AGUA TRAS LOS CRISTALES

Llovía agua tras los cristales, agua que no era agua, sino lágrimas, y no
lágrimas de tristeza o de felicidad, sino de confusión y desconcierto. En
esos momentos sabía que casi era mejor correr y no mirar atrás dejando que
el tiempo tapara lo breve de aquellas miradas, pero el tiempo no lo decidió
así, quiso hacer que aquello fuera algo constante, doloroso y eterno. En la
primera mirada quise hacer como si nada hubiera ocurrido, si no llega a ser
porque volví la cabeza por segunda vez quizás incluso hubiera llegado a ser
otro.

Aquella tarde llovía, más bien chispeaba. Todo el día lloviendo, pero mi
necesidad de tomar el aire fue superior a ese chasco de día y salí a la
calle. Andando sin rumbo quise sentarme, pero me di cuenta de que si lo
hacía me mojaría todos los pantalones, y seguí caminando. Iba con la cabeza
agachada, sobre todo para que la lluvia de paso no me cegara torpemente, un
coche pitó y repentinamente subí la vista. La mantuve mientras cruzaba la
calle, y fue el instante en que pasabas por mi derecha y me miraste, no vi
nada de ti, ni siquiera tus ojos, vi sólo tu alma. Estaba como asustado, y
decidí seguir adelante, pero no me resistía y lo hice, miré hacia atrás, y
allí te vi otra vez, por segunda y última vez, mirándome tú a mí y yo a ti,
en un cruce de miradas que fueron más que miradas, una vida entera
reflejada.

Seguí confuso caminando y llegué a mi casa y fui a mi cuarto, me tumbé en la
cama mirando al techo, cerré los ojos y mi vida pasó ante mis ojos, pero no
vi ni una sola imagen, ni un pensamiento, ni un sueño, estaba despierto. Lo
único fue sentir todo junto, al principio era como escalofrío, para luego
ser calor, y después se mezcló haciendo un mar tropical que hacía un juego
de ilusiones incomprensibles. Poco a poco me iba sintiendo como flotar dando
vueltas, y luego es cuando te empecé a sentir a ti en mi vida. Sentía que
todo giraba a nuestro alrededor, que podía notar el calor de tu aliento tan
cerca como nunca he sentido nada, que nos derretíamos sabiendo que pronto
llegaríamos a ser uno. Todo parecía silencioso y blanco, casi perfecto. Ya
sólo sentía calor, y todo el escalofrío del principio había desaparecido.
Empecé a sentir lo que tú sentías, a oír como tú hablabas, a saborear como
un café con mucha azúcar.

El viento empezó a silbar, y yo como que iba saliendo de ese pequeño trance,
volví a abrir los ojos, y miré a la ventana donde las gotas de lluvia
resbalaban. Llovía agua tras los cristales, agua que no era agua, sino el
dibujo que el agua hacía al resbalar donde yo intentaba volver a imaginarte
como te había visto, pero no podía y nunca podré, porque lo que yo vi no era
tu cuerpo, lo que yo vi era toda una vida de sentimientos confundidos.


Sergio   boyme17@hotmail.com


    

 

 

 

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