Querido nadie:

            Te parecerá mentira que después de tanto tiempo haya decidido volver a escribirte. Creerás que en este largo espacio de tiempo en el que no has sabido nada de mí me habrán pasado muchas cosas. No es verdad. Ni la vida en su plenitud, ni la alegría, ni el interés profundo, ni el amor. Nada de eso he conocido en este tiempo y es esa la razón de mi segunda carta.

             Oportunidades he tenido, para qué voy a negarlo. Mi oportunidad, como dije en la otra carta, sí llegó. Pero las oportunidades desaparecen rápido. Hay que intentar retenerlas con todas tus fuerzas o de lo contrario se desvanecen, de la misma forma que los granitos de arena se desvanecen entre los dedos de una mano. Y eso es lo más difícil, aprovechar bien las oportunidades, exprimirlas al máximo. De lo contrario, si las dejamos pasar, nos quedamos igual o incluso peor de lo que estábamos antes.

             Recuerdo qué era lo que me preocupaba en aquella carta. Me enamoré perdidamente de un chico que, todo sea dicho, no me hacía ni caso. Aunque en ningún momento lo menciono, está presente a lo largo de toda la carta. Cada palabra de desesperación, cada frase negativa era fruto de la impotencia por no poder tener a mi lado a la persona que quería. Por otra parte, los estudios me iban fatal y, en cuestión de amistades, peor. Después, las cosas fueron yendo mejor. Logré sacarme el instituto y encontré unos amigos que creí que eran de verdad. Pero no lo eran. Me pregunté entonces si existía realmente la amistad, y descubrí que la amistad existe si no esperamos de los amigos más de lo que nosotros podemos dar. En ese sentido, somos todos muy egoístas. Siempre que decimos aquello de “los amigos no existen” o “cada uno va a lo suyo”, no nos damos cuenta de que, en el fondo, nos estamos criticando a nosotros mismos, porque se supone que nosotros también somos amigos de otras personas.

             También me quejaba de lo difícil que puede resultar para una persona ser homosexual en esta sociedad. En ese sentido soy más positivo, sé perfectamente que la sociedad avanza, y en esta cuestión, no ha avanzado poco a poco sino que ha dado verdaderas zancadas. Desde que te escribí mi primera carta hasta ahora, la visión de la homosexualidad ha cambiado mucho. Y para mejor, claro.

             Pero los tiempos vuelven. La vida misma es un círculo; todo se repite. Y aquí estoy, igual que hace unos años. Con las mismas pocas ilusiones, viéndolo todo oscuro, igual de difícil. Si me preguntaran si soy feliz, diría que a ratos. Si algo he aprendido de todo esto, es que la felicidad no es eterna, que igual que viene se va.

 

“Lo que se va regresa”. Ojalá la felicidad regrese pronto.

 

 

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Mario.

 

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