Adiós
Sólo fuiste capaz de ver aquello que estaba delante de tus ojos, y sólo quisiste
creer en las palabras que otros pronunciaron. Te quedaste ahí, solo, sin ni tan
siquiera poder llorar mientras me perdías, sin ni tan siquiera decirme una
palabra amable, que aliviara mi dolor, y evitara mi marcha.
Ahora te veo de vez en cuando y sé que debería hablarte, decirte que te perdí,
que mi corazón se rompió, que mis lágrimas cayeron en baldío, pero el amor ya
voló, mientras veía como tu corazón se cerraba, si tú me hubieras dicho…. Pero
no, eres como eres, y fue inútil cambiarte, decidiste dejar de sentir y sólo
percibir, sólo pensar, es decir, creaste una realidad gélida, y ahí vives,
instalado en ella.
¿Cuánto has conseguido? ¿Fue lo nuestro un tiempo perdido? Yo amé, y por lo
tanto, estuve vivo, y eso es lo único que ahora tengo, pero para mí, suficiente.
Desconozco lo que tú habrás guardado y lo que tú habrás tirado. Volaré por
encima de la realidad, de la mía y de la tuya, para poder sentir el calor del
Sol, y soñaré con poder amarte una vez más…Tu completaste mi vida con un vacío
que ahora ya nadie podrá llenar, y me acostumbraré a él, sabiendo que en ese
costado, siempre sangrará una herida.
Miraré hacia delante, con una sonrisa, que primero será postiza y luego cierta,
sonarán mis pasos y recordaré que fracasé, pero superaré el daño, paseando entre
nubes, perdiéndome en un invierno creado para mí. Seré tan fuerte que el miedo
saldrá corriendo cuando me vea, y el llanto, estará tan cansado que ni tan
siquiera se atreverá a mirarme a los ojos.
Me dejé fascinar con tu cara hermosa, y al final tuve miedo de tus gestos, de
tus palabras, y sólo quería dormir, perdiéndome así tanta vida como me quedaba.
Pero del terror que creaste en mi entorno, salió precisamente el valor para
buscar la primavera. Quizá fuiste tonto, por hacer tanto daño a alguien que
tanto te quiso, pero al final, dejé de echarte de menos, para echarte de más, y
en el espejo siempre quedarán las arrugas que a tu lado me salieron, pero en
realidad, y ahora, puedo decir que eres tú quien más daño se hace cada vez que
intentas herirme a mí. Porque mis heridas han sanado, pero las tuyas, no
cerrarán jamás, porque tienes mi perdón, pero ya no a mí. No eres tan especial,
al revés, eres vulgar, porque tus “cualidades” son lo peor de cada persona, pero
en ti, están todas juntas.
Fuiste el dulce amargado que elegí, y aún cuando te perdía, me intenta aferrar a
una parte de ti que no existía, que sólo fue una ficción al principio, y que yo
intenté rescatar, cuando no había nada que salvar. Tuve que ser yo quien diera
el paso, a pesar de que ya no quedara nada, pero esos silencios, me hacían tanto
daño… pusiste entre tú y yo todas las dudas, todos los interrogantes, que al
final, todo fue demasiado confuso. Te pregunté porqués, miré en tus ojos, y vi
mentiras las cuales te habías repetido tanto, que para ti, eran más ciertas que
las verdades. No hubo altares, sólo infiernos. Mendigué tus besos, hasta ese
punto llegue, tal fue mi delirio, de vivir con un ángel y un diablo. Te odié y
lo que es peor, llegué a no quererme tanto, que no quise ni mi vida.
He conocido a gente que me ha tendido su mano, y que no me ha dejado marchar.
Parecí fuerte, pero caí, igual que todos caemos, pero mi suerte fue que me
levantaron, no tú, pero sí otros. Cuando había perdido mis alas, y solo caía, y
caía, imaginaba tu cara, y quería creer, y fue el mundo quien creyó en mí. Y al
final, el milagro sucedió, y yo también, creí en mí. Ahora cada vez que vuelo,
no tengo miedo, porque se que hay muchas manos amigas, que amor no es sinónimo
de dolor y que un corazón, puede querer de muchas formas. Me vestí de novia para
volver a reconciliarme con la vida, y con ella he firmado un nuevo pacto, para
jamás volver a querer desprenderme de ella.
Con voz fuerte digo que te quise, que estuve enamorado, que te entregué mi vida,
mi locura, y ya no. Me fui, te fuiste, que más da, porque aquí estoy yo, vivo, y
ya puedo respirar sin ti, un poco más loco, intentando aprender a olvidar, a
enterrar el pasado, y romper el hechizo en el cual tuve que vivir. Sonrió,
porque finalmente, el dolor no venció, y mi mera existencia, es testigo de ello,
y de tantas promesas rotas…. No quiero volver a jurar más, y tú, que nunca
quisiste escuchar mis excusas, terminaste por dármelas. Pero ya no, no escucho
más, porque aquí estoy, quizá demente, pero aquí. Quizá viviendo de algún
recuerdo, que no tuyo, porque los tuyos, cayeron en el pozo de lo innombrable.
Y es cierto que el amor duele, y que perdió el color, y que intenté que el
tiempo pudiera pararse, para vivir yo también un limbo sin volver a sonreír pero
tampoco llorar. Y que conste que no te culpo, que yo mismo, tuve que darme
cuenta, pero jamás hubo peor ciego que quien no quiso ver. Y tú, eras incapaz de
quererme. Pero esa verdad, cuando la supe, dolía tanto, que la muerte, parecía
una alternativa razonable. ¿Por qué no te fuiste? ¿Por qué no buscaste tu hombre
perfecto y te quedaste conmigo, imperfecto como sabes que soy? Para poder
recriminarme cada fallo, para estar ahí cada vez que yo me equivocaba, y
aprender el arte de no perdonar.
Yo no era como tu pensabas, e intentas hacer de mí lo que tú necesitabas. Fui
donde tú me mandaste, hasta que mi fe se terminó y empecé a ver, lo que todos me
decían. Me convertiste en una persona horrible, sin decisión, sin criterio, y ni
tan siquiera mi corazón pude recuperar completo. Me cansé de escuchar sólo lo
que tú querías contarme, y tú creíste que yo aguantaría para siempre, pero solo
el final pudo abrirme los ojos. Y elegí el tener un mañana, porque cada día es
esperanza, a la paz. Me quedé con la lucha, no quise más la tregua. Retomé mi
vida, y eso me salvó.
Muchas veces me dejaste solo al otro lado de la puerta, mientras tú te
marchabas, mientras tú hacías lo que se te antojaba, y yo solo era capaz de
vivir a través de tus ojos. Era una eterna espera, en la cual, yo creaba
fantasías, pero eso no estaba bien, porque no era vida de verdad, porque yo, no
me sentía a salvo. Tenía al enemigo dentro. Pero un día mi paciencia se vacío, y
la tormenta, tuvo truenos también por mi parte, y cuando volviste, yo ya no
estaba, y me pregunto si en ese instante, aunque solo fuera por un momento, te
preguntaste como me sentía yo esperando, la forma en la que yo podía estar
viviendo. Pero no, no creo que lo hicieras. Para ti, era un juego, pero un juego
de sentimientos, del cual tú eras un experto, y ahora soy yo quien se pregunta
si en realidad, tú deberías saber toda la verdad, la forma en la que yo te
miraba mientras dormías, como pacientemente esperaba por un abrazo, o por una
sonrisa. No, sino supiste apreciarlo cuando lo tuviste, dejaré que tampoco lo
eches de menos. Ahora que ya no me quedo más en el otro lado de la ventana, sino
que soy yo quien protagoniza la historia. Porque la vida no espera, sino que se
me escapa de a poquito, tengo que aprovecharla.
Quizá estoy más loco de lo que pienso, porque ahora, cuando corro, ya no me
detengo: Si quiero algo, lo intento, y no pregunto más, siempre y para siempre
puede durar una noche, una semana o quizá una eternidad. Bailo no para olvidar,
sino para sonreír, y canto para escucharme, no para pedir auxilio. Vamos, vamos,
vamos, me digo a mí mismo, porque hay miles de personas ahí fuera, gente a la
que conocer, y gente a la que evitar, pero sino me acerco, jamás podré saberlo.
Nunca se cierran las puertas y las oportunidades. Porque nada es excluyente en
esta vida, y la felicidad, no tiene solo un camino.
Fdo: Peregrino29
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