Querido nadie:

A través de estas líneas quiero expresar todo mi dolor, mi tristeza y, sin embargo, también mi alegría. A mis 16 años no tengo ganas de vivir, ¿te lo puedes creer? Pues es así. Cada día me levanto, y vivo sin querer vivir. Soy como una máquina que se levanta por control remoto y se acuesta sin mayor motivo que desaparecer durante unas horas del mundo real para meterme en el mundo de los sueños, el único mundo donde parezco encajar. 

Muchas veces quiero ser positivo, pero otras muchas más veces prefiero cerrarme a mí y convertirme en lo que soy: un infeliz. No he tenido nunca a nadie que me escuchara atentamente, y si lo he llegado a tener lo he perdido, sin más. Es duro no tener a nadie, porque se va haciendo un cayo en el estómago de todas las cosas que se guarda para uno. Si cuentas tristezas, es que te haces la víctima, y si cuentas alegrías es que quieres hacerte el guay. Así que yo, desgraciadamente no tengo a nadie y dudo encontrarlo alguna vez.

La soledad, aunque muchos digan que es negativa, para mí resultó positiva. Fue como un escudo para protegerme de las muchas personas que se metían conmigo a lo largo de las etapas en el colegio. Lo llegué a pasar muy mal, hasta el punto de que me convencí de que era menos que ellos, de que era "el raro" de la clase. En casa lo llegué a pasar también mal. Hubo momentos en los que no estaba a gusto en ningún sitio, no encajaba en ninguna parte, ni en mi casa ni en la calle. Y es que es muy duro ser gay en la infancia, y aun más en la adolescencia.

No podía más, y busqué a amigos de verdad. Y cuando creía haberlos encontrado, me metieron la puñalada. Encima, el malo era yo. Yo había hecho mucho mal a la gente. Pero, ¿y el mal que me hicieron a mí? ¿tuve a alguien a mi lado en esos momentos? Quizás para mucha gente eso era una tontería, pero para mí no. Siempre he sido muy vulnerable y me han herido los problemas, por muy pequeños que sean. Sin embargo, más mal que bien lo superé. Y llegué a la conclusión de que a las personas no hay que buscarlas, si no que a lo largo del camino las encuentras.

Comprendí entonces que en la vida, cada uno va a lo suyo. Me hice más duro, más introvertido. Me noté también que tenía un humor de perros. Ya había conocido más a la gente. Y todo lo que mi  madre me decía de que en esta vida hay que ir sólo, es cierto. Y aunque a veces me atormenta estar sólo, es preferible estar sólo que mal acompañado.

Estoy sólo, pero tranquilo, sin apenas problemas. No sé si eso será bueno o malo, pero los palos me han enseñado. Espero que dentro de un tiempo pueda borrar este archivo y abrir otro, escribiendo multitud de proyectos, de sueños y de ilusiones.

 Y es que en el lenguaje oriental, la palabra "crisis"  significa oportunidad.

¿Llegará algún día mi oportunidad? Espero que sí.

 

MARIO

 

Hace muy poquito que escribí esta carta, y quiero dedicarla a toda la gente que se encuentre en la misma situación y a los que ya la hayan superado. Mi e-mail:

 mario@teenlover.zzn.com

 

 

 

 

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