Al alma
desvalida
¿De qué te escondes, piel cetrina, labios de flor,
que frágil y distante evades el mirarme con los ojos
celestes que conquistaron mis amores una vez?
Eres belleza y nada más,
ternura inocente que se cobija a sí misma
con unas manos libres de sangre y culpa,
cálidas cual vaho apasionado del amante.
Mi espíritu te sigue, expectante,
con la añoranza de sentirte por última ocasión,
porque en ti y sólo en ti hallo la esperanza
y el consuelo que permiten buscar el amor,
aquí, en este mundo cruel.
¡Eres lo que existe por igual en mi lucidez y en mi locura!
Déjame que, unidos, goce la euforia en la más cruda desgracia,
ganando fuerzas con tu aliento y, quizás,
la vida en un suspiro.
Y así, sumido profundamente en esta fantasía,
pasen los años y las eras,
despertando a tu lado cuando en verdad seamos libres.
MAEN
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