CARLOS
En el sin sentido de mi vida apareciste tú, con tu chispa, con tu belleza, con
tu juventud.
Y llegaste para llenar mi vida de nuevos bríos, de nuevas ilusiones,
motivaciones, sentido, experiencias, amor.
Desde el primer beso que nos dimos me hiciste un adicto a tus labios, a tu
saliva, a tus ojos, a tu cuerpo, a tu alma.
Mi adicción a ti llegó a tal extremo que inmediatamente después de separarnos ya
te extrañaba, me hacías mucha falta, me enloquecía no tenerte.
Contigo me sentía tan vivo, tan pleno, tan completo, ya no necesitaba nada ni a
nadie.
Te metiste en mi vida de tal forma, que no tardaste mucho en convertirte en mi
eje; giraba en torno tuyo!.
Me enamoraste de tal forma, que pronto te convertiste en el amor de mi vida, y
te prometí amor por siempre, de igual forma en que tu me decías que no me
dejarías nunca, pero yo te decía que estaría contigo hasta el día en que tú así
lo quisieras, y lamentablemente ese día llegó, y dijiste simplemente: "adiós".
Y mi mundo se derrumbó, mis ilusiones, mi castillo mental, mi vida entera.
Se produjo en mi corazón una herida tan grande y profunda, de difícil
cicatrización, y que dejará huella en mi lascerado corazón.
Porque como alguien dijo alguna vez: "me bastó un segundo para que me gustaras,
un minuto para amarte, pero me costará toda una vida para olvidarte", y aún no
sé si lo lograré.
Tus razones habrás tenido, o yo no era lo que tu esperabas, o simplemente no
llené tus espectativas y anhelos, en fin, no era lo que esperabas y buscabas, o,
de plano, no querías estar conmigo y ya.
Ahora lo entiendo, en ese momento, tal vez por el dolor tan profundo que sentía
y que desmoronaba mi alma, lo único que atiné fue hacerte reproches estúpidos.
Le agradezco a Dios por haberme permitido conocerte, por haberte puesto en mi
camino y en mi historia, por haberme dejado amarte, y tener, aunque haya sido
por poco tiempo, tu mente, tus ojos, tus labios, tu corazón, tu alma, tu tiempo,
tu cuerpo.
Pero todas las adicciones dañan la salud, y tu ausencia me ha costado noches
enteras de asfixiante soledad e insomnio, la impasible vaciedad en la que que me
encuentro inmerso me quita las ganas de vivir, de volver a enamorarme.
Desde que te fuiste no he tenido a nadie a mi lado, aunque, no te miento, lo he
intentado varias veces, pero nadie ha podido llenar ese enorme vacío que dejaste
en mi corazón y en mi alma, porque después de ti ¿qué?, después de ti ¿quién?;
no sé si encontraré a alguien por lo menos igual de extraordinario que tu.
No te culpo por haberte ido de mi vida, pues hay ocasiones en que ni yo mismo me
soporto.
Te agradezco por haber aparecido en mi vida, por tus besos; por tu amor; por
todo lo que me hiciste sentir; por tu tiempo; por tus palabras de aliento, amor
y esperanza; porque contigo conocí lo que es el verdadero amor, y a hacer el
amor, no solo a tener sexo, sino esa complementación hermosa de almas y cuerpos
que te hacen alcanzar el nirvana, que te eleva a esferas superiores, que te
hacen pleno; que te hacen conocer el eros y el thanatos, la vida y la muerte, el
amor y el desamor. Perdón por no haber sido yo lo mismo para ti.
Te convertiste en un parteaguas en mi vida, en mi historia personal hay un
antes y un después de ti.
Estoy convencido que todos los seres humanos tienen que luchar por conseguir su
propia felicidad, y sé también que esa felicidad no la encontraste conmigo, por
lo que lo más correcto fue alejarte de mi; aunque me duela, no te culpo; vive,
se felíz, ama a plenitud.
De lo que más me arrepiento del día de nuestra separación no no haber aceptado
ser tu amigo, porque eso me excluye totalmente de tu vida, pero creo que para mi
fue lo mejor, porque si tu ausencia me mata, el verte y no
poder abrazarte, decirte te amo, besarte, ya me habrían vuelto loco.
Lo único que me queda ahora es desear que Dios te bendiga, que te llene de
bonanza, éxito, y, sobre todo, de amor, porque eres una persona extraordinaria y
te lop mereces.
Perdona por todo el daño que pude haberte causado; por tanto que te molesté
después de nuestra separación.
Ahora lo entiendo, yo ya me fui de ti, tengo que dejar que tu te vayas de mi.
Vive tu vida, no tengo ningún derecho a interferir en ella, soy simplemente, si
bien me va, la parte más oscura de tu pasado, aunque tu sigas siendo el amor de
mi vida.
No te digo que me voy, porque sé que estoy fuera de tu vida desde hace mucho
tiempo, si es que realmente alguna vez estuve dentro, y por eso hoy te digo
adiós, hasta siempre, se feliz. ¡TE DEJO IR!.
Dante Fabián Hernández Flores.
Cuautitlán Izcalli, México, invierno del 2004.
dante_fabian@hotmail.com