Me desencapuchó la verga y la comenzó a lamer, me lamió las bolas y comenzó a meter mi polla en su boquita, oh! Qué sensación, estaba caliente. Primero me la mamó tranquilo, pero cuando su boca se acostumbró a mi miembro eso era una mamada profesional. Comencé a quejarme de placer, porque no solo era mamada, si no que él jugaba con su lengua, dando placer intenso a mi verga.

 

En el momento que empezó a ver que me estremecía, me dijo: Espera, primero quiero que me partas el culo, y que termines en mi boca. A lo cual no me quedaba más que obedecer a tan experto maestro.

 

Se puso de pie, sacó un condón de su pantalón y me lo colocó, para mi mayor asombro con la boca. Se dio la vuelta, se inclinó un poco, untó su ano con su saliva y me dijo: Parteme el culo ¡!

 

Me acerqué a su ano, coloqué mi verga en la entrada de su ojete y le comencé a penetrar, ah!, con cuidado, es que soy virgen ¡!!.   Qué ???.  En eso me confesó que era la primera vez que le penetran, pues aunque había tenido muchas oportunidades para hacer, él quería que fuese en una situación especial, en un lugar especial y cuando él realmente estuviera dispuesto a ser desflorado. Advertido de ello, lo volví a intentar, ahora con mayor calma, y untando más saliva para que resbale mejor. Despacio, muy despacio, por fin entró. 17 cms de largo por 4 de ancho inundaba aquel ano que dejaba de ser virgen. Esperé un momento mientras se acostumbraba, poco a poco comencé un mete y saca muy sabroso, a cada embestida él gemía lo que me prendió más todavía.

 

Me senté en la taza y él sobre mí, dejándole a Carlos la iniciativa de moverse a su elección y velocidad. No lo hubiera hecho, porque comenzó a cabalgar como pocas veces se han sentado en mi verga. La verdad es que no quería correrme todavía, así es que de vez en cuando lo detenía y lo hacía descansar en mi pecho, acariciando sus tetillas y dándole besitos en las orejas y en la nuca.

 

Nos pusimos de pie, le incliné nuevamente y me lo comencé a coger, primero lento después más rápido, alternando entre lento y rápido, sacándola toda y dejándola ir de un solo golpe. No aguanté más y le avisé que estaba por correrme. Salí de ese ano apretadito y exvirgen, me quité el condón, mientras él se hincaba para recibir en su boca toda mi leche. Me la terminó por mamar y en una de esas me corrí en su boca, mi verga dura escupió siete descargas, de las cuales ninguna dejó escapar y tragó completamente. Al igual que yo, limpió mi miembro totalmente. Se incorporó y nos fundimos en un super beso, sabor a mi semen.

 

Nos vestimos, y acordamos ir a platicar afuera, en nuestros lugares. El primero en salir fui yo, realmente no hubo quien nos viera salir. Platicamos un buen rato y me mencionó que estaría aquí de vacaciones por quince días, y que nos podríamos ver. Intercambiamos teléfonos y nos pusimos de acuerdo para volvernos a ver, además de que necesitaría un guía de turistas.  Llegamos a la Cd. de México. A él le fueron a recoger del hotel donde se hospedaría, y por mi fue mi familia. Lo que ha pasado luego se los platico.

 

“Gracias por viajar en Iberia, líneas aéreas de España...”