Yo, Claudio
Capítulo 1
Me presentaré, me llamo Claudio tengo
25 años y actualmente vivo en casa de Cayo Julio, aún recuerdo como hace 12
años mi vida cambió, mi padre era senador en Roma y vivíamos en una bonita hacienda
a las afueras de la ciudad, mi madre bastante más joven que mi padre nos cuidaba durante las numerosas
ausencias de mi padre durante varios días en la capital, eran tiempos con
grandes tensiones políticas puesto que el César había muerto sin descendencia y
las diversas facciones se intentaban adueñar del poder.
Según supe después el hoy emperador
Octavio dio un inesperado golpe de estado y como primera medida disolvió el
senado, de mi padre no se supo nunca más, dicen que entró con los centuriones y
eliminó a todos los senadores que no le eran fieles, como resultado de ello una
mañana de mayo llegaron a la hacienda unos soldados con el encargo de llevar a
mi familia hasta las mazmorras del palacio del César, sólo pudimos coger lo
puesto y atados uno detrás de otro emprendimos camino a Roma, una gran humareda
quedó a nuestra espalda, nuestra casa se consumía por las llamas, tengo
entendido que para no dejar rastro también mataron a todos nuestros sirvientes.
En aquel entonces yo tenía 13 años y abrazado a mi madre miraba hacía detrás
sin entender demasiado bien lo que estaba pasando.
Nos encerraron en una gran sala
enrejada, había otras familias como la nuestra, estuvimos casi un mes allí
hacinados. Un día comenzó a correr el rumor que íbamos a ser vendidos como
esclavos a mercaderes árabes del lejano oriente, nos querían alejar de Roma y
qué mejor manera que aumentando el peculio del nuevo Cesar Octavio.
Una mañana se presentó nuestro
guardián, un capitán de centuriones y ordenó que todos los chicos saliéramos de
allí, al parecer los árabes sólo querían mujeres, mi madre para evitar que nos
separaran me vistió de niña, con una de las túnicas de mis hermanas, realmente
lo parecía, mi piel era clara y fina, mis manos suaves y por la edad lógico era
que no tuviera formas de mujer al menos de una manera demasiado evidente.
Quedé así con ellas y mi madre me dijo
que a partir de aquel momento no debía decir a nadie que era un chico. Dos días
después nos sacaron al patio y nos subieron en una tarima, unos árabes con
turbantes pujaban por las familias completas aunque sólo de chicas.
Nuestro lote era apetecible, lo
formaba mi madre una linda mujer de 34 años, mis dos hermanas Agripina de 16 y
Juna de 15, y yo “Claudia” de 13 años. Pujó por nosotros un hombre de mediana
edad que luego supimos que era el enviado de un Jeque de un país lejano llamado
Turquestan, yo no había oído nunca aquel lugar pero mi madre al enterarse
rompió a llorar y le pregunté qué pasaba, por lo visto era un lugar famoso por
sus harenes y según se decía nunca nadie había salido de ellos.
Embarcamos en un barco con destino a
Alejandría, después seguiríamos a pie hasta nuestro destino. Durante la
travesía varias veces los marineros intentaron propasarse con mi madre pero la
presencia de Kasim, el enviado del Jeque había evitado que pasara nada, antes
de salir nos había comprado ropa a los cuatro, la verdad es que ahora con ropa
ya de mi medida parecía de verdad una niña y
según se reían mis hermanas además muy guapa, la única que realmente
parecía preocupada era mi madre, quizá la única consciente de nuestro destino.
Faltaban sólo dos días para llegar a
puerto cuando nos vimos atacados por piratas, la lucha fue feroz pero nada
pudimos hacer y caímos en manos de aquellos desalmados, Kasim el enviado del
Jeque nos defendió hasta el final pero fue atravesado por una espada y murió a
nuestros pies, aquel era el primer muerto que veía en mi vida y estaba
aterrorizado, cuando terminó la batalla sólo quedábamos vivos nosotros, varios piratas nos rodeaban y se reían de
nosotros:
-Mirad qué botín, jajaja, esta noche
dormiremos más relajados, jajaja
-Ummm cuatro putitas para nosotros,
jajaja
-Habrá que establecer turnos, que
tiene que haber para todos jajaja
No entendía muy bien a qué se referían, pero mis hermanas y mi madre lloraban desconsoladas juntándose unas con las otras, de repente sonó una voz más fuerte que las otras:
-¡Deteneos! ¿Es que no sabéis lo que
valen?
-Pero capitán, llevamos muchos días en
el mar y queremos desfogarnos –exclamó un marinero.
-¿Y que nos paguen la mitad? ¿Sabéis
cuanto pagan por las vírgenes?
-Pero capitán, déjenos al menos esta
que no es virgen –dijo señalando a madre.
-Pero sois muchos, la vais a destrozar y aún es joven y la pagan bien también, pero en fin, si queréis que os la chupen de acuerdo, pero nada de follar, con lo que nos den por ellas si llegan vírgenes y en buen estado podremos follar todo lo que queramos cuando lleguemos a puerto.
-¡¡Gracias capitán!! –Gritaron los
piratas.
-Venga, todas de rodillas –ordenó uno
de ellos- y nada de lloros, que se os vea cara de felices o seréis
castigadas.
Me arrodillé junto a mis hermanas y mi madre sin saber aún qué pasaría, ellas al parecer sí sabían lo que iba a pasar y mi hermana me susurró al oído:
-“Claudia”, chupa como si fuera un
caramelo de palo.
-¿Qué? –no entendía
qué me decía.
-Que chupes por tu vida, estos son
capaces de matarte.
Se puso delante de mí un pirata y
bajándose los calzones sacó una polla como nunca había visto, era más grande
que la de papa que alguna vez cuando se bañaba había visto desnudo. Me cogió
por el pelo y sin más la rozó en mis labios, no quise abrirlos y miré a mi
madre de reojo, no podía creer lo que veía, una gran polla casi como la de mi
pirata entraba y salía de su boca, entraba prácticamente toda y volvía a salir
rítmicamente mientras el pirata sujetaba la cabeza de mi madre, pensé por como
lo hacía mi madre que no era la primera vez que se tragaba una polla, mis
hermanas también tenían cada una una polla en la boca y aunque más torpemente
tampoco parecía que les importara mucho lo que estaba pasando (después me
dijeron que les podía haber pasado algo peor, después de todo si se las
hubieran follado con aquellas pollas las hubieran partido en dos)
Un tirón de pelo me devolvió a la
realidad, tenía delante de mí a escasos dos centímetros la polla del pirata que
esperaba, abrí un poco la boca lentamente, él enseguida se avanzó y comenzó a
introducirla, tenía un sabor extraño y un fuerte olor a orines que me hizo
hecharme hacia atrás pero cogiéndome por el pelo me la fue metiendo, llegó a mi
garganta y me provocó arcadas, no entraba toda en mi pequeña boca, se dio
cuenta que no entraba más y comenzó a meter y sacar, yo me dejaba hacer siendo
completamente pasivo, él me follaba la boca más que yo chuparla.
Sabía lo que pasaría pues desde hacía un par de meses había aprendido a masturbarme, sabía que se correría pero lo que nunca pensé fue que no la sacara de mi boca, estaba absorto con la polla del pirata y mirando a mi familia de reojo, mi madre y Agripina acariciaban las nalgas del pirata que tenían delante mientras chupaban (Me dijeron después que era para que se corriera antes, ahora pasado el tiempo creo que les gustaba lo que estaban haciendo) mientras Juna acompañaba con la mano en la polla la mamada y no sólo la chupaba sino que sacándosela de la boca la lamía hasta los huevos entreteniéndose en ellos, (cuando acabamos fue la única que me reconoció que le había encantado chupar pollas). De repente casi me ahogo cuando mi pirata descargó su leche dentro de la boca, no lo esperaba, la leche salió a borbotones colándose directa en mi garganta, me era imposible tragarla toda y se iba acumulando en mi boca hasta que comenzó a salir por el espacio que quedaba entre mis labios y la polla que seguía escupiendo leche dentro de mí.
-Trágatela toda, que es buena para el
cutis jajaja –dijo el pirata.
Tragué toda la que pude, aunque raro,
no me supo mal, sin apenas tiempo para recuperarme se salió de mí y otro ocupó
su lugar, no era tan grande y dejaba más espacio dentro de la boca con lo que
casi sin querer mi lengua comenzó a jugar con ella, por la cara del pirata
parecía que le gustaba lo que le hacía, mis hermanas y mi madre también habían
cambiado ya de parejas, por la cola que se formó parecía que mi madre y Juna
eran las que mejor lo hacían, fueron pasando uno tras otro, creo que aquel día
chupé más de 15 pollas y me tragué el semen de todas, debo decir que fui el que
menos “Clientes” tuvo, mis hermanas me doblaron y cuando al cabo de casi tres
horas ellas dos y yo yacíamos agotados en el suelo de cubierta mi madre aún
seguía mamando, desde luego en estas cosas la experiencia es un grado.
Por fin acabó todo, nos acomodaron en
la bodega del barco pirata y casi nos dormimos al instante del agotamiento de
aquel día. Por la mañana me dolía la mandíbula y apenas podía hablar, ellas
tres estaban igual, nos trajeron la comida y comimos mientras mi hermana Juna
se la chupaba al marinero que nos había traído el rancho, menos mal que el
capitán había prohibido que nos follaran, nos habrían destrozado y a mí en
particular no sé qué me hubiera pasado cuando descubrieran que era un chico...
Transcurrieron casi diez días en aquel
barco, los piratas bajaban a la bodega innumerables veces para que se las
chupáramos, he de decir que con los días aprendí a mamar tan bien como mis
hermanas y los marineros ya no demostraban interés en ser atendidos por una u
otra.
Llegamos al puerto de Argel, fuimos
desembarcados y llevados a una especie de taberna y recluidos en una habitación
en espera de un comprador que al parecer llegaría en unos días. Mi madre
aprovechó para explicarme algunas cosas que no sólo no sabía sino que me
sorprendieron.
-Hijo, creo que debo hablar contigo.
-¿Sobre qué? Mama.
-Verás, hasta ahora hemos tenido
suerte, pero llegará el momento que querrán follarnos, los piratas o el futuro
comprador, entonces descubrirán que eres un chico.
-Sí, ya lo había pensado, pero yo no
tengo coño, no tiene solución.
-Sí, verás, no tienes coño pero sí
culo, y me temo que si quieres sobrevivir tendrás que usarlo.
-¿Qué? ¿Cómo? ¿El culo, como voy a
usarlo?
-Pues a modo de coño, debo decirte que para una madre es muy duro explicarte esto pero es la única manera que veo de que salves tu vida y te prefiero mancillado que muerto, después de la cantidad de pollas que te has tragado estos días pasados ya no vale la pena resistirte y dejarte matar para no perder el honor.
-Pero si meten sus pollas por ahí me
mataran del dolor ¿No?
-Debo decirte que a tu padre le
encantaba follarme por detrás y aunque al principio resultaba doloroso es
también cierto que en cuanto lo hicimos unas veces el placer era tan o más
intenso que cuando lo hacíamos por delante, además debes saber también que en
Grecia entre los soldados es algo común cuando están mucho tiempo fuera de casa
sin sus mujeres y desean aliviarse.
-¿Y se follan unos a los otros?
-Para ellos no es más que un signo de
camaradería y amistad, por lo tanto si ellos lo hacen por placer mi consejo es
que si debes hacerlo para salvar la vida lo hagas y además si lo disfrutas
mejor, quizá algún día salgamos de esta situación y contra mejor lo pases ahora
menos traumatizado estarás y podrás volver a una vida normal en nuestra querida
Roma.
Quedé en silencio, recapacitando sobre lo que había dicho mi madre, recordé a un esclavo que teníamos muy amanerado y que según se decía mantenía algo más que una amistad con un hombre que nos llevaba a casa especies un par de veces al mes, había oído a los sirvientes en ocasiones reírse de él, en aquel momento no recordaba cómo se llamaba pero sí que lo apodaban “la moños” debido al cuidado que tenía con su pelo y que solía llevar recogido pero que según decían le llegaba a medía espalda.
Con esos pensamientos y dándole vueltas al asunto fueron pasando los días, la verdad es que el hecho de usar mi culo a modo de coño me empezó a llamar la atención, desde que habíamos sido capturados y sacados de casa no había vuelto a excitarme, teniendo en cuenta que desde que descubrí los placeres de la masturbación allí en la lejana Roma me pajeaba cada día y ahora no se me levantaba de ninguna manera, serían los nervios de la situación en que estábamos, pensaba.
En varias ocasiones intenté que se pusiera tiesa pero nada, me imaginaba a una vecina que era la principal protagonista de mis sueños eróticos allí en casa pero nada, incluso en una ocasión, como mama dijo que mi culo era como un coño me metí un dedo mientras movía mi polla, pero nada, por un momento pareció erguirse pero no duró mucho. No sabía lo que pasaba con mi polla pero desde hacía casi un mes no funcionaba como era debido.
Tres de los piratas hacían guardia en la taberna en que estábamos y no desaprovechaban la ocasión para al acabar la guardia pasarse por nuestra habitación y hacerse chupar la polla por alguna de “nosotras”, incluso en alguna ocasión nos obligaban a hacerlo a dos a la vez.
En una de estas ocasiones le tocó a Juna y Agripina chupársela a un pirata que debía ser el que más grande y gruesa la tenía, ante la imposibilidad de metérsela entera en la boca la lamían a la vez, recorriendo aquel mástil con sus lenguas arriba y abajo, yo las miraba y sin poder evitarlo noté cómo por primera vez desde que empezó nuestro cautiverio mi propia polla se erguía, me puse de lado para disimular pero sin quitar la vista de aquellas boquitas que recorrían el gran cipote del pirata, me hubiera masturbado si no fuera porque no quería descubrirme, aún así disimuladamente metí mi mano entre la túnica y me acariciaba. De repente el pirata, no sé si por mi cara o porque vio mi mano moverse debajo de la tela, exclamó:
-Mirad a Claudia, vuestra
hermana, se está pajeando de ver cómo me la chupáis, ven niña y sustituye a tus
hermanas que por lo que parece le vas a poner más ganas que ellas, jajaja
-Yo... no... lo siento, yo...
-Que vengas te digo!!! –ordenó el pirata irritado.
-Obedece cariño –dijo mi madre temiendo una violenta reacción del pirata, caliente como estaba.
Me acerqué y me arrodillé delante de él, entre mis dos hermanas, que apartándose un poco dejaron aquel pollón para mí sólo, creí que mi erección bajaría cuando comenzara a recorrer la herramienta del pirata, pero sorprendentemente fue al contrario, contra más deleite ponía en la mamada, más me excitaba, me olvidé de mis hermanas que estaban arrodilladas junto a mí y de mi madre que miraba la escena sentada una silla junto a la ventana, cerré los ojos y me dediqué a aquel trozo de carne con una pasión desconocida para mí hasta aquel momento.
Le daba lametones desde la base hasta la punta, acariciaba sus huevos con la mano y me los acercaba a la boca para chuparlos también, la otra mano la dejé enterrada dentro de mi túnica, él no podía ver lo que hacía con ella pues sentado como estaba en la cama mi propio cuerpo le tapaba la visón de la tremenda paja que me estaba haciendo.
-Ummm... niña, cómo la chupas, sigue así, acaríciame con las dos manos que no tardaré en correrme, sigue putita sigue -murmuraba.
Dejé de masturbarme para cogérsela con la mano mientras con la otra le acariciaba las piernas, decidí metérmela en la boca aunque a simple vista era evidente que era imposible, fui tragándola hasta que llegó a mi garganta, me provocó una arcada pero tan decidido estaba a comérmela entera que ahuequé la garganta y seguí bajando la cabeza, noté cómo sobrepasaba aquel punto crítico, casi no podía respirar pero estaba tan caliente que nada me importaba, la quería toda dentro.
-Sigue, ya falta poco, vas a
ser la primera que pueda con ella, sigue...
Di un ultimo empujón y por fin enterré mi nariz en su vello púbico, ya estaba toda dentro, me cogió por la cabeza para que no la sacara y comenzó un leve mete y saca, él disfrutaba muchísimo pues jadeaba y gemía ostensiblemente moviendo su rabo dentro de mi garganta, dejé que sus manos en su cabeza guiaran la mamada y llevé mis manos hasta sus pezones que acaricié y pellizqué completamente enloquecido de placer.
Lo máximo fue cuando se corrió, envió su leche directa a mi estomago, noté aquel líquido viscoso resbalar por mi tráquea calentándome de tal manera que me corrí sin tocármela, él notó que me corría pero no se imaginó que mi polla soltaba grandes cantidades de leche que impregnaban mi túnica, pensó que me corría como una chica “normal” pues mis propios espasmos acabaron de ordeñar su polla dejándola vacía, cuando la sacaba aprovechaba para recorrerla con la lengua y recoger toda la leche que la impregnaba, cuando la tuvo fuera aún la lamí un poco y recogí unas ultimas gotas de semen directamente de la puntita.
-Claudia, ha sido demasiado,
eres la mejor mamona que he conocido en mi vida, con tu edad te auguro un gran
porvenir en los prostíbulos de esta ciudad.
Diciendo esto se levantó y se fue, quedé sentado en el suelo notando la humedad de mi propia corrida que resbalaba por mis piernas, miré a mis hermanas que seguían a mi lado arrodilladas, con cara de alucinadas. Sólo Juna me dijo algo al oído:
-Mira que eres puta, “Claudia”
jejeje
Capítulo 3
Hacía ya 15 días que estábamos en Argel y casi tres meses que habíamos abandonado Roma, el hombre que esperaban los piratas para venderme no llegaba y la flota romana hostigaba las naves de los innumerables piratas de la zona, se rumoreaba que los romanos hartos de los piratas podían invadir Argel y acabar así con la principal base de estos en el mediterráneo, la ciudad era un hervidero de gente que huía temerosa de las represalias de las fuerzas de Cesar Octavio, por supuesto nadie estaba para comprar esclavos y el capitán pirata deseoso de irse decidió aunque fuera a bajo precio vendernos al mejor postor.
Nos ofreció a todo el que pudo, pero los cuatro éramos demasiado para una sola operación, así que decidió separarnos, a la primera que vendió fue a Agripina, a un mercader nubio, negro como el carbón, la compró por 1.000.- sestercios, no era mal precio según el capitán pirata, se fue llorando con el negro que como nos explicó el pirata tenía sus tierras a 20 días de marcha hacia el sur.
La siguiente fue mi madre, la compró el mismo dueño de la taberna en que estábamos, ya que se había quedado viudo hacía unos meses y necesitaba una mujer que calentara su cama, no la quería demasiado joven pues según él ya no tenía ganas de entretenerse en enseñarle a follar, quería una experimentada, por la cara del tabernero los días siguientes desde luego mi madre sabía follar. Aunque vendida, a mi madre la seguíamos viendo pues de día se ocupaba de la taberna y nos traía la comida y arreglaba nuestra habitación cada día. Para mí fue un consuelo que no se fuera.
Juna fue vendida a una mujer, según el pirata era una griega de una isla llamada Lesbos, se decía que allí no había hombres, me alegré por ella, al menos no sería violada continuamente como nos pasaría a los demás, he de decir que cuando la vi partir su nueva ama le acariciaba el culo mientras se la llevaba calle abajo y desaparecían de mi vista entre la muchedumbre.
Ya sólo quedaba yo, algún comprador me rechazó por demasiado joven o por mi falta de feminidad, por supuesto no tenía tetas ni cintura de mujer aunque mi culo sí que era considerado como una de mis mejores virtudes, hubo alguna oferta, pero yo no sé si la tripulación pirata no quería que me fuera pero la verdad es que el capitán no aceptó ninguna. Fueron pasando los días y diariamente me visitaban 10 o 12 marineros de la tripulación para que los mamase, realmente me encantaba y justo en ese momento era cuando conseguía las mayores erecciones, aquellas pollas eran lo único que me excitaba.
Todo iba bien hasta que un día uno de ellos me dijo que me desnudara del todo, de cintura para arriba ya me habían visto en alguna ocasión pero debido a mi falta de pecho no les atraía demasiado, mi pelo había crecido y con él podía taparme los pechos dando la sensación de ser una chica aunque con poquísimas tetas, yo los atendía con un pequeño pañuelo de cabeza anudado a mi cintura y otro por debajo que retenía mi polla para que no fuera evidente mi excitación cuando estaba con ellos, pero aquel hombre quería verme “desnuda” y eso era un verdadero problema para mí.
Me negué diciéndole que el capitán me lo había prohibido expresamente, él decía que no me iba a follar pero que quería verme, insistió muchísimo y yo ya no sabía qué decirle.
-¡Es que me da vergüenza!
-¿Cómo te va a dar vergüenza
después de haber chupado todas las pollas de la tripulación? ¡Te ordeno que te
desnudes!
-Que no, el capitán no quiere
que me violéis, quiere venderme virgen.
-No te voy a forzar, sólo
quiero tocarte.
-Que no puede ser, mira, te voy
a enseñar el culo, si quieres, pero nada más.
-De acuerdo, a ver ese culito.
Me di la vuelta y bajándome el pañuelo que me cubría dejé mi trasero al aire.
-Ven acércate, quiero tocarlo.
-Sólo un poco ¿Vale?
-Sí, sólo un poco, quiero
acariciar esas nalguitas tan blancas que tienes.
Me acerqué a él de espaldas y comenzó a sobarme jugando con los glúteos, abriendo y cerrando las nalgas y pasando su dedo por la entrada mismo, sin darme cuenta abría un poco las piernas facilitando así sus maniobras, su dedo jugaba con mi esfínter entrando levemente y haciéndome sentir escalofríos que nacían justo en el ojete y recorrían mi espalda hasta la cabeza.
Me di la vuelta cuidando de no soltar el pañuelo que aún cubría mi delantera y me arrodillé entre sus piernas, comencé a chuparle mientras él con las manos por detrás de mi espalda seguía hurgando en mi entrada posterior, me ardía el culo cada vez que su dedo entraba en él, cada vez lo metía un poco más y yo gemía de placer, instintivamente me movía para notar aún más aquel dedo que me profanaba y facilitándole la tarea para que llevado por la pasión de mi mamada y desobedeciendo a su capitán introdujera un segundo dedo, y un tercero, me estaba abriendo por detrás con suavidad pero con firmeza.
Mi polla estaba a punto de estallar y me la meneaba olvidándome de que él no podía darse cuenta, con sus tres dedos dentro de mí nos corrimos a la vez, él llenó mi boca de leche que tragué ávidamente mientras mis trallazos salpicaban incluso sus piernas de semen, fue apoteósico.
Cuando sacó sus dedos de allí noté un gran vacío y deseé volverlo a llenar lo antes posible, cuando acabamos se extrañó de la leche que impregnaba sus piernas, le dije que era suya, que me había caído de la boca, pero no acabó de creérselo y se marchó diciendo que hablaría con el capitán, que allí le parecía que había algo raro.
Me relajé unos minutos, estaba asustado por lo que había dicho y cuando mi madre me trajo la cena se lo expliqué, llegamos a la conclusión de que el engaño estaba a punto de acabar y decidimos que debía huir de allí aquella misma noche. Pasaron unas horas y el tabernero y mi madre se acostaron, como cada noche él se la folló durante un buen rato antes de quedarse dormido, por fin oí la puerta abrirse, era mi madre. Venía con ropa de chico, pertenecía a un hijo del tabernero, y unas tijeras, me cortó el pelo muy corto y me puse aquella ropa, volvía a tener mi apariencia normal, procurando no despertar a mi vigilante que dormía en la habitación de al lado, salimos a la calle:
-Mira hijo, a partir de ahora
deberás espabilarte para seguir adelante.
-Tranquila mama, ya casi tengo
los catorce años.
-Ya lo sé, tienes una ventaja,
buscarán a una chica, así que podrás pasar desapercibido aunque es mejor no
dejarte ver demasiado, aún de chico
tienes los ademanes un poco de chica después de tres meses haciendo el
papel.
-Me esconderé hasta que pueda
salir de la ciudad e intentar volver a Roma.
-Bien, no olvides a tus
hermanas, si algún día puedes, intenta rescatarlas, por mí no te preocupes, el
tabernero es buen hombre y a mí ya no me espera nada ni nadie en Roma, creo que
seré feliz aquí.
-Si puedo las rescataré, y
también vendré a buscarte algún día.
Se oyó un ruido dentro de la taberna, besé a mi madre y en silencio pero con el paso acelerado desaparecí en la maraña de calles que era Argel.
Capítulo 4
Me dirigí a las afueras por el lado de la montaña, allí apenas había vigilancia pues un inmenso desierto rodeaba la ciudad y era imposible salir por allí si no era en una caravana.
Cuando llegó el día me escondí en un granero y descansé, llevaba un hatillo con comida y unos sestercios que mi madre me había dado, dormí hasta que un ruido me despertó, era un pastor que llevaba un rebaño de cabras a pastar por aquellos parajes, primero me asusté pero luego pensé que no me buscaban, como mucho buscarían a una chica rubia de pelo largo, yo era chico y de pelo corto, no debía temer nada.
Salí del granero y saludé al pastor con la mano, me miró y devolvió el saludo, cuando me acerqué pude ver a un hombre joven, robusto y con la piel quemada por el sol, debía tener unos 25 años aunque aparentaba más.
-Hola, buenos días.
-Hola muchacho, ¿Qué haces sólo
por aquí? No suele venir mucha gente por estos parajes.
-Es que no conozco la ciudad y
ayer por la noche me perdí y decidí dormir en el granero hasta que se hiciera
de día y poder orientarme.
-Bien, ¿Me quieres acompañar un
rato? Es que por aquí no tengo oportunidad de hablar con mucha gente.
-Encantado.
Caminamos como una hora, íbamos hablando de cosas triviales, llegamos a una arboleda y dejamos las cabras pastando y nos sentamos a la sombra, sacó un poco de pan y de queso.
-¿Quieres?
-Sí, pero no sé si podré pagar –mentí pensando que lo poco que tenía me tenía que durar.
-No te preocupes, aquí en las
montañas no necesito dinero, más bien compañía.
-Compañía toda la que quieras –dije sonriendo.
Me cayó muy bien el pastor, así que después de un rato decidí confiar en él y le expliqué todo lo que me había pasado hasta aquel momento esperando que de alguna manera me ayudara.
-¿Qué has estado chupando las
pollas de toda una tripulación pirata durante dos meses y no se dieron cuenta
que eras un chico?
-Pues no, me iba la vida en
ello y comprenderás que puse todo mi empeño en hacerlo bien
-Y... ¿Eres virgen, aún?
-Sí, de hecho ayer por la tarde
fue la primera vez que uno de ellos metió sus dedos dentro de mí, por eso me fui,
vi que si iba a más ya sería imposible seguir con el engaño.
Kabul (Que así se llamaba el pastor) quedó pensativo durante bastante rato mirando sus cabras cómo pastaban delante de nosotros, por fin dijo:
-Te voy a proponer un trato,
veras te seré sincero, como te he dicho, por estos parajes tan agrestes no
suele venir nadie y mucho menos mujeres y como hombre tengo necesidades así que
hace meses que me follo a las pobres cabras...
-¿A las cabras?
-Si, al fin y al cabo tienen
chochos y culos como las mujeres, aunque reconozco que no es lo mismo, claro.
En fin el trato es el siguiente, dicen que los romanos no tardarán en invadir
Argel, si vagas por las calles de la ciudad un día u otro te encontrarán,
piensa que el capitán pirata ofrecerá una recompensa y te buscarán todos los
miserables de la ciudad, además en un feudo pirata como es Argel la pena que se
aplica a un fugitivo es la muerte. Eres joven, no creo que dures mucho por
aquellas calles con todos los peligros añadidos de estar rodeado de rufianes.
-Tienes razón –admití.
-Pues en fin, si aceptas ser mi
“Mujer” yo te ocultaré hasta que lleguen las tropas romanas o hasta que tú
quieras, claro, a mi lado eres libre, cuando te canses te puedes ir, si te
quedas deberás prepararme la comida y
limpiar mi ropa.
-¿Sólo limpiar y cocinar?
-Bueno, y ser “Mi mujer” en todo –cuando dijo esto, se acarició el paquete.
Dicho esto se levantó y me dejó sólo para que me lo pensara, dadas las circunstancias no tenía muchas opciones, así que incorporándome me acerqué a él, que seguía de pie, a unos metros y situándome a su lado le dije:
-Soy toda tuya
Me miró y esbozó una sonrisa, me cogió por la cintura y me sorprendió con un beso en los labios, su lengua se escurrió dentro de mi boca buscando la mía, se entrelazaron y jugaron un sensual juego entrando y saliendo de una boca para colarse en la otra, notaba en mi cintura la presión que ejercía su polla contra mi vientre, estaba empalmadísimo, separaba mis nalgas y se refregaba contra mí, me mordía los labios y el cuello, las orejas y la nuca, me estaba poniendo súper caliente, me fue arrastrando hasta el árbol al pie del cual estábamos sentados y me estiró en el suelo, me fue desnudando besando todo mi cuerpo y recorriéndolo con la lengua (Ni que decir tiene que yo estaba excitadísimo)
Quedé desnudo sobre mi túnica, Kabul me mordía los pequeños pezones que coronaban mis pectorales y acariciaba mi vientre hasta donde nacía mi vello púbico, mis manos buscaban su polla entre la ropa que aún le cubría, no tardé en encontrar un cipote de tamaño considerable, no era tan grande como la mayoría de las pollas de los piratas pero me pareció mas suave y cálido, él no llegaba nunca a tocar mi polla aunque acariciaba toda la zona, desde luego me tomaba como a una chica.
Se desnudó por completo, desde luego por aquellos parajes no había nadie y él lo sabía, vi su torso y sus piernas, tenía bastante pelo por todos sitios (A diferencia mía que apenas tenía algo de vello entre las piernas), su polla ya erecta asomaba 18 o 19 centímetros entre la mata de pelo de su pubis, además sin el turbante me pareció más guapo, su pelo era corto y negro, sus ojos verde intenso me llamaron mucho la atención, todo él era muy moreno, no sólo la cara que yo creí tostada por el sol, estuvo unos segundos de pie justo enfrente de mí, como mostrándose sabedor que el conjunto era apetecible para cualquier “Mujer”.
Se arrodilló entre mis piernas y se acostó sobre mí, su polla quedó encajada entre mis piernas, comenzó a moverse como si follara, aunque me imagino que la idea era que mis piernas rozaran su polla masturbándola, la verdad es que en pocos minutos yo estaba a punto de correrme puesto que mi polla con el roce de su musculado vientre estaba a punto de explotar.
Para evitarlo y retrasar un poco el momento (no sabía si a él le gustaría que yo me corriera) abrí las piernas y apoyándome en mis pies levanté un poco la cadera y así separar la polla de su vientre, lo conseguí aunque pesaba bastante pero el resultado es que la punta de su mástil comenzó a rozar mi ano, él se incorporó y quedó de rodillas con mi cadera a la altura de su cintura, su polla quedaba debajo de mí, comenzó a pasarla entre mis nalgas recorriendo toda mi raja y entreteniéndose cuando la tenía justo en la entrada, me estaba volviendo loco de deseo así que en aquella posición y justo cuándo noté que su glande estaba en el sitio adecuado me abrí los cachetes con las manos y me dejé caer un poco, su polla dura como estaba no cedió ni un milímetro y empezó a colarse dentro, primero sólo un poco y la sacaba otra vez, era una agradable tortura.
-Por favor no la saques, estoy
deseando que me la claves
-Tranquilo Claudio, es mejor
hacerlo despacio, pero tranquilo que entrará toda.
Él seguía con aquel ritmo hasta que le pareció que había dilatado suficiente mi orificio, me levantó las piernas hasta que mi espalda volvió a quedar en el suelo sobre la túnica y mis piernas se apoyaban en sus hombros, mis manos seguían abriendo las nalgas ofreciéndole la entrada franca, volvió a meter 2 o 3 centímetros y paró, me miró y me sonrió, le devolví la sonrisa justo cuando de un golpe de caderas introdujo más de medía polla dentro de mí, lo deseaba tanto que ni grité, sólo gemí con fuerza y mordí mis labios para no aullar de dolor (no quería que pensara que no me gustaba).
Durante unos segundos no se movió, esperó que mi culo asimilara su herramienta (No debía ser su primer culo con tan buena técnica, pensé) cuando mi respiración se normalizó un poco comenzó a moverse en un vaivén suave pero firme, cada vez entraba un poco más y en unas embestidas la tuvo toda dentro, noté sus huevos chocar contra mis nalgas que me lo confirmó, no pude reprimir unas lágrimas de dolor y Kabul empezó a besarme y a recogerlas con la lengua mientras continuaba follándome, el dolor duró muy poco y comencé a disfrutar de aquel hombre que me acababa de desvirgar.
Bajé mis piernas y con ellas abracé su cintura, cuando la metía hasta el fondo yo aún le apretaba más queriéndola notar mejor si era posible, me iba a gustar mucho ser su mujer, pensé.
La sacaba casi completamente y volvía a clavarla hasta el fondo arrancándome jadeos acompasados a sus movimientos, él cerró los ojos saboreando lo que estaba haciendo y yo aproveché para pajearme pues me dolía la polla de lo caliente que estaba, cuando yo estaba a punto de correrme noté como si la polla que tenía dentro creciera un poco más y a la vez que soltaba mi leche sentí cómo mis entrañas se llenaban de la leche caliente de Kabul, fue increíble, me salpiqué la cara de mi propia leche a la vez que él me llenaba a borbotones una y otra vez mi culo de semen.
Sacó poco a poco la polla haciéndome gemir a medida que iba saliendo, cayó extenuado a mi lado mientras yo me relamía recogiendo de mi cara mis propios restos, mi polla seguía tiesa de la sensación que me producía sentir cómo de mi culo rebosaba hasta mis muslos la leche de Kabul, lo miré y me acerqué para besarlo tiernamente, miré su polla chorreante aún de semen y bajé besándolo y lamiendo su cuerpo hasta llegar hasta ella, la limpié con mi boca recogiendo los restos de la corrida y de mi propio culo, había disfrutado tanto que no me importó.
Capítulo 5
Vivíamos juntos, durante el día yo iba prácticamente desnudo, sólo vestía un ligero pañuelo que cubría mi parte delantera, él me trataba exactamente como a una mujer, le excitaba mucho verme de aquella manera con mi culo siempre al aire, me follaba 2 o 3 veces al día en cualquier lugar, en casa o en el campo, en los corrales, en el río, en fin, allí donde me pillaba y yo precisamente no me escondía, aunque era libre, de hecho era esclavo de aquel hombre, descubrí muchas maneras y posturas de hacer el amor, descubrí juegos que nos volvían locos a los dos, en fin, éramos felices.
Cuando ya habían pasado casi seis meses desde que escapé del capitán pirata, cumplí los 14 años, me levanté por la mañana y con mi atuendo habitual preparé el desayuno para los dos, Kabul se levantó un rato después, oí cómo se lavaba y cuando entró en la estancia donde estaba la cocina me giré y me quedé de piedra, estaba allí de pie desnudo y con un pañuelo cubriendo sus atributos tal y como iba yo normalmente.
-Pero...
-Buenos días Claudio, feliz cumpleaños –me dijo.
-Gracias, Kabul, pero ¿Y ese
atuendo?
-Pues hoy yo seré tu regalo,
puedes hacer conmigo lo que quieras, durante los últimos seis meses has sido
una “mujer” perfecta y hoy yo seré tu regalo.
-Te quiero –lo besé cariñosamente.
No me dijo nada, sólo se agachó y metiéndose mi polla aún flácida en la boca comenzó a hacerme la primera mamada que me hacían en mi vida, de hecho durante los seis meses que llevábamos juntos él apenas me había tocado mi polla, aunque no le importaba que me pajeara cuando follábamos, él nunca me acariciaba y mucho menos chupaba mi polla. Ahora lo tenia delante de mí, de rodillas con mi cipote que crecía rápidamente dentro de su boca. Lo noté inexperto pero me estaba dando muchísimo gusto, por una vez sería yo el macho.
Cuando ya la tenía bien crecida lo levanté y lo recosté en la mesa que tenía preparada para desayunar dejándole el culo en pompa delante de mí, sabía cómo desvirgarlo, había aprendido de él. Me puse de rodillas y me dispuse a chupar su culo a la vez que con mis dedos lo dilataba, quería que fuera lo más agradable posible para él, no quería lastimarlo aunque mi polla aún no era nada del otro mundo, 15 centímetros en su máximo esplendor, quería que sintiera el placer que sentía yo cuando él me enculaba. Trabajé la entrada de su ano bastante rato metiendo mi lengua hasta donde podía acompañándola de hasta tres de mis dedos (Pensé que para mi polla con tres dedos sería suficiente para que a la hora de verdad no le doliera), Kabul gemía y respiraba ostensiblemente demostrándome que mis esfuerzos hallaban recompensa, me incorporé y me puse a rozar con mi polla la entrada ya muy abierta, parecía que iba a entrar sóla, me gustó ver cómo sus esfínter se contraía y relajaba como si me pidiera que la metiera.
Dudaba, era la primera vez que iba a meterla y dudaba, no quería lastimarlo y me asaltó la duda si lo hacía por que él quería o por obligación como si se sintiera en deuda conmigo. Como si leyera mis pensamientos echó sus manos hacía detrás y se abrió las nalgas, dijo:
-Venga por favor, métela ya, la
necesito, métela ya!
Fue lo que necesitaba, me avancé y casi sin pausa se la metí de una sóla vez, dio un respingo al notarla entrar pero no le debió doler por lo lubrificado y dilatado que le había dejado el paso, comencé a follarlo tal como él me lo hacía a mí y que tanto me gustaba y por lo que se veía a él también.
No tardé en parar, puesto que él sólo, movía el culo hacia delante y hacia detrás empalándose sólo en mi verga, me hizo gracia que tanto tiempo haciendo de macho y ahora iba a resultar tan puta como yo. Más que gemir, gruñía de gusto Kabul, pensé que a partir de aquel día nuestra relación hombre-mujer iba a cambiar, Kabul estaba descubriendo que su culo tenía más utilidades de las que él creía, noté unas fuertes contracciones en su interior que hicieron que me corriera llenando sus entrañas de leche, entonces me di cuenta de que mis pies pisaban algo húmedo, era semen de Kabul que se había corrido sin tocarse formando un charco entre nuestras piernas, quedé recostado sin sacarla a sus espaldas.
-¿Te ha gustado? -Le pregunté.
-Podías haber avisado que era tan bueno –dijo con una sonrisa.
-Pues ya que hoy eres mío te
recompensare de las veces que me lo has hecho tú a mí.
-Eso espero, además no sólo
hoy, a partir de ahora no te haré nada que no me hagas tú a mí.
-Vaya putón estas hecho Kabul
Aún vivimos juntos 2 meses más, una mañana oímos un rumor lejano de batalla, corrimos hasta uno de los cerros que rodeaban la ciudad, vimos el puerto como era atacado por la flota romana, los piratas desorganizados nada pudieron hacer y dos horas después las legiones de Cesar Octavio entraban en la ciudad, saquearon casi todo lo que pillaron, los piratas junto con los ciudadanos huían por las montañas en dirección a donde vivíamos nosotros, temimos lo peor y volvimos a casa, nos vestimos y cogimos unas pocas pertenencias y comida y abandonamos el lugar con la idea de escondernos en unas cuevas que conocía Kabul a esperar unos días y que la cosa se calmara.
Allí escondidos veíamos pasar a los fugitivos, se internaban en el desierto sin saber que sería su fin, nadie podía cruzarlo sin el apoyo de una caravana, seguramente todos morirían, me pareció ver alguno de los piratas que me capturaron al principio, triste final sería el suyo, comencé a preocuparme por mi madre, ¿Y si había huido con los demás y también moría en el desierto?
Fuimos por la parte de atrás y llamé a la puerta, abrió Husein, el hijo de 19 años del tabernero, no me conoció por supuesto.
-¿Qué queréis?
-Vengo a saber de una mujer que vivía
aquí, Julia.
-¿La puta de mi padre?
Estaba a punto de golpearle pero Kabul
me retuvo discretamente, y contesto él:
-Sí, ¿está aquí?
-No, cuando entraron los romanos, los prisioneros que había en la ciudad se entregaron a ellos para que los devolvieran a Roma, de hecho creo que ya han partido pues los tenían en el puerto y esta mañana ya no estaban.
-¿Aún alquiláis habitaciones?
-No, estoy solo, el establecimiento
está cerrado, mi padre huyó a las montañas.
Al oír que estaba sólo le di un
empujón y lo tumbé en el suelo dentro de la taberna, Husein me empujó pero
Kabul, mucho más fuerte, lo redujo y lo ató y amordazó en unos segundos.
-Así que Julia era la “Puta” de tu
padre ¿Eh?
-Pero qué os pasa, ¿quiénes sois?
-¿No me reconoces? Hijo de perra
-No... –Dudaba y de
repente exclamó- ¿Claudia?
-Si, y Julia es mi madre, follaba con el asqueroso de tu padre sólo para sobrevivir, aunque él a estas horas ya debe estar medio muerto por el desierto, se lo merece sin duda. Pero ahora sabrás lo que es follar para sobrevivir.
Con una mirada ordené a Kabul que lo
levantara y lo pusiera boca abajo en la mesa, saqué un puñal y se lo puse en el
cuello:
-Si no quieres morir pórtate bien y no
me des problemas.
-Pero ¿Qué vas a hacer?
-Hacerte sentir lo que pensaba mi
madre cuando se acostaba con tu padre.
Lo desnudé de los pantalones que llevaba, sus nalgas se notaban tensas cuando las acaricié, pensaba violarlo sin contemplaciones, me la saqué y puse la punta en la entrada de su ano, pensaba metérsela de un golpe pero cuando empezó a sollozar y a suplicar me dio pena, me lo iba a follar pero no de aquella manera.
Me arrodillé detrás y comencé a masajearlo con mis manos y mi lengua, no me costó a base de rozarle los huevos y acariciar su polla excitarlo, hundí mi cara detrás de él e introduje la lengua recorriendo el perímetro de su esfínter, no tardó en calentarse y dar pequeños gemidos cuando mi lengua le taladraba, Kabul le puso el cuchillo en el cuello y le metió su polla en la boca haciendo que se la chupara, el muchacho sentía todo un conjunto de nuevas sensaciones que inevitablemente lo pusieron muy caliente, por la cara de Kabul empezaba a colaborar.
Cuando me pareció que estaba a punto le clavé hasta el fondo mi polla en su trasero, de un sólo golpe, pero al menos se lo había lubrificado bien, dio un aullido al sentirse desvirgado en lo más intimo, pataleaba aunque no se movía, el cuchillo de Kabul era suficiente argumento para que no se moviera de sitio, me lo follé con ganas, le di lo más duro que podía a modo de venganza, aunque era una venganza que me cobraba en él, de hecho la deuda que saldaba el chico era de su padre que durante un año había mancillado cada noche a mi madre.
Me corrí casi sin placer dentro de su culo, lo llené de leche y se la saqué, no encontraba placer en aquello, me gustaba más hacerlo con Kabul, aquello era hacer el amor, lo que acababa de hacer era follar simplemente. Mi polla estaba sucia así que me cambie con Kabul que dejándome el cuchillo para seguir amenazando Husein se situó detrás de él y se la metió también sin ningún miramiento a la vez que yo le metía mi polla en la boca para que la dejara bien limpia, por el respingo que dio el chaval notó la diferencia de tamaño de la polla de Kabul.
Lo follamos alternativamente Kabul y yo durante un par de horas, nos corrimos un par de veces dentro de él y después de dejarnos las pollas bien limpias lo dejamos desnudo y atado a una columna llorando, de su culo le salía una mezcla de leche y sangre que resbalaba por sus piernas.
Un tiempo después me enteré que un grupo de romanos que por la mañana entraron en la taberna y lo encontraron lo violaron también, de hecho hoy en día la taberna es una especie de baño turco frecuentado por “invertidos” como los llaman los romanos, en el que el dueño (Husein) se jacta de ser la mas Puta de Argel.
Capítulo 6
Durante unos días nos ocultamos en una de las innumerables casas abandonadas que habían quedado en la ciudad, veíamos por la ventana cómo la presencia de romanos era constante pero que la ciudad comenzaba a recuperar la normalidad, volvieron a abrir el mercado y la gente que se había quedado, principalmente mujeres, volvían a llenar las calles.
Estuvimos casi dos semanas escondidos, aunque yo no tenía problema en salir y mezclarme entre la gente para conseguir comida, Kabul tenía que permanecer escondido, las tropas romanas lo hubieran detenido sin duda, apenas circulaba ningún hombre por las calles.
Era irónico que después de un año me podía considerar libre completamente, si me hubiera presentado ante los romanos como un secuestrado por los piratas me hubieran devuelto a Roma sin problemas, pero no quería separarme de Kabul, algo me mantenía a su lado además del placentero sexo que teníamos varias veces al día. Él me repetía que no quería perjudicarme y que me fuera con los romanos que me devolverían a mi patria pero me negaba a dejarlo.
Los dos últimos días me amó con mucha pasión y se comportaba taciturno y callado el resto del tiempo, le preguntaba qué le pasaba pero no me contestaba, sólo me besaba y se daba la vuelta, creo que incluso un día lo vi llorar en silencio. El último día hicimos el amor por la mañana justo antes de que yo saliera a buscar comida como cada día, cuando volví después de un par de horas ya no estaba, una nota quedó como única explicación, me decía que me dejaba para que fuera libre y pudiera volver a mi país, que me olvidara de él y que viviera la vida como un muchacho normal de mi edad.
Lo busqué por toda la casa, salí a la calle desesperado buscándolo por todos sitios, corrí hasta las montañas a nuestra antigua casa pero nada, había desaparecido, llegó la noche y cansado de correr y vagar por la ciudad sin encontrarlo volví a la casa donde nos refugiábamos aquellos días, me dormí agotado y llorando susurrando su nombre, las pesadillas invadieron mi cabeza machacando mi soledad.
Por la mañana desperté y confirmé lo que ya sabía, estaba solo.
Aquel día no salí, tenía que pensar y tranquilizarme, analicé mi situación y aunque veía claro que la única solución era presentarme a los romanos y que me repatriaran, no dejaba de pensar en mi madre, que seguramente estaba ya en Roma según había dicho el hijo del tabernero, y mis hermanas que quedarían en aquel país extraño y yo había prometido a mi madre rescatarlas de sus amos. Pasó el día más triste desde que salí de Roma hacía más de un año y al anochecer acuciado por el hambre salí a dar una vuelta para despejarme y mirar de encontrar algo de alimento.
A diferencia de otras ocasiones esta vez me acerqué al campamento romano, ya no importaba que me encontraran, me acerqué a uno de los centinelas y le pregunté:
-Hola centurión, ¿Me puedes dar
algo de comer?
-Hola muchacho, ¿Tienes hambre?
-Si, llevo todo el día sin comer –me acerqué la lámpara.
-Pero... ¡Tú no eres Árabe!
-No, soy romano, estaba secuestrado por los piratas y hasta hoy no he podido escapar y llegar a Argel –mentí.
-A ver, un momento –me dejó allí de pie mientras él entraba en la tienda para hablar con su superior.
Salió de la tienda junto con un oficial de la guardia, me miraron los dos y se sonrieron, por fin el oficial dijo:
-Ven, entra en la tienda
mientras llamo a Cayo Julio, come lo que quieras de lo que hay en la mesa.
Entré y pude ver una mesa bien abastecida, el oficial estaba a punto de cenar. Comí un poco de todo, había algunas cosas que no probaba desde hacía más de un año, alimentos típicos romanos.
Al cabo de un rato se abrió la lona que cubría la puerta de la tienda y entró el oficial con... ¡LA MOÑOS! Recordé de golpe el nombre del esclavo amanerado que teníamos en la hacienda, se llamaba Julio, ahora era un apuesto joven de unos 25 años, vestido de noble romano, ahora era Cayo Julio.
Me quedé de piedra sin decir nada y con una gran expresión de sorpresa. Cayo Julio también denotaba sorpresa de verme, por fin habló:
-Hola Claudio, ¿Me recuerdas?
-Si –dije pasados unos segundos recobrando el habla.
-¡Déjanos solos! –le ordenó al oficial romano y este salió de la tienda.
-Bueno, bueno, lo que es la vida, Claudio cuéntame, ¿cómo has llegado hasta aquí? –dijo mientras se sentaba a mi lado.
Le relaté mi aventura pensando en un primer momento mentir sobre cómo había pasado los últimos meses, pero viendo que seguía igual de amanerado y que mientras yo hablaba él había puesto su mano sobre mi muslo y lo recorría palpándolo, llegando cada vez más arriba, pensé que podría ser mi nuevo “protector” y no escondí mi relación con Kabul explicándole con bastantes detalles como pasé los días en la cabaña de la montaña y en la casa donde nos refugiamos en Argel.
Cayo Julio se fue excitando mientras me escuchaba, su mano ya había alcanzado mis atributos y acariciaba la zona mientras su otra mano ya se perdía entre su túnica que evidenciaba un bulto muy considerable, decidí en aquel momento que sería bueno tener un amigo como aquel entre los soldados romanos por lo que finalizado mi relato y sin mediar palabra me agaché y apartando la túnica que lo cubría dejé al aire una hermosa polla, la acaricié y me la puse en la boca dedicándole una soberbia mamada, con el tiempo había conseguido una magnifica técnica mamatoria.
Cayo Julio gemía mientras guiaba con sus manos en mi cabeza el recorrido de mi lengua sobre su polla, levantó una pierna sobre mis hombros y enseguida entendí que cuando lamía sus huevos debía seguir hasta su ano, la entrada como el resto del cuerpo estaba depilada, me encantó pasar mi lengua por toda aquella zona, cuando la metía dentro de su culo sus jadeos aumentaban considerablemente, seguía con la mamada pero mis dedos entraban en su culo bien lubrificado, primero dos, luego tres y hasta cuatro se perdían dentro de él.
Se corrió abundantemente y tragué toda
su leche sin perder ni una sóla gota, me sorprendió cuando saqué mis dedos de
dentro de él y los acercó a su boca para chuparlos con deleite, desde luego era
una perra.
Recompusimos nuestras ropas y me
ordenó que lo siguiera, pasamos entre las tiendas de la tropa hasta una zona
donde dormían los oficiales y mandos superiores, allí las tiendas eran más
grandes y delante de ellas había un guardia en la puerta, en su tienda también
había un soldado en la puerta pero me fijé que era muy joven y guapo, Cayo
Julio sabía rodearse de efebos, pensé.
Al entrar vi a dos chicos más con
livianas túnicas que se apresuraban a empaquetar cosas en unos baúles, eran los
dos rubitos y jóvenes y en cuanto nos vieron hicieron una reverencia a Cayo
Julio y se dispusieron a retirarse.
-No, no os vayáis, continuad
empaquetando, hemos de partir mañana a primera hora. Este es Claudio y a partir
de ahora será compañero vuestro... Si él quiere –cuando dijo
esto ultimo me miró.
-No comprendo –dije.
-Yo no tengo esclavos,, estos dos chicos y el guardia de la puerta me sirven porque quieren, yo los protejo y ellos de cara a los demás son mis sirvientes pero la realidad es que todos somos “amigos”.
Dio un énfasis a la palabra “amigos”
que no me costó comprender.
-Si, si tú me quieres me quedaré
contigo, pero quisiera pedirte un favor
-¿Cuál?
-Veras, mi hermana Agripina es esclava de un Nubio que tiene su hacienda a unos días de aquí, fue vendida como te expliqué por el capitán pirata, ¿Me ayudarías a rescatarla?
-Veré lo que puedo hacer, tenemos que partir mañana pero tengo un compañero que se quedará un tiempo más en Argel, me debe un favor y no creo que ponga pegas en ir a rescatarla. Ahora descansa mientras voy a hablar con él. Séptimo acompáñame por favor.
Uno de los dos chicos se fue con él
mientras yo me acomodaba en la tienda ayudado por Néstor, el otro chico.
-¿Puedo preguntarte una cosa, Néstor?
-Claro, dime.
-¿Cómo ha llegado Julio a su posición?
¡Él era esclavo!
-Verás, cuando mataron a vuestros
sirvientes el día que hicieron prisionera a tu familia, Julio consiguió
esconderse, tardo unos días en encontrar al comerciante de especies con el que
se acostaba para pedirle ayuda, su sorpresa fue que este estaba casado y con
hijos.
-¿Casado?
-Sí, además tenia dos hijos de nuestra
edad, para evitar que se supiera su afición a los chicos jóvenes le prometió
mucho dinero a Julio con la condición de que no apareciera nunca más por allí,
Julio lo comprendió y aceptó, al cabo de unos días se encontraron en Roma como
habían acordado para que el comerciante le diera el dinero prometido, pero el
destino le jugó una mala pasada al pobre comerciante. –bebió un
poco de vino.
-¿Qué paso?
-El comerciante fue a Roma
justo cuando seguía el baño de sangre debido al golpe de estado de Cesar
Octavio, al parecer tenía algún enemigo y fue denunciado como traidor sólo
entrar en la ciudad, fue encarcelado y más tarde ejecutado por el Cesar.
-Pobre hombre -Dije.
-Si, no obstante antes de ser ejecutado pudo hablar con Julio, le pidió que salvara a sus hijos pues se sabia que la orden de detenerlos no tardaría en llegar, a cambio le indicó dónde escondía su fortuna a cambio de que los ayudara. Por supuesto Julio aceptó, no sólo por el dinero sino porque de verdad había querido a aquel hombre.
-Ya sé lo que es querer a un hombre –volví a
pensar en Kabul.
-En resumen, con el dinero que le dio
el comerciante compró un caballo y salió al galope de Roma y llegó a la
hacienda donde la mujer y los hijos esperaban, cuando explicó lo sucedido la
mujer corrió hacia Roma mientras él se hacía cargo de los hijos del
Comerciante.
-¿Y qué hicieron?
-De la mujer no se ha sabido nunca más, Julio desenterró el tesoro del comerciante y se marchó con los dos hijos de los cuales ha cuidado hasta hoy.
-¿Hasta hoy? ¿Dónde están?
- Somos Séptimo y yo.
-¿Qué? ¿Vosotros?
-Si, Julio nos explicó lo sucedido
entre él y nuestro padre, de hecho nos quiso dar el dinero que le había dado mi
padre pero no aceptamos, si mi padre confió en él, nosotros también, después ha
resultado que no sólo nos ha protegido sino que nos hemos convertido en algo
más que “amigos”...
-¿Y el guardia de la puerta?
-Es nuestro primo, vivía en casa con
nosotros y se ha unido al grupo, es fuerte y hábil con las armas por lo que es
la escolta personal de Cayo Julio.
-¿No os importará que yo
también me una a vuestro grupo?
-No, además también eres muy
atractivo, seguro que nos llevaremos bien, de todas formas ahora descansa,
mañana te seguiré explicando.
-De acuerdo, hasta mañana, ¿Tardará
mucho Julio?
-Seguramente toda la noche, ya se ha
llevado a Séptimo para convencer a su amigo que rescate a tu hermana –Guiño un ojo
al decir esto.
Me dormí tranquilo, estaba rodeado de
amigos por primera vez desde hacía tiempo, mis últimos pensamientos fueron para
Kabul y su sacrificio de dejarme para que volviera con los míos.
Néstor me despertó besando mi frente, abrí los ojos y lo encontré allí recostado sobre mí con sus labios a pocos centímetros de mi cara, sin pensarlo los besé con un beso fugaz.
-Venga dormilón, levántate que
volvemos a Roma.
-Hola Néstor, ¿Han vuelto Julio y
Séptimo?
-Si, hace un rato, por cómo anda
Séptimo le debes un favor, seguramente ha convencido al amigo de Julio para que
rescate a tu hermana.
Me incorporé y pude ver a Séptimo cómo
caminaba un poco dolorido recogiendo cosas, me levanté y me vestí con unas
ricas túnicas que me había facilitado Néstor, vi cómo Cayo Julio ordenaba a los
criados de verdad que cargaran sus cosas en el carro para llevarlo al puerto,
se llevaba un buen botín de la conquista de Argel.
-Séptimo, gracias –dije al
muchacho.
-Dáselas a mi culito que ha tenido que tragar con la inmensa polla del amigo de Julio
-¿Te ha follado?
-Si, hacía tiempo que se lo pedía a Cayo Julio pero este se negaba, me reservaba para cuando necesitara un favor de Cayo Augusto
-¿Salvará a mi hermana?
-Ayer por la noche dio su palabra
mientras tenía su grandioso cipote enterrado en mi trasero, desde luego lo he
disfrutado pero me ha destrozado para unos días.
-Te sabré agradecerlo, te aplicaré los
cuidados que necesites cuando me lo pidas –dije con una sonrisa.
-Te tomo la palabra, jejeje cuando tengamos un momento de descanso, y en el barco tendremos varios días jejeje
Ayudé
a mis compañeros a cargar todas las cosas, noté que Antonio no me sacaba ojo de
encima, era el soldado particular de Julio y primo de los dos muchachos, era
moreno y de pelo corto, su mirada penetrante la noté en varias ocasiones
clavada en mi nuca aunque prácticamente no me dirigió la palabra.
Nos
embarcamos y en unas dos horas estábamos zarpando del puerto de Argel, me
prometí volver algún día a buscar a Kabul y llevármelo a Roma. Éramos los
únicos pasajeros del barco, Julio con la gran fortuna que tenía entre la del
comerciante y el botín conseguido en aquella campaña de Argel se lo podía
permitir.
Cuando
perdimos de vista tierra firme cambiamos nuestras ropas y túnicas por telas más
livianas como las que llevaban Néstor y Séptimo la noche anterior, me fijé en
la tripulación, estaba formada por el capitán, 5 marineros y Marco (realmente
era Embhuno, pero Marco era mas fácil de pronunciar) el grumete era de mi misma
edad y había nacido en el centro de aquel gran e inexplorado continente que era
África, su piel era negra como el carbón y su buen carácter hacía que
continuamente sonriera enseñando sus blancos dientes que eran la única nota de
color de su joven cuerpo. Por ser el grumete siempre vestía un pequeño
taparrabos típico de su tribu según me contó, al parecer el capitán lo encontró
a la deriva en una balsa en medio del mediterráneo, sin duda debía haberse
fugado de algún barco de esclavos con destino a Roma o alguna de sus colonias.
El
capitán era un hombre de unos 40 años llamado Ático, se veía su cuerpo bien
formado bajo la camisa y la cara quemada por el sol de las innumerables horas
que pasaba al timón, era el mayor de los que navegábamos en aquel pequeño barco
de transporte. Los cinco marineros eran jóvenes de entre 20 y 25 años
reclutados en distintos puertos, sólo uno era romano (Adriano), otro era Griego
(Zorba), otro era de Hispania (José), otro de las Galias (Pierre) y por último
Nemes el egipcio.
No
le di importancia a la mezcla de nacionalidades al principio, pero al ver que
ellos también cambiaban su manera de vestir por ropas más finas y provocativas
me di cuenta cual había sido el criterio de selección por los distintos puertos
del mundo conocido. Todos compartían como nosotros el gusto por los de su mismo
sexo.
La
navegación transcurría placentera, la flota romana había acabado por completo
con los piratas que hasta hacía unos meses azotaban aquellos mares, la primera
noche fui requerido por Séptimo para que aliviara su dolorido culo gracias al
cual mi hermana iba a ser rescatada, pasé cerca de una hora con mi boca
enterrada en su entrada trasera dándole un masaje con mi lengua que lo hacía
aullar de placer y correrse dos veces sin tocarse apenas, me encantó aquel
cuerpo de 16 años blanco y sin apenas vello como el mío. Cuando terminé salí a cubierta
y en el silencio de la noche capté un sin fin de jadeos y gemidos provenientes
de distintos sitios del barco, mi curiosidad hizo que recorriera la nave guiado
por lo que oía, en la cámara del capitán Cayo Julio ofrecía su culo a una polla
considerable manejada por maestría por Ático, ojalá mi cuerpo al llegar a los
40 fuera como aquel pensé.
Entre
unos sacos Pierre y José estaban con Néstor, este en medio recibía al galo por
detrás mientras la verga de José se hundía hasta el fondo de su garganta,
estuve a punto de unirme a ellos pero levanté la mirada y pude ver al griego al
timón guiando la nave mientras de rodillas frente a él Nemes le chupaba
desaforadamente la polla, miré durante un rato el buen hacer del egipcio
calentándome cada vez más. Un nuevo ruido hizo que me girara y vi a Adriano cómo
recibía una fuerte culeada de Antonio el soldado, los dos completamente
desnudos se unían en una follada espectacular, seguro que Adriano apreciaba los
22 centímetros de Antonio.
Dudaba
a qué grupo unirme y caí en la cuenta que faltaba el joven negro, Marco,
recordé que el capitán le había ordenado subirse al palo mayor y vigilar el
horizonte en la oscuridad por si aparecía otro barco no fuera a ser que
chocáramos, mire hacía arriba y efectivamente allí estaba, se pajeaba con algo
entre las piernas que desde abajo no podía apreciar lo que era.
La
vista que debía tener desde arriba debía ser súper excitante, no dudé y por una
escalera de cuerda que colgaba del palo mayor comencé a subir, a medida que me
acercaba a él me di cuenta que el “algo” que tenía entre las piernas no era más
que su polla, creo que alcanzaba los 30 centímetros a simple vista, (Después me
contó que es lo normal en su tribu, la medí un tiempo después y eran 29
centímetros de verga, increíble), me vio subir y su sonrisa alumbró su cara,
enseguida estaba a su altura y me lancé a recorrer con mi lengua aquel inmenso
mástil, cierto que no era excesivamente gruesa pero yo nunca había visto nada
igual.
Me
hizo dar la vuelta y mi culo comenzó a notar la presión del cipote de Marco, me
dejé caer despacio empalándome yo mismo y disfrutando cada uno de los centímetros
que iban entrando, noté dentro de mí como si me volvieran a desvirgar, estaba
llegando hasta donde no había llegado nadie y la sensación era sumamente
placentera, de vez en cuando miraba para abajo y veía al resto de tripulantes
de la nave follando a los pasajeros tan especiales que transportaban, sólo
Zorba se mantenía en su labor de guiar el timón mientras Nemes seguía chupando
ayudado ahora por Séptimo que al salir a cubierta y ver cómo se entretenían los
demás decidió unirse a la fiesta colectiva.
Antonio
era ahora follado por Adriano con las mismas ganas que lo había hecho él antes,
Néstor ahora metía su polla en el culo de José y a la vez recibía por detrás la
de Pierre, mi negrito me enculaba cada vez más fuerte hasta que sus huevos
chocaban contra mis nalgas, yo gritaba libremente contra el mar hasta que mis
entrañas se llenaron de la leche caliente y espesa de Marco a la vez que este
me pajeaba hasta hacerme soltar chorros de leche sobre las cabezas de los que
estaban debajo.
Dejé
que la polla de Marco se aflojara dentro de mí sin moverme de allí, poco a poco
los de abajo se fueron corriendo uno tras otro y quedaban relajados estirados
en cubierta, besé a Marco y lo dejé allí para que siguiera con su labor de
vigilancia, fui a mi camarote y me acosté satisfecho, por mis muslos aún
resbalaban los restos de la corrida que había quedado dentro de mi dolorido
culo.
Los
restantes días y noches transcurrieron de parecida manera, aunque como es
lógico con distintas parejas de baile, todos los que íbamos en aquel navío
éramos una tentación para los demás, debo decir que no pude evitar que en un
momento u otro del día pero cada día eso sí me dejara follar por Marco y su kilométrica
polla, aquello era una nueva experiencia para mí, y desde luego no era novato
en aquellos quehaceres.
-¿A dónde nos dirigimos Cayo
Julio?
-pregunté después de 10 días de navegación.
-A Hispania, es una tierra poco poblada y José conoce un lugar entre Barcino y Tarraco ideal para formar nuestro hogar, esta rodeado de montañas y es perfecto para no ser molestados por visitas molestas.
-¿Y cómo se llama ese lugar?
-Debido a unos Silos de grano que allí hay y derivado del idioma original del lugar creo que se llama Sitges.
-¿Y nos encontrará tu amigo cuando rescate a mi hermana?
-No, pero mandaremos a buscarla cuando lleguemos, quedé con él que la llevaría a Roma.
-Gracias Cayo Julio, después iremos a buscar a Juna a la isla de Lesbos donde la llevó su ama.
-¿A Lesbos? ¿Estás seguro?
-Si, eso me dijo mi madre cuando se la llevó aquella mujer.
-Pues podría ser que Juna no quisiera volver de allí, por lo que he oído las mujeres que pasan por allí nunca quieren abandonarla.
-Bueno si ella quiere quedarse por voluntad propia no importa que se quede, pero si quiere venir conmigo, darle la oportunidad al menos.
-Desde luego.
Capítulo 8
Una
noche el capitán anunció que al día siguiente avistaríamos tierra, cenamos
animados con ganas de pisar tierra firme aunque desde luego echaríamos a faltar
las fiestas de a bordo.
Acabada
la cena nos encontramos todos en cubierta, nos desnudamos y a propuesta de Cayo
Julio nos dispusimos a una orgía entre todos, el capitán ordenó fondear el
barco para que pudiéramos estar todos juntos.
La
polla de Marco era de las que más éxito tenían, los dos hermanos Néstor y
Séptimo se amorraron a ella y se la comían entre los dos, el capitán se agachó
entre las piernas de Antonio por delante y Zorba por detrás recorriendo con sus
lenguas al soldado que apretaba las dos cabezas contra él, Julio y José se
lanzaron sobre Pierre a la vez que este se metía mi polla en la boca, Nemes me
besaba y acariciaba mis nalgas buscando mi entrada con los dedos mientras
Adriano le chupaba la verga y los huevos sabiamente.
Al
rato Néstor y Séptimo con el culo en pompa recibían las pollas de Marco y
Zorba, el capitán recibía dentro suyo el cipote de Antonio mientras chupaba la
polla de Cayo Julio, Pierre se clavaba el sólo en mi polla a la vez que chupaba
a Nemes que estaba siendo enculado por Adriano, yo apenas me movía para evitar
el correrme demasiado rápido, aquel cuadro me excitaba demasiado y no sabía si
aguantaría mucho, Néstor me miraba suplicante con la polla de Marco dentro, era
demasiado para aquel pequeño culito de 14 años, no había tenido el
entrenamiento que había tenido yo, Zorba palmeaba las nalgas de Séptimo poniéndoselas
rojas mientras metía y sacaba la verga de aquel culo con facilidad, el amigo de
Julio, Cayo Augusto, lo había abierto bien allí en Argel.
Adriano
sacó la polla de Nemes y me la plantó en la boca, la chupé degustando los
fluidos de los dos, del culo de Nemes y el liquido preseminal del propio
Adriano. Al poco rato, como en la primera ocasión que chupé una polla en mi
vida, más que chuparla yo diría que él me follaba la boca duramente, José
poniéndose delante de los dos hermanos alternaba las dos bocas con su polla
hasta que se corrió salpicando las dos caras de leche, ellos se chuparon uno al
otro hasta dejarse bien limpios mientras Marco cambiaba de culo y se acoplaba
al de Séptimo que lo recibía mejor que su hermano, Néstor no estuvo mucho sólo,
enseguida la polla de Adriano bien limpia como yo la había dejado se enterró
dentro del muchacho que volvió a gemir con fuerza debido a la brutalidad que
empleaba el romano en su mete y saca.
Alguien
detrás de mí me empujó para adelante, noté una polla que pugnaba por entrar
dentro de mí, era de Antonio, después de tantos días iba a ser la primera vez
que Antonio tuviera relaciones conmigo. Me la metió sin contemplaciones y aullé
de dolor, estaba muy seco y Antonio disponía de un cipote importante, me empalaba
sin piedad (Unos días después me reconoció que hasta aquel día me tenia celos
pues creía que Julio lo iba a dejar por mí, al parecer eran algo más que
amantes), continuaba dándome fuerte y Julio metiéndomela en la boca comenzó a
besarse con él.
Se
corrieron los dos a la vez llenándome completamente, oía a los demás jadeando y
corriéndose unos y otros, Néstor se puso debajo de mí y me la chupó hasta que
me vacié en su boca, ese muchacho estaba ansioso por tragar leche, me ordeñó
hasta dejarme seco, se incorporó y me besó pasándome a mi boca mi propio
fluido, de repente entre las dos bocas se hizo sitio el rabo de Séptimo, lo
lamimos hasta que se corrió llenándonos las dos caras de leche caliente, la
tripulación follaba entre ellos perforándose unos a otros formando una cadena,
el ultimo era Marco que parecía que con su largo cipote los atravesaba todos a
la vez.
Dos
horas después dormíamos en cubierta todos desnudos y abrazados, al día
siguiente acabaría nuestro crucero de placer, pensé que si algún día quería
ganar dinero sólo tenía que organizarlos, seguro que no faltarían clientes.
Capítulo 9
Desembarcamos
al día siguiente, Cayo Julio consiguió unos terrenos donde mandó construir una
hermosa villa, rodeó la finca con tierras de cultivo principalmente de Vid, la
selección de los agricultores se hizo de la misma manera que aquellos marineros
del barco que nos había llevado a aquellas tierras, era una alegría ir a pasear
por los campos, normalmente siempre había algún buen hombre para hacerte compañía.
Al
mes llegó un emisario diciendo que mi hermana ya estaba en Roma, había sido
liberada por Cayo Augusto y había encontrado a mi madre, ahora vivían en Roma
mantenidas por mi amigo Cayo Julio que las instaló en una casa cerca del senado,
al parecer debido a sus experiencias le habían cogido el gusto a encamarse por
lo que enseguida hicieron fortuna gracias a los senadores que las frecuentaban,
nunca supieron que eran esposa e hija de un senador las mejores prostitutas de
la capital del imperio.
Mandé
a buscar a Juna y como había predicho Julio, no se quiso mover de Lesbos, al
parecer el amor entre mujeres era parecido al de entre hombres, te engancha y
no te suelta en la vida, allí se quedó aunque dijo que alguna vez vendría a
verme a Hispania.
Cayo
Augusto se presentó de visita en una ocasión, iba acompañado de un joven Nubio,
al parecer era hijo del hombre que compró a mi hermana. Cuando Cayo Augusto
atacó la hacienda y mató a sus moradores le dio a elegir al hijo mayor, que contaba
con 14 años en aquel momento, entre la vida como mancebo o la muerte, el
muchacho eligió la vida. Por los gritos que salían de los aposentos de Cayo
augusto, el muchacho aún no se había acostumbrado a la gran polla de Augusto.
Cuando lo oíamos desde nuestra habitación Séptimo no podía evitar esbozar una
sonrisa recordando aquella última noche en Argel.
Envié
cinco veces a hombres a buscar a Kabul en Argel, nunca más supe de él, incluso
una vez al cabo de los años fui personalmente, recorrí todos los parajes donde
estuvimos juntos, pero nada, desapareció por completo, no podré olvidarlo
nunca.
Han
pasado 12 años, empezaron con penurias pero aparte de los primeros meses la
verdad es que han sido felices. Me quedé sin familia biológica pero desde que
vivo en Sitges con Julio y el resto de amigos tengo una gran familia con la que
comparto todo, absolutamente todo.
FIN
Nota: Esta historia es ficticia
evidentemente, ruego disculpéis si hay alguna incongruencia histórica, me
gustaría recibir vuestros comentarios a Carles15@hotmail.com
Un saludo
Carles