Homenaje al que duerme por mí


Aunque no conocía día ni hora esta escena tenía que llegar porque, de todos mis errores, he aquí el único que no logré redimir ni superar. Los años fueron siglos y estos momentos milenios, tomos y tomos de libros de historia, revelación cósmica omnisciente intentando distraer mi alma de lo único que debí ver desde siempre y cuidar, porque así había sido escrito para los dos. Pero no, debía porfiar por la más inicua de las razones, yo cobarde maldito: lo escrito no me gustó, y no pude buscar peor minuto para jugar a ser Prometeo arreglando las líneas precisas, esas del amor verdadero y la vergüenza.

Jamás esperé aquí tanta paz, tal vez infundida por lo desconocido y por la inmensa ternura del que duerme esperando que yo, sólo yo, suave y tiernamente, lo conduzca a una realidad más soportable que sus sueños. Amigo G, te despertaré y lloraré a tus pies por la eternidad suplicando el perdón, no te merezco… palabras, promesas, ya tuve de eso, ya no las cumplí. ¿Y cómo saber? A tu lado está el monstruo, tus sueños tendrán mejor augurio que junto a éste que aquí de pie te adora y agradece… Hermano, debo despertarte, me han condenado a ello.

Estoy a un lado, no puedo moverme y no hay tiempo. Recostado entre el piso y la cama esperando, cobarde de nuevo, buscando la forma o tal vez la señal, u otro perdón léjos de aquí, una orden que obligue a dejar atrás esta historia en manos de quien posee el tiempo y puede borrarla sin dejar la más ínfima huella. Mueve tus pies, hermano, vuelve hacia mí la cabeza, libera tu mano atrapada bajo tu vientre y lánzala a mí para que pueda tomarla, o sólo despierta, no me obligues a presentarme ante ti por mi voluntad, haz que sea la tuya. Te debo ríos de lágrimas de quienes parieron y criaron a tan noble criatura capaz de amarme como ya no podré jamás corresponder. No, hermano, no soy capaz. Hazte a un lado, déjame espacio, permite que duerma contigo porque tal vez en sueños logremos ser Prometeos en su creación donde todo se vive de nuevo sin esos errores que nos destruyeron. No despiertes aún, déjame tranquilo.

No puedo dormir, no hay sueño. Mi examen de conciencia, mi discernimiento, mi santidad, ya lejos de retiros y golpes de pecho, prédicas y oraciones, está aquí entero y es todo el contenido de mi castigo: yo mismo lo soy, solo ante mi obra y mi santuario interior, yo mi juez y verdugo, yo quien puede amnistiarme moviendo mi alma hacia tu despertar ¡y no quiero, no lo haré sin pensar, sin saber, sin llegar a comprender que lo hago esta vez no por mí sino sólo por ti! Porque, hermano, me han puesto muy dura trampa: no puedo dormir si no despiertas y no puedo cambiar mi sueño por el tuyo pues tú una vez despierto, ora querrás descargar sobre mí tu dolor, ora amarme…y sólo podrás verme como yo te veo ahora, sufrirás nuevamente por una eternidad.

Siempre dormías con tu rostro sobre tu mano y despertabas con las mejillas marcadas. Hermano, esa mano debió ser la mía, no por poseerte ni por ser tu dueño sino por cariño, ternura, pasión y deseo, por ti, por tu felicidad, tu plenitud y la seguridad de que eres amado. Pudimos ser vagos o príncipes, estábamos bien educados, todo nos daba lo mismo porque ni abajo ni arriba seríamos menos humanos: nosotros bajo la lluvia a llorar por los niños del sexo en la calle, nosotros sensibles, nosotros nobles en cuyos hombros se cargan los dolores de todo el pueblo… Nosotros fuertes teníamos en nuestra espalda la hoja de tilo grabada a hierro caliente, sin amor no podríamos respirar.

Hermano, ¡Oh Dios, ya no puedo hablar! Mis ojos se nublan y no puedo más. Aquí están mis brazos, ahora te rodearán, no despiertes, déjame estar así sin moverme.

- No me mataste, hermano, yo me maté. Muchas lágrimas me regalaron ríos de sueños, mientras te esperaba: las tuyas me saben a realidad. He aquí mi despertar.

- Pero yo te hice llorar. Yo arrogante y soberbio te dije “hasta aquí”, ¿lo recuerdas?

- Te recuerdo asustado de mí, asustado de amar, te recuerdo incapaz de entender porqué estaba a tu lado.

- Yo decidí…

- Tú no decidías nada, éramos niños, aún jugábamos cuando tuvimos que enfrentar el amor. Pero tú no me amabas, ¿O sí?

- No puedo mentirte, mi corazón ya amaba pero no a ti, al menos hasta ese día. Luego partido en dos de un golpe seco, una mitad hizo su vida y la otra fue viudo de ese que prefirió morir a esperar. Yo sé que esta es mi marca de Caín, es mi crimen, tú sólo alzaste la mano.

- Allá te castigué, y a todos los que inocentes sufrieron por mí y por ti, tú desequilibrado, tú loco, y yo inalcanzable al mundo mortal.

- Ayúdame a llorar, hermano, demasiado me falta hasta agotar esta inmensidad de pena. Préstame este regazo que no merezco, para empaparte del amor que ayer te negué.

- Llora, todo terminó. Este fue nuestro juicio, ahora sí, por fin, tendremos paz. Deja atrás el tiempo, esta es la eternidad; antes fue sólo promesa, esto, mi amor, es verdad ante Dios, quien nos protegerá; aquí los humanos ya no poseen autoridad.





JAA

juanamartino@hotmail.com

 

 

 

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