Ceguera
Hipnótica, si se puede decir, fue aquella visión, aquella vista que mi cuerpo no sabía afrontar, demasiada belleza para mis mortales ojos. Lo único que podía describir mi asombro ante inmensa visión fue una lágrima que por mi mejilla lentamente caía, es sentir que mi vida había estado en coma por tanto tiempo, esperando solamente poder tener la fortaleza necesaria para soportar tal indescriptible belleza. La inmensidad desbordaba mis capacidades, una sola pregunta rodeaba mi mente: ¿cómo había estado tanto tiempo ciego?
Empecé a entender una sencilla frase que habla de lo único que realmente poseemos como humanos que nos hacemos llamar, y es el ahora. Al final, lo único que tenemos es el ahora, y al final, lo único que obtendremos son los sentimientos.
Gracias al destino, al que no soy capaz de ver, sentir, y hasta algunas veces creer, por poder ser yo mismo. Ya mis recuerdos y mis sueños se mezclan en uno sólo, no soy capaz ya de discernir entre lo real y mis ilusiones, todo recuerdo ya es un sueño, y mis sueños no son más que simples recuerdos.
Mi mente empezaba a explotar, no era capaz de afrontar tales realidades que en mí estaban, que mis ojos observaban, que mi ceguera no era capaz de cubrir mis... ¿recuerdos?.
¿Son mis sentimientos quienes habían creado tanta belleza? ¿quién era responsable de todo lo inmensamente admirable e indescriptible que me rodeaba? Y lo único que brotaba era nostalgia, más que mis ojos, sus lágrimas eran capaces de describir aún más mi asombro sin fin, no caben más ideas concretas en mi vida ni en mis sentimientos.
Simplemente, demasiada realidad, y demasiado amor.