Un Chico Zanahoria (I)
Hola, mi nombre es Walter, tengo 22 años, y en mi barrio me consideran un chico zanahoria o sano, bueno soy blanco de 1.73, delgado, lampiño y muy bien parecido. Les cuento: tengo un amigo, el cual jamás me imaginé lo que iba a suceder con él.
Su nombre es Carlos y tiene 25 años, él es también blanco, casi de mi estatura pero un poquito más bajito y gruesito, bueno ahora empezamos la escena.
Estábamos juntos como cualquier día, y nos invitaron a una fiesta en la playa con unos amigos, era lógico que nadie era gay, al contrario, todos casi renegaban de ellos, pero una vez en la fiesta que era en una casa en la playa de mis amigos, empezamos la faena. Nos pusimos a cocinar ya que éramos siete y estaríamos tres días. Carlos siempre me atraía, jamás se lo dije hasta que sucedió en la primera noche, todos estábamos tomando Ron con Cola, y Carlos era de esos chicos que se mareaba rápido y para mi suerte nos tocaba dormir juntos, así que estuvimos viendo unos vídeos y tomando cuando llegó el momento que le dije a Carlos que vayamos a dormir, porque se iba a poner mal, sorpresa me di cuando me dijo:
- Hoy voy a hacer lo que nunca hice, y déjame tomar.
Me pasaron muchas cosas en la cabeza y seguí con él. Álex, el anfitrión, apagó las luces y sólo prendió una vela, es suficiente para contar historias de terror, que la verdad no me acuerdo de ninguna que contaron esa noche. Yo junto a Carlos empecé a acariciar su espalda y él empezó a sentir ese relajamiento que todos necesitamos, y me decía al oído:
- Así, así...
Me sorprendí y le di un manotazo en la espalda (disimulando) diciéndole:
- No te hagas el loco que ya estás borracho.
- Vámonos a dormir -respondió.
Ni corto ni perezoso lo llevé y lo desvestí, pero lástima que se echó boca a bajo. Igualmente me desvestí quedando ambos sólo con nuestros bóxers, y eché el seguro a la puerta. Me dijo:
- Hazme ese masaje.
Rápidamente coloqué mis manos en su cuello, y él empezó a relajarse, bajé hacia la espalda y Carlos decía:
- Sigue, sigue.
Sobando esa deliciosa espalda, llegué a las caderas, y cogí sus glúteos que estaban amoldados, suavemente, parecía que estaba dormido, le bajé el bóxer y pude ver la hermosura ante mis ojos, lo mismo hice yo en quitarme el bóxer, y me apegaba a él, seguía sobando su piel, y di un tierno beso en su nalga, fue en ese instante que despertó asustado, y levantándose rápidamete dijo:
- ¡Qué haces, Walter!
Francamente me asusté y le quedé mirando a los ojos, no supe qué decir, alzó su mano, cerré mis ojos, y él cogió mi cabello desde la nuca, y con gran fuerza me acercó a él y me besó lentamente... yo correspondí al beso. Y por fin mi alma vino al cuerpo, era mi gran noche, me tumbó en la cama y seguíamos besándonos apasionadamente, tanto que nuestras respiraciones se sentían. Besaba mis tetillas, fue bajando hacia mi abdomen, y llegó a mi miembro que mide unos 17cm. sobaba todo mi cuerpo mientras se atragantaba con todo mi pene, giró repentinamente y tenía su mástil hermoso y peludo, de unos 19cm. aprox. y no hice más que chupar tremenda majestuosidad. Estuvimos así largo rato, y empezó a meter un dedo en mi culo virgen, me dolía mucho pero poco a poco fue cambiando ese dolor por un placer inconfundible, me volteó boca abajo y empezó a lamer mis nalgas, introdujo su lengua en la rajadura de mi ano, y me hizo gritar de placer entre las almohadas. Estaba listo para recibir esa majestad de pene grueso y largo, poco a poco fue introduciéndose, abrió mis piernas y metió todo, grité como una loca, me tapó la boca y me dijo:
- Te va a gustar, sólo espera un momento, además tú lo deseabas.
- Sí, sí, pero despacio amor.
Eso lo hizo ser más dócil. Seguíamos así cuando me levantó sin sacar su pene y estaba encima de él cabalgando tremenda empuñadura, era delicioso, luego me volteó con las piernas arriba y siguió la faena, ahora besándome. Sentir todo él dentro mío y sentir sus besos me provocaron un orgasmo dentro de mí que parecía que iba a estallar. Me vine, una leche tan espesa que me bañó todo el pecho, Carlos sonreía y seguía con sus movidas y besos. Me dijo:
- Walter, me vengo, me vengo!
- Sí... sí... hazlo amor!
Y sentí todo mi culo, algo caliente dentro de mí, terminamos abrazados llenos de sudor y acariciándonos con mucha ternura... era el incio de una linda amistad.
Pronto, la continuación de este relato. Si deseas hacer algún comentario, sólo escribe a:
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