Verano
Siempre voy a recordar este verano. En una de las interminables siestas de las
vacaciones mi primo Julián y yo nos escapamos del aburrimiento en la playa
cercana. La casa de veraneo de mis padres esta muy alejada y es difícil que haya
otros turistas en el lugar. Por lo tanto, el mar y la arena son sólo nuestros.
Tengo 13 años y Julián 15. El es el galán de la familia, rubio, ojos claros,
alto y de físico marcado, piel muy blanca. Seducía a cualquiera con su
desvergüenza. En cambio yo, aunque no me considero feo, soy un poco bajo, cuerpo
liso, aunque delgado y algo morochito. Extremadamente reservado sólo con Julián
me sentía a gusto. Me fascinan las luchas de catch por la tele. Y esta tarde,
como muchas, Julián y yo jugábamos a la lucha libre en la playa desierta sólo
vestidos con nuestros slips. De pronto comenzamos a forcejear. Gritos,
revolcones, zamarreos. Nos fuimos dejando llevar. Comencé a sentirme perturbado
pero a la vez excitado. Me erizaba al sentir el cuerpo de Julián rozándose
contra el mío, abrazándome con su calor. Escuchaba su respiración agitada,
sentía su olor corporal, los roces en mi entrepierna. Comencé a
experimentar una tremenda erección. A pesar de mi corta edad ya me la había
meneado varias veces en la soledad de mi cuarto pero, el miedo de ser
descubierto, muchas veces frustro el soltar la primera leche. Mis manotones de
defensa, mientras tanto, me hacían recorrer la marcada espalda del primo y
muchas veces el culo y las piernas. Eso me encendía aún más. El también notó
algo, pero seguía en la pelea. De pronto me interesó más el manosearle el culo y
las piernas que el defenderme de sus golpes. Así me di cuenta que Julían también
tenía una erección considerable debajo del slip. Mis manos comenzaron a recorrer
y tocar todo el cuerpo del primo. Él mientras tanto me seguía apretando, con el
peso de su cuerpo, contra el piso. De pronto se detiene y me mira a los ojos
fijamente. Creí que mi corazón, hasta ese momento latiendo a mil, se iba a
detener. Apoyó sus rodillas sobre mis brazos para inmovilizarme. Se bajó los
slips y me ofreció su pedazo, enorme, bañado en líquidos preseminales:
- ¡Cómela -me dijo- tragátela toda!
Se inclinó sobre mí y me la metió en la boca. Comenzó a meterla y sacarla con
movimientos de cadera. Yo estaba extasiado. Liberé mis manos y tomándole el culo
se lo acariciaba y conducía hacia mi boca. Su pija me tocaba la garganta. Nunca
creí que iba a sentir tanto placer. Mientras tanto mi verga parecía a punto de
explotar.
Julián me apartó de su sexo y me colocó boca abajo. Yo solo lo dejaba hacer. Me
tomó de las caderas, las levantó y me bajó el slip. Su pene durísimo, lubricado
por mi propia saliva, me recorrió la raya y jugueteaba con mi ano. Sentí como
una fuerza interna parecía querer abrirlo a su gentil miembro. Empujó suave
varias veces contra el orificio virgen y me lo metió. El dolor me hizo gritar
horrores, sin embargo deseaba que no me la sacara nunca. Comenzó a embestirme
sin soltarme las nalgas. Me zamarreaba, gemía, me hacía estremecer las carnes,
me doblegaba, pero me hacía gozar como nunca. Mis manos cada tanto buscaban mi
sexo, pero el las apartaba. Era el momento de él ahora.
Finalmente acabó dentro mío. Acarició mi espalda y mis piernas y se tumbo boca
arriba a mi lado. Yo seguía excitadísimo. Me arrojé encima y comencé a besarlo
en la boca, en el cuello, acariciar su cuerpo y pegarlo al mío. Él me dejaba
hacer mientras me contemplaba extasiado. Entonces me animé. Lo coloqué boca
abajo, le bajé los slips y me tumbé encima. Comencé a bombearlo, intentando
penetrarlo, aprisa, con desesperación. El me tomó las nalgas, pero en lugar de
apartarme, me condujo a su orificio y se la metí de una vez. Comenzó a guiarme
con sus manos en la embestida. Sus dedos apretándome las carnes me encendió
todavía más. Desde mi posición veía su hermoso y blanco cuerpo, atravesado por
mi negra herramienta. Sobre el piso contra la arena su cara angelical con los
ojos entrecerrados que parecía pedirme que no dejara nunca de embestirlo.
Bombeaba y me sentía viajando por el espacio. Estaba doblegando su hermoso
cuerpo para satisfacerme. Entonces, sentí que estaba por acabar por primera vez.
Él también lo notó. Me apartó y me tiró dejándome boca arriba. Con velocidad se
tumbó para quedar con su cara entre mis piernas y se tragó mi pija chupándomela.
Yo le acariciaba los rubios cabellos mientras sentía su lengua por todo mi sexo.
Mi cuerpo se convulsionó y le descargué toda mi leche. Se la tragó y me limpió
con la lengua lo que había derramado fuera. Ascendió por mi abdomen y atrapado
por mis piernas me besó con pasión en la boca mientras sus fuertes brazos me
abrazaban y acariciaban.
Nos quedamos abrazados largo rato contemplando el mar, nuestro único testigo de
aquella aventura siestera. Como se dice en la televisión esto recién comienza.
No sé cómo llegamos a esto ni cuánto pueda durar. Sólo sé que las vacaciones de
verano con mi primo no volverán a ser lo mismo.
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alejanroma@hotmail.com