Carta al amor imposible
Querido amor:
Llevo dos años en mi vida que no pienso en otra cosa: en tu manera de hablar, de reir, de mirar, en tus gestos y sobretodo en tu persona. Tú no sabes que me gustas, ni lo sabrás en tu vida, por lo menos por mi parte. Y es lo mejor que puedo hacer, no decir nada. Callármelo todo. En esta vida no hay que confiar en nadie, salvo en uno mismo. Y en ocasiones, hasta uno puede fallarse a sí mismo.
Durante todo este tiempo siempre me he imaginado en cómo sería mi vida contigo. Y he llegado a la conclusión de que yo sería realmente feliz. No es que ahora no lo sea, pero mi vida sin ti está algo vacía. Sólo tú puedes llenar el vacío que me produce tu ausencia. Tu ausencia en mi vida, en mi corazón.
La primera vez que te vi por el instituto, el corazón me dió un vuelco. Fue una sensación rara, extraña. Luego descubrí que me había enamorado de ti. Nunca creí en los flechazos, ni siquiera había hablado contigo. Pero a partir de ese día volví a creer en el sentimiento más maravilloso que puede sentir una persona: el amor. Tendría que pasar un año hasta que hablé contigo. Cada vez que te iba conociendo mejor me iba poco a poco enamorándome de ti más intensamente. Y hasta ahora.
Sé que lo nuestro es imposible, que la vida es injusta porque me he enamorado de una persona con la cual no tengo posibilidades. Pero necesitaba decirlo, publicarlo, aunque fuera anónimamente, y aunque tú nunca llegarás a leer esta carta.
Pero si por el contrario llegas a leer esta carta y sabes quién soy, no digas nada. Cállatelo todo, como hago yo, y confía en ti mismo. Y piensa que, aunque no tengas nunca un amor conmigo, podrás llegar a tener un amigo para siempre.
Un beso, te quiere
I.R.