Salir, salir de dentro del armario, a mis treinta años ando como loco
intentando salir del armario y comenzar a vivir la vida sin tener que
ocultar mi orientación sexual. Mas que comenzar a vivir se trata de tomar
las riendas de esa parte de mi que permanece oculta entre toallas y sabanas
con olor a suavizante.
He contemplado y aun lo hago, la vida a través del ojo de la cerradura del
armario en el que están encerrados mis mas íntimos deseos, mi verdadero
yo, llegar a salir de el es algo que a veces se me antoja imposible, el
miedo al que dirán se me antoja insuperable. Imagino la situación cuando
mis amigos lo sepan; por delante todos con cara de póquer y luego al darse
la vuelta mas de uno se preguntara como es posible que un tipo que es
totalmente "normal", sin plumas, sin amaneramientos, que se ríe
con los chistes de maricas, que practica deportes de riesgo y que no le
tiene miedo a casi nada, haya decidido ser homosexual.
Y claro, me gustaría contarles que esto no es una decisión que uno tome
una mañana entre los copos de maíz y el colacao, que soy así desde hace
mucho tiempo, tanto que me tendría que remontar a la EGB, y que si hasta
ahora lo he decidido ocultar es porque he tenido miedo del "que dirán",
o de las burlas, de la típica broma.
Porque claro, imagino que a algunos no les importara, pero otros empezaran a
discurrir e inevitablemente su memoria los llevara a las duchas compartidas
en la piscina o al camarote estrecho de un barco. Me gustaría decirles que
no, que tranquilos, que no pasa nada, que no todos son mi tipo, que ser gay
no significa que andes como perro en celo perdiendo los papeles cada vez que
vez un culo o un paquete.
Y es que somos tan normales como todo hijo o hija de vecino, no te enamoras
del primer tío que pasa por la calle, de la misma forma que los
"machitos" no se enamoran de todo cuerpo con patas y tetas que
anda por esos mundos de Dios.
A veces imagino la situación y me gustaría estallar por la ventana y
gritar que soy gay, o en una comida con amigos o en una reunión de empresa,
en medio de una de esas salvajadas verbales que los tíos dedican a alguna tía,
y me da la risa al pensarlo, y a veces quisiera hacerlo y que "el sol
salga por Antequera".
Los gays no tenemos un cartel en la frente que diga que lo somos, no vivimos
de forma diferente, reímos con las cosas que hacen reír, lloramos al ver
una película, yo sigo llorando con Bambi, nos gusta tomarnos un copazo de
wisky o una cocacola, vestirnos con vaqueros o de corbata, este querido
mundo mío tan lleno de estereotipos ha creado la imagen del hay como
alguien frágil y pronto a la lagrima, que se asusta por nada, que se viste
de mujer en su vida intima, que somos un peligro en potencia para los niños
y un ejemplo a no seguir. Somos la perversión personificada. A mi la verdad
de entrada los críos no me gustan y me encanta vestir de corbata, lo de
vestirme de mujer lo llevo peor, ni siquiera tengo en mi armario cerrado un
par de medias negras.
Son muchos años contemplando la vida a través de la cerradura de este
armario, y sin embargo decidí que jamás me casaría con una mujer para
ocultar mi verdadero yo, me niego a maltratarme mentalmente, a ser un
desgraciado y a mentirle a otra persona, haciéndole convivir con una
persona que no es lo que aparenta ser.
A mi me ha tocado vivir la revolución sexual, el despertar de los
homosexuales a la sociedad, las marchas en pro del reconocimiento del sentir
gay y sin embargo veo que las cosas cambien muy lentamente, esta generación
que ahora tiene 20 años ha empezado a salir del armario sin miedo al que
dirán, viviendo una vida plana, a veces con miedo, pero viéndola al
fin y al cabo.
Nuestra santa Iglesia Católica y sus ministros nos han condenado a una
vida de sacrificio y oración, de duchas frías y de rezos para alejar todo
mal, para alejar el pecado de nefando, han calificado nuestras
relaciones cono antinatura, y nuestros sentimientos como desviados, y yo
me`pregunto ¿desviados de que?.
A pesar de todo sigo creyendo que hay un Dios y eso que cuando empecé a
darme cuenta de mi orientación le pedía que me volviese normal, ja, ya soy
normal, tan normal que si me corto sangro, que si me golpean me duele, que
si me hablan escucho o si me tocan las narices me cabreo. No creo en
estos ministros que me aconsejaron luchar contra la tentación. ¿ que
tentación?, esta es mi orientación y mi forma de ser.
Las empresas comenzaron a darse cuenta que el sector gay era y es un filón,
gente que trabaja y gana dinero, que esta dispuesto a gastárselo en pasarlo
bien, en salir, en viajar, en comprar ropa elegante y de marca, en perfumes
caros y ahora aprovechan la situación que les brinda este mercado para
dirigirse hacia nosotros ofertarnos sus productos, lo siento, vuelvo a mis
pantalones vaqueros llenos de rajas y gastados por el uso y el tiempo.
Y nuestros políticos incluyen en sus listas electorales a un candidato
confeso y culpable de ser gay y todo por el voto de esta minoría ¿?, por
favor, que no quiero ser tratado diferente, que solo quiero que no se me
discrimine por mi condición, que se me aplique la Constitución y que me
dejen votar a quien yo considere mas oportuno, derechas o izquierdas o
centro o porque no? en blanco. Claro que es un gran paso que los partidos
incluyan en sus listas a un gay, pero eso no los hace mas
tolerantes, mas abiertos, es que lo normal es que todos, TODOS sin
excepción tengamos cabida en la sociedad.
Y es que sorprende a propios y extraños que alguien diga en voz alta y de
forma valiente que es homosexual, que reconozca su forma de ser, su
modo de vida.
No somos, no soy un peligro para esta sociedad a veces tan beata que se
escandaliza de nosotros, para escándalos los de Gescartera o los
abusos a los críos, eso además de ser un escándalo es una guarrada y ni a
todos los gays nos gustan los niños ni todos los heterosexuales son un
ejemplo a seguir de honestidad.
Poco a poco voy entreabriendo la puerta de este armario que esta al fondo
del pasillo y dejo que algunos contemplen quien es el que hay dentro
escondido, algunos al intuirlo han pillado el camino de no retorno y se
han despedido a la francesa y otros andan pensando que aun no se lo creen,
en fin largo y duro va a ser esto de abrir las puertas y mostar a los demás
á este chico que se ha pasado su juventud encerrado en una cárcel a
veces impuesta a veces autoimpuesta.
Señor, señor, protégenos de los guardianes de las costumbres y las
tradiciones y danos fuerzas para empujar de una vez por todas estas dos
puestas salir a la calle con la cabeza muy alta sin tener que avergonzarme
de ser como soy, como decía Machado, "al andar se hace
camino...", seguiremos andando un día mas.
Golfoss