Padre, Madre
Padre, Madre, vosotros me habéis enseñado a vivir
A tener una idea de lo que es el bien, y lo que es el mal
Pero hay cosas que no me habéis enseñado
Que es este sentimiento que me corroe las entrañas
Un arder eterno e infinito
Que cuando se acerca el foco de la lumbre altera mis sentidos
Y cuando se aleja me provoca un estado de desesperación insoportable
No me enseñasteis qué es la electricidad
que recorre mi cuerpo de pensar en su simple gesto
chispazo de vida, que enciende en mí los deseos más pasionales
Claro, que cómo puedo pediros que me enseñéis
lo que ni siquiera vosotros conocéis
No hay persona en este mundo que conozca el por qué del amor
ni de la pasión, ni la ciencia ni la religión
pueden enseñarnos a moldear los sentimientos
pues son alocados e imprevistos.
No aspiro a conocer lo que siento
sólo aspiro a compartirlo con quien me los provoca
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