Primer Amor
Era yo un simple chico de 16 años, preparatoriano, confundido, solitario. Unos cuantos días antes, algo había cambiado en mí, después de un tiempo, había dado ese paso, ese primer paso, verme al espejo y aceptarme, saberme diferente, aceptar que yo era gay.
Hacerlo fue como quitarme una enorme roca de la espalda, por un instante toda esa soledad, toda esa confusión parecieron desaparecer, y nacía en mí una inquietud, conocer a alguien, saber cómo era amar a un hombre, y que éste me correspondiera, y no como esas obsesiones secretas por ciertos compañeros o conocidos de la escuela. Y yo lo anhelaba, como quien espera que el sol se oculte para contemplar las estrellas. Era un día que no parecía tener mucho de especial, largas clases matutinas, un largo viaje a casa, la tranquilizante caminata en el atardecer, y al llegar la noche, encendí mi pc. Entré a un chat y esperé.
Nunca había conocido a nadie, ni siquiera por el chat, e inclusive ahí parecía no llamar mucho la atención.
De pronto observé un nick especial, uno que tenía el nombre de mi ciudad. Sin el más mínimo reparo, en un privado, le pregunté si en verdad vivíamos en el mismo estado, me respondió que sí, y empezamos un largo intercambio de datos y comentarios de agradables matices.
Su nombre, Ezequiel, su profesión, abogado, su edad: 25. No supe qué pensar, pensé que en cuanto le dijera mi edad saldría de la sala de chat como me había sucedido en otras ocasiones, pero no fue así, se quedó, y siguió preguntando, mis gustos, cómo era, qué sentía en ese momento... Casi después de 3 horas, me preguntó que por qué no nos conocíamos, en ese momento yo, ahí, en la soledad de mi habitación, empecé a temblar, sentía en mis piernas hormigueos y un frío me recorría todo el cuerpo. Con los dedos temblorosos, le respondí que sí.
Quedamos de vernos al día siguiente en una cafetería cercana a mi casa, alrededor de las 4 de la tarde, y nos despedimos. Con trabajo, dormí esa noche, estaba tan emocionado, tan nervioso, tan lleno de dudas que sentía que el alma intentaba salir de mi cuerpo, como queriendo salir de una buena vez a buscarlo en esa cafetería y esperarlo ahí.
Al día siguiente me arreglé lo mejor que pude, y salí de mi casa, recorrí las pocas calles que me separaban del punto de reunión, buscando con los ojos bien abiertos el automóvil rojo en el que llegaría o alguien que se ajustara a su descripción. Diez minutos pasaron y ni una sola señal, un tanto decepcionado decidí entrar
en la cafetería y ojear las revistas que ahí tenían, eso hacía cuando desvié
un poco mi mirada hacia la calle y ahí estaba él, en su automóvil rojo, tal y como lo imaginaba, alto, de 1.80, robusto, de piel clara y cabello corto,
y ese aire varonil que desde ese instante me volvió loco. Las piernas casi se me rompen de tanto
temblar, me armé de valor y salí a su encuentro, mirando siempre hacia cualquier lado, menos a donde estaba él, deseaba que él me descubriera, que llegara y extendiera su mano hacia mí, como lo había prometido el día anterior.
- Hola, disculpa, ¿eres Javier?
- Sí, soy yo, ¿Ezequiel?
- Así es, mucho gusto.
Al contacto de su mano, al mirar detenidamente sus profundos y misteriosos ojos negros, me sentí tan lleno, tan repentinamente feliz, él era el primero que conocía, y era justo como había pensado que sería. Acto seguido, entramos en la cafetería, platicamos durante horas, platicamos de todo lo que se nos venía a la mente, durante toda la conversación su voz pausada y profunda, siempre era reconfortante, cuidando lo que decía, lleno de comentarios agradables, con largas miradas llenas de ternura y calidez. Intercambiamos teléfonos y me llevó a mi casa, me tomó de la mano y me dijo:
- Eres muy agradable, diferente a los que he conocido, quisiera verte otra vez.
No pude evitar sonreír en ese momento, sentía que era sincero y eso me llenó de alegría. Finalmente bajé de su automóvil y mientras veía cómo se alejaba, empecé a saltar y sonreír como nunca lo había hecho, terminé recostado en mi cama y lleno de una alegría que era agobiante por momentos, no me importaba qué o por qué, simplemente era feliz.
El amanecer se veía diferente al día siguiente, el cielo parecía más azul y el sol mucho más brillante que de costumbre. Era un sábado temprano en la mañana y mi primer pensamiento había sido él, no podía sacármelo de la mente, su imagen se me había clavado en la mente como un retrato que veía una y otra vez. Suena el teléfono, levanto la bocina y era él, con esa voz que me sacudía las entrañas:
- Salí un momento de la oficina y quería saber si irías al cine conmigo hoy en la tarde, ¿qué opinas?
- Claro que sí, con mucho gusto.
Faltaban horas para el momento en el que llegaría por mí, y yo subía y bajaba las escaleras con ese nervio que parecía empezar a hacerse costumbre. Tocan la puerta, es él, ya es tarde para la función, llegamos al cine, compramos las entradas y corremos a la sala de proyección, poco interesa la película, estoy con él, a sólo centímetros de su mano, de todo él, lo nota discretamente y nos pasamos toda la película comentando, platicando, sonriendo, cuando menos nos dimos cuenta ya había terminado y me lleva de nuevo a mi casa.
- La pasé muy bien. -le digo.
- Yo también, cuídate mucho ¿ok?, y te hablo pronto.
"¿Pronto? ¿qué es "pronto? ¿mañana? por favor, no demores, te necesito" me dije a mí mismo, y fue en ese instante en el que me percaté que él provocaba algo en mí, algo muy fuerte, que sobrepasaba mis sentidos y conceptos, algo que nunca había sentido, que era tan peligroso como único y excepcional.
Pasaron días, días que parecían años enteros, antes de una llamada suya.
- Perdona por no haberte llamado, pero he tenido mucho trabajo, te invito a comer.
Pasa por mí, ahora el día es lluvioso y lleno de nubes negras, pero estoy con él otra vez, en su automóvil rumbo a la plaza comercial más grande de mi ciudad, decidimos ir a un establecimiento de comida rápida, después de la comida, un plática larga y tranquila.
- Tenemos más en común de lo que creía, ehh, Javiercillo.
Cómo no rendirse ante sus palabras, siempre llenas de cariño, de ternura, su voz me abraza los oídos y calma mis nervios.
- ¿Sabes?, estoy un tanto triste, mi ex-novio no me devuelve las llamadas y no ha ido a casa en largo tiempo.
¿Qué? ¿su exnovio?, pero debo controlarme, después de todo él no tiene la culpa de esto que siento por él, ya casi no lo controlo, ya las ganas de abrazarlo, de besarlo, son demasiadas, pero debo controlarme. El había tenido una larga relación con su exnovio, un joven de 19, un modelo de revista pero de
comportamientos inusuales y explosivos, que lo habían metido en problemas ya, pero él aún lo amaba, yo lo sabía, lo percibía en sus profundos ojos negros, y hasta cierto punto me entristecía con él, alguien como él, tan maravilloso, sólo se merecía lo mejor, "yo podría dártelo"
pienso, pero no sé si tú lo quieras así, y te quiero tanto que sólo deseo que seas feliz, aunque los celos me vuelven loco.
Es tarde y me lleva a mi casa una vez más, esta vez hay algo diferente en el aire, como saber que tu corazón no está libre, como si me estuviera quitando un poco del oxigeno que necesito. Ahora pienso en ti, y hay celos, pero también mucho amor, y pienso que quizás me des la oportunidad de demostrártelo.
Pasan más días que la vez anterior desde tu última llamada, ahora sólo para saludarme, ya no hay invitaciones a salir, estás muy ocupado, pero dices que pronto nos veremos, confío en ti.
Es temprano un viernes, me he salido de esa clase en la escuela y voy por los pasillos sólo pensando en ti, deseo salir corriendo a casa sólo para saber si has llamado, pero debo ser sensato. Apareces de repente frente a mí, como si hubieras escuchado mis
pensamientos:
- ¿Ezequiel? hola! pero ¿qué haces aquí en la escuela?
- Hola Javier, vine a verte, no tengo mucho tiempo, quería platicar contigo.
Todo es luz nuevamente, caminamos hasta el verde pasto de la parte de arriba para encontrar una sombra donde platicar, ponerme al corriente de tu vida, cómo va tu trabajo, cómo va todo con tu exnovio, queriéndote demostrar con cada palabra que digo, que me interesas más que nada en el mundo. Siento un tanto extraño estar ahí contigo, tú habías estado en esa escuela unos años antes que yo, y siento que la gente nos mira un tanto extrañada, como no entendiendo qué hace un chavo de 16 hablando con uno de 25, como si nunca hubieran visto una imagen similar, intento no prestarle atención a esas miradas, incluso a las de esos amigos y amigas que conozco tanto, me atemorizan un poco, pero estoy contigo y eso es lo importante, pero te veo y sé que a ti sí te incomodan esas miradas, y bajo la mirada en señal de tristeza.
- Quería saber si aceptas ir a una fiesta conmigo, Javier
- Claro, ¿cuándo es?
- Mañana sábado en la noche, pero...
- ¿Qué, Ezequiel? ¿pero qué?
- Es una fiesta gay.
Mis ojos se abrieron en señal de sorpresa, qué emoción me da la idea, pero el nerviosismo es igual. Lo pienso un segundo.
- Está bien, Ezequiel, con mucho gusto voy contigo.
Sonríe, me informa bien cómo y dónde y la hora en que pasará por mí, se despide rápidamente y se va, y me deja como siempre nervioso, pero
agradecido por su visita y su invitación.
Llega la hora, pasa por mí, se ve increíble en su traje y corbata de oficina, todo un profesional, me siento un tanto más pequeño de lo normal,
pero me concentro en él y vamos rumbo a la fiesta. Llegamos, es un local grande, lleno de luces de colores y olores a loción de hombre y cigarrillo se mezclan en el aire.
Recargas tus manos en mis hombros como protegiéndome y guiándome hacia nuestro lugar, con tus amigos, yo por lo pronto no dejo de observar
detenidamente el lugar, lleno de parejas que bailan y se abrazan tiernamente alrededor de la pista de baile, hombres en tacones altos y con sus rostros en maquillajes de colores brillantes y escandalosos. Ya acomodados en el lugar, tus amigos me observan con un aire de curiosidad, se murmuran y lanzan miradas entre ellos, analizándome, preguntándose. Tú me rodeas con tu brazo, protegiéndome de todo, me ofreces algo de beber pero yo no bebo alcohol, así que me invitas a un refresco mientras intentamos platicar entre el ruido que se esparce por todo el local. Hoy eres diferente, casi no me has soltado en toda la noche, e incluso aunque no te agrada bailar me acompañas a la pista, tos ojos buscan los míos una y otra vez a lo largo de la noche, tus manos me acarician cada vez que pueden, sólo un instante cada ocasión, sabes que todo esto es nuevo para mí, y vas despacio. Ya sentados en nuestro lugar nuevamente, te despides de tus amigos y me miras a los ojos.
- Tienes los ojos más hermosos que he visto, Javier.
Te tengo aquí, frente a mi, te sonrío y buscas mis labios, pero te detienes. Repentinamente te levantas y te despides de todos los demás, me tomas de la mano y me dices que ya es tarde, que se preocuparan en mi casa y prefieres llevarme de una vez.
- Tienes razón, Ezequiel, vámonos.
Ya en tu automóvil, me confiesas que lo único que querías era salirte de ese lugar, y me dices que lo lamentas mucho, pero necesitas recoger algo en tu
departamento que necesitas mañana temprano, ya que hoy dormirás con tus padres. Yo no tengo ningún problema con ello y vamos rumbo a tu departamento, me siento extraño, tu mano no ha dejado de jugar con la mía y te sonrío una y otra vez en señal de que no te rechazo, te sonríes. Ya en tu departamento me invitas a pasar, es un lugar muy agradable, el lugar donde pasaste tantas noches con tu exnovio y del que ya habíamos platicado. Prendes unas cuantas luces y cierras la puerta, yo estoy de pie contemplando el lugar, me tomas por la espalda, acercas tu boca a mi oído y dices:
- Me encantas, Javier, tengo que besarte.
Muevo mi rostro hacia ti y tus labios me sorprenden, se clavan en los míos y yo simplemente me entrego a ti.
Poco a poco las ropas desaparecieron y me enseñaste a amar con el cuerpo, fuimos uno por un momento, y la Luna nos iluminó desnudos sobre tu cama. Ya en tus brazos, sintiéndome más tuyo que nunca, me armo de valor y con el corazón en la mano, te digo:
- Ezequiel, eres todo lo que soñé encontrar y que pensé que nunca encontraría, por favor, quédate conmigo.
Tú me miras, sonríes con ternura y dices:
- Javiercillo, eres muy lindo y especial, pero no puedo responderte ahora.
Y el silencio llenó tu habitación. Acto seguido nos levantamos, tomamos nuestras ropas y descubrimos que el amanecer está por llegar, no podemos evitar preocuparnos y deprisa corremos en tu automóvil rumbo a mi casa. Vas tranquilo, ni un sólo comentario sobre lo que pasó o lo que dije, y yo no sé qué pensar. Llegamos a mi casa y desearía no bajarme de tu automóvil, quisiera quedarme ahí contigo, entre tus brazos para toda la vida, pero sé que no es realista, y te despides de mí:
- Cuídate Javier, nos vemos luego, ¿ok?
- Bye Ezequiel, ve con cuidado.
Y súbitamente tu carro desaparece en la oscuridad de la calle. Yo estoy aturdido, no sé qué pensar, fueron tantas cosas en unas cuantas horas, no sé si estuvo mal haberte dicho que te quería, que te necesitaba más que a nada, pero confío en ti y sé que me darás una oportunidad con el tiempo.
Ya han pasado más de dos meses y no sé nada de ti, después de esa noche no me volviste a llamar, no me respondes en tu teléfono ni en los emails que te he mandado, necesito saber qué hice mal, en qué me equivoque, por qué te has ido de mi vida. Mi corazón está roto y no deja de dolerme, por favor, si no me quieres, sólo te pido que vengas y te despidas de mí, porque todos los días me la paso frente al teléfono, revisando mi correo, acudiendo a los lugares a los que sueles ir, y nada, ni una sola señal de ti. No puedo dejar de amarte, y siento que muero cada día que pasa...¿qué fue lo que hice mal?
... Y bueno, ahora tengo 19 años y he de decir que me costó mucho olvidarme de Ezequiel, pero lo logré y ahora soy feliz, he tenido varias parejas después de él y el tiempo me ayudó a sanar las heridas de aquella
experiencia que fue tan hermosa como trágica.
Decidí escribir esto porque siempre la primera vez es especial, única e imborrable, y a veces cuando sale mal es difícil de superar, pero se puede y
yo por lo menos ahora lo recuerdo con cariño y con agradecimiento. Supe después que Ezequiel regresó con su exnovio y viven juntos en algún
lugar de México D.F. Antes de que se mudara lo encontré unas cuantas veces por las calles de mi ciudad, nunca me saludó y se alejaba rápidamente del lugar, como si jamás en su vida me hubiera visto...
Javier.
aniron83@hotmail.com